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12.4.11

"El Banco de España tenía la visión completa de las cajas de ahorros, tendrá parte de culpa en lo que ha pasado"

"El presidente de Unnim, Jaume Ribera, ha achacado al Banco de España "parte de culpa" en la crisis financiera en el país, porque el organismo regulador contaba con toda la información respecto a la situación que atravesaban bancos y cajas de ahorros, si bien consideró que cada entidad financiera es responsable de su gestión.

"El Banco de España tenía la visión completa de las cajas de ahorros, tendrá parte de culpa en lo que ha pasado, pero no me quito parte de culpa de mi institución", dijo Ribera en respuesta a una pregunta formulada respecto a la asunción de responsabilidades en el sector financiero ante los errores cometidos." (EuropaPress.es, Economía, 11/04/2011)

21.2.11

Solo la "pasividad del Banco de España en los últimos seis años" explica la crisis española del 'ladrillo'

"Su asociación acusó en 2006 al gobernador en una demoledora carta de "pasividad" y de falta de exigencia a bancos y cajas. -Los funcionarios alertaron de los riesgos del estallido de la burbuja inmobiliaria.

"Hay motivos suficientes para la preocupación, especialmente si se tiene en cuenta el legado de los seis años de mandato del señor don Jaime Caruana". Una insólita carta enviada por la asociación de inspectores del Banco de España en mayo de 2006 al entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes, cargaba así contra la gestión del gobernador del Banco de España en aquella etapa.

En los aledaños de la mayor crisis económica en medio siglo, la preocupación de los inspectores del organismo supervisor resultó profética: "Evitar, en lo posible, que las consecuencias de los errores cometidos por las entidades al conceder sus operaciones [de crédito] acaben siendo transferidas, de una manera u otra, a la sociedad en su conjunto". (...)

"La pasiva actitud adoptada por los órganos rectores del Banco de España, con su gobernador a la cabeza, ante el insostenible crecimiento del crédito bancario en España durante los años de mandato del señor Caruana".

Una burbuja de crédito que los inspectores relacionaban con otra burbuja, que ningún Gobierno quiso ver (ni del PP ni del PSOE) y con la propia falta de diligencia del organismo supervisor.

Por si no quedaba claro: "Los inspectores del Banco de España no compartimos la complaciente actitud del gobernador del Banco de España ante la creciente acumulación de riesgos en el sistema bancario español derivados de la anómala evolución del mercado inmobiliario nacional durante sus seis años de mandato".

La asociación de inspectores optó por enviar la carta en los estertores del mandato de Caruana, que había sido nombrado por el Gobierno del PP en 2000. Entonces ya era conocido que el nuevo Ejecutivo socialista había elegido a Miguel Ángel Fernández Ordóñez, número dos de Solbes, para sustituirlo al frente del Banco de España.

El relevo tuvo lugar en julio de 2006, apenas mes y medio después del contundente aviso de los inspectores. Desde el Banco de España, Caruana pasó al FMI durante la presidencia de Rodrigo Rato y, de ahí, fue nombrado director general del Banco de Pagos de Basilea (BIS, por sus siglas en inglés), cargo que pasó a ocupar en abril de 2009. (...)

La misiva de los inspectores resulta ser una historia alternativa a la explicación oficial del Banco de España sobre la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera. Primero, considera al "desmedido crecimiento del crédito bancario" como "una de las causas principales de la extraordinaria subida del precio de los inmuebles" que había producido en España entre 2000 y 2006, subida que no cedió hasta dos años despúes.

Y, luego, reprocha al propio gobernador "falta de determinación" para exigir "rigor" a las entidades financieras "en la asunción de riesgos".

Para la asociación de inspectores, la explosión del crédito en la década pasada tuvo una raíz eminentemente nacional:

"El proceso de aceleración del crédito bancario, originalmente circunscrito a las entidades con menor cultura en el control de sus riesgos, se ha ido extendiendo a las demás entidades de crédito que operan en el sistema financiero español por efecto de la, por otro lado, saludable competencia".

En la explicación de los inspectores, las entidades con menos control de riesgos (referencia implícita a algunas cajas de ahorros) tiraron la competencia a la baja y hubo una rebaja generalizada de las exigencias en la concesión de créditos para no perder cuota de mercado.

Esa carrera en la concesión de créditos tuvo además su correlato en las necesidades de financiación. El endeudamiento con entidades internacionales, talón de Aquiles de la economía española, se agudizó.

"Los riesgos se han visto incrementados de forma muy acusada por la necesidad de entidades de crédito de acudir al ahorro exterior para conseguir los fondos necesarios para financiar el crecimiento de su inversión crediticia", añade la carta.

Ante tal situación, los inspectores destacan que es "la única institución con autoridad normativa y capacidad técnica suficientes" para actuar era, y es, el Banco de España. Y concluyen, en mayo de 2006, que su actuación había sido insuficiente.

Los inspectores recuerdan que, ya en 2006, el Banco de España tenía a su disposición una "batería de sanciones, medidas de intervención y de sustitución de sus administraciones" para atar en corto a las entidades que asumían riesgos excesivos.

