20.10.26

La revuelta es un ya basta... la expresión de una crisis y situación desesperada y un tipo de lenguaje político radical de los no escuchados... las protestas no surgen simplemente de una generación inconforme, sino de la contradicción entre las promesas de igualdad republicana y las condiciones materiales de vida. Entre las reformas tecnocráticas a favor de los ricos y las fuerzas armadas y el abandono de la educación y la segregación y represión de los jovenes migrantes... La derecha mundial agita su odio contra los migrantes como origen de la revuelta. Pero las protestas cuyo epicentro es Francia se extienden a Bélgica y Albania e Italia con el fuego de la indignación generalizada que surge por las democracias europeas de mercado que abandonaron lo público, junto a la corrupción, el rearme y la desigualdad. En Portugal y España se presenta como protesta por la captura de las ciudades por el capital inmobiliario, como crisis de vivienda... La derecha mundial agita su odio contra los migrantes como origen de la revuelta. Pero las protestas cuyo epicentro es Francia se extienden a Bélgica y Albania e Italia con el fuego de la indignación generalizada que surge por las democracias europeas de mercado que abandonaron lo público, junto a la corrupción, el rearme y la desigualdad... En Portugal y España se presenta como protesta por la captura de las ciudades por el capital inmobiliario, como crisis de vivienda... La revuelta fue engendrada por tanto por las condiciones materiales precarias del neoliberalismo, como por las condiciones políticas de absoluto cierre de las mediaciones ante gobiernos arrogantes que creyeron que podían imponer el orden del capital. La revuelta es la respuesta a ello... también pesa entre la juventud el horizonte catastrófico para su generación que ha terminado con cualquier promesa de futuro, empleo y bienestar; pesa la claridad en muchos de ellos del cambio climático como anuncio del fracaso civilizatorio; y moviliza entre muchos de ellos la rabia por el genocidio en Gaza, que se ha convertido junto a la bandera palestina, en el símbolo mundial de resistencia ante lo abominable... Pero la revuelta es un festin de energía y politicidad, una explosión de energía y pasión alegre... En medio del oscuro momento que vive la humanidad, esa energía de la juventud, esa radicalidad de la revuelta, esa compulsión de un ya basta incontrolable, ingobernable, ese mensaje político que anuncian los estudiantes franceses con su ya basta ha comenzado a voltear por completo el destino catastrófico dominado por la extrema derecha... Los estudiantes franceses no solo dan muestra de dignidad, sino también señal de que la batalla por la humanidad no está perdida, porque sus jovenes, están dispuestos a luchar por la vida, por el futuro y por la libertad (César Pineda)

"La revuelta es un ya basta: ruptura de la relación mando-obediencia, desbordamiento de la capacidad policiaca de sostener el orden. Expresión de una crisis y situación desesperada y un tipo de performatividad y lenguaje político radical de los no escuchados: HILO

las protestas no surgen simplemente de una generación inconforme, sino de la contradicción entre las promesas de igualdad republicana y las condiciones materiales de vida. Entre las reformas tecnocráticas a favor de los ricos y las fuerzas armadas y el abandono de la educación y la segregación y represión de los jovenes migrantes. No se trata solo de edificios escolares con ratas, sino de la indignación generalizada de que el gobierno de Macron y en general los gobiernos franceses trabajan a favor del capital y la elites, abandonando a su suerte a los más pobres y a la educación pública. El hechizo que Macron había producido entre los franceses se ha roto, y ese rompimiento implica un cuestionamiento más radical que la queja sobre aulas con demasiados estudiantes: lo que ha venido a cuestionar el movimiento estudiantil, es la democracia de mercado macroniana, ya que lo que viven los estudiantes y los jovenes estudiantes migrantes es una realidad cotidiana desesperanzadora, represión policial y condiciones degradantes e intolerables en sus escuelas. El abismo entre la gerencia tecnocrática de las finanzas de los gobiernos y sus discursos huecos y la realidad juvenil es absoluta. La crisis se ha producido en esa brecha

La derecha mundial agita su odio contra los migrantes como origen de la revuelta. Pero las protestas cuyo epicentro es Francia se extienden a Bélgica y Albania  e Italia con el fuego de la indignación generalizada que surge por las democracias europeas de mercado que abandonaron lo público, junto a la corrupción, el rearme y la desigualdad.
En Portugal y España se presenta como protesta por la captura de las ciudades por el capital inmobiliario, como crisis de vivienda.

Así como se vivieron los estallidos en LATAM (Chile-Colombia-Ecuador) en 2019, y como hundimiento electoral de los partidos de la globalización neoliberal en Estados Unidos girando hacia la derecha trumpiana, las revueltas europeas son la otra forma de expresión del hundimiento final del neoliberalismo y sus regímenes desacreditados (Macron tiene niveles de aprobación de menos del 20%, es decir menos que Peña Nieto en el momento de su colapso).

