7.1.26

Tiendo a pensar que elegir a Delcy Rodríguez en lugar de a María Corina Machado para gestionar el saqueo de Venezuela puede ser un grave error de cálculo por parte de los intrépidos gestores del ya senil imperio estadounidense... Delcy Rodríguez es pragmática y hasta maquiavélica, y cuenta, al menos de momento, con el apoyo de las fuerzas armadas... Controlar un país rebelde sin expulsar a los rebeldes es una extraña innovación política, incluso para el trumpismo... las amenazas al estilo Don Corleone que llegan a Caracas desde Mar-a-Lago y Washington pueden ser más una muestra de debilidad que de fuerza. Son necesarias porque, a diferencia de otras épocas imperiales, Trump no puede ni quiere invadir. Aunque fanfarronee, Trump no cuenta con apoyo ni dentro ni fuera del movimiento MAGA para poner las “botas en el terreno” venezolano. Esto no es la invasión de Panamá... La reticencia a invadir es comprensible... una ocupación militar “acabaría siendo un baño de sangre”... la diplomacia de cañonero solo funcionaba porque de vez en cuando EEUU invadía de verdad... si no está dispuesto a invadir y ocupar, la insumisión de Delcy Rodríguez podría acabar en el caos que se produciría si decidieran lanzar un segundo ataque militar para matarla a ella y a los líderes chavistas. Y el caos es precisamente lo que petroleras como Chevron, que ya produce en Venezuela, quieren evitar. Rodríguez ya estará calculando hasta donde llega el bluf de Trump y Rubio... “Delcy va a unir al pueblo en torno a la indignación por las groserías de Trump”... y el presidente colombiano Petro sube en las encuestas de popularidad, y su candidato para las presidenciales de 2026, Iván Cepeda, es favorito (Andy Robinson)

 "En momentos como estos conviene escuchar Reasons to Be Cheerful, de Ian Dury. Porque a pesar de la muestra terrorífica de poderío militar estadounidense en el secuestro de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, yo veo algunos motivos para no sentir una desesperación total ante el imperio que contraataca.

El primero es la sensación espontánea de júbilo que yo, al menos, sentí cuando Trump anunció que María Corina Machado no va a ser presidenta de Venezuela, “tirándola debajo del autobús”, como se suele decir en Estados Unidos.

“Será muy difícil que ella [Corina Machado] sea líder; no tiene ni el apoyo ni el respeto dentro del país”, anunció el presidente estadounidense ante el asombro de los periodistas y los medios que han elogiado a la nueva premio Nobel pese a que apoyase el bombardeo de su propio país. 

Obviamente, Trump no rechaza a Corina Machado porque sea una creación de los medios, aunque es cierto que la opositora ha perdido mucho apoyo, según los sondeos.

El verdadero motivo por el que Trump ha dado la espalda a la política que más lo adora es que no quiere perder tiempo con elecciones. El presidente estadounidense, o mejor dicho Marco Rubio, el secretario de Estado, cree que la vicepresidenta y ahora presidenta chavista Delcy Rodríguez será un instrumento más manejable para la entrada de Exxon, ConocoPhillips y demás petroleras estadounidenses, incluso más que un gobierno títere de Corina Machado o de su alter ego Edmundo González. 

Rubio, el neoconservador cubano americano que manda a la hora de diseñar la doctrina Donroe (Donald más Monroe), parte de la base de que puedan abusar impunemente de un gobierno cuya legitimidad democrática se cuestiona, sobre todo en Miami.

Que el enemigo derrotado haga el trabajo sucio. Esa es la idea audaz de una mente fría y cruel como la de Rubio. ¿Pero cuál es el instrumento de poder que logre que el chavismo se convierta en el autor de su propia destrucción?

Rubio cree que la diplomacia de cañonero –eufemismo nacido en las guerras coloniales– y la presencia de la US Navy en el Caribe son suficientemente amedrentadoras para que el chavismo se convierta en una mansa bestia de carga para transportar el crudo pesado desde el Orinoco a Houston. “Este es el leverage (palanca) que tenemos”, se jactó el secretario de Estado en el programa 60 Minutes el domingo 4 de enero.

Trump es más directo. Lanzó duras amenazas contra Delcy Rodríguez si no hace lo que él quiere: “Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”, le dijo a Michael Scherer de The Atlantic.

Pero yo tiendo a pensar que elegir a Delcy Rodríguez en lugar de a María Corina Machado para gestionar el saqueo de Venezuela puede ser un grave error de cálculo por parte de los intrépidos gestores del ya senil imperio estadounidense. 

Corina Machado es una aliada de clase de Trump y Rubio, “la prototipo de la sifrina [pija] de Caurimare”, según bromeó un amigo venezolano en referencia a la canción del pop setentero venezolano que se burla de la élite blanca caraqueña. 