Y que solo la "pasividad del Banco de España en los últimos seis años" explica que no se pusiera "freno a los crecimientos del crédito que considere inadecuados".

En la carta de 2006, los inspectores consideraban que "el número de familias que tendrá que afrontar serias dificultades para hacer frente a sus compromisos financieros crecerá de forma alarmante".

Pero también que "la gran mayoría de las entidades de crédito españolas están bien capitalizadas y que, por ello, su solvencia no es previsible que se vea comprometida aún en los escenarios más desfavorables".

Claro que la asociación de inspectores, como ocurrió con los Gobiernos, los organismos multilaterales y buena parte de los expertos, no fue capaz de predecir el descalabro financiero internacional que provocaría dos años después, la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers." (El País, 21/02/2011)

17.2.10

"Uno de los lugares comunes más generalizados respecto a la economía española reciente es el que afirma que el Banco de España ha desempeñado con brillantez y eficacia su labor de control y supervisión bancarios. (...)

Se olvida que el mayor celo que ahora ha debido aplicar el Banco de España frente a la banca española es consecuencia de la falta de vigilancia y del desacierto con que se la supervisó en años anteriores, cuando en España se sufrió una crisis bancaria extraordinariamente costosa y en cuyos lodos quizá estemos moviéndonos todavía. Una crisis en la que el BdE actuó más bien como cómplice de los intereses bancarios privados que como defensor de los públicos, como indica el elevadísimo coste que tuvimos que soportar los contribuyentes, la desigual generosidad con que se trató a los responsables de los desaguisados, y el inmenso provecho que de ella sacaron los bancos y los banqueros que ahora se encuentran a la cabeza del ranking bancario, además de tantos funcionarios y directivos que tan casualmente terminaron por incorporarse a sus nóminas. (...)

Más adelante, el Banco de España ha ido manteniendo constantemente la doctrina, o mejor habría que decir la creencia, de la estabilidad presupuestaria y de la deflación salarial como estrategia competitiva. (...)

En el ámbito de la economía real, y al igual que en otros países, el Banco de España ha sido un factor activo principal, si no determinante, en la creación de las condiciones estructurales que han provocado la crisis actual. ¿Cómo desvincular al Banco de España, cómo no hacerlo corresponsable, al aplicar estas políticas, de la multiplicación de la deuda privada en España, mucho más rentable para los bancos que la pública y mucho menos rentable para la sociedad que la privada? (...)

Ni siquiera su supervisión financiera ni el control establecidos durante la crisis han sido los adecuados. Para haberlo sido deberían haberse efectuado de consuno con el resto de los bancos centrales europeos. Y, sobre todo, el Banco de España debiera haber sido capaz de evitar no solo la contaminación por las hipotecas subprime sino nuestra auténtica basura financiera: la que procede de la burbuja inmobiliaria que, sin embargo, permitió que se desarrollara. Hasta el propio presidente de la Confederación de la Cajas de Ahorros españolas, Alfonso Quintás, ha reconocido que se podría haber evitado si el Banco de España hubiera llevado a cabo otra política (EL PAÍS 06/12/2009). (...)

¿Cómo se puede considerar eficaz la actuación de un banco central que a pesar de que se están proporcionando cantidades gigantescas de recursos a la banca privada no consigue que ésta financie a la economía? ¿Qué otra función más importante que la de impedir esto podría tener cuando la economía se viene abajo por falta de financiación? (...)

Para que se pudiera considerar que el Banco de España defiende los intereses públicos y no solo los de los más ricos y que hace frente con eficacia a la crisis tendría que hacer otras cosas muy distintas: acabar con la mentira que suponen las normas contables que autoriza, poner en claro la verdadera situación de la banca (y no solo la de las cajas a las que usa como chivos expiatorios para capitalizar a la banca privada) y establecer las condiciones precisas para que los responsables de su descapitalización carguen con sus responsabilidades. Y, por supuesto, tomar medidas ejecutivas para garantizar el flujo de financiación a la economía y evitar la aparición en el futuro de nuevas burbujas y la continua acumulación de riesgo (que posiblemente ni siquiera se ha detenido).

En definitiva, no utilizar la crisis para que los bancos más grandes (con la excusa de que son los que comportan riesgo sistémico y que son tan grandes que no pueden caer) terminen por ser más grandes todavía y más privilegiados, pero también más peligrosos. Y, sobre todo, defender políticas que no empobrezcan a los más desfavorecidos y enriquezcan a los más ricos, creando al mismo tiempo cada vez más inestabilidad financiera. En cualquier caso, es imposible considerar que el Banco de España está defendiendo los intereses de todos los ciudadanos cuando sus directivos aparecen como simples conmilitones de la rama más radical de la patronal y de la derecha, con quienes comparte siempre la música y la letra de las propuestas económicas.
" (Sin Permiso, 20/12/2009, citando a: '¿A qué juega el Banco de España?? de Juan Torres López, en Economía de la Fundación Sistema, 19 diciembre 2009)