"Las dudas y la inquietud flotan a estas horas por despachos y pasillos
de Génova como los restos del Titanic lo hacían en las gélidas aguas de
Terranova. Mariano Rajoy ha reconocido en privado que no esperaba semejante castigo. El PP intenta reaccionar, dando manotazos de ahogado.
Génova ultima una estrategia de cambios en los que nadie fía. La sombra de la UCD y su estruendosa desintegración se cierne sobre la nuca de los populares. También sobrevuela el recuerdo de Alianza Popular (AP), que algunos invocan como ejemplo de la necesaria renovación/refundación siempre emplazada.
Las dimensiones del estropicio sufrido por el Partido Popular en las autonómicas y municipales
han hecho saltar las alarmas hasta el nivel del pánico. También han
despertado enormes dudas sobre el futuro. El hundimiento en las urnas
tendrá un impacto demoledor el 13 de junio cuando se formen los nuevos
consistorios.
De las cinco capitales con mayor número de habitantes, el
PP sólo gobernará en la menor, en Málaga, en tanto que Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla tendrán
alcaldes de izquierda. Tampoco ha logrado el PP mantener la mayoría
absoluta en ni una sola de las comunidades autónomas donde ahora
gobernaba. Ni siquiera en Castilla y León, donde el incombustible
Herrera se ha quedado a un escaño.
Hasta Zamora, tierra conservadora y
devota, ha visto como un veterano candidato comunista arrebataba el
bastón municipal a la joven y muy aparente candidata del PP. Por si
fuera poco, el PP ha contemplado la intempestiva defenestración de tres
de sus líderes de referencia: Esperanza Aguirre, Rita Barberá y Dolores Cospedal. Demasiadas bajas en la refriega. Excesivos daños en el combate de las urnas. (...)
El hundimiento electoral ha provocado un efecto desolador. Algunos
barones se olvidaron de su silencio de siglos y su estado de genuflexión
permanente frente al poder del aparato y les salió un gallo.
Es decir, se pusieron gallitos. Otros optaron por renunciar a traición,
sin avisar. Y algunos amagan ahora con irse. Génova y Moncloa se
enfrascaron en una guerra nada subterránea en busca de culpables.
Una intoxicación venenosa dejó malherida a la secretaria general, quien
reaccionó iracunda ante el presidente. Horas más tarde, la
vicepresidenta apareció ante los medios, en comparecencia inusitada,
para reconocer, con un cinismo algo corrosivo, que el puesto de Cospedal es de mucho sufrir y penar y que jamás hablará mal de ella. Santamaría quiere que su protegido el ministro Alonso ocupe ese lugar, según cuentan sus próximos.
Centenares de alcaldes, concejales, asesores, amanuenses, jefes de
negociado y demás infantería del PP va a perder su puesto en las
próximas semanas rumbo a la dura intemperie. Un paisaje inhóspito
después de la batalla. Buena parte de este ejército de cesantes dejará
su cómodo sillón entre maldiciones y jaculatorias contra Rajoy, a quien
consideran el único responsable de la tragedia. Hasta ahora activistas
de la causa, esta gran marea de desplazados del presupuesto dejará de
predicar en favor del PP y se pasará a la contra.
En su despacho de Génova, a Mariano Rajoy se le torcía el gesto conforme
avanzaba el escrutinio. Esperaba un severo revés, un castigo inapelable
después de tres años de impopulares ajustes. Pero no de tales
dimensiones. El whisky se le congeló en el gaznate. La noche se hizo casi tan negra como la del 14 de marzo de 2004, cuando el goteo de los resultados se transformó en una pesadilla agónica.
La inquietud ante el futuro se torna, poco a poco, en temor.
E incluso en pánico. Rajoy intenta transmitir calma. Hablaba esta
semana de cambios, en el partido y el Gobierno, tan sólo unas horas
después de que se mostrara muy satisfecho y cómodo con los resultados.
Hay dudas sobre el alcance y efectos de los cambios.
Sustituir a Cospedal por Feijoó y a Carlos Floriano por Pablo Casado no
parecen las soluciones necesarias. Rajoy habla estos días con algunos
barones y con dirigentes de relevancia. Transmite la idea de que la
recuperación económica y el desgaste que sufrirá el PSOE por su 'abrazo
del oso' con Podemos serán bazas certeras y casi definitivas de cara a
las generales. Sigue en la inopia. (...)
Este domingo el PP ha recibido seis millones de votos, apenas un 27
por ciento del total de las papeletas emitidas. Con menos del 35 por
ciento resulta imposible alcanzar una mayoría de gobierno. Salvo que se
cuente con un apoyo externo. Quizás Ciudadanos. Pero Pedro Sánchez ya acaricia la Moncloa. Da por hecho el triunfo de la izquierda en las generales y el respaldo de Podemos. Está seguro del gran vuelco.
También lo empiezan a pensar en el PP donde nadie duda de que Rajoy
cumplirá con lo anunciado y se presentará como candidato. Hasta
entonces, pocos fían de que el presidente del PP atienda lo expresado en
las urnas y decida dar un volantazo a su gestión. Soberbia y corrupción han sido los males del PP. (...)
Si (...) el PP conserva ese suelo de entre cinco y seis millones
de votos, la refundación es posible sin mayores cataclismos. Si
Ciudadanos, una vez definido su espectro y su programa, le ha arañado un
pedazo grande de su tarta electoral, entonces, sólo entonces, podría
empezar a pensarse en un panorama a lo UCD. (...)." (José Alejandro Varas, Vox Populi, 31/05/2015)
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