"Para cualquier gobierno, la gestión de la inmigración supone un banco de
pruebas: fracasar en ello significa fracasar en todo lo demás. (...)
La ruta marítima clandestina ha sido el resultado de
una decisión política, la de cerrar toda posibilidad de concesión de
visados de trabajo para Europa a los países africanos. Pero cerrar los
accesos legales significa abrir decenas de accesos ilegales. «Somos como
un asilo de ancianos frente a un jardín de infancia», así ha definido
Emma Bonino la Europa que mira hacia África.
Análisis que ha sido
rechazado a menudo como mera aspiración del «mundo rico» en relación con
el «mundo pobre», la de obtener mano de obra barata, y es precisamente
aquí donde se crea el cortocircuito.
Tomemos como ejemplo el caso de Italia: para 2025, el
número de italianos disminuirá en un millón ochocientas mil personas a
causa de la baja tasa de natalidad y de la emigración; para garantizar
la capacidad productiva actual y el modelo de bienestar social del país,
sería necesario que llegaran en los próximos años al menos un millón
seiscientos mil inmigrantes, circunstancia que, merece la pena
repetirlo, no pondría en peligro la estabilidad social y democrática del
país.
Pero los inmigrantes sirven a la política por otra razón, no del
todo noble y en absoluto útil para la comunidad: sirven para ganar las
elecciones. ¿Cómo? Hay muchas mentiras sobre los inmigrantes que se
vuelven virales y el método es siempre el mismo: partir de una
información verosímil —no necesariamente verdadera, casi siempre falsa— y
usarla contra el «enemigo» que, cuando trata de defenderse, termina
propagando la mentira.
La negative campaigning
es una técnica perfecta que no deja escapatoria a la víctima, puesto que
se basa en el estudio de los temores y en la facilidad para
instrumentalizarlos. La iluminación que la alimenta es la siguiente:
para ganar las elecciones, ¿qué sentido tiene ocuparse de las causas de
los miedos y tratar de resolverlos, cuando es infinitamente más fácil
crearlos y alimentarlos? (...)
Ya no era suficiente con decir: hemos derrotado a
nuestros adversarios políticos, porque el riesgo hubiera sido una falta
progresiva de interés en los asuntos públicos. Lo que hacía falta era el
temor a un peligro (la invasión del extranjero) para forzar a las
personas a estar siempre listas para la movilización.
Así nació el inmigrante invasor, el inmigrante
posible terrorista, las ONG que favorecen esa invasión y los
financiadores ocultos de las ONG que trabajan para debilitar a Europa,
para empobrecerla con hordas de bárbaros y someterla a continuación. Se
trata de una reconstrucción que roza el absurdo pero que, sin embargo,
ha condicionado las políticas en materia de inmigración de muchísimos
gobiernos europeos.
El análisis de cómo nace la patraña de las ONG como
«taxis marinos» resulta interesante porque muestra cómo la Europa que
los soberanistas aspiran a derrocar el próximo 26 de mayo, en realidad
ya no existe, si es que alguna vez ha existido realmente.
El copyright «taxi marino» no pertenece a Italia, fue
en otro sitio donde nació y se propagó la teoría de la invasión de
Europa, de las ONG financiadas por George Soros que actúan con fines
económicos junto con los traficantes de seres humanos.
Entre los
primeros en insinuar dudas sobre las actividades de las ONG está la
fundación holandesa GEFIRA, que el 16 de noviembre de 2016 publica un
artículo en el que básicamente afirma no estar convencida de los
objetivos filantrópicos de las operaciones de rescate de las ONG en el
mar Mediterráneo sugiriendo motivaciones económicas («Their motive can
be money»), aunque admite que «las operaciones están coordinadas por la
Guardia Costera Italiana».
El artículo se cierra así: a causa de las
ONG, los migrantes «terminan» en las calles de las ciudades europeas
«incrementando el caos, amenazando la seguridad y elevando el nivel de
las tensiones sociales en el continente». La idea del asedio, de la
invasión empieza así a deslizarse en el debate público, identificando a
las ONG como las responsables de la catástrofe, como chivos expiatorios.
Para obtener una imagen más clara de quiénes inspiraron a los youtuber
soberanistas e identitarios, así como a los políticos europeos e
italianos de todas las formaciones, en su violento ataque a las ONG,
vale la pena leer las tesis de GEFIRA tal como se recogieron el 2 de
agosto de 2017 en la página openmigration.org: «El multiculturalismo no
es solo la posibilidad de una alimentación étnica: es también educación,
raíces, valores de base. Aquí sabemos cuáles son los derechos
fundamentales de las personas, los hemos inventado nosotros. Si te
traes, en cambio, a todos los africanos a Europa, lo que obtendrás será
África. Y eso no es lo que quieren los europeos» y luego insiste: «La
inmigración no es un problema si seguimos al mando, pero es solo
cuestión de tiempo el que la situación acabe fuera de control».
