"(...) Streeck fue un convencido europeísta en su juventud y hoy es un
aguerrido euroescéptico. A su juicio, el euro ha impedido la
convergencia del norte y el sur en Europa en vez de promoverla, y la
Unión Europea se ha convertido en una “maquinaria enorme e ineficaz,
gobernada por las mentiras de los tecnócratas y por instituciones
ilegítimas y opacas”.
(...) afirma que el “imperio europeo está hundiéndose”. ¿Las razones?
“Alemania no podrá seguir castigando a la periferia y tampoco tiene
recursos para pagar la factura; la unión monetaria es un caos, y las
instituciones europeas fueron diseñadas para inmunizarse contra la
movilización electoral de los ciudadanos”. (...)
En su conferencia dijo que Europa es un proyecto fracasado porque ya no se ocupa de la gente.
Amo a Europa, amo esta parte del mundo, amo Alemania, Italia, Francia
y España. Pero yo no hablaba de Europa sino de la Unión Europea, que no
es lo mismo. El problema es que la propaganda de la UE confunde ambas
cosas todo el tiempo.(...)
El comunitarismo olvidó que existen diferentes estilos nacionales de
lidiar con el capitalismo para mantener la cohesión social. Si lo que
haces es negar eso con Tratados poco democráticos, e impones a Alemania
como jefe del euro y exportador del único modelo posible, no cabe
esperar más que un desastre.
La idea de Europa se ha deteriorado con la
Alemania imperialista y con una periferia arruinada que tiene que ser
gobernada como si fuera un espejo de Alemania. Pero, francamente:
¿Italia puede ser como Alemania?
Usted ha afirmado que es un aguerrido euroescéptico. ¿Es esto correcto?
Sí y no. Soy crítico, muy crítico, con el actual modelo institucional
y político de la Unión Europea. La Unión Europea, en la forma que tiene
en la actualidad, es producto de la neoliberal década de 1990.
Se trata
de un régimen monetario centralista absolutamente uniforme, que es
antidemocrático en dos sentidos: las instituciones supranacionales se
hallan cuidadosamente protegidas de las presiones electorales populares y
estas fueron diseñadas para separar la democracia existente a escala
nacional del ámbito de la economía política, que es entregada a los
mercados internacionales.
La creatividad social ha sido reservada para
la economía capitalista, entendiendo por ello la maximización de los
beneficios, y está separada de la organización de la vida social, que se
abandona al mercado.
Como resultado de todo ello, la Unión Europea no
se halla unida sino dividida, ya que en su seno conviven diferentes
países miembros dotados de diferentes estructuras socioeconómicas, que
cuentan con sociedades diferentes y cuyo comportamiento es, en
consecuencia, también diferente bajo un régimen de mercado y un régimen
monetario unitarios, esto es, en nuestro caso, una moneda fuerte y una
competencia internacional carente de límites.
Mario Monti dijo: “Seremos como los alemanes”. O mejores.
Sí, y perdió las elecciones. Solo los tecnócratas y los economistas
convencionales creen que se puede racionalizar un país desde arriba para
adaptarlo mejor al capitalismo y a la producción de beneficios
capitalistas.
Las instituciones sociales presentes en la intersección de
un modelo social y del correspondiente modelo económico son viscosas y
adherentes. Si se desea reformarlas o eliminarlas, se debe ofrecer a la
gente substitutos aceptables que les brinden, al menos, la misma
seguridad y las mismas oportunidades que sus instituciones más antiguas.
Nadie quiere ser arrojado al agua fría de lo desconocido y lo
impredecible.
Si la gente debe comportarse como los “alemanes”
idealizados de Mario Monti, primero debe darles sindicatos alemanes, un
Estado del bienestar alemán, un sistema de formación profesional alemán,
etcétera, etcétera.
¿Así que según usted la UE ya no tiene futuro?
Todos los imperios tienen un problema. Al centro, a la cabeza, se le
pide que haga tareas que no puede cumplir. El imperio europeo está
cayendo porque nadie puede cumplir esas demandas. Alemania es demasiado
pequeña para gobernar Europa, desde lo militar a lo social o a las
transferencias fiscales.