Delcy Rodríguez, en cambio, se ha curtido en las luchas contra las dictaduras apoyadas por la CIA –su padre fue torturado y asesinado–. Es pragmática y hasta maquiavélica; quién sabe, quizá haya decidido que con Nicolás no había forma. Pero no es una aliada de clase de Donald Trump.

Es más, Rodriguez cuenta, al menos de momento, con el apoyo de las fuerzas armadas. “El chavismo se mantiene en el poder, van a continuar ejerciendo el control militar”, explicó Francisco Rodríguez, exasesor de Henri Falcón, de la oposición moderada, ahora afincado en EE.UU. La decisión de dar la espalda a Machado se debe a que “Trump ha decidido que la estructura del Estado con el chavismo es más gobernable”, añadió. 

Controlar un país rebelde sin expulsar a los rebeldes es una extraña innovación política, incluso para el trumpismo. “El presidente afirmó que ahora estamos gobernando Venezuela. Pero esto plantea un pequeño problema, ya que no contamos con soldados ni diplomáticos sobre el terreno. Puede que hayamos decapitado al Gobierno venezolano, pero el Estado venezolano permanece intacto”, sostiene Noel Maurer, de la George Washington University, en un artículo en Substack

En este sentido, las amenazas al estilo Don Corleone que llegan a Caracas desde Mar-a-Lago y Washington pueden ser más una muestra de debilidad que de fuerza. Son necesarias porque, a diferencia de otras épocas imperiales, Trump no puede ni quiere invadir. Aunque fanfarronee, Trump no cuenta con apoyo ni dentro ni fuera del movimiento MAGA para poner las “botas en el terreno” venezolano. Esto no es la invasión de Panamá –Noriega se entregó el 3 de enero de 1990–, cuando la ocupación del país supuso un despliegue de 20.000 soldados.

La reticencia a invadir es comprensible. Aunque muchos expatriados venezolanos más o menos sifrinos y afincados en el barrio de Salamanca aplaudirían al ver a los Marines embarcando en la costa venezolana, no es así en el caso de los caraqueños con los que yo hablé hace tres semanas en Caracas.

“Yo ya estoy armado y preparado; he vivido más de lo que me queda por vivir y no tengo temor”, me dijo el diputado chavista afrovenezolano por San Agustín, Noel Márquez. La operación Resolución Absoluta acabó sin respuesta venezolana el 3 de enero, pero una ocupación militar “acabaría siendo un baño de sangre”, me dijo Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de Florida en Miami. 

Puede que las amenazas de Trump y el portaaviones Iwo Jima navegando por el Caribe sean suficientes para intimidar a Delcy Rodríguez y al chavismo. Pero la diplomacia de cañonero solo funcionaba porque de vez en cuando EEUU invadía de verdad, con los Marines bajando de los buques para mancharse las botas en las playas desde Veracruz hasta Puerto Cortés. Según Greg Grandin, entre 1889 y 1897 hubo 5.800 incidentes en los que buques de guerra llegaron a puertos latinoamericanos, pero hubo también más de 300 invasiones con “boots on the ground”. 

Eso fue cuando América era grande de verdad y dispuesta a ocupar su patio trasero. Ahora Trump puede bombardear a distancia y secuestrar a presidentes con el fin de someter a Venezuela. Pero si no está dispuesto a invadir y ocupar, la insumisión de Delcy Rodríguez podría acabar en el caos que se produciría si decidieran lanzar un segundo ataque militar para matarla a ella y a los líderes chavistas.  Y el caos es precisamente lo que petroleras como Chevron, que ya produce en Venezuela, quieren evitar. Rodríguez ya estará calculando hasta donde llega el bluf de Trump y Rubio.

Hay otro motivo para no caer en la desesperación ante la dictadura Donroe (dada la improvisación de Trump, propongo llamarla la doctrina Dunno [abreviatura de don’t know, “no lo sé”)]. Al presidente le gustan las muestras pomposas de poder y de narcisismo militar. Pero hasta la fecha, el grueso de la nueva doctrina es retórica. Ni en Panamá se ha cumplido la promesa que hizo Trump en abril del año pasado de que recuperaría el control estadounidense del Canal. 

Ni la retórica ni las amenazas sirven para subyugar a América Latina. Pero sí para movilizar a mucha gente indignada que se inclina por apoyar a políticos nacionalistas de la izquierda latinoamericana. Gustavo Petro sube en las encuestas de popularidad, y su candidato para las presidenciales de 2026, Iván Cepeda, es favorito.

“Delcy va a unir al pueblo en torno a la indignación por las groserías de Trump”, me dijo el politólogo venezolano Andrés Pierantoni, con el que cené en el restaurante El Limón al lado del Parque Central de Caracas hace tres semanas. Como suele ocurrir, la conversación duró cinco horas y estuvo salpicada de sesudas alusiones a la historia de rebeliones y revoluciones contra el colonialismo y el imperialismo de Europa y EEUU, a lo largo de la historia del país de Simón Bolívar."                             (Andy Robinson , CTXT, 06/01/26) 

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