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10.11.24

Una València desamparada pide a Mazón que se vaya mientras intenta salir del abismo... Once días de rabia acumulada bombeaban una vena que tuvo al fin plaza para desahogarse. Miles de personas dijeron que quienes no avisaron y llegaron tarde al rescate deben irse y dejar de gestionar las consecuencias... Hay quien se busca casa prestada, quien intenta secar las escrituras para pedir las ayudas, quien tiene el garaje lleno de coches y quizás algún cadáver, peluquerías que no pueden abrir, autónomos que no pueden trabajar, cientos de miles de habitantes que no pueden moverse, porque en l'Horta Sud ya no existen los coches. Los pescadores de la Albufera pescan cadáveres estos días (Raquel Ejerique)

 "Cualquier experto en gestión de crisis y catástrofes sabe que lo más importante para no caer al precipicio de una tragedia es la prevención y la información. Una vez dentro, lo más importante para salir del abismo es la respuesta rápida, una buena gestión y la estabilidad política. Valencia no puede estar más lejos de ese punto once días después de que una riada engullera en media hora más de 200 vidas, dejara noqueadas a 300.000 personas y arrasara un territorio equivalente a la ciudad de Málaga.

El centro de València palpitaba este sábado y no era por las compras ni el tardeo. Desde las cuatro de la tarde, vecinos y columnas de voluntarios empezaron a caminar hacia la capital desde la zona cero, llenos de barro. De camino, un murmullo sordo atravesaba tiendas abiertas y terrazas. Se contaban historias, se hacía tertulia, se expresaba la angustia. En la plaza del Ayuntamiento, cuerpo a cuerpo, latía una rabia contenida, ante el muro de silencio a preguntas incomprendidas: “¿Por qué no avisaron?”. “¿Por qué no vinieron antes?”. “¿Por qué nos han abandonado?”. Una vena cargada de ira y pena que tenía al fin una calle para derramarse. Once días limpiando con escobas compradas por ellos mismos. Once días suministrando alimentos o pañales, sobreviviendo sin luz ni agua, cocinando para los vecinos. Once días buscando cuerpos, rezando para que aparezca el coche y quizás, dentro, tu padre, tu hermana, tu tía.

A la nefasta gestión hay que sumarle otras mechas. Que el president de la Generalitat, Carlos Mazón, estuviera ilocalizable el martes de la tragedia por una comida frívola, en vez de a los mandos de la emergencia; que la consellera al cargo dijera no saber nada del sistema ES Alert hasta ese día; que otra ordenara a las familias de los desaparecidos quedarse en la casa que habían perdido a esperar noticias... La rabia que se vio en Paiporta contra la comitiva de los reyes estaba aún encapsulada y explotó este sábado al grito mayoritario de “Mazón, dimisión”, aunque también había algunas pancartas contra Sánchez y los políticos. El escenario que viene, actualmente con el propio Mazón y su Consell a los mandos de la gestión, es desconocido.

Dicen en su entorno que el president quiere aguantar y valora hacer dimitir a sus dos conselleras como sacrificio ritual a un pueblo que ha dicho basta, pero no planea irse. Feijóo le ha retirado el apoyo. La alcaldesa de València no le conoce cuando se lo cruza por la calle. En su partido tiene un grupo de fieles y un politburó de asesores. Fuera de ahí, Mazón mancha. Después de la “comida privada de trabajo”, quema. La calle, este sábado histórico vibrando de desolación y rabia, con 130.000 manifestantes (la capital tiene 800.000 ciudadanos), se incendia. Después de un discurrir pacífico, a última hora, algunos disturbios, petardos y cargas policiales.

En el todavía improbable caso de que hiciera caso a la protesta y dimitiera, nadie de su gobierno podría sustituirle, porque ninguno es diputado, y quien fuera elegido (con la alcaldesa en las quinielas) tendría que contar con el apoyo o abstención de Vox. La opción de elecciones en medio de esta tragedia es impensable. Quedarse en el cargo, sin el apoyo del partido, titulares diarios vergonzosos y la indignación de la calle, es un viacrucis que interfiere todos los días en lo único importante: ayudar a las personas y resolver la tragedia. “¿Le confiarías a este señor la reconstrucción de tu casa o te quedarías tranquila si fuera quien está buscando a tu familia?”, responde con pregunta retórica un señor de Catarroja.

Los psicólogos que han asistido a la zona cero, acostumbrados a tragedias o sucesos violentos, cuentan que cuando se sufre un accidente de tráfico el sistema nervioso se descompensa y se altera. Cuando llega la ambulancia, la policía, se calma, entiende que llega el remedio y empieza a volver a sus parámetros. En València hay pueblos donde aún no ha llegado esa ambulancia. El conductor, sin puntos ya en el carné, atiende estos días su propia emergencia política.

Un grupo de turistas desconcertados se pregunta si hoy hay fútbol: “No señora, hay muertos”. Jóvenes con restos de lodo, botas manchadas en alto, grupos de mayores, familias. El ejército popular de voluntarios que ha cambiado escobas por pancartas: “Estoy aquí por los que no pueden venir”, “Mazón a la Karcher”, “Mazón a la prisión”, “Plorant de ràbia”, “Sánchez y Mazón, ni olvido ni perdón”. “Valencia lives matter”, se lee en una sudadera de unas plazas que no dan abasto de gente que sigue sin entender cómo se cruzaron los brazos ante la peor riada. “Ayuda”, pide sin rodeos otro cartel.

El Partido Popular de la Comunitat Valenciana tuvo la discutible idea de deslegitimar la protesta como una cosa de catalanistas. Realmente si hubiera tantos, València ya habría hecho un procés y se hubiera independizado. Mazón aprovechó la tarde para tuitear todos los logros de la semana, unos logros que no llegan a pie de calle o llegan demasiado lentos. Como si sus redes sociales pudieran tapar las vergüenzas de una gestión a trompicones: este viernes se mandó el primer SMS de precauciones sanitarias a los móviles de València, con casos de infección ya en estudio y muchas heridas infectadas y abiertas.

Hay quien se busca casa prestada, quien intenta secar las escrituras para pedir las ayudas, quien tiene el garaje lleno de coches y quizás algún cadáver, peluquerías que no pueden abrir, autónomos que no pueden trabajar, cientos de miles de habitantes que no pueden moverse, porque en l'Horta Sud ya no existen los coches. Los pescadores de la Albufera pescan cadáveres estos días. “Busco al hombre que me salvó, por salvarme vi cómo se lo llevó la riada”. Traumas, traumas y más traumas. “Mentre menjava, el poble s'ofegava”, le coreaban a Mazón a las puertas del Palau de la Generalitat.

