"1. Muelles de Liverpool, primavera de 2015, hora del almuerzo.
“Clive apura los últimos bocados a su sándwich de pollo casero. En
realidad no tiene prisa. Hoy su pausa para comer es extremadamente
larga, ¡cuatro horas!” [1]. No se le necesita durante ese tiempo: luego,
salvo cambios de última hora, tendrá otro par de horas de trabajo.
No le compensa volver a casa. Se dispone a matar el rato como puede.
Como puede. Prueba suerte en las carreras. El juego y su nefasta
irrupción en las tradiciones y cultura obrera.
2. Muchos de sus
días son así de imprevisibles, desde hace un año aproximadamente. Clive
tiene 46 años, “cabello ralo y ojos pequeños y vivarachos. Trabaja en
una compañía de reparto con un ‘contrato de cero horas’”. Una
nueva-vieja modalidad en la que el empresario, “el empleador” en la
insultante y antiobrera jerga actual, “no garantiza al trabajador un
mínimo de horas de carga al mes”. Por tanto: no sólo good bye Lenin,
también good bye “salario mínimo”.
3. La fórmula, que no es
nueva, se ha extendido desde “que empezó a sentirse la crisis
financiera, en 2008”. Hace cuatro años, los trabajadores del Reino Unido
que afirmaban tener como fuente única de ingresos un contrato de cero
horas no llegaban al 1%. Actualmente son el 2,3% del total de las clase
obrera del país, unos 700 mil en total según la ONS, la Oficina Nacional
de Estadísticas británica.¿Cuántos en total realmente?
3.1.
Mujeres, menores de 25 años y mayores de 65 son los perfiles
mayoritarios. Trabajadores con contratos precarios que trabajan, de
media, 25 horas a la semana. Cobran unas 7 libras por hora (el salario
mínimo es de 6,50, unos 8,7 euros). En total, 175 libras por semana,
unas 770 por mes (si hay suerte por supuesto).
4. Tanto el
primer ministro británico, David Cameron, como el “laborista” Ed
Miliband, han reconocido que no podrían sobrevivir con un contrato de
este tipo. ¡Qué cara, doña Araña! Se han comprometido a buscar una
solución para “esta fórmula de precariedad salvaje”. La solución, su
solución: no se trata de prohibir sino de limitar este tipo de
contratos. Arcadas, vómitos, servilismo.
4.1. Esos contratos han contribuido a reducir, es decir, a maquillar ( Unite the Union ) las cifras del paro en Reino Unido. En torno al 5,6%. Vale, será eso. (...)
5. Los trabajadores de ‘cero horas’ deben estar disponibles las 24
horas. Todos los días de la semana. Todas las semanas del mes, todos los
meses del año. En la mayoría de los casos, “tienen una cláusula que les
impide tener otro empleo”. Muchos no saben “qué horario tendrán ni, por
tanto, cuánto van a ganar”.
5.1. De nuevo Neil Lee al habla:
“son la punta del iceberg. La recuperación económica es mucho más frágil
de lo que el Gobierno retrata. Cierto que el desempleo baja, pero a
costa de reducir la calidad del empleo y de sueldos muy bajos”.
6. Liverpool (unos 500.000 habitantes) es una de las ciudades que más
contratos de cero horas registra: más de la mitad de los que se ofrecen.
Sobre todo en la restauración, el ocio y los cuidados.
7. Pero
la fórmula se aplica en todo el país de países y en todo tipo de
empresas. McDonalds, la empresa de paquetería DHL, la cadena de
perfumería y parafarmacia Boots y los grandes almacenes Sports Directs
emplean y han empleado a un buen número de trabajadores con estos
contratos flexibles.
7.1. El zafio gigante estadounidense de
comida rápida-basura reconoce que emplea con el sistema de cero horas al
x de sus trabajadores en Reino Unido… ¿Y cuánto es x? El 90%, unos
83.000 trabajadores, de cada 10, 9 sí, 1 no.
7.1.1. Comentario
de sus responsables: se debe a que sus asalariados “buscan
flexibilidad”. En su web: “Muchos de nuestros empleados son padres o
estudiantes que buscan empleos remunerados flexibles para encajar con el
cuidado de los niños o las clases”. ¡Como el cemento! ¡El cinismo es la
filosofía real del capitalismo realmente existente! (...)
7.3. Sarah trabaja en la fábrica de galletas Jacob’s, una de las
principales industrias de Liverpool y todo un emblema del país. Tiene 52
años. Vive pendiente del móvil. Su empresario, una agencia de
reclutamiento, le avisa un día antes por SMS sobre la jornada. Como el
resto de los 200 trabajadores, la mayoría trabajadoras, que la agencia
pone a disposición de la fábrica de galletas, “cobra unas 2 libras menos
la hora que los trabajadores contratados directamente por Jacob’s”. Los
negocios son los negocios.
7.3.1. A este ardid, “se suma la ironía, remarca Barry Kushner, concejal laborista de empleo de Liverpool ,
de que el programa público para desempleados subsidiados recurre a
estas empresas para colocar a quienes están en paro”. Papel real de la
administración: “no hace sino alimentar este sistema perverso”. BK
propone excluir de todo contrato público a las empresas “que, aunque
recurran al sistema de ‘cero horas’, no garanticen un mínimo de horas
semanales a los empleados”.
8. Con una cucharilla de plástico,
Sarah remueve su café. “Con hoy, llevan ya tres días sin dar señales. Ni
un mensaje, ni una llamada; nada Con estos contratos ni siquiera tienen
que despedirte. Con no llamarte para trabajar basta”. Si no hay
trabajo, no hay salario; tampoco acceso a la prestación por desempleo ni
otros subsidios. “Y tampoco puedo dejarlo y buscar otro trabajo. Si lo
hago saldría del sistema de desempleo durante seis meses. Así nos
tratan”.
8.1. ¿Cómo les tratan? Con sus propias palabras: “Es como una esclavitud en pleno siglo XXI”. (...)" (Rosa Guevara Landa , en Rebelión, 05/05/2015; fuentes: El País, y El País)
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