14.1.26

¿Lawfare? Que se lo pregunten al presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos... El 29 de diciembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró públicamente que “podría” demandar a Jerome Powell, presidente del Banco de Reserva Federal, por “manifiesta incompetencia”... el viernes pasado, día 9 de enero, el Departamento de Justicia informó que la Fiscalía abría una investigación contra Powell... Trump cumple sus amenazas... Trump quiere dirigir el banco central directamente a través de una persona de confianza... quiere que la Reserva Federal reduzca a un ritmo más veloz el precio del coste del dinero para prevenir un bache en la demanda de consumo de los hogares, habida cuenta de que los sondeos le presentan en las últimas semanas como uno de los presidentes con menor índice de popularidad en el primer año de mandato... Pero lo que quizá no calculó bien Trump es que Powell saldría a hacerle frente directamente. Y menos que le acusaría personalmente de llevar adelante una guerra judicial utilizando el pretexto de las obras en la Reserva Federal... El enfrentamiento es frontal. Da la impresión de que ante la exhibición de su borrachera de poder (ataque a Venezuela), Trump ha optado por adelantar cuatro meses el relevo de Powell y, sobre, todo provocarlo a través de una guerra judicial. ¿Por qué desencadenar una guerra judicial? Porque Trump no solo quiere acabar con Powell como presidente, sino también eliminar la posibilidad de que tras dejar la presidencia siga en el consejo del banco... Trump ha utilizado el Departamento de Justicia -tal como prometió en su campaña electoral- para ajustar cuentas con los que llama sus enemigos (Ernesto Ekaizer)

 "El 29 de diciembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró públicamente que “podría” demandar a Jerome Powell, presidente del Banco de Reserva Federal, conocido como Fed (es el nombre del banco central norteamericano) por “manifiesta incompetencia”.

Nadie sospechaba qué había exactamente en la cabeza de Trump.

Pero el viernes pasado, día 9 de enero, el Departamento de Justicia informó que la Fiscalía abría una investigación contra Powell y otros funcionarios y que eran citados a declarar ante un gran jurado sobre el coste de las obras de rehabilitación de dos edificios que forman parte del complejo del banco central, con un presupuesto -2.500 millones de dólares- que Trump había considerado excesivo en declaraciones públicas.

La primera escaramuza tuvo lugar precisamente en julio pasado,cuantdo Trump acompañó a Powell en una visita a las obras (foto).

Trump manifestó, en medio del recorrido, ante la sorpresa de Powell, que el presupuesto había subido a 3.100 millones de dólares mientras Powell, a su lado negó que esa información fuese correcta.

Trump sacó de su chaqueta un papel con las cifras. Pero el presidente de la Reserva Federal no cedió.

Trump cumple sus amenazas.

En Washington, la guerra de Trump contra Powell lleva desde la inauguración del nuevo periodo presidencial del primero.

El mandato de Powell al frente de la Reserva Federal, expira, a su vez, en mayo de 2026.

Pero Trump no quiere esperar. Y quiere dirigir el banco central directamente a través de una persona de confianza.

En rigor, el nombramiento de Powell lo hizo Trump. Fue durante su primer mandato en la Casa Blanca, en 2018. Pero Powell ya era miembro del Consejo del banco desde 2012.

Trump quiere que la Reserva Federal reduzca a un ritmo más veloz el precio del coste del dinero -los tipos de interés de corto plazo- para prevenir un bache en la demanda de consumo de los hogares en previsión de que 2026 será un año electoral -se celebran las legislativas de medio término en noviembre próximo- habida cuenta de que los sondeos le presentan en las últimas semanas como uno de los presidentes con menor índice de popularidad en el primer año de mandato -enero 2025 enero 2026- de las últimos años.

Pero lo que quizá no calculó bien Trump es que Powell saldría a hacerle frente directamente. Y menos que le acusaría personalmente de llevar adelante una guerra judicial utilizando el pretexto de las obras en la Reserva Federal.

Ahora, en lugar de asumir que la iniciativa es suya, Trump ha declarado a la NBC que no sabía nada sobre las acciones penales en curso.

“No tengo ni idea. Pero ciertamente, [Powell] no es muy bueno en el Fed y no es muy bueno construyendo edificios” dijo el pasado domingo.

Las citaciones cursadas por el gran jurado, que suponen una investigación penal de Powell y otros funcionarios, pretenden que Powell no dijo la verdad en su testimonio ante el Comité Bancario del Senado de junio pasado sobre la reforma de los edificios históricos actualmente en curso.

“Son pretextos”

En una declaración oficial, desde la Reserva Federal, Powell fue directo al grano.

“Tengo un profundo respeto por el estado de derecho y por la responsabilidad en nuestra democracia. Nadie, ciertamente no el presidente de la Reserva Federal, está por encima de la ley. Esta nueva amenaza no va e mi testimonio de junio ni de la renovación de los edificios. No va de la supervisión de la Reserva Federal por el Congreso. Esos son pretextos. La amenaza de acciones penales es consecuencia de que la Reserva Federal establezca tipos de interés basados en nuestra mejor evaluación de lo que servirá al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente [Trump].

El enfrentamiento es frontal. Da la impresión de que ante la exhibición de su borrachera de poder (ataque a Venezuela y secuestro del presidente Maduro el 3 de enero, amenazas de intervenciones en Groenlandia, Irán, Cuba y Colombia), Trump ha optado por adelantar cuatro meses el relevo de Powell y, sobre, todo provocarlo a través de una guerra judicial.

¿Por qué desencadenar una guerra judicial?

Porque Trump no solo quiere acabar con Powell como presidente, sino también eliminar la posibilidad de que tras dejar la presidencia siga en el consejo del banco, derecho que le asiste, hasta 2028.

Dentro del partido Republicano ya han surgido las voces que, sin simpatizar con Powell, han criticado a Trump por precipitar la operación.

Trump ha utilizado el Departamento de Justicia -tal como prometió en su campaña electoral- para ajustar cuentas con los que llama sus enemigos.

Intentó hacerlo, aunque sin éxito, con una demanda contra James Comey, ex director de la policía, el FBI; lo logró con la renuncia de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, y también contra Lisa Cook, economista del consejo de Fed, cuyo caso está por ser visto en el Tribunal Supremo. Nuevamente, lawfare.

¡Es la economía, estúpido!

La economía, como es norma, está en el centro de las preocupaciones de los estadounidenses con la obsesión por la llamada affordability, el concepto que impulsó la victoria de Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York. Es decir: la asequibilidad.

A la gente no le llega lo que gana para vivir con un mínimo de dignidad porque el coste de vida no es asequible. Y la vivienda, otro de los grandes temas que afectan a la población es dramáticamente inasequible.

La economía norteamericana crece, pero, excepto los más ricos, no se enteran de ello.

Se espera para este martes 13 de enero datos sobre la inflación, circunstancia que llevará a Trump a pronunciar un discurso sobre la producción en las fábricas y el comercio, en Detroit, Michigan."                           (Ernesto Ekaizer , blog, 13/01/26)

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