La calle reventó con una protesta transversal que desbordó las siglas de quienes la organizaban. Miles de ciudadanos dijeron este sábado al Consell que quien hizo una nefasta gestión debe irse y no puede seguir al mando de ella, con el abismo desconocido que eso suponga. El Centro de Coordinación (Cecopi) es hoy más coral, el ejército está mucho más desplegado y afortunadamente se autogestiona. Pero Mazón manda, y mucho, y sigue siendo la cabeza política del desastre y quien impulsa y aprueba las medidas. Once días después de la tragedia, el día a día todavía atropella a los asomos de logística. Una emergencia sin embridar. Un president emboscado. Una situación política imprevisible. València late rabia, aunque bombea esperanza por los voluntarios y el instinto primitivo de supervivencia. “Hay que salir de esta”. València tiene demasiados frentes. Con una crisis de fango, en las calles y otra en la Palau de la Generalitat, hace malabares en un circo con abismos en dos pistas."                ( Raquel Ejerique , eldiario.es, 09/11/24)

3.6.24

Victoria de los activistas climáticos: la UE Sale del Tratado de la Carta de la Energía... aunque poco conocido y desfasado, ha sido una herramienta en manos de la industria de los combustibles fósiles para demandar a los gobiernos por miles de millones debido a políticas climáticas. Este tratado ha sido un obstáculo gigantesco en la implementación de medidas efectivas contra el cambio climático

 "Hoy, 30 de mayo, marca un momento histórico en la lucha contra el cambio climático. La Unión Europea ha tomado la decisión final de salir del Tratado de la Carta de la Energía (TCE). Este movimiento, que ha recibido el visto bueno final del Consejo de la UE, es una victoria monumental para todas nosotras, los/as activistas que hemos luchado incansablemente durante más de cinco años por una política comercial más justa.

La salida del TCE es un paso crucial en la desmantelamiento de un sistema opaco de tribunales corporativos que amenazan nuestro futuro. El TCE, aunque poco conocido y desfasado, ha sido una herramienta en manos de la industria de los combustibles fósiles para demandar a los gobiernos por miles de millones debido a políticas climáticas. Este tratado ha sido un obstáculo gigantesco en la implementación de medidas efectivas contra el cambio climático. Ahora, con la salida de la UE, hemos marcado un cambio decisivo en esta lucha, un cambio que parecía imposible pero que ahora es una realidad.

El Papel de los Movimientos Sociales

Lo que alguna vez pareció un sueño lejano, se ha hecho realidad. Durante más de cinco años, hemos llevado a cabo una campaña para exponer las fallas del TCE y presionar por su terminación. Esta decisión de la UE no solo demuestra que otra política comercial es posible, sino que también nos dice que cuando nos unimos, podemos lograr lo impensable. Es un paso crucial en el esfuerzo global para combatir el cambio climático. Las políticas comerciales no son sólo sobre comercio; es sobre el medio ambiente y la vida de las personas, no sólo en Europa, sino en todo el mundo.

Creciente Apoyo a la Salida del TCE

La decisión de salir del TCE no es un evento aislado. En los últimos dos años, un número creciente de países han anunciado su salida del tratado, reconociendo la necesidad urgente de poner fin al peligro que representa. Entre estos se encuentran España, Francia, Alemania, Países Bajos, Eslovenia, Polonia, Luxemburgo, Dinamarca, Irlanda, Portugal y el Reino Unido. Italia ya se había retirado del tratado en 2016, reflejando la creciente insatisfacción con el TCE y sus implicaciones para la acción climática.

En abril, el Parlamento Europeo votó para que la propia UE se uniera a la salida del TCE. La confirmación de esta decisión por parte del Consejo hoy solidifica aún más el compromiso de la UE con la acción climática y subraya su determinación de distanciarse de tratados que obstaculizan el progreso hacia un futuro sostenible y ambientalmente consciente.

Una Llamada a la Acción

Sin embargo, nuestro trabajo está lejos de haber terminado. Lamentablemente, el próximo Parlamento Europeo pinta muy mal para la política comercial y ambiental. Necesitamos europarlamentarios comprometidos, capaces de poner fin a estas políticas nocivas para el ambiente, la gente y los trabajos. La lucha continúa, y ahora más que nunca, debemos mantenernos unidos y activos para proteger y expandir los logros alcanzados.

La salida de la UE del TCE se erige como un faro de esperanza y un testimonio del poder de nuestro activismo colectivo para moldear un mañana mejor. ¡Sigamos adelante, por un futuro más justo y sostenible para todos!"               (attac España, 01/06/24)

16.4.24

Comunicado de Rebelión Científica a todos los grupos parlamentarios: Se nos acaba el tiempo... Las corrientes oceánicas están al borde del colapso. El Amazonas está al borde del colapso. El sistema climático en su conjunto está al borde del colapso. Estamos al borde de transitar cinco puntos de no retorno... la circulación termohalina en el Atlántico, de continuar con el ritmo de emisiones actuales, colapsará en cualquier momento del siglo XXI, lo que desencadenaría una drástica caída de las temperaturas, y sumiría progresivamente a Europa en una nueva edad de hielo

 "Se nos acaba el tiempo. Las corrientes oceánicas están al borde del colapso. El Amazonas está al borde del colapso. El sistema climático en su conjunto está al borde del colapso. Estamos al borde de transitar cinco puntos de no retorno (tipping points). 

En palabras de Tim Lenton, del Instituto de Sistemas Globales de la Universidad de Exeter, estos: «pueden desencadenar devastadores efectos dominó, como la pérdida de ecosistemas enteros y de la capacidad de producir cultivos básicos, con repercusiones sociales que incluyen desplazamientos masivos, inestabilidad política y colapso financiero.» (The Guardian, 6/12/23). 

Un estudio reciente sobre el estado de la circulación termohalina en el Atlántico norte advierte que, de continuar con el ritmo de emisiones actuales, esta corriente colapsará en cualquier momento del siglo XXI, lo que desencadenaría una drástica caída de las temperaturas, y sumiría progresivamente a Europa en una nueva edad de hielo (fuente: Van Westen et al., “Physics-based early warning signal shows that AMOC is on tipping course”, Science Advances, publicado el 9 de febrero de 2024).

Pero estar al borde de algo significa estar a tiempo de actuar. Aunque llevamos décadas de retraso, todavía podemos cambiar la hoja de ruta en materia de mitigación, adaptación y justicia climática. Podemos reducir las emisiones, proteger la biodiversidad y avanzar hacia sociedades sostenibles y justas; frenar el expolio del Sur Global; proteger a seres queridos, amigos y familiares, nacidos y por nacer. Podemos proteger al conjunto de las especies vivas que habitan el territorio y sus paisajes. Pero para ello debemos escuchar y mirar de frente a lo que la comunidad científica internacional está advirtiendo: si no tomamos medidas drásticas, todo lo que amamos estará en peligro.

Frente a esta amenaza, las protestas climáticas se han convertido en un fenómeno global, y la represión a las protestas en todo el mundo, una estrategia cortoplacista para acallar lo que cada año es más evidente: 

1º) Que debemos abandonar urgentemente la explotación y la financiación de combustibles fósiles, o los efectos del calentamiento climático provocarán que crucemos puntos de no retorno (varios de ellos ya han sido superados); 

2º) que la transición justa exige la distribución de la riqueza entre el Norte y el Sur Global mediante la condonación de la deuda económica por la deuda climática o mediante nuevos mecanismos de compensación; 

3º) que la transición justa y efectiva exige desplegar nuevas formas de participación democrática, como las Asambleas Ciudadanas por el Clima, para maximizar la aceptación social a los cambios, evitar las derivas antidemocráticas de los países del Norte Global y minimizar la interferencia de los lobbies. 