Si conoces los Balcanes, la idea de exportar
allí los modelos liberales de Alemania o Francia es absurda, son
incapaces de seguirlos. Italia es también incapaz. Si los modelos no
vienen de dentro de las sociedades, no habrá mucho que hacer. Les puedes
ayudar, pero no más que eso. (...)
Esta imposibilidad se refiere no a la democracia o a algún defecto
congénito de estos países o de los países europeos que tienen más
dificultades con el actual modelo socioeconómico impuesto desde Bruselas
y Berlín que comentábamos anteriormente, como Irlanda, Grecia, Italia,
España o Portugal, sino a la supervivencia de estas sociedades bajo un
régimen irrestricto de libre comercio y de moneda fuerte como el que ha
sido impuesto; o sobre los países balcánicos si eventualmente se
incorporaran a la Unión Europea en su forma presente.
El régimen
monetario y comercial actual prolonga el retraso y no conduce a una
convergencia con las sociedades europeas más desarrolladas por parte de
las menos desarrolladas socioeconómicamente según el actual modelo
neoliberal de la Unión Europea; prolonga y profundiza, por el contrario,
la desigualdad regional en el seno de Europa, porque expone a los
países menos desarrollados a la emigración, a la dependencia productiva,
etcétera.
Confiar en la asistencia procedente del centro del sistema
para promover el desarrollo no es realista, ya que este no será capaz de
transferir desinteresadamente más recursos de los que han transferido
al Tercer Mundo los países desarrollados durante las últimas seis
décadas, lo cual básicamente preserva la dependencia y mantiene
gobiernos procapitalistas en el poder.
Para aproximarse a los países más
desarrollados de la Unión Europea, estos países necesitan espacio para
respirar, que es exactamente lo contrario de lo que les permite la Unión
Europea en estos momentos.
¿Diría que Alemania ha fracasado por un exceso de generosidad con la periferia o por un exceso de control?
No, este no es el modo correcto de plantear el problema. Lo que
quiero decir es que durante los primeros años de existencia de la UE,
que se prolongaron hasta el final de la Guerra Fría, los gobiernos
alemanes ayudaron frecuentemente a los Estados miembros de la UE a
alcanzar un compromiso mediante el pago de la mayor parte de los costes
derivados del proceso de construcción europea.
Esta es la razón por la
que Helmut Kohl llegó a ser conocido y admirado como un “gran europeo”.
Esto era así, sin embargo, cuando la UE todavía era pequeña y homogénea y
la integración menos estrecha que la actual, lo cual significaba que
los costes del compromiso eran limitados y manejables. Esto ha cambiado
drásticamente con la incorporación de los antiguos países de Europa del
Este y la creación de la unión monetaria.
Ahora la factura es cada vez
mayor. Por ejemplo, compensar a Italia por las pérdidas que sufre como
miembro de la Unión Monetaria Europea supera ampliamente lo que una
Alemania próspera podría permitirse, por no mencionar los fondos
necesarios para estimular en Europa del Este y los Balcanes el
desarrollo económico o, si preferimos decirlo de otro modo, su adhesión a
Occidente y al capitalismo financiarizado.
Recordemos que Alemania
todavía tiene que dedicar una parte significativa de su renta nacional a
sus provincias orientales, cuyo ingreso per cápita es todavía un 30%
inferior a la media nacional.
¿Hay alguna esperanza de lograr una mejor Unión Europea de acuerdo con los criterios que usted la contempla?
En principio, sí, por supuesto. Pero el camino que nos separa de ella
es largo y duro, dado que su consecución inevitablemente implica luchar
contra el capitalismo financiarizado neoliberal. La Europa que creo que
deberíamos tener y por la cual debemos luchar es una Europa consistente
en laboratorios de democracia social nacional y local, lugares en los
que la gente pueda construir conjuntamente competencias económicas y
buena vida, de acuerdo con sus capacidades y necesidades.
Debería
existir, sin duda alguna, la correspondiente cooperación internacional,
pero de acuerdo con un criterio voluntario, que conceda espacio para un
desarrollo económico y social adaptado localmente. Esta Unión Europea
sería una unión de iