2.6.15

Los privilegios, el intercambio de favores, la corrupción, y las barreras a la participación de elementos “exógenos” a las élites, configuran la realidad de nuestra democracia

"(...) Mientras que las corporaciones se volvían más políticas, el Estado se orientaba cada vez más hacia el mercado. Resultado, la lenta extinción de la democracia.

Un estudio reciente llevado a cabo por los investigadores Martin Gilens, de la Universidad de Priceton, y Benjamin Page, de la Universidad de Northwestern, pone de manifiesto cómo funciona esta dinámica. 

Utilizando datos de más de 1.800 iniciativas de política para el período 1981-2002, los investigadores Gilens y Page concluyeron que son los individuos ricos, aquellos bien conectados en la escena política, quienes dirigen el rumbo del país, independientemente de, o incluso en contra, de la voluntad de la mayoría de los votantes.

Las prioridades de los estadounidenses corrientes parecen tener un impacto minúsculo, casi nulo y estadísticamente no significativo, en las políticas públicas. Los investigadores afirman que los legisladores norteamericanos responden a las demandas políticas de los individuos ricos y a los intereses de empresarios adinerados, los que tienen más poder de presión y los bolsillos más boyantes para financiar sus campañas electorales. 

En definitiva, el sistema político de los Estados Unidos se ha transformado desde una democracia hacia una oligarquía, donde el poder lo ejercen las elites adineradas.

Esta situación es perfectamente extrapolable a nuestro país. Nuestra democracia es todavía mucho más frágil que la estadounidense. Los privilegios, el intercambio de favores, la corrupción, y las barreras a la participación de elementos “exógenos” a las élites, configuran la realidad de una democracia, la nuestra, de muy baja calidad

 En todo Totalitarismo Invertido, y España lo es, tal como afirma Sheldon Wolin “se deja a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, se mantiene a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere”. Pero dicha recompensa no llega.

Mientras abunden aduladores, aquellos supuestos “expertos” que aún a fecha de hoy siguen sin entender qué es una crisis de deuda, y escaseen quienes se atrevan a disentir, la actual crisis sistémica continuará y se extenderá más allá de lo necesario. Si con ello además se mantiene el statu quo de la “superclase”, mejor."               (Juan Laborda, Vox Populi, 08/04/2015)

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