Pero si la revuelta se presenta como lucha de clases multitudinaria en las calles es por la crisis de representación generalizada de los partidos y por la debilidad de las estructuras de clase que ya no median ni regulan la relación capital trabajo.

La revuelta, siguiendo a Joshua Clover, está de regreso porque es imposible protestar y frenar al poder del capital financiero intangible e inalcanzable, mientras que el poder represivo del estado es el único modo de relación con quien dice ya basta. La revuelta fue engendrada por tanto por las condiciones materiales precarias del neoliberalismo, como por las condiciones políticas de absoluto cierre de las mediaciones ante gobiernos arrogantes que creyeron que podían imponer el orden del capital. La revuelta es la respuesta a ello.

Pero si la indignación emerge de acontecimientos precipitantes como la indignación y luego la represión policiaca, (que es casi siempre el origen de la radicalización de protestas pacíficas y su deriva en enfrentamientos defensivos que escalan aún más la indignación original, como el caso del joven francés de 14 años que perdió la mano por las granadas antimotines policiacos), y está motivada por condiciones materiales reales, también pesa entre la juventud el horizonte catastrófico para su generación que ha terminado con cualquier promesa de futuro, empleo y bienestar; pesa la claridad en muchos de ellos del cambio climático como anuncio del fracaso civilizatorio; y moviliza entre muchos de ellos la rabia por el genocidio en Gaza, que se ha convertido junto a la bandera palestina, en el símbolo mundial de resistencia ante lo abominable, la complicidad de sus gobiernos y símbolo de la derrota no de la causa Palestina, no de Hamás, sino de la humanidad misma, rota por la ignominia del asesinato en masa.

Pero la revuelta es, además de la ingobernabilidad provocada por la pérdida del control del espacio público por la policía por la acción multitudinaria, un festin de energía y politicidad, una explosión como plantea Enzo Traverso de energía y pasión alegre:

«Cuando la vitalidad y la inteligencia de la multitud convergen en una unidad consciente – lo opuesto de una masa heterogénea o una muchedumbre urbana reunida a partir de elementos atomizados- , todo resulta posible, en la revuelta hay un extasis de liberación».

A pesar de que en realidad la mayorías de las protestas en Francia han sido pacíficas, muchas de ellas son abiertamente antifascistas, ante el peligro de Lepen. Igual que en brasil, la juventud se decanta por frenar también a los partidos de derechas, pero expresa en mil formas creativas un nuevo modo de politización de su generación: ponen en altavoces They Don’t Care About Us, de Michael Jackson, porque su generación ha sido politizada a través de reels de instagram donde la canción de hace 30 años se ha renovado como símbolo de lo que sucede alrededor del mundo; cantan frente a la policía cuando se acerca la marcha imperial de Star Wars, porque su generación ha sido definida por la cultura pop del mainstream pero la resignifican haciendo reír a todos; pero también interpretan La Marsellesa como reivindicación nacional ante las acusaciones de agitación migrante o de la extrema izquierda, y como símbolo de lucha francesa y de la memoria histórica (cuando cantan sobre que ya le han cortado la cabeza al rey en el pasado y pueden volver a pasar) y también cantan la internacional. Esa generación despreciada por buena parte de la izquierda, ignorada por los gobiernos, segregada por la discriminación, ha estallado dando un manotazo de violencia performativa contra una policía muy odiada, pero también con la oleada de irreverencia, creatividad, festividad y lucha de una generación que igual se disfraza de dinosaurio, ondea la bandera francesa y palestina o pinta sobre un edificio escolar ¡VIVA LA COMUNA!

En medio del oscuro momento que vive la humanidad, esa energía de la juventud, esa radicalidad de la revuelta, esa compulsión de un ya basta incontrolable, ingobernable, ese mensaje político que anuncian los estudiantes franceses con su ya basta ha comenzado a voltear por completo el destino catastrófico dominado por la extrema derecha.
Al ver como los jovenes arrastran al resto de la sociedad francesa a las calles, al ver a los alcaldes progresistas interponerse entre la policía y los jovenes, al ver una sociedad conmocionada por la revuelta, solo podemos decir que la revuelta estudiantil de 2026, aunque no sabemos a donde llegará, ya ha dejado a través de su radicalidad el fuego de la esperanza que desde París, como lo fue la Comuna, como lo fue el mayo de 68, una irradiación que permite asegurar que la lucha continúa y que la resistencia a lo intolerable surge, en donde menos se esperaba.

Los estudiantes franceses no solo dan muestra de dignidad, sino también señal de que la batalla por la humanidad no está perdida, porque sus jovenes, están dispuestos a luchar por la vida, por el futuro y por la libertad."

(César Pineda, X, 19/10/26) 

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