Estas son las tres demandas del movimiento Rebelión Científica. Las tres demandas por las que hemos hecho y seguiremos haciendo actos de desobediencia pacífica, porque quedarnos documentando la destrucción acelerada de los ecosistemas ha dejado de ser una opción.

Sin embargo, la creciente represión de acciones de desobediencia civil frente a la emergencia climática ya es un signo de época: el hostigamiento y violencia que sufren personas y colectivos comprometidos con la defensa de nuestra casa común, el planeta Tierra, es una práctica que se expande por todo el mundo. 

En palabras de Michel Forst, relator especial de la ONU para los defensores del medio ambiente: “En América Latina, en algunos lugares de África y en Filipinas los defensores del medio ambiente son directamente asesinados. Cada dos días se denuncia el asesinato de un activista climático. También hay personas que son secuestradas y desaparecen para siempre”. En este contexto, subraya Michel Forst: “Cada vez más políticos tratan como ‘ecoterroristas’ a los defensores del medio ambiente que recurren a la desobediencia civil” (El País, 5/6/23).

En Europa, la criminalización del activismo y de la protesta en defensa de la Tierra se ha reforzado durante los últimos años. El 21 de junio de 2023, el consejo de ministros francés ordenó la disolución del movimiento ecosocial Les Soulèvements de la Terre. La policía alemana ha llevado a cabo registros en domicilios relacionados con el colectivo climático Letzte Generation, congeló las cuentas de la organización y cerró su sitio web. En Inglaterra, la secretaria de Interior Suella Braverman prometió “mano dura” contra el activismo ambiental: “Más de mil activistas fueron detenidos y al menos 100 resultaron encarcelados en el último año, principalmente en acciones de Just Stop Oil”. (El mundo, 16/1/23). En España, La Fiscalía ha pedido 21 meses de prisión a las personas de Rebelión Científica por la acción de desobediencia en el Congreso de los Diputados el día 6 de abril de 2022. 

Amnistía Internacional y otras organizaciones han documentado un serio retroceso en el ejercicio del derecho a la protesta durante los últimos ocho años como consecuencia de varios factores: la reforma del Código Penal, la aprobación de la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza), el aumento del poder discrecional de decisión de la policía en el marco del derecho a la manifestación pacífica, la utilización abusiva de armas menos letales como pelotas de goma o de proyectiles foam, la frecuente interpretación de los tribunales a favor de la versión policial o las contradenuncias de policías contra manifestantes que denuncian abusos. Todo ello, en un país con signos evidentes de desertificación dentro del cual el sector primario enfrenta simultáneamente la competencia derivada de los tratados ecocidas de libre comercio, la injusticia distributiva de subvenciones y los efectos del cambio climático.

Atendiendo a esta doble tendencia de agravamiento de la crisis ecosocial y del deterioro acelerado del derecho a la protesta, pedimos a todos los grupos parlamentarios con representación en el Congreso que escuchen las advertencias de la comunidad científica internacional, que avancen urgentemente en la elaboración de un Pacto de Estado Ecológico frente a la emergencia climática, y que luchen contra la criminalización del derecho a la protesta. 

Debemos cooperar para reducir el daño que la persecución del crecimiento ilimitado provoca en el planeta Tierra. Porque no es posible el crecimiento infinito en un planeta finito, la senda actual nos aboca a la catástrofe civilizatoria: necesitamos reducir de forma drástica el uso de materiales y energía por parte de sectores no esenciales, democratizar la transición y abrir un diálogo permanente entre la sociedad civil y la comunidad científica. Solo mediante la cooperación y la solidaridad podremos construir un sendero de esperanza.

Firmado: Alberto Coronel Tarancón, Verónica López Rodríguez, Carmen Madorrán Ayerra, Mar Nácher Escarti y Jorge Riechmann Fernández en representación del movimiento Rebelión Científica España."        ( Rebelión Científica, 15/15/15, 14/04/24)

16.12.23

COP28: todo sigue igual... el CO2 aumenta, las temperaturas aumentan, la producción de combustibles fósiles aumenta, las mentiras aumentan, la hipocresía aumenta... La "transición hacia el abandono" significa que las empresas de combustibles fósiles pueden seguir produciendo petróleo, gas y carbón, y que los países, gobiernos y empresas pueden seguir utilizando estas fuentes de energía sin reducciones acordadas... Las soluciones que proponen la economía y los gobiernos dominantes no son soluciones en absoluto, sino mero "lavado verde"... los productores de petróleo y gas deberían destinar aproximadamente la mitad de su inversión anual a proyectos de energías limpias de aquí a 2030 para cumplir los objetivos climáticos mundiales. Pero hasta ahora, los productores sólo representan el 1% de la inversión mundial en energía verde... sigue siendo más rentable invertir en combustibles fósiles que en proyectos de energías limpias, así que evitan el problema principal: acabar con la producción y el uso de combustibles fósiles en el planeta... la industria de los combustibles fósiles ebe pasar a ser de propiedad pública en todo el mundo y utilizar sus beneficios e ingresos para invertir drásticamente en energías renovables, electrificación y proyectos medioambientales (Michael Roberts, economista de la City)

 "La conferencia COP28 sobre qué hacer con el calentamiento global y el cambio climático celebrada en Dubai finalizó el pasado jueves.  La declaración final, a la que asistieron la cifra récord de 70.000 personas (¿huella de carbono?) y que tuvo como anfitrión al jefe de la compañía petrolera estatal de Dubai (¡!), parecía suponer un gran avance.  La declaración hablaba de "una transición para abandonar todos los combustibles fósiles".  Por primera vez, se acordó poner fin a la exploración, producción y uso de combustibles fósiles.  Un paso histórico, se ha argumentado.

Pero una "transición hacia el abandono" es en realidad un sofisma para evitar la "reducción progresiva", por no hablar de la "eliminación progresiva" de los combustibles fósiles, causantes de más del 90% de todas las emisiones de carbono a la atmósfera. La "transición hacia el abandono" significa que las empresas de combustibles fósiles pueden seguir produciendo petróleo, gas y carbón, y que los países, gobiernos y empresas pueden seguir utilizando estas fuentes de energía sin reducciones acordadas.  Para las empresas energéticas y los países con altas emisiones de gases de efecto invernadero, todo sigue igual.

Supuestamente, la producción y el uso de combustibles fósiles se reducirán gradualmente para evitar las emisiones que están impulsando las temperaturas medias globales por encima del límite objetivo de 1,5C por encima de los niveles preindustriales.  Este objetivo se fijó en 2015 en la COP de París para ser alcanzado en 2030 y, a continuación, cero emisiones netas en 2050.  Pero las palabras son fáciles de decir.  En la acción, no sucederá. Los objetivos no se cumplirán y las consecuencias para las personas y el planeta serán las siguientes.

