"En Alemania, la economía es una cuestión de fe. Se trata de moralidad, se trata del bien y del mal. (...)
Desde hace diez años la austeridad tiene rango constitucional en
Alemania. En efecto, en 2009 el Bundestag y el Bundesrat aprobaron por
una mayoría de dos tercios un freno a la deuda. Desde entonces, en el
Artículo 109, párrafo 3 de la Ley Básica se prohíbe aumentar el
endeudamiento neto anual del Gobierno Federal más allá del 0,35 por
ciento del producto bruto interno. (...)
Si Merkel hubiera triunfado, también los países que componen la eurozona
-y no solo los estados federales alemanes- se habrían visto obligados a
comportarse virtuosamente debido a los frenos a la deuda. Suiza y
Alemania comparten la penosa reputación de ser los países modélicos del
neoliberalismo. (...)
De esta manera -y especialmente por la idea fija de
introducir un artículo constitucional sobre la limitación de la deuda-
se pone en evidencia el núcleo antidemocrático de la ideología
neoliberal: los electores y los partidos políticos no son confiables.
Los austriacos parecen haberlo advertido cuando en 2017 frustraron el
intento de la coalición 'Negra-Azul' (entre los conservadores del ÖVP y
los nacional-populistas del FPÔ, NdT) por poner un freno a la deuda
siguiendo el modelo alemán.
En la Comunidad Europea, incluso, ya han
fracasado intentos análogos, aunque eso no impidió que Merkel y su
ministro de finanzas introdujeran las medidas de austeridad a través de
la puerta trasera del Pacto Fiscal.
Cuento de hadas de terror
Hasta el momento, todo aquel que osara dudar sobre la
necesidad de un freno a la deuda en Alemania ha contado con una
oposición furibunda. En este país se cree fervorosamente en los cuentos
de hadas económicos:
En primer lugar, en el cuento de hadas de que la
crisis financiera mundial de 2007-2008 fue consecuencia de la elevada
deuda nacional, cuando de hecho en todos los países que atraviesan una
crisis, la deuda pública aumentó después del inicio de la crisis como
consecuencia de los masivos rescates bancarios.
En segundo lugar, se
cree en el antiguo cuento de hadas de que –en todos los casos- la deuda
soberana produjo la hiperinflación. Lo cual solo aplica y se cumple en
unos pocos casos muy especiales.
Aunque el cuento más efectivo es el que nos dice que
las deudas soberanas son injustas porque comprometen a las generaciones
futuras. Pero esto no ha sido así desde que se inventó la "deuda
nacional" hace algunos siglos. El peso para las generaciones futuras
proviene de las malas inversiones y, especialmente, de la falta de
inversión por parte del estado: el tipo de financiamiento sólo juega un
papel menor.
Con el Schwarz-Null (el mantra de la ausencia de déficit
como sinónimo de buen gobierno al que se aferran la mayoría de los
Ministros de Finanzas Alemanes. NdT) los nietos gozan de menos alegrías,
porque tienen que vivir con infraestructuras que no funcionan, están
anticuadas o son inexistentes, y con los servicios públicos sin el
suficiente personal o con sueldos de miseria. (...)
el freno de la deuda parece casi un éxito, siempre que
dejemos de lado la ahora vergonzosa ausencia de inversión pública en
Alemania.
Es difícil creerlo, aunque es cierto que también en
Alemania poco a poco se agita la oposición en contra del dogma económico
que recluta más cantidad de creyentes.
Por ejemplo, el Director del
Instituto de Investigación Económica de Colonia, Michel Hüther –con
ideas de izquierda y creo que totalmente libre de sospechas- considera
que la "demonización de las deudas" ya no se adecua a los tiempos, tal
como lo publicó en un documento de 32 páginas a fines de marzo en el
que apela a la innovación y apertura políticas para el freno de la
deuda.
(...) existe una incalculable necesidad de inversión en todo el sector
público. Si se quiere salir del estancamiento sin aumentos masivos de
impuestos, entonces es necesario relajar de manera adecuada el freno de
la deuda.(...)
En el actual momento de acelerados cambios
tecnológicos, la República Federal requiere una inversión masiva a
futuro, hoy fácilmente financiable mediante crédito.
No nos estamos despidiendo de la forma de pensar que
nos llevó al freno de la deuda, pero es un primer paso en la dirección
correcta. (...)
Muchos en la SPD se preguntan por qué no es posible retornar a la vieja
“Regla de oro” que solía durar décadas antes de que la euforia
neoliberal se adueñara de los alemanes. Según tal regla, el monto de la
deuda neta estatal debía calcularse según el volumen de la inversión
pública.
Puesto que una inversión pública correctamente planificada y
utilizada estimula y estabiliza el crecimiento económico, ni el interés
ni el reembolso de tales deudas es problemático, y no cabría dudar sobre
una carga injusta para las generaciones futuras. La única pregunta es
si la generación de políticos que creció en la jaula de pensamiento
neoliberal todavía es capaz de escapar de sus rejas." (Michael R. Krätke
, Sin Permiso, 11/05/2019)
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