23.1.26

Trump establece su propia ONU... hace añicos el orden jurídico internacional con la creación de su propio “Consejo de Paz”... El Consejo, que está presidido por el propio Trump, se presenta en documentos oficiales recientes como un mecanismo mundial de gestión de conflictos... La ONU ciertamente no es perfecta, pero hay una gran diferencia entre un sistema defectuoso que debe reformarse y un sistema paralelo que sustituye la idea del derecho internacional por el derecho del patrocinador... La composición de este Consejo de Paz se lee como el diseño de un nuevo orden mundial en el que el diplomático tradicional deja su lugar al «hacedor de tratos», flanqueado por un círculo estrecho de personas de confianza como su yerno Jared Kushner y el influyente magnate inmobiliario y principal negociador Steve Witkoff. Ellos forman el núcleo duro de una administración que se complementa con pesos pesados del mundo financiero... la verdadera dirección permanece firmemente en manos de Mar-a-Lago. Con ello, la base de la cooperación internacional se intercambia por un sistema de lealtad personal... El resultado es un órgano híbrido de poder de multimillonarios, servicios de inteligencia y tecnócratas que deciden conjuntamente sobre el futuro de las zonas de conflicto, por encima de las cabezas de la población local y al margen del derecho internacional. También podría describirse como una «ONU mafiosa»... Si el mundo permite que la ONU sea reemplazada por un club de poder privatizado, repetiremos los errores fatales de los años treinta y nos encaminaremos hacia un nuevo incendio mundial (Marc Vandepitte)

 "Donald Trump hace añicos el orden jurídico internacional con la creación de su propio “Consejo de Paz”. Esta peligrosa ONU en la sombra evoca fantasmas de los años treinta, cuando la desaparición de las reglas globales llevó a una conflagración mundial.

Se ha evitado, por el momento, una crisis entre EE. UU. y los demás países de la OTAN sobre Groenlandia. Pero a la sombra de eso, Trump está ocupado con algo mucho más trascendental que está llevando la diplomacia internacional a un peligroso punto de inflexión. Se trata del Board of Peace (Consejo de Paz) que Trump ha creado en Washington.

En noviembre de 2025 el Consejo de Seguridad de la ONU había aprobado formalmente mediante la resolución 2803 un consejo de este tipo como administración temporal para la reconstrucción de Gaza. Pero la iniciativa de Trump va mucho más lejos. El Consejo, que está presidido por el propio Trump, se presenta en documentos oficiales recientes como un mecanismo mundial de gestión de conflictos.

De varios documentos filtrados se desprende que el consejo tiene todas las ínfulas de una ONU en la sombra. Hace unos días Trump dijo que el Consejo de Paz “podría” sustituir a la ONU. Así, lo que oficialmente empezó como un órgano para la reconstrucción de Gaza, con la aprobación de la ONU, se está convirtiendo ahora en un ataque directo a las Naciones Unidas.

La ONU ciertamente no es perfecta. La composición del Consejo de Seguridad es problemáticai y los miembros permanentes poseen un derecho de veto del que se ha abusado durante décadas. Pero hay una gran diferencia entre un sistema defectuoso que debe reformarse y un sistema paralelo que sustituye la idea del derecho internacional por el derecho del patrocinador.

Un nuevo club mafioso

La composición de este Consejo de Paz se lee como el diseño de un nuevo orden mundial en el que el diplomático tradicional deja su lugar al «hacedor de tratos». En la cima está el propio Donald Trump como presidente de por vida, flanqueado por un círculo estrecho de personas de confianza como su yerno Jared Kushner y el influyente magnate inmobiliario y principal negociador Steve Witkoff. Ellos forman el núcleo duro de una administración que se complementa con pesos pesados del mundo financiero, entre ellos el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, y capitalistas de riesgo como Marc Rowan, de Apollo Global Management.

Al involucrar también en la ejecución a figuras experimentadas como el ex primer ministro británico Tony Blair y la diplomática neerlandesa Sigrid Kaag, el consejo intenta proyectar un halo de experiencia internacional y pragmatismo, mientras que la verdadera dirección permanece firmemente en manos de Mar-a-Lago.