De hecho, justo cuando se acordó el comunicado de la COP28, las temperaturas alcanzaron los 43 ºC en Brasil y Australia, récords para esta época del año.  La temperatura media mundial alcanzó un récord de 1,5C por encima de los niveles preindustriales en noviembre y es probable que el año termine con una media de 1,2C por encima, por lo que no se está muy lejos de alcanzar ya los 1,5C.

Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo científico de la ONU, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero aumentan inexorablemente, de modo que para 2030 se prevé un incremento de casi el 9% con respecto a los niveles de 2010.  Es decir, que no habrá ningún descenso. Aunque el aumento previsto por el IPCC es ligeramente mejor que el aumento del 11% previsto en la evaluación del año pasado, sigue estando muy por debajo del recorte del 45% necesario para limitar el calentamiento al objetivo de 1,5C fijado como parte del Acuerdo de París.

Los planes energéticos de los países petroleros contradicen sus políticas y compromisos climáticos, según el informe de la ONU. Para 2030, sus planes supondrían un 460% más de producción de carbón, un 83% más de gas y un 29% más de petróleo de lo que sería posible quemar si se quiere mantener el aumento de la temperatura global en el 1,5C acordado internacionalmente. Los planes también producirían un 69% más de combustibles fósiles de lo que es compatible incluso con el objetivo más perjudicial de 2C.

Los países responsables de las mayores emisiones de carbono por la producción prevista de combustibles fósiles son India (carbón), Arabia Saudí (petróleo) y Rusia (carbón, petróleo y gas). Estados Unidos y Canadá también tienen previsto ser grandes productores de petróleo, al igual que Emiratos Árabes Unidos. Según otro informe reciente, la petrolera estatal de los Emiratos Árabes Unidos, cuyo director general, Sultan Al Jaber, presidió la COP28, tiene los mayores planes de expansión neta cero de todas las empresas del mundo.

Sí, las energías renovables y la producción de energía limpia están aumentando rápidamente.  La Agencia Internacional de la Energía (AIE), en su informe anual Perspectivas de la Energía en el Mundo, calcula que la inversión mundial en todas las tecnologías de energía limpia en 2023 va camino de ser un 40% superior a la de 2020. "La transición a las energías limpias se está produciendo en todo el mundo y es imparable. No es una cuestión de 'si', sino de 'cuándo', y cuanto antes mejor para todos", afirmó el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol.  Sin embargo, no es suficiente bajo ningún concepto. Las Perspectivas de la AIE concluyen que los actuales compromisos energéticos mundiales de los responsables políticos se ajustan a una trayectoria de temperatura de 2,4C por encima de los niveles preindustriales para 2100.

Las Perspectivas también vienen acompañadas de varias advertencias sobre el cumplimiento de los compromisos existentes. Las interrupciones de la cadena de suministro en sectores como el eólico, además de la lucha por la seguridad energética ante la guerra entre Rusia y Ucrania y la recesión económica mundial, están impulsando a muchos países a tratar de reforzar los combustibles fósiles.  subrayó Birol: "Teniendo en cuenta las actuales tensiones y la volatilidad de los mercados energéticos tradicionales, las afirmaciones de que el petróleo y el gas representan opciones seguras para el futuro energético y climático del mundo parecen más débiles que nunca".

Las Perspectivas concluyen que, a menos que se realicen intervenciones políticas adicionales, la cuota de los combustibles fósiles en el suministro energético mundial seguirá siendo del 73% en 2030, frente al 80% actual. Pero, según la AIE, para ajustarse a una temperatura de 1,5 ºC, la trayectoria requeriría que el porcentaje cayera hasta alrededor del 60% a finales de esta década.  Demasiado para una "transición a la baja".

Los compromisos y las medidas para reducir las emisiones no son suficientes.  Las promesas realizadas por unos 130 países y 50 empresas de combustibles fósiles antes de la COP28 seguirán dejando al mundo muy lejos de limitar el calentamiento global a 1,5C por encima de los niveles preindustriales, según la AIE.  Las reducciones previstas en las emisiones de 2030, incluso si se aplican de forma honesta y transparente, representan sólo alrededor del 30% de la brecha de emisiones que debe salvarse para situar al mundo en una senda compatible con la limitación del calentamiento global a 1,5 ºC (escenario de emisiones netas cero para 2050 de la AIE).  De hecho, según la AIE, la demanda de combustibles fósiles debe reducirse en una cuarta parte para finales de esta década.

Según Climate Action Tracker, ni un solo país del G20 cuenta con políticas coherentes con este objetivo.

El informe del IPCC concluyó que los compromisos nacionales existentes para reducir las emisiones significarían que las emisiones globales en 2030 serían un 2% inferiores a los niveles de 2019, en lugar del recorte del 43% necesario para limitar el calentamiento global a 1,5C. Sólo uno de los más de 20 patrocinadores de la COP28 se había adherido a los objetivos basados en la ciencia (SBTi, por sus siglas en inglés) respaldados por la ONU. La mayoría de los patrocinadores corporativos, entre los que se encuentran la empresa de servicios petrolíferos Baker Hughes y el Bank of America, no se han comprometido a reducir las emisiones a cero en ningún periodo de tiempo según el sistema de objetivos. Lincoln Bauer, de Spendwell, que ha llevado a cabo el análisis, ha declarado: "Los objetivos basados en la ciencia son el sistema de validación de referencia para las empresas. El hecho de que tan pocos de los patrocinadores hayan suscrito sus objetivos netos cero, y que la propia EY, elegida para verificar los compromisos climáticos de los patrocinadores, aún no haya fijado objetivos, sugiere que esto no es más que lavado verde".

El presupuesto de carbono es la cantidad máxima de emisiones de carbono que puede liberarse restringiendo al mismo tiempo el aumento de la temperatura global a los límites del acuerdo de París. La última cifra es la mitad del presupuesto estimado en 2020 y se agotaría en seis años con los niveles actuales de emisiones.  En cambio, según el informe de la ONU, los productores mundiales de combustibles fósiles están planeando expansiones que duplicarían el presupuesto de carbono del planeta.

Según un nuevo análisis, el presupuesto de carbono restante para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 ºC en un 50% es de unos 250.000 millones de toneladas. Se prevé que las emisiones mundiales alcancen este año un nivel récord de unos 40.000 millones de toneladas.  Por tanto, para mantener un 50% de posibilidades de alcanzar un límite de 1,5 ºC, las emisiones tendrían que descender a cero neto en 2034, mucho más rápido incluso que en los escenarios más radicales. "Tener un 50% o más de probabilidades de limitar el calentamiento a 1,5 ºC es imposible, independientemente del grado de acción política", afirma el autor del informe.

La realidad es que el planeta está al borde de cinco puntos de inflexión climáticos catastróficos. Según el informe Global Tipping Points, ya hay cinco umbrales naturales importantes que corren el riesgo de superarse, y otros tres podrían alcanzarse en la década de 2030 si el mundo se calienta 1,5C (2,7F) por encima de las temperaturas preindustriales.

