"(...) Entre elección y elección se cumple el octavo cumpleaños del 15M.
Durante estos días, la posibilidad de que un gobierno de derecha y
extrema derecha ocupe la Moncloa se junta con el recuerdo de las plazas
vibrando. Si echamos la vista ocho años atrás para voltearla al día
presente, resulta complicado comprender todos los cambios que han ido
sucediéndose.
Porque el 15M fue muchas cosas, tantas como gente que le dio vida. Fue
el síntoma de un hartazgo que, al principio, no tenía nombre. Luego, con
el paso de los días, tuvo muchos. Por ejemplo, que no, que no nos
representan. Era un grito de cansancio, de rechazo y de esperanza.
Éramos los indignados.
Entre muchas otras cosas, se quería recortar esa
distancia abismal que nos separa del político profesional que tanta
vergüenza nos genera cuando se nos aparece con un brillo desmedido
durante la campaña electoral. No, con el 15M se decía que ya no había
confianza. Que el sistema del turno, el bipartidismo, era en el fondo
una ratonera de la que no se podía escapar. (...)
Esto pasó hace ocho años.
El movimiento no se instaló en nada, demanda que una y otra vez de repetía desde el poder por necesidad de encasillar algo que no podían controlar. Por eso algunos gobernantes, (por ejemplo, los mismos que hoy abanderan el camino de la libertad nacional catalana) mandaron a limpiar las plazas.
Por limpiar se entiende vaciar, y esto se
resuelve con una combinación de agua a presión, lanzamiento de pelotas
de goma, swing de porra y otras técnicas de
violencia legal-institucional. No se instaló en nada, pero mutó en
muchas cosas. Transformó el árido terreno de lo político en un campo
fértil para futuros movimientos y partidos políticos que acabarían con
el bipartidismo.
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y Podemos,
por ejemplo. Los comicios electorales en estas fechas señaladas retoman
el recuerdo de aquellos días con una serie de preguntas: ¿de qué sirvió
todo aquello?¿Hemos cambiado en algo? ¿hasta qué punto lo que antes era
que no, es ahora que sí? ¿estamos representados, al fin?
(...) A modo de conclusión anticipada, diríamos que hemos pasado del paradigma
de la apatía política a los tiempo de la política del “zasca”. La
política devino, en algún momento posterior al 15M y anterior al
nacimiento de Podemos, en un fenómeno de masas. Si los primeros tres
años de crisis los expertos economistas acaparaban todos los focos,
después del 15M hubo un cambio de lo que se consideraba importante.
Nunca antes había sido concebible que cadenas privadas de televisión
emitieran tertulias políticas en horario de prime time. (...)
La política está en los bares, como antes lo estaba
el fútbol. Pero, sin embargo, no la ha ensanchado. Que la difusión
general dependa del interés particular de una empresa privada te hace
rehén de las dinámicas de poder que las vehiculan. Eso nunca ha sido una
buena noticia. La tertulialización de la política es el primero de los
elementos de la nueva política del “zasca”.
Otro cambio que podemos identificar es la tuiterización
del lenguaje político. Si en el punto anterior sí que podemos imaginar
cierta relación causal, aquí ya parece más complicado. Twitter ha
impuesto un nuevo código de comunicación alrededor del globo.
La tuiterización de la
política implica la simplificación del lenguaje a su partícula más
elemental. Huelga decir que, si se gana en capacidad de expandir un
mensaje, se pierde en contenido. También ha incorporado un nuevo modo de
lucha política, que va acorde con la lógica capitalista elemental de la
acumulación desmedida: gana quien tenga más likes.
No importan el contenido ni la razón del mismo, simplemente la
acumulación progresiva. A su vez, sin embargo, la existencia de ese tipo
de redes sociales crea una sensación de proximidad que antes no había.
Vemos a políticos colgando stories de Instagram y
respondiendo por Twitter de forma desacomplejada, casi, diríamos,
humana.
Ahora bien, las comparencias delante de los medios de
comunicación siguen siendo escasas. Por eso, si nos referimos a los
sueños del 15M, seguramente no era eso lo que se entendía por reducir la
distancia entre gobernantes y gobernados. La tuiterización de la política es el segundo elemento de la política del zasca.
El tercer y último elemento de la política del zasca
es la política de fichajes. El 15M atacaba a la figura del político
profesional, profesión que ni se estudia ni es profesión. Una figura que
vincula el partido partido con la corrupción y el político con las
puertas giratorias. Esto sigue más o menos igual. No se han hecho las
leyes adecuadas, y esa puerta que tan bien simboliza el dominio del
poder empresarial sobre el poder político sigue vigente.
Eso no quita
que después del 15M ha habido un cambio respecto del ideal de político
perfecto, en el que precisamente se castiga al político de “carrera”.
Colau y Carmena en el centro como el camino a seguir. Cuanto más
alejados estén del mundo de la política, mejor. Como Trump, Beppe
Grillo, o el nuevo presidente de Ucrania, el cómico Volodymyr Zelensky.
Sin embargo, y a propósito de estos últimos comicios,
estamos viviendo una mutación de la misma que entrona con el espíritu
de la política del zasca, donde importa más el ser capaz de herir el
rival ajeno que de curar la herida propia. Se trata de fichar a
políticos que jugaran en otro equipo. Ejemplos: Celestino Corbacho,
exministro de Trabajo e Inmigración con Zapatero, ficha por Ciudadanos. O
Toni Comín, que deja ERC y se une a la lista de Puigdemont.
Estas tres dimensiones (tertulización de la política, tuiterización
del lenguaje y política de fichajes) marcan los tiempos actuales de la
política del zasca. Si lo analizamos punto por punto, es difícil afirmar
que los deseos del 15M se hayan materializado durante estos años. Es
cierto que el bipartidismo ha muerto, aunque parece que avanzamos hacia
una versión descafeinada (y sin duda mejorada) de la misma, la política
de bloques.
Sin embargo, lo que consiguió el 15M fue finalizar
con ese sentimiento de apatía y desazón, a la vez que dio voz a un
pensamiento sencillo pero con tremendo potencial: que sí, que sí se
puede. Que no debemos conformarnos con el bienestar del alma que otorga
la marginalidad. Porque el grito del 15M no apuntaba tanto a la política
como lo Político con mayúscula.
Lo político tiene que ver con las
formas en las que nos relacionamos en sociedad, cómo nos cuidamos, cómo
construimos dimensiones y campos de actuación que vayan más allá de la
esfera de la representación política. En el octavo cumpleaños del 15M,
merece la pena recordarlo. Ah, y que aunque no nos lleve a la tierra
prometida, es mejor tirar de la cadena que no hacerlo." (Guillem Pujol, El Salto, 23/04/19)
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