"De cara a la opinión pública, los hombres de Donald Trump invocan a Dios para justificar sus guerras. Entre bastidores, en cambio, habrían llegado a amenazar al Vaticano con un cisma por no haber ofrecido una cobertura moral a las acciones del presidente.
El episodio, revelado por la publicación estadounidense Free Press, que cita fuentes de la Santa Sede, se remonta al pasado mes de enero. El cardenal Christophe Pierre, entonces embajador del Papa León XIV en Estados Unidos, fue convocado al Pentágono por el subsecretario Elbridge Colby. Durante el encuentro, Colby y sus colaboradores habrían transmitido al diplomático vaticano, en tonos muy duros, este mensaje: Estados Unidos es tan fuerte que puede hacer “lo que quiera” y la Iglesia haría bien en alinearse con su posición.
La presión se habría completado con la evocación de una especie de cisma “avignonés”. Una referencia histórica al siglo XIV, cuando la cristiandad se dividió entre dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón, apoyados por distintas potencias políticas, en una fractura que reflejaba el choque entre intereses religiosos y geopolíticos.
La revelación. Según la publicación Free Press, el Pentágono amenazó a la Santa Sede para que se alineara en un encuentro tenso en el que se evocó un cisma “avignonés”
El Pentágono ha confirmado el encuentro, pero considera la reconstrucción “fuertemente exagerada y distorsionada”. En un comunicado ha asegurado que se trató de un intercambio “respetuoso y razonable” y ha subrayado su voluntad de mantener un diálogo constante con la Santa Sede. Este jueves el embajador de Estados Unidos ante el Vaticano, Brian Burch, se reunió con el exnuncio Pierre. Por la noche, la embajada difundió un mensaje en redes sociales en el que se afirma que el cardenal habría “desmentido categóricamente la versión de los medios sobre su encuentro con Colby”, describiéndolo como “franco, pero muy cordial” y un “encuentro normal”. Una desmentida que llega tras muchas horas y, sobre todo, de manera indirecta.
En el Vaticano evitan comentarios directos y remiten a las últimas posiciones del Papa, que evidencian una distancia no solo ética, sino también política con Washington. Más allá de los detalles del encuentro, bajo la columnata de la plaza de San Pedro crece el malestar por las continuas invocaciones a Dios en los mensajes belicistas procedentes de Estados Unidos, y la referencia a un “cisma” no se percibe como un episodio aislado.
La irritación de la Casa Blanca habría estallado tras el discurso del Papa ante el cuerpo diplomático el pasado 9 de enero, centrado en la paz. El pasaje que menos gustó en Washington fue la denuncia de que una diplomacia basada en el diálogo y el consenso está siendo sustituida por otra “basada en la fuerza”.
En los últimos días, el Pontífice, nacido en Chicago, ha ido elevando progresivamente el tono. El martes por la noche, ante la residencia de Castel Gandolfo, no se limitó a calificar de “inaceptable” la amenaza de destruir una civilización, sino que añadió un llamamiento directo a los ciudadanos estadounidenses para que se movilicen y digan a sus representantes: “Queremos la paz”. Un gesto nada menor a pocos meses de las elecciones de medio mandato.
La relación con Trump. León XIV declina asistir al 4 de julio en EE.UU. y opta por Lampedusa, en un gesto con fuerte carga política
Desde el Domingo de Ramos y durante toda la Semana Santa, León XIV ha insistido en su denuncia contra los líderes que desencadenan guerras. En la misa crismal del Jueves Santo afirmó que la crucifixión de Jesús interrumpió “la ocupación imperial del mundo”, en referencia al Imperio romano de Poncio Pilato, pero con un eco evidente en el presente.
Al día siguiente, durante el Vía Crucis en el Coliseo, el Papa leyó las palabras del ex Custodio de Tierra Santa, Francesco Patton: “Toda autoridad debe responder ante Dios por el poder de iniciar una guerra o de terminarla”. Una idea reiterada en Pascua: “Quien tiene el poder de desencadenar guerras, elija la paz”.
No son apelaciones nuevas, pero esta vez el eco de las palabras del jefe de la Iglesia católica ha llegado con fuerza al otro lado del Atlántico, junto a otros mensajes más sutiles, como la decisión de no aceptar la invitación de Donald Trump para las celebraciones del 4 de julio. Un día en el que, además, el Pontífice estará en la isla de Lampedusa para denunciar el escándalo de las tragedias en el Mediterráneo.
El prudente alivio por la tregua se ve ya acompañado por la preocupación por Líbano, un asunto que estará en el centro del encuentro de este viernes en el Vaticano con Emmanuel Macron.
La Santa Sede evita comentar, pero subraya las posiciones cada vez más firmes del Papa
Este jueves el Papa ha recibido a monseñor Gabriele Giordano Caccia, nuevo nuncio en Estados Unidos, y también a David M. Axelrod, principal estratega del expresidente Barack Obama. “Encuentros ya previstos en la agenda y sin relación con el artículo sobre el encuentro en el Pentágono”, aclara la Sala de Prensa vaticana. Pero la agenda estadounidense sigue siendo especialmente intensa.
A esta línea se suma también el secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, que en una entrevista ha denunciado el “doble rasero” de la diplomacia internacional: muchos gobiernos se han indignado por los ataques contra civiles ucranianos, imponiendo sanciones a los agresores, pero no se puede decir que esa misma indignación se haya aplicado con igual fuerza a la destrucción de Gaza."
(Francesco Olivo , La Vanguardia, 09/04/26)
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