Con ello, la base de la cooperación internacional se intercambia por un sistema de lealtad personal. Una estructura de poder de este calibre no tiene precedentes en la historia moderna. Trump dispone de un derecho de veto personal y de la competencia exclusiva para nombrar o destituir a los Estados miembros.

El alcance de la iniciativa ya se desprende de la lista de invitados, que abarca a más de sesenta países y constituye, con ello, un desafío directo a la universalidad de la ONU.

Mientras que aliados como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el presidente argentino, Javier Milei, expresaron de inmediato su apoyo, la invitación también se ha extendido ampliamente a actores regionales como Turquía, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos para garantizar la estabilidad en Gaza. También Netanyahu, el arquitecto del genocidio en Gaza, pasa a ser miembro del consejo.

Los países que quieran un asiento permanente deben pagar por ello: una contribución de mil millones de dólares asegura un lugar en la mesa. Quien no pague, obtiene un asiento temporal de tres años, totalmente dependiente del favor del presidente.

El resultado es un órgano híbrido de poder de multimillonarios, servicios de inteligencia y tecnócratas que deciden conjuntamente sobre el futuro de las zonas de conflicto, por encima de las cabezas de la población local y al margen del derecho internacional. También podría describirse como una «ONU mafiosa».

Como si se tratara de una salida a bolsa, Trump quiere que la carta fundacional del consejo se firme en Davos.

Sombra de la Sociedad de Naciones

Este escenario recuerda de manera inquietantemente fuerte a los años treinta del siglo pasado. En aquel entonces, la Sociedad de Naciones, la precursora de la ONU, fue paralizada paso a paso. Los regímenes fascistas y autoritarios consideraban las reglas internacionales un obstáculo para su propia ansia de expansión y política de poder.

Cuando Japón ocupó Manchuria en 1931, Italia invadió Etiopía en 1935, y la Alemania nazi empezó abiertamente a desmantelar el sistema de tratados de la posguerra (entre otras cosas, al rearmarse), abandonaron la Sociedad de Naciones y este organismo se convirtió en un tigre de papel sin medios propios de poder.

Igual que entonces, vemos ahora que Estados Unidos cambia las reglas universales por sus propias estructuras paralelas y acuerdos oportunistas, con todas las consecuencias que ello conlleva. Cuando las grandes potencias abandonaron la Sociedad de Naciones en favor de sus propios “acuerdos”, el mundo se deslizó hacia la destrucción total de la Segunda Guerra Mundial.

El Consejo de Paz de Trump amenaza con hacer exactamente lo mismo al volver irrelevante el único lugar donde los países aún dialogan sobre la base del derecho: la ONU.

Llamada de atención

Al igual que en los años treinta, el auge de la extrema derecha no se traduce únicamente en la demolición de las instituciones democráticas, sino también en una incitación temeraria a la guerra. La creación de este Consejo de Paz es un ataque frontal a los valores compartidos que se construyeron con dificultad después de 1945. El Consejo es un síntoma de un orden jurídico que se derrumba.

Si el mundo permite que la ONU sea reemplazada por un club de poder privatizado, repetiremos los errores fatales de los años treinta y nos encaminaremos hacia un nuevo incendio mundial. Esta iniciativa debe ser una llamada de atención apremiante para todos nosotros.

 Nota:

i La composición actual refleja el mundo de 1945, no el de hoy: África y América Latina están infrarrepresentadas, mientras que países como India, Brasil o Nigeria no tienen una voz fija. Además, sin un poder ejecutivo propio, el Consejo depende de los Estados miembros para hacer cumplir las decisiones, lo que a veces lo hace parecer impotente o selectivo.

 Texto original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2026/01/21/trump-richt-eigen-vn-op-gevaarlijke-echo-van-de-jaren-dertig "

(  Marc Vandepitte , Rebelión, 23/01/26)

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