"(...) Que un tipo como yo tenga de pronto decenas de amigos diputados y
concejales da toda la medida de la envergadura de este doble cambio que,
desde el 15M, ha volteado el país y transformado a la izquierda. Un año
después de la irrupción de Podemos, España es un territorio mental
diferente al que las elecciones municipales y autonómicas han dado hoy
un poco de carnadura política y material.
Las rupturas simbólicas
preceden muchas veces y son las condición de rupturas reales sólo
latentes; sería una ingenuidad exagerar la dimensión real del cambio
introducido el 24M o ignorar las dificultades que comienzan ahora, pero
esa gigantesca ruptura simbólica -que tiene que ver también con el hecho
de que, de pronto, la imaginación deja de apretarse el cinturón, se
atreve a soñar cosas inesperadamente posibles y a reclamarlas con su
cuerpo y con su voto-, esa gigantesca ruptura simbólica, digo, puede
servir, a poco que se hagan bien las cosas, para rodar cuesta arriba,
como una veloz bola de nieve ascendente, hacia las elecciones generales
de noviembre. (...)
Hay que disfrutar de la felicidad liberadora de los resultados y, al
mismo tiempo, no olvidar la realidad antropológica de nuestro país. Pero
ni la felicidad es suficiente para afrontar con éxito las próximas
citas electorales ni la realidad antropológica debería ser suficiente
para impedir el cambio.
El verdadero desafío para Podemos y las otras
fuerzas de izquierdas concierne a su propia capacidad para gestionar, en
el frente externo y en el interno, la nueva realidad post-electoral.
Era fácil tener razón sin tener poder; era cómodo no poder medir ni
aciertos ni equivocaciones porque, en cualquier caso, ni los aciertos ni
las equivocaciones introducían ningún efecto real. Desde mayo de 2014
y, aún más desde la semana pasada, con la esperanza han aumentado
también los peligros.
Ninguna angustia puede compararse a la de tener
suficiente poder como para poder equivocarse; en un contexto en el que
lo más fácil será cometer errores, Podemos y las fuerzas afines tendrán
que asumir, en todo caso, la responsabilidad política y las
consecuencias felices o catastróficas de esta inédita libertad para
meter la pata. (...)
¿Qué debe hacer Podemos de cara a las generales? ¿Qué conclusiones sacar
tras el éxito de algunas de las candidaturas de unidad popular el
pasado 24M? No tengo una respuesta clara, pero confieso que me preocupan
las que pretenden serlo. (...)
Hace un año y medio un grupo plural de activistas e intelectuales que
habían aprendido mucho en América Latina y en el 15M tocaron la tecla,
mitad por perspicacia analítica mitad por casualidad. Funcionó. Se abrió
una grieta a través de la cual la realidad en aluvión fertilizó a la
izquierda y la izquierda, a su vez, salió de su larva elitista. A esa
tecla se la llamó Podemos. (...)
Lo que a mis ojos resulta inquietante es que algunos crean que -ahora
sí- la izquierda ha encontrado la verdadera tecla que nos va a permitir
superar Podemos (¡en un año y como si fuera el obstáculo!) y derrocar al
régimen del 78. Esta tecla imaginaria es mucho más simplona e
“idealista” que la que se reprocha, a veces con razón y otras sin ella, a
la dirección podemita.
España es un país fragmentado ideológica,
geográfica y demográficamente. Sólo un ejercicio irresponsable de
ilusionismo político puede llevar a extrapolar los resultados de los
grandes a los pequeños municipios, de las elecciones municipales a las
autonómicas, de una región a otra, de una clase social a otra; y sólo
ignorando estas diferencias, y otras más directamente políticas (el
liderazgo concreto de las candidaturas y el perfil concreto de la
oposición local) se puede llegar a la conclusión de que bastaba poner de
acuerdo de manera muy horizontal a unos cuantos izquierdistas y
activistas en cualquier lugar de España (acuerdo para el que Podemos
habría sido un obstáculo) para vencer en las elecciones.
Es una versión
interesada y mitológica. Esa fórmula ha servido en algunos territorios y
en otros no y ello en razón de variables numerosas y complejas; y es
difícil pasar por alto que, allí donde ha servido, se ha debido sin duda
al apoyo de Podemos o de su “espíritu”, catalizador del voto
mayoritario, menos politizado y menos activista. Hay que recordar, en
todo caso, que en conjunto no se ha votado más a las candidaturas
populares que a Podemos sino menos (...)
No hemos encontrado la tecla porque no hay una sola tecla sino muchas y
hay que tocarlas todas, cada una a su debido tiempo, como en un inmenso
órgano de catedral. Podemos, lo escribí hace meses, es uno de los
nombres de ese país desconocido que descubrió el 15M. (...)
Pero no debemos olvidar ninguna de las dos lecciones del 24M. La primera
es que la convergencia de todas las izquierdas, las derrotadas y las
emergentes, es inaplazable e indispensable. Sin ella no habrá un nuevo
impulso cuesta arriba.
La segunda es que esa convergencia es inútil, y
hasta contraproducente, sino converge con la gente, compuesta en su
mayor parte de no-activistas cabreados o desencantados, empobrecidos y
desesperanzados, cuya tentación oscila entre el PSOE y la abstención.
Para esta doble tarea hace falta estar ya allí donde esa convergencia,
por primera vez en décadas, es posible y además útil; ese es el sitio
donde nos ha puesto Podemos. (...)
Podemos ha hecho toda clase de méritos para jugar ahí un papel
protagonista, al menos de momento, y debe jugarlo entre Scila y
Caribdis; es decir, entre la disputa del “centro” y el repliegue
identitario, un ancho espacio intermedio en el que hay que elaborar
discursos y propuestas inasimilables para las fuerzas del régimen y
declinables para todos los otros nombres del 15M. Acabo volviendo
al principio.
La noche del 24M me sentí, de pronto y contra toda
lógica, abatido y casi desesperado, hasta el punto de que un familiar me
preguntó extrañado: ¿te pasa algo? Es que -respondí- decenas y hasta
centenares de amigos y conocidos míos son a partir de hoy diputados o
concejales. ¿Seguirán siendo amigos míos ahora que son diputados y
concejales?
Que estos amigos que nunca soñaron con entrar en las
instituciones ocupen ahora cargos públicos da toda la medida de lo que
ha cambiado felizmente nuestro país y nuestra izquierda; e incuba la
esperanza de que estos dos cambios traigan otros aún mayores. Pero que
la política la hayan hecho hasta ahora nuestros antagonistas, que el
ritmo, el espacio, las aristas, las haya diseñado el régimen que
combatimos, que el medio institucional nos reciba ya configurado de la
peor manera, no es asunto baladí. (...)
La política es la ciencia de las negociaciones y las tensiones, es
verdad, pero es antes que eso -porque es su objetivo- la delicada
artesanía de las atenciones y los cuidados. Nos conviene mucho que haya
Manuelas y Adas de cualquier sexo en las mesas de negociación; y nos
conviene mucho que mis amigos diputados y concejales conserven mi
amistad, no para evitarme un sufrimiento seguro, sino porque de esa
manera habrá más posibilidades de que ellos cambien las instituciones y
menos de que las instituciones los cambien a ellos." (Santiago Alba Rico , Cuarto Poder, en Rebelión, 01/06/2015)
No hay comentarios:
Publicar un comentario