"Hace una semana se presentaba en Madrid el Banco del Agua,
una propuesta de Podemos para generar “instrumentos públicos de
financiación de la innovación que permitan acelerar el cambio de modelo
productivo”.
En palabras de su candidato a la presidencia regional, José Manuel López,
se requieren iniciativas como esta porque “la Comunidad de Madrid
necesita un proyecto integral de reconversión económica y productiva,
que camine hacia la reindustrialización inteligente, la innovación y la
sostenibilidad ambiental”.
Aprendiendo de la experiencia del Nederlanse Waterschapsbank,
un banco holandés creado hace sesenta años con el objetivo de financiar
proyectos de innovación a partir de los beneficios obtenidos por la
gestión pública de las infraestructuras de canales y diques, el Banco
del Agua se basa en una idea similar: utilizar el excedente que pueda
generar el Canal de Isabel II y la venta de sus activos en el extranjero
para crear un instituto público de crédito que, a su vez, sirva para
impulsar el cambio de la matriz productiva en la región.
A pesar de que su presentación en sociedad quedó eclipsada por la dimisión de Juan Carlos Monedero,
la propuesta ha suscitado bastante interés en buena parte de las
personas que en estos días de campaña electoral asisten a los actos de
Podemos y Ahora Madrid, a la vez que ha servido para generar debate
dentro de diferentes plataformas y movimientos sociales madrileños. (...)
creemos que es indispensable plantear alternativas
concretas que confronten la centralidad de las grandes empresas en el
sistema económico, aquí y ahora, pensamos que vale la pena apoyar esta
propuesta. Veamos algunas razones.
Aunque, a primera
vista, la idea de fundar un “banco del agua” parecería remitir a la
creación de más instrumentos para continuar con la mercantilización del
derecho humano al abastecimiento y saneamiento del agua, en realidad es
justo al revés: la propuesta de Banco del Agua parte de asumir que el agua es un bien público que no puede ser privatizado.
No se trata de fundar un banco para la especulación con un bien básico
para la vida en el planeta, sino de todo lo contrario: crear una entidad
pública que reinvierta el excedente generado por el Canal de Isabel II
en la transformación de un modelo económico que se ha sostenido sobre la
base de la expansión del crédito, el cemento y el ladrillo.
Reinversión de los beneficios.
Ahora mismo, el Canal de Isabel II tiene grandes beneficios anuales
porque ha venido aplicando una agresiva política de “reducción de
costes”, externalizando tareas y rebajando las condiciones laborales de
sus trabajadores y trabajadoras. Así, apenas se ha invertido en el
mantenimiento de las redes de agua y ha prevalecido el criterio de la
rentabilidad del negocio.
De cara a la creación del Banco del Agua, hay
que tener en cuenta que tales niveles de beneficio ya no van a ser
posibles, porque son imprescindibles tres cuestiones: invertir en el
mantenimiento y la mejora de las infraestructuras y servicios del agua,
contar con una plantilla con plenas garantías salariales y derechos
laborales, y reformar la política tarifaria para garantizar a toda la
población el derecho humano al agua.
De todos modos, después de acometer
esas inversiones, el excedente que quede sí puede ser utilizado para
financiar otras iniciativas que apunten a cambiar el modelo desde la
raíz.
Desinversión en América Latina.
(...) El Canal de Isabel II, aún siendo una empresa pública, ha participado de esta lógica de expansión internacional con unos resultados e impactos análogos a los del resto de multinacionales españolas.
Por eso, la venta de sus filiales latinoamericanas en Colombia, Brasil, Ecuador y República Dominicana
sería una buena noticia, ya que permitiría devolver la soberanía sobre
el agua a las comunidades y poblaciones afectadas —habría que garantizar
que, en su momento, la venta de estas compañías se hiciera
preferiblemente a instituciones públicas locales, tras una auditoría
socioeconómica y a un precio justo para todas las partes—, a la vez que
proporcionaría fondos para impulsar el Banco del Agua.
“Recuperaremos el Canal de Isabel II como empresa pública, fuerte y
solvente”, ha dicho José Manuel López. Se trata, efectivamente, de
impedir la descapitalización y la posterior privatización de una compañía pública que ha demostrado su eficacia en la gestión sostenible del ciclo del agua, evitando prácticas como la externalización de la atención telefónica a terceros países y la venta del patrimonio inmobiliario del Canal a grandes especuladores y fondos buitre.
Cambio del modelo productivo. El objetivo final del Banco del Agua, según recoge la web de Podemos,
es “acelerar el cambio de modelo productivo hacia una mayor eficiencia
energética, hacia actividades empresariales que utilizan más
intensivamente el conocimiento y que crean empleo de mayor calidad”. (...)
Precisamente, ahí radica el interés de esta propuesta, en el hecho de
que significa un avance en la formulación de alternativas concretas que
le disputen la centralidad del sistema económico a las grandes
corporaciones.
Seguro que en los próximos tiempos, fruto de la
interacción con las personas, organizaciones y plataformas sociales que
están trabajando en el ajuste fino del Banco del Agua, podrán
concretarse aún más los números y su diseño en detalle.
En todo caso,
porque supone un paso adelante a la hora de repensar cómo pueden
funcionar otros modelos de empresa e instituciones públicas, estamos
ante una iniciativa que merece ser apoyada. ¿Cómo era eso de que no hay
alternativa?" (Pedro Ramiro, La Marea, 08/05/2015)
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