Los puntos de inflexión en riesgo incluyen el colapso de grandes capas de hielo en Groenlandia y la Antártida Occidental, el deshielo generalizado del permafrost, la muerte de los arrecifes de coral en aguas cálidas y el colapso de una corriente oceánica en el Atlántico Norte.  A diferencia de otros cambios en el clima, como olas de calor más intensas o lluvias más abundantes, estos sistemas no se desplazan lentamente en función de las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que pueden pasar de un estado a otro completamente distinto. El vuelco de un sistema climático, a veces repentino, puede alterar de forma permanente el funcionamiento del planeta.

¿Qué hacer?  En primer lugar, hay que recordar que los pobres son los más afectados por el calentamiento global y el cambio climático, mientras que los ricos (y me refiero a los muy ricos) son los principales responsables de las emisiones globales.  Según un estudio de Oxfam, el 1% de la población más rica es responsable de tantas emisiones de carbono como el 66% de la población más pobre. Los estilos de vida lujosos, como volar con frecuencia, conducir coches grandes, poseer muchas casas y una dieta rica, son algunas de las razones de este enorme desequilibrio.

Las desigualdades no sólo se dan entre el Norte y el Sur del planeta: el estudio de Oxfam muestra que las diferencias en la huella de carbono de ricos y pobres dentro de un mismo país son ahora mayores que las diferencias entre países.  Por tanto, reducir la desigualdad global y la desigualdad dentro de los países también reduciría el aumento del calentamiento global.

Kevin Anderson, científico del clima, afirma que el 1% de los emisores más ricos también influye en un consumo mucho más amplio. "El grupo del 1% utiliza su poder enormemente desproporcionado para manipular las aspiraciones sociales y las narrativas en torno al cambio climático. Esto abarca desde programas de mentiras y publicidad altamente financiados hasta la propuesta de soluciones pseudotécnicas, desde la financiarización del carbono hasta el etiquetado extremo de cualquier narrativa significativa que cuestione la desigualdad y el poder. Este peligroso marco se ve agravado por unos medios de comunicación típicamente supinos que son propiedad o están controlados por el 1%. Los zarcillos del 1% han retorcido la sociedad hasta convertirla en algo profundamente autodestructivo".

Desde la década de 1990, el 1% más rico ha quemado más del doble de carbono que la mitad inferior de la humanidad.  Pero más del 91% de las muertes causadas por desastres relacionados con el clima de los últimos 50 años se han producido en países en desarrollo. El número de muertos por inundaciones es siete veces mayor en los países más desiguales que en los más igualitarios.

¿Es demasiado tarde y, si no, cuál es la respuesta?  Las soluciones que proponen la economía y los gobiernos dominantes no son soluciones en absoluto, sino mero "lavado verde".  El FMI y el Banco Mundial promueven la tarificación y la fiscalidad del carbono.  La teoría consiste en hacer pagar a los contaminadores por lo que emiten, lo que supone un fuerte estímulo para que limpien su comportamiento. Puede adoptar la forma de un impuesto o de un régimen de comercio de derechos de emisión que obligue a las empresas a comprar derechos negociables para cubrir sus emisiones.

Esta solución de mercado no funcionará.  Para reducir las emisiones, el precio mundial del carbono tendría que alcanzar una media mínima de 85 dólares por tonelada en 2030, frente a los 5 dólares actuales.  Y menos del 5% de las emisiones mundiales de GEI están cubiertas por un precio directo del carbono igual o superior al propuesto para 2030.

¿Y el aumento de la inversión en energías renovables?  Es cierto que el coste de las energías renovables está bajando rápidamente.  El coste de la electricidad procedente de la energía solar es ahora un 85% más bajo que en 2010. La tecnología de las baterías avanza mucho más rápido de lo previsto, impulsando la electrificación del transporte por carretera: en China, el 35% de todas las ventas de turismos nuevos son ahora eléctricos.  Pero todo esto palidece en comparación con el gasto de capital en combustibles fósiles, mientras que las subvenciones de los gobiernos y los créditos de los bancos superan a las renovables y otras inversiones verdes.

Según la AIE, los productores de petróleo y gas deberían destinar aproximadamente la mitad de su inversión anual a proyectos de energías limpias de aquí a 2030 para cumplir los objetivos climáticos mundiales.  Pero hasta ahora, los productores sólo representan el 1% de la inversión mundial en energía verde y el año pasado destinaron sólo el 2,5%, o 20.000 millones de dólares, de su capital al sector.  Todavía no hay mucha "transición" desde los combustibles fósiles.

Chevron destinará este año sólo 2.000 millones de dólares de su presupuesto de 14.000 millones a inversiones con menos emisiones de carbono. Exxon declaró el pasado mes de diciembre que tenía previsto invertir un total de 17.000 millones de dólares en iniciativas de reducción de emisiones hasta finales de 2027, mientras que el gasto anual de capital en combustibles fósiles se mantendría entre 20.000 y 25.000 millones de dólares durante ese periodo. Shell ha declarado que tiene previsto invertir una media de 5.000 millones de dólares anuales entre 2023 y 2025 en energías con bajas emisiones de carbono, frente a un gasto de capital global de entre 22.000 y 25.000 millones de dólares anuales.  La francesa TotalEnergies dijo que tenía previsto destinar el 33% de sus gastos de capital entre 2023 y 2028, es decir, unos 5.000 millones de dólares al año, a inversiones consideradas bajas en carbono.

El problema para la industria capitalista es que sigue siendo más rentable invertir en combustibles fósiles que en proyectos de energías limpias.  La AIE calcula que el rendimiento del capital empleado en la industria del petróleo y el gas fue del 6-9% entre 2010 y 2022, frente a menos del 6% para los proyectos de energías limpias.

Luego se habla de nuevas tecnologías para capturar el carbono en el aire.  Este fue el grito del lobby de los combustibles fósiles en la COP28. Las tecnologías industriales de captura de carbono tienen muchos sabores, pero las más destacadas son la captura y almacenamiento de carbono (CAC), que elimina el dióxido de carbono de fuentes puntuales muy concentradas, como las centrales eléctricas; y la captura directa en el aire (DAC), que intenta eliminar el CO del aire libre, donde las concentraciones son mucho menores.  Limitar el calentamiento global a 1,5 ºC exigiría una importante eliminación de dióxido de carbono, bien mediante soluciones basadas en la naturaleza, como la reforestación, bien capturando CO₂ directamente del aire y almacenándolo permanentemente bajo tierra.

Pero en la actualidad, los centros regionales de captura directa del aire previstos por el Departamento de Energía de EE.UU. sólo podrán capturar un millón de toneladas métricas de CO al año, mientras que el mundo emite 40.500 millones. Además, la tecnología es cara: cuesta miles de dólares por cada tonelada de CO2 eliminada.  El Departamento de Energía estadounidense ya ha invertido decenas de miles de millones en proyectos de "carbón limpio" y CAC mal concebidos y gestionados. Han fracasado casi por completo, lo que ha merecido la condena de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno. El gobierno estadounidense tiene créditos fiscales para estos proyectos de captura de carbono a 60 dólares la tonelada por el carbono utilizado en la recuperación mejorada de petróleo, lo que retrasa la retirada de la producción de combustibles fósiles.

