"La posición del establishment español respecto de Trump, como la del europeo, fue mayoritariamente de desprecio. Nunca pensaron que fuera a ganar y nunca pensaron que fuera a regresar. Su visión sobre el presidente estadounidense se resumía en dos creencias: Trump era un personaje disfuncional y todo lo que hiciera iba a salir mal. Incluso ahora, cuando nadie le ha puesto freno, confían en que pueda derrapar y las cosas regresen a la normalidad: las elecciones estadounidenses de mitad de mandato es el momento en el que han puesto su esperanza. Es un mal sueño que dura demasiado, agitado por poblaciones ignorantes que se dejan llevar por el odio.
Personalizar es útil. La mayoría de las interpretaciones sobre la época se hacen mediante relatos, y los relatos necesitan protagonistas. Putin, Xi Jinping, Trump, Maduro. Las estructuras son más difíciles de utilizar como personajes principales de las historias, los individuos se prestan mucho más a la narración y a la explicación de las acciones en términos privados. Es otra de las trampas de este tiempo. Lo que ha cambiado es EEUU, como lo han hecho sus élites. Esto va más allá de Trump. Las diferencias personales entre el actual presidente estadounidense y el anterior son notables, pero lo que transformó Trump en su primer mandato lo mantuvo básicamente Biden en el segundo. Esto supera a los actores, aunque los actores tengan su importancia.
Estamos ante un nuevo momento de la historia. La globalización y el orden basado en reglas caen, viene algo nuevo, que se parece mucho al imperialismo, y los efectos no se pueden limitar a una zona geográfica del globo. El establishment español cree que, a pesar de todo, los Pirineos nos protegen y que, por tanto, toda esta agitación internacional tendrá pocos efectos a nivel nacional, y menos aún en su política.
Tenemos un ciclo de elecciones autonómicas cerca en el que la política exterior no tendrá apenas relevancia, la agenda judicial volverá a estar en breve sobre la mesa y el desgaste de Sánchez es ya imparable, con lo que la dinámica nacional volverá a tomar el centro de la escena y Trump quedará como una anécdota a la hora de ir a votar. Trump, sin embargo, ya ha dicho que Europa está en su punto de mira y que hay partidos continentales a los que ve con buenos ojos.
Sánchez sí es consciente de lo que ha cambiado el mundo, y también de lo que eso significa para los socialistas españoles. Una prueba es la carta que envió a la militancia con motivo del año nuevo, cuyo propósito era elevar los ánimos de cuadros y simpatizantes abatidos por los malos resultados de Extremadura (y los que se esperan en las siguientes convocatorias electorales), por la presión judicial y por la sensación de que la resistencia ya no bastaba.
Sánchez escribió dos mensajes importantes en la carta: que no renunciaría a su mandato democrático, ganado limpiamente en las urnas y que por tanto no renunciaría a culminar esta legislatura; y, en segundo lugar, que había que hacer frente, más que nunca, a una “internacional ultraderechista que seguirá tratando de arrastrar a Europa a los recortes y la privatización del estado del bienestar, a la militarización y el debilitamiento del orden internacional basado en reglas, al fin de la paz y la implantación de la ley del más fuerte”. Dos motivos para la resistencia, dos motivos para la esperanza.
Quien mejor ha enunciado públicamente la oferta de Sánchez ha sido Albares. El titular de Exteriores fue entrevistado en RNE y habló en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Dijo varias cosas interesantes. Entre ellas, que hay una conexión directa entre lo nacional y lo internacional, que las decisiones que marcan la vida cotidiana de los ciudadanos se dictan en Bruselas, Nueva York o Ginebra, y que, por lo tanto, es importante tener un Gobierno con interlocución internacional.
En segundo lugar, subrayó que la soberanía es el gran asunto de esta época, algo en lo que habían insistido las derechas trumpistas europeas, que se definen como soberanistas. Sin embargo, se trata de conceptos distintos. Albares apunta hacia la necesidad, y más con Groenlandia como siguiente paso, de que Europa sea una fuerza por sí misma y que haga respetar sus fronteras. Europa como potencia que defiende el derecho internacional y que encabece una alianza con otros países, incluidos los del Sur Global, que apuesten por el respeto al orden internacional y al multilateralismo.
Frente a este momento imperial, una alianza de los dispuestos que le ponga freno. Lo malo es que la UE no es un Estado. Habría que dar un salto en la construcción europea, hacia estructuras federales que hicieran esa soberanía posible. Albares, como Sánchez, apuestan por ello. Sin embargo, pocas potencias europeas están en esa tesitura ahora. Están moviéndose, comenzando por Alemania, para su refuerzo territorial, no para tejer una UE más sólida. El plan de Draghi está en un cajón
La apuesta de Vox, como la de otras derechas trumpistas europeas, contiene una versión diferente de la soberanía. No desean la existencia de la UE, sino una Europa de los Estados, una nueva Paz de Westfalia. Quieren estados que se unan por intereses y no por una estructura común. Quieren tener conexión directa con Washington y no con Bruselas.
El lugar intermedio del PPSon dos ideas sobre la soberanía que definirán los próximos tiempos europeos. EEUU y Rusia empujan hacia la toma de decisiones. Sánchez tiene una postura definida: hay que defender la democracia y la soberanía de Europa frente a una fuerza que aboga por el autoritarismo en la política interna y por el imperialismo en la exterior. Europa como resistencia. Vox tiene otra, la ruptura de la UE y su conversión en una Europa de naciones. El PP está a medio camino.
Esa indefinición persiste en muchos ámbitos de la derecha española, empeorado por el shock venezolano. Trump era visto cada vez con mayor simpatía por sectores de la derecha española, justo esos que perciben a Milei como un faro. Con Milei ocurre lo mismo que con Trump: les gusta lo que promueven, no les gustan sus formas estrambóticas. Pero el mensaje que ha dejado Trump para las derechas europeas es nítido: no contáis
Aznar y la FAES hablaron contra Trump, ese mismo Aznar que se puso del lado estadounidense y contra la UE en Irak. Algo ha cambiado en la derecha española. De momento, el PP está atrapado entre la soberanía europea y el impulso federal que propone Sánchez y la concepción de la soberanía de Vox. “Trump, echa a Sánchez como echaste a Maduro”; “Trump es un dictador”: las dos posturas caben en el PP.
Trump acaba de decir a la derecha española que tiene que elegir bando, porque Venezuela no es el clavo en el ataúd del orden internacional, sino la constatación de la ruptura de la alianza occidental: un EEUU dirigido por conservadores está expulsando a los conservadores europeos de su ámbito de influencia. América Primero. Hay fuerzas políticas que han anotado esto en España y otras que no.
Con estas bases, es absurdo pensar que los Pirineos servirán para aislarnos. Habrá muchos ojos extranjeros observando las próximas elecciones generales en España."
(Esteban Hernández , El Confidencial, 08/01/26)
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