"La voz de la razón, de la mayoría social y de la democracia no va a ser doblegada por los tecno-oligarcas del algoritmo”: Pedro Sánchez ha encontrado su marco ideológico y un enemigo al que combatir, y está elevando la apuesta. Un líder de la izquierda occidental frente a la tiranía trumpista, la voz internacional que defiende la democracia frente al autoritarismo tecnológico.
Moncloa se ha acostumbrado a sacar partido de lo que tiene. Elon Musk se lo puso fácil cuando decidió atacar por la red social X al presidente del Gobierno, y este recogió el guante. En teoría, es una carta ganadora, ya que enfrentarse al trumpismo en Europa suele dar rédito electoral en esta época. Veremos dentro de un tiempo.
Las propuestas de Sánchez no son azarosas, sino que se alienan con las intenciones de otros Estados de la Unión Europea
Sin embargo, la apuesta de Sánchez al encabezar la lucha contra Musk y a favor de los inmigrantes es mucho más controlada de lo que parece. El presidente es consciente de las dificultades que generaría a España plantar cara a EEUU sin contar con respaldo. Por más que suenen con eco, las propuestas de Sánchez para poner límites a las plataformas tecnológicas están plenamente integradas en lo que la Unión Europea promueve. El Parlamento Europeo ha propuesto prohibir el acceso a las redes a menores de 16 años, y países como Francia, Dinamarca, Grecia e Italia son favorables a ello. No es una medida azarosa, sino que está alineada con las intenciones de otros Estados de la Unión.
La confrontación con Musk es útil políticamente para Sánchez, ya que se trata de un magnate que se ha significado repetidamente a favor de Trump. Pero, en realidad, Musk tiene una posición periférica dentro de las esferas de poder de Washington, ya que su inicial asociación quedó rota, aunque las relaciones entre Trump y Musk continúen existiendo, y Sánchez es el líder socialista de un país mediterráneo. Ninguno de los dos tiene el poder necesario para decidir sobre el conjunto.
Para Trump, es imprescindible que las empresas tecnológicas de su país se expandan por Europa: no quiere límites para ellas
Ambos representan los extremos de una confrontación relevante entre Europa y EEUU. El ámbito tecnológico es uno de los puntos en que los caminos de Washington y de Bruselas se bifurcan. Trump, en su intento de que EEUU gane poder a costa de sus socios, entiende imprescindible que las empresas tecnológicas de su país se expandan por Europa: no quiere límites para ellas. La Unión intenta regularlas, hasta ahora de una forma endeble: ha tenido muchos más fracasos que éxitos. La normativa europea sobre las big tech es vista como una protección necesaria por Bruselas y como una intromisión intolerable en el mercado por parte de Trump. Dado que existen muchos otros vínculos entre EEUU y la UE, es probable que Washington presione en otros sectores para que Europa debilite sus intentos de control. Hasta ahora, en el armamento, la energía y los aranceles, Europa ha cedido. Musk y Sánchez se pelean, son los extremos que dibujan las grandes líneas sobre las que la pelea se mueve; después ya negociarán las partes centrales.
Este combate tiene varias vertientes y hay un aspecto que explica especialmente la resistencia europea al empuje de las plataformas. Ángel Villarino analizaba las aristas de los despidos en el ‘Washington Post’ y señalaba que una de las razones de la adquisición de la cabecera por Jeff Bezos fue la intención de ejercer influencia política sobre Washington. Era lógico, porque Amazon carecía de un medio de difusión de información. Alphabet contaba con el buscador de Google, con Discover y con YouTube, Meta con Facebook e Instagram (además de WhatsApp) Space X y Tesla con Twitter. Bezos optó por entrar en la prensa tradicional a través de un periódico prestigioso. Los despidos anunciados en el medio tienen que ver con desprenderse de aquello que se considera accesorio para la rentabilidad del diario, pero también para la influencia política, como deportes o cultura. Disponer de medios propios de difusión de información continúa siendo una necesidad para los magnates tecnológicos. Trump está alineado con ellos, no solo en su país, sino fuera de él: ‘América Primero’ es América primero en todos los sentido.
Esto es un problema para Europa, porque ni la Unión ni sus Estados europeos cuentan con plataformas con las que puedan competir. Sus vías de transmisión de información son las tradicionales: radio, prensa, televisión, en algunos casos con una importancia significativa de los medios públicos. Tienen, además, un carácter mucho más nacional que europeo. Las grandes tecnológicas poseen un alcance global, solo limitadas por las barreras fijadas por China y su esfera de influencia.
Son dos modelos que chocan de manera frontal, que han dado forma a una guerra que van ganando las tecnológicas. En gran medida, porque se convirtieron en espacios de distribución de la información que generaban los medios tradicionales y, al hacerlo, convirtieron a estos en dependientes. Aprovecharon las noticias de diarios, radios y televisiones para hacer crecer su red, y una vez que esta es lo suficientemente grande, y más ahora con la IA, cierran el grifo de la distribución. Las tecnológicas se acercaron a los medios para absorberlos y sustituirlos, y van camino de conseguirlo. En ese escenario, Europa queda en posición de inferioridad. Ya no controla la información. Esto no va solo de la pelea entre los medios tradicionales y las redes. Tiene que ver con la captación de recursos, pero también con geopolítica.
Las tecnológicas se acercaron a los medios de comunicación tradicionales para absorberlos y sustituirlos, y van camino de lograrlo
Esto explica la tensión creciente entre los gobiernos y las plataformas. Primero ignoraron el problema porque las redes suponían modernidad y avance, después vieron una oportunidad para llegar a un sector de la población mayor, más tarde se inquietaron con el Brexit y el triunfo del primer Trump. Después vino la pandemia y Ucrania, e intentaron combatir los bulos y los discursos de odio. Mientras, los medios tradicionales apostaron por el fact-checking y levantaron la bandera de la verdad puesta en cifras respecto de las mentiras de las redes. Nada de eso ha servido, ya que no se aplicaron medidas estructurales.
El contraataque estadounidense no se hizo esperar, hasta el punto de que 'X', el actual Twitter, se ha convertido en el emblema de la libertad de expresión para distintos colectivos y formaciones occidentales, que entienden que los gobiernos europeos y progresistas censuran a sus ciudadanos. Trump y Vance han reforzado esa visión. Las capitales europeas se perciben cada vez más expuestas a interferencias exteriores.
Ideología o interésEsta pelea, por regresar al principio, tiene también una vertiente ideológica en la que Musk y Sánchez fijan las posiciones. El dueño de X insiste en los intentos regulatorios de los gobiernos comunistas que impiden que los ciudadanos se expresen, al mismo tiempo que apoya a Milei o a diferentes fuerzas políticas antiUE, y el presidente del gobierno apuesta por confrontar con los tecnoligarcas y por defender la democracia del autoritarismo. Conviene a ambos: Musk activa a las fuerzas afines; Sánchez moviliza a los suyos, ya que oponerse a Trump genera ventajas electorales (otra cosa es que sea suficiente para el PSOE). Desde la derecha, la interpretación es diferente: Sánchez está haciendo un favor a la UE con su posición, ya que defiende un programa que ven con simpatía, y espera que en el futuro se le retribuya con una salida personal en alguna institución. 'Hay que buscar una salida a Sánchez’ comienza a ser demasiado escuchado."
(Esteban Hernández , El Confidencial, 06/02/26)
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