Por tanto, no hay escapatoria. Dado que la combustión de combustibles fósiles produce actualmente unas 32Gt de emisiones de CO₂ al año, eso significa que más del 85% de la reducción de emisiones debe proceder de poner fin al uso de combustibles fósiles y menos del 15% de aplicar la captura de carbono.

Todas estas propuestas evitan el problema principal: acabar con la producción y el uso de combustibles fósiles en el planeta.  Sí, la tecnología está ahí para hacerlo y el dinero está ahí para ayudar a esos países y personas pobres a hacer la transición.  Lo que se interpone en el camino son los intereses creados de las empresas energéticas mundiales, la rentabilidad actual de la producción y el uso de combustibles fósiles y, por supuesto, la falta de un acuerdo mundial, por no hablar de coordinación, para aplicar cualquier plan de eliminación progresiva.

Según Daniela Gabor, profesora asociada de Economía en la Universidad del Oeste de Inglaterra, necesitamos que los Estados lleven a cabo una "intervención amplia y profunda en la reorganización de la actividad económica necesaria para una transición justa". Los impuestos sobre la riqueza del carbono ni siquiera empiezan a arañar la superficie de esa transformación". Jason Hickel quiere "un control democrático sobre la inversión... y la producción, porque los mercados que buscan beneficios dan prioridad a las cosas equivocadas. Cuando la gente tiene el control democrático de la producción, da prioridad al bienestar humano y a la sostenibilidad ecológica", afirma.

Esto debe significar una campaña para que la industria de los combustibles fósiles pase a ser de propiedad pública en todo el mundo y se utilicen los beneficios e ingresos para invertir drásticamente en energías renovables, electrificación y proyectos medioambientales.  La solución no está en sustituir los vehículos de gasolina y diésel por coches eléctricos, sino en sustituir el transporte privado por un transporte público libre de carbono y de precios.  La solución no está en construir viviendas con fines lucrativos y especulativos, sino en proyectos de vivienda urbana bien planificados, construidos por los gobiernos y controlados por los trabajadores.

Y aún nos espera el infierno si no detenemos la destrucción de la naturaleza y salvamos los bosques, los humedales y la vida terrestre y oceánica. Salvar el planeta y sus especies está inexorablemente relacionado con el control del calentamiento global."

(Michel Roberts, economista de la City, Brave New Europe, 16/12/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com; enlaces en el original)

5.9.23

La lucha en defensa del agua atraviesa los pueblos del Oeste de Francia, contra los megaembalses que amenazan el Oeste rural francés... en Chile existen mega embalses que han secado los ríos... “Queríamos llegar a nueva gestión del agua y compartirla entre agricultores, y el Estado nos negó esta posibilidad de diálogo empezando nuevas obras. Fue muy violento para nosotros ver esos tractores llegar y empezar a trabajar cuando queríamos una pausa para poder dialogar”

"En bicicletas, tractores, con equipamiento y logística, cerca de 800 ciclistas se desplazaron en lo que denominaron el “Convoy del Agua” que recorrió más de 400 kilómetros pasando por distintos pueblos y ciudades de Francia hasta llegar a París.

La idea nació de la organización de los movimientos ecologistas Bassines Non Merci, Soulèvements de la terre y Confédération Paysanne, tras los episodios de violencia policial sufridos durante la última gran manifestación el 25 de marzo pasado, donde congregaron a más de 30.000 personas en contra de la construcción de mega embalses en Sainte-Soline.

Precisamente desde allí, el pasado 18 de agosto, partió la caravana rumbo a Orléans, donde llegó siete días después con una única convicción: defender el agua y el territorio de los mega embalses ya instalados y los que se pretenden instalar en las poblaciones del oeste.

“El objetivo fue llevar nuestras demandas colectivamente, en bicicletas y tractores, a la Agencia del Agua —la agencia pública que financia los mega embalses en Francia—, la paralización inmediata de las obras y moratoria sobre la gestión del agua”, relatan Adeline y Mat, del colectivo Bassines Non Merci. La moratoria consistía en suspender los proyectos mientras se trabaja junto con las autoridades en una nueva política de la gestión del agua de forma más concertada y democrática.

Durante el trayecto a Orléans los activistas fueron recibidos por los habitantes de los distintos pueblos y por los colectivos locales que se concentraron en los campamentos que tenían preparados junto con decenas de voluntarios y voluntarias.

El “Convoy del Agua” logró reunirse con dos autoridades a cargo de la gestión del agua en Francia: el presidente del Comité de Vertientes y la prefecta —presidenta de la Agencia del Agua Loira-Bretaña (AELB)— en Orléans, organismo que organiza la política del agua y que otorga financiación pública a las obras relacionadas con su gestión. Sin embargo, durante la reunión con la prefecta Sophie Brocas, los movimientos ecologistas se enteraron por otras fuentes de que se había iniciado la construcción de una nueva mega cuenca en la localidad de Priaires. Las negociaciones fracasaron al instante.

“Queríamos llegar a nueva gestión del agua y compartirla entre agricultores, y el Estado nos negó esta posibilidad de diálogo empezando nuevas obras. Fue muy violento para nosotros ver esos tractores llegar y empezar a trabajar cuando queríamos una pausa para poder dialogar”, relata Laurence Marandola, portavoz de la Confederación Agrícola de Francia (Confédération Paysanne).

El 26 de agosto, más de mil personas, entre ellas una centena de ciclistas del “Convoy del Agua” que pedalearon toda la noche desde Orléans hasta París, se congregaron en Champ-de-mars frente a la icónica Torre Eiffel donde también estuvieron presentes organizaciones ecologistas en defensa del agua de otros países del mundo como Brasil y Chile, así como representantes de las luchas por el agua en Île-de-France.

“Chile es el único país del mundo donde la Constitución ha privatizado el agua. Llevamos años luchando por la recuperación del agua porque en Chile existen mega embalses que han secado los ríos. La lucha transfronteriza cobra especial relevancia en la crisis que vivimos hoy y la importancia de reencontrarse en un sentido común por la defensa de los derechos de la naturaleza y de las personas”, dijo frente a los manifestantes la chilena Manuela Royo, portavoz del Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA) y vicepresidenta de SurTerritoria.

“La gente que no tiene dinero, los pobres, son los afectados por las represas y no les permiten acceder al agua, no se lo permiten. Les decimos que el agua no es mercancía, el agua no se vende”, agregó Alexania Rossato, coordinadora nacional del Movimiento de Afectados por Represas en Brasil. (...)

Los grupos ecologistas de Francia han anunciado que continuarán las acciones en defensa del agua al mismo tiempo que han condicionado el diálogo con las autoridades con un requisito fundamental que consideran la única vía para salir de la crisis de forma pacífica: la moratoria sobre las obras y la financiación en curso.

“Es evidente que vamos a tener que aplicar la moratoria sobre el terreno nosotros mismos, y con todos los que defienden el agua, a través de nuevas acciones directas de masas. Rejilla a rejilla, lona a lona, ​​¡desmontaremos todos las megapresas!”, anunció Benoît Feuillu de los Soulèvements de la terre.

