"Hace unos días, Eric Bonse, uno de los raros corresponsales alemanes en
Bruselas con un punto de vista crítico e independiente, explicó cómo
Alemania ha copado los puestos claves en las estructuras e instituciones
de la Unión Europea, en un artículo publicado por la revista Blätter für deutsche und internationale Politik (https://www.blaetter.de/archiv/jahrgaenge/2015/maerz/europa-tickt-deutsch) cuyo contenido resumo a continuación.
El lector comprenderá que la tópica alternativa de una Europa alemana versus una Alemania europea que aún manejan algunos despistados, ha perdido todo sentido en beneficio de la primera realidad. (...)
Para ello ni siquiera es necesario observar cómo el kapo del lager
europeo está pateando a una Grecia postrada y digna, ayudado por sus
miserables vasallos españoles a los que, esperamos, les queden pocos
meses en el poder, siempre y cuando la aplastante mayoría social de
ibéricos estafados supere la prueba de dignidad que las próximas
elecciones suponen.
El dominio alemán de Europa comienza en los
despachos de las autoridades de Bruselas en los que se prepara la
legislación europea, explica Bonse. En casi todos los despachos de los
27 comisarios, los alemanes tienen las riendas. Frente a los 31
“consejeros” alemanes del equipo del Presidente de la Comisión Europea,
el luxemburgués Jean-Claude Juncker, solo hay 21 franceses, 18
británicos y 8 luxemburgueses. Antes los alemanes eran los terceros en
esa liga, hoy marcan el tono, explica el periodista.
La presencia
alemana es impresionante en la jefatura. Alrededor de Juncker hay tres
comisarios de estricta disciplina germana; el alemán Günther Oettinger,
comisario de economía digital, la checa Vera Jourova (Justicia) y el
croata Neven Mimica (Consumo). Otros cinco comisarios tienen vicejefes
alemanes, entre ellos el francés Pierre Moscovici (asuntos económicos,
monetarios, fiscales y aduaneros) y la italiana Federica Mogherini
(exteriores y seguridad).
No es que todos estos consejeros y jefes
alemanes sean meros “abanderados” y ejecutores de Alemania, eso sería
demasiado simplista explica Bonse, “pero entre sus tareas se encuentra
la de tirar la cuerda hacia Berlín para minimizar posibles conflictos
con los principales países miembros de la UE”.
Lo mismo ocurre
con las otras dos grandes instituciones de la UE, el Parlamento Europeo y
el Consejo Europeo, integrado por los 28 jefes de Estado o de Gobierno
de los países miembros, el Presidente de la Comisión Europea y el
presidente del Consejo Europeo. (...)
En el Parlamento Europeo, los alemanes copan los principales puestos;
Martin Schulz (SPD) es su Presidente, Klaus Welle (CDU) es el secretario
general y Manfred Weber (CSU) dirige el mayor y principal grupo
parlamentario (popular). (...)
En el Consejo de Ministros y el Consejo Europeo, el espacio de las
“cumbres europeas”, no funciona la “gran coalición” ni hay un dominio
alemán, sino que rigen otras reglas no escritas cuyo resultado es que,
“todos esperan a ver lo que dicen los alemanes”, según la descripción
que el periodista pone en boca de quienes participan en las sesiones.
Sin Merkel o contra Merkel no funciona nada y el Presidente del Consejo
Europeo lo sabe bien. (...)
Las cosas no son muy diferentes en otras instituciones como el Banco
Europeo de Inversiones (EIB), órgano financiero comunitario de la Unión
Europea, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el organismo
intergubernamental creado para velar por la estabilidad financiera de la
zona euro, o la nueva Unión Bancaria. Todas esas instituciones
fundamentales para gobernar la crisis financiera están dirigidas por
alemanes. (...)
La única institución en la que Berlín no se ha impuesto del todo es
el Banco Central Europeo (diseñado según un patrón alemán). Allí un ex
consejero de Merkel y actual Presidente del Bundesbank, Jens Weidmann,
está en minoría, lo que explica que haya sido precisamente el BCE el
protagonista de las pocas medidas paliativas de sentido común hasta
ahora aplicadas, siempre contra la voluntad (o con el murmullo en
contra) de Alemania.
Berlín puso su impronta en el Tratado de
Lisboa -pasándose por la entrepierna los resultados de los referéndums
en Francia y Holanda contra la Constitución Europea en 2005-, estableció
en 2007 un sistema de voto en el que Alemania es la nación que más
pesa, acabando con la anterior paridad que había con Francia y Reino
Unido, ha trazado las líneas maestras de la política anticrisis y ha
frenado los planes inversores de Juncker.
“La Europa alemana no
necesita ningún gobierno para imponerse”. “Europa no solo habla alemán,
como dijo el secretario general de la CDU, Volker Kauder, en 2011, sino
que piensa y actúa según modelos y reglas alemanas”, concluye Bonse. (...)
Hace dos años, desde Berlín, afirmamos en un libro conjunto con Àngel Ferrero y Carmela Negrete, que el dominio de esta Quinta Alemania
(http://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/la-quinta-alemania-71626)
está llamado a fracasar porque promueve la gran desigualdad, social y
entre países, lo que tarde o temprano generará reacciones sociales y
nacionales.
Estamos en ello. La Unión Europea ya es un cadáver moral por
haber puesto el pago de las deudas de la cleptocracia por delante del
interés y el derecho ciudadano, y si su obvia desintegración práctica
aún no es manifiestamente perceptible, es porque se trata de un proceso
relativamente lento.
El escenario de esta Europa pilotada por
Germanwings es de colisión. Alguien debe entrar en la cabina y darle una
colleja a Merkel, antes de que nos estrelle contra las rocas, emulando
por otros medios las grandezas y hazañas históricas de otros grandes
dirigentes de su nación.
El 9 de mayo, con una crisis bélica en Ucrania
que es resultado de la estupidez europea acumulada durante decenios (el
gran secreto que los think tanks del establishment se
empeñan en disimular) y con una crisis económica que es la traca final
del neoliberalismo, representa una magnífica ocasión para recordarlo.
Volamos contra los Alpes." (Rafael Poch , La Vanguardia, en Rebelión, 11/05/2015)
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