Conocemos los números, sabemos cuántos inmigrantes hay en Europa, así pues, ¿cómo es posible dar crédito a estas teorías?
Barbara Spinelli, eurodiputada, hija de Altiero Spinelli, padre fundador de la Unión Europea, en su prólogo al estudio Muerte por rescate: los letales efectos de las políticas marítimas de no asistencia de la UE
escribe: «En este contexto, no debe olvidarse la mentira que circula
entre los países de la Unión acerca de los refugiados. Se habla de una
invasión, de un éxodo bíblico hacia Europa, cuando basta con estudiar
las cifras para descubrir la evidencia: de los 60 millones de refugiados
en todo el mundo, solo un millón ha llegado hasta ahora a los países de
la Unión.
Apenas el 1,2 % de su población. La mayor parte de los
refugiados sirios viven ahora en el Líbano, Jordania y Turquía».
No estamos siendo invadidos, no estamos rodeados,
hablamos de la crisis de inmigrantes, para no decir que se trata de una
crisis humanitaria de dimensiones épicas y para no decir que Europa está
perdiendo miserablemente el desafío más importante desde su creación.
El 15 de diciembre de 2016, el Financial Times
anticipa el contenido de algunos informes confidenciales de Frontex, la
agencia de control de las fronteras externas de la Unión Europea, según
la cual los emigrantes reciben supuestamente instrucciones precisas,
antes de salir de Libia, sobre cómo llegar hasta las embarcaciones de
las ONG. El 27 de febrero de 2017, el director de Frontex, Fabrice
Leggeri, en las columnas de Die Welt, afirmaba
que las ONG se acercan demasiado a las costas de Libia y que, por este
motivo, las embarcaciones utilizadas por los traficantes son menos
estables.
La acusación que se hace a las ONG es la de poner en riesgo la
vida de los inmigrantes.
Todos estos razonamientos parten del supuesto de que
quienes escuchan y leen carecen de memoria: los traficantes utilizan
medios de transporte más económicos y menos estables que los barcos de
madera y hierro porque estos fueron destruidos en una campaña de la
operación EUNAVFOR MED Sophia en 2015.
Recuerdo bien que en ese momento
fuimos muchos los que pensamos que las muertes en el mar aumentarían a
causa de embarcaciones más inestables. Y al mismo tiempo, acusar a las
ONG de actuar como factor de atracción es solo una forma de evitar que
se realicen rescates en el mar; la misión Mare Nostrum fue cancelada por
el mismo supuesto.
Pero incluso antes de que el fango salpicara con
abundancia a las ONG y a las actividades de búsqueda y rescate en el
mar, Barbara Spinelli denunció la falta de intervención de los medios de
Frontex, que hacían caso omiso de las solicitudes de auxilio.
Mientras
las autoridades italianas, de conformidad con las leyes internacionales y
la ley del mar, continuaron interviniendo para prestar ayuda a los
botes inflables llenos de inmigrantes, Frontex (y por lo tanto, Europa)
empezó a moverse en otra dirección. «2016 será recordado» escribe
Barbara Spinelli, «como el año en el que la Unión Europea rompió
definitivamente el pacto de civilización sobre el que se fue fundada
después de la Segunda Guerra Mundial».
Lo que ha allanado el camino a las nuevas derechas
xenófobas ha sido en buena medida la incapacidad de las inadecuadas
viejas izquierdas para afrontar el mayor problema al que se enfrenta hoy
el mundo rico: un envejecimiento irreversible y sin precedentes de la
sociedad.
Una sociedad demográficamente vieja es también, y sobre todo,
una sociedad cerrada, que no se concibe en el futuro y que, no por
casualidad, mira con recelo a Greta Thunberg y con respeto a quienes
temen las invasiones extranjeras e invitan a armarse para hacerse
«justicia» por sus propios medios. Una sociedad demográficamente vieja
no se confía a los números y a los hechos, sino a los sentimientos y a
los miedos.
En este escenario, resulta aún más evidente lo infame
que fue la conducta de aquellos que insinuaron dudas sobre el trabajo
de las ONG y lo irresponsable que ha sido alejarlos de ese tramo de mar
donde su presencia llenaba el vacío dejado por Europa.
Las acusaron de ser traficantes de hombres, de actuar
como un factor de atracción, de ser buenistas por dinero, por
intereses, pero la verdad es que, si Europa hubiera cumplido con su
deber, las ONG no hubieran sido necesarias. Es más, el único auténtico
factor de atracción nunca han sido las ONG, sino Europa, un El Dorado a
pocas millas del infierno." (Roberto Saviano, El País, 13/05/19)
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