Por su parte, Laurence Marandola, portavoz de la Confederación Campesina de Francia, ha enfatizado en que “ésta no es una lucha de ecologistas contra agricultores porque nosotros somos agricultores, representamos a muchos agricultores en Francia. Esta es una lucha de todo el mundo, ecologistas, ciudadanos en general, científicos, gente que tiene mandatos políticos y campesinos que reclamamos cambiar la gestión del agua en Francia”. (...)"                       (Nicole Venegas Reveco , El Salto, 04/09/23)

24.8.23

Sobre el ataque a los «levantamientos de la tierra» en Francia... 30.000 personas se dan cita en el distrito rural francés de Sainte-Soline... chocan frontalmente contra una línea policial que defiende con profusión de armamento el enorme hueco abierto por el proyecto de una megabalsa de riego... insuperable símbolo de la barbarie de la agricultura industrial... Tras 5.015 proyectiles disparados en algo más de hora y media, el balance es de 200 manifestantes heridos, 40 gravemente mutilados y dos en coma (por suerte a día de hoy ya despiertos)... durante los próximos diez años la mitad de los/as agricultores/as franceses/as se jubilarán, lo que supondrá que aproximadamente un cuarto de todas las tierras agrícolas del país tendrán que cambiar de manos y, si nadie se opone a ello, también de uso. La inquietud: que todas ellas acaben en manos de especuladores, urbanistas, ingenieros, constructores o agroindustriales que pongan en marcha un nuevo cercamiento masivo... Frente a este riesgo, el colectivo Reprise de terres insta a construir un movimiento masivo de recuperación y defensa de los terrenos agrícolas. Compras, expropiaciones, tenencia comunal… Lo que sea necesario para frenar en seco el proyecto desarrollista y conseguir que en 2050 uno, dos o hasta tres millones de nuevos campesinos hayan puesto en marcha proyectos agroecológicos en el territorio

 "El Gobierno de Macron inicia una ofensiva legal contra el movimiento ciudadano que reúne ya a más de 100.000 personas en defensa del territorio

El 25 de marzo, 30.000 personas se dan cita en el distrito rural francés de Sainte-Soline bajo la bandera de los Soulèvements de la terre (levantamientos o sublevaciones de la tierra, diríamos en castellano). Columnas de manifestantes repletas de niños, coloridos animales totémicos, fanfarrias, máscaras de gas y escudos chocan frontalmente contra una línea policial que defiende con profusión de armamento… el vacío. Granadas, cañones de agua y gases lacrimógenos para salvaguardar el enorme hueco abierto por el proyecto de una megabalsa de riego. Armas de guerra para defender un cráter –indestructible por definición e insuperable símbolo de la barbarie de la agricultura industrial– de los cutters con los que el movimiento se propone liberar el agua. Tras 5.015 proyectiles disparados en algo más de hora y media, es decir, casi un proyectil por segundo, tantos como en todo 2009, el balance es de 200 manifestantes heridos, 40 gravemente mutilados y dos en coma (por suerte a día de hoy ya despiertos).

Aunque sin demasiada intensidad, y en muchos casos desfigurado por la ambigüedad populista de los medios de comunicación, el huracán que la jornada de Sainte-Soline creó en el Estado francés comienza a alcanzar también nuestras costas. Algunas personas dentro y fuera del ámbito ecologista han comenzado a preguntarse: ¿qué son los levantamientos de la tierra? ¿De dónde han salido? ¿Cómo es posible unir a 30.000 personas bajo la bandera del ecologismo, el anticapitalismo, el feminismo, la crítica colonial o el sabotaje al desarrollismo? ¿Deberíamos imitarlos? (...)

En marzo de 2021, jóvenes rebeldes, habitantes comprometidos con la defensa de sus territorios y campesinos publicaban el “Llamamiento de los levantamientos de la tierra”. En él se reivindicaba la necesidad imperiosa de tres gestos. El primero, “tirar del freno de emergencia” y desmantelar las industrias tóxicas que destruyen la tierra. La tierra tanto en su sentido agrícola como en aquel que la comprende como el hogar de la vida, su condición de posibilidad, como Gaia. El segundo, reapropiarse de dicha tierra para convertirla en un común que haga posible la defensa del campesinado y su expansión. Y el tercero, ocupar los lugares de decisión en los que en la próxima década se dirimirá el destino de los terrenos que la desaparición de granjas dejará a merced de la agroindustria y los especuladores.

 Este llamamiento se convirtió en el pistoletazo de salida de una dinámica de movilizaciones que incluyó todo tipo de acciones: desde la defensa de terrenos agrícolas urbanos amenazados por la edificación hasta sabotajes a las industrias del cemento, pasando por la destrucción de megabalsas, los bloqueos de carreteras en construcción o la defensa de zonas boscosas y humedales. El esquema es siempre el mismo. Al inicio de cada temporada anual se designan una serie de territorios amenazados que, mes a mes, serán el escenario de encuentros in situ. Los miembros de los levantamientos, simbiotizándose con los colectivos locales y amplificando sus capacidades, ponen en pie un campamento temporal para recibir a personas venidas de todos los rincones de Francia y organizan movilizaciones en los lugares amenazados que, en la mayor parte de los casos, culminan con una acción de sabotaje (“desarme”, en sus términos) colectiva y festiva.

Sindicalistas campesinos de la Confédération Paysanne, militantes autónomos, naturalistas combativos, feministas, jóvenes del movimiento climático, defensores del territorio… Todos/as ellos/as se han venido dando cita mes tras mes, siendo testigos de un aumento exponencial de su potencia y apoyos. Si en las primeras acciones de 2021 los levantamientos atraían a unos pocos cientos de personas, en 2022 su número escaló hasta acercarse a los miles, catapultándose hasta las decenas de miles que protagonizaron la batalla de Sainte-Soline. (...)

Tan importante como la defensa de la tierra y el “desarme” del capitalismo industrial son la reapropiación de la tierra y la reconstrucción de una capacidad autónoma de subsistencia. (...)

Todos ellos comparten una constatación y una inquietud. La constatación: durante los próximos diez años la mitad de los/as agricultores/as franceses/as se jubilarán, lo que supondrá que aproximadamente un cuarto de todas las tierras agrícolas del país tendrán que cambiar de manos y, si nadie se opone a ello, también de uso. La inquietud: que todas ellas acaben en manos de especuladores, urbanistas, ingenieros, constructores o agroindustriales que pongan en marcha un nuevo cercamiento masivo y prosigan metódicamente con una destrucción de la tierra que nos empuja a marchas forzadas hacia el precipicio.

Frente a este riesgo, el colectivo Reprise de terres insta a construir un movimiento masivo de recuperación y defensa de los terrenos agrícolas. Compras, expropiaciones, tenencia comunal… Lo que sea necesario para frenar en seco el proyecto desarrollista y conseguir que en 2050 uno, dos o hasta tres millones de nuevos campesinos hayan puesto en marcha proyectos agroecológicos en el territorio. Estos no tendrían únicamente en sus manos la posibilidad de avanzar hacia la autonomía alimentaria y económica, sino también la posibilidad de defender la vida de Gaia. Tanto favoreciendo un manejo campesino compatible con la biodiversidad como directamente liberando tierras que pudieran reasilvestrarse y quedar en manos de nuestros compañeros vivientes. Agroecología y reasilvestramiento, por tanto, caminan de la mano en la propuesta de este colectivo.

 (...) el colectivo Reprise de savoirs (Reapropiación de saberes) nos propone ir más allá. Si a día de hoy nos resulta casi impensable oponernos a los desmanes de la industria (contaminación, urbanización, desigualdad Norte-Sur, agresión a Gaia) es sobre todo porque, como auguró Ivan Illich hace ya más de 50 años, nos hemos vuelto absolutamente dependientes de ella. ¿Qué comunidad es hoy capaz de construir o mantener su casa, fabricar su ropa, cultivar sus alimentos, cuidar a los cercanos, etc.? Rota la cadena de transmisión del conocimiento heredado y capturada la innovación por expertos alineados con los intereses del capitalismo industrial, los habitantes de los países del centro del mundo nos vemos condenados a ser espectadores impotentes de la catástrofe industrial. 

(...) los levantamientos están siendo objeto de una violencia represiva sin precedentes por parte del Estado francés. Por supuesto, bajo la forma de dispositivos policiales monstruosos que, en las últimas convocatorias, han llegado incluso a alcanzar en número la mitad del total de personas manifestantes, haciendo así en gran medida imposible el despliegue de las acciones del movimiento y continuando con la deriva militarista y la violencia explícita contra los manifestantes que se vivió en Sainte-Soline. Pero Macron tampoco ha dudado en utilizar todo el poder de represión burocrática con el que cuenta el Estado para tratar, casi a la desesperada, de ahogar este grito de la naturaleza que se defiende.

El 21 de junio el gobierno francés decretó oficialmente la ilegalización de los levantamientos de la tierra, de todos sus miembros y de la participación en cualquiera de sus acciones. Un movimiento que vino precedido, el día anterior, por la detención en sus propias casas de más de 15 activistas que habían participado previamente en las acciones del movimiento. Es así como el Gobierno francés pretende acabar de un plumazo con una red que ya cuenta con más de 110.000 miembros registrados, 180 comités locales y el apoyo de cientos de miles de personas y de cientos de colectivos y sindicatos. Como el propio movimiento ha señalado en el manifiesto de apoyo antirrepresivo que sigue abierto a firmas, el Gobierno se entrega a la infructuosa e imposible tarea de disolver un levantamiento, ya que “ce qui repousse partout ne peut être dissous” (“no se puede disolver lo que brota por doquier”). Un empeño que no por imposible deja de ser doloroso e impactante para decenas de vidas hoy, y quién sabe si cientos en el futuro cercano. (...)"

(Adrián Almazán Gómez , Profesor de filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid, licenciado en física y miembro de Ecologistas en Acción y del colectivo La Torna. CTXT, 19/08/23)   

16.6.22

Una decena de científicos españoles, citados en comisaría Responden de la acción de desobediencia civil no violenta desarrollada ante el Congreso de los diputados el pasado abril

 "Una decena de científicos españoles acaban de ser convocados en comisaría por una acción de desobediencia civil no violenta realizada delante del Congreso el pasado 6 de abril. Arriesgan juntos sus carreras y su posición laboral por denunciar la “criminal inacción climática de los gobiernos”. Según el secretario general de la ONU, se ha declarado “una guerra suicida” de la humanidad contra la naturaleza que está provocando ya un holocausto climático a gran escala.

 A principios de abril, miles de científicos salieron a las calles pidiendo ser escuchados y lanzando acciones de desobediencia civil no violenta. Una Rebelión científica internacional sin precedente, que en más de 25 países llamó a la movilización ciudadana por la vida y contra el desastre climático ya en marcha. Y no es para menos.  A pesar de todos los informes científicos, no han cambiado significativamente las políticas y los aumentos de las concentraciones de CO2 en la atmosfera. La subida constante de las temperaturas ha determinado las olas de calor, las sequias, las inundaciones que están ocasionando ya sangre y migraciones forzadas masivas. Casi simultáneamente se ha iniciado la guerra de Ucrania, que impacta duramente las poblaciones, la energía, los sistemas alimentarios y afecta directamente a las políticas nacionales e internacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.   

En España, catedráticos, investigadores, doctores, miembros titulares del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) o del panel de expertos en Cambio Climático de la ONU y de la FAO apoyaron y participaron en una protesta que ha teñido con pintura roja biodegradable la fachada y las escalinatas del Congreso para denunciar la criminal inacción climática de los sucesivos gobiernos en las últimas décadas. Ahora, los que cuentan entre nuestros mejores científicos de renombre internacional entre ellos, Fernando Valladares, biólogo y director del grupo de Ecología y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, José Esquinas, doctor ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y antiguo responsable en la FAO,  Jorge Riechmann, filósofo en la Universidad Autónoma de Madrid, Elena González Egea, doctora en astrofísica, y Fernando Prieto, director del Observatorio de la Sostenibilidad están convocados en comisaría en Moratalaz para responder de estos actos. Todos juntos, siguen plenamente decididos a asumir ante la policía y el resto de la sociedad la desobediencia civil no violenta como el último recurso que queda a la comunidad científica para poder actuar contra un holocausto climático ya en marcha.

Una “guerra suicida” de la humanidad contra la naturaleza

Estamos ya en los tiempos de “sangre, sudor y lágrimas” que Churchill anunció a su pueblo durante la segunda guerra mundial, pidiendo el mayor compromiso posible a su nación ante un peligro de muerte para toda la humanidad. La guerra de Ucrania, con sus pérdidas y su infinito sufrimiento humano, participa de hecho como otros conflictos actuales como Sudán, en una guerra global que aún no tiene nombre pero que además de los muertos directos, significa la destrucción de la humanidad mediante la devastación de los ecosistemas que hacen posible la vida. 

Antonio Guterres fue uno de los primeros líderes en nombrar públicamente esta guerra que hace de todo el planeta un campo de batalla, llamándola una "guerra suicida" de los hombres contra la naturaleza. El secretario general de la ONU bien lo advirtió: "La naturaleza siempre contraataca, y lo hace con cada vez más fuerza y furia." (...)

La ciencia se desespera y se rebela

Por ello, nunca ha sido más necesaria esta rebelión sin precedentes de la comunidad científica internacional, porque no queda otra opción que el máximo esfuerzo colectivo para estos tiempos de lágrimas y sangre. Peter Kalmus, científico en la NASA, explicó así porque se exponía a ser arrestado por la policía de Estados Unidos: “me siento realmente desesperado y aterrorizado… puedo ver muy claramente hacia dónde nos dirigimos en términos de cambio climático, y no percibo ningún impulso o intención por parte de los líderes mundiales de realmente cuidar este planeta y de resolver este problema, que realmente necesita acabar con la industria de los combustibles fósiles lo más rápido posible.” (...) "                

(Fernando Prieto, Agnès Delage Amat, José Campana; Alejandro Sacristán, Levante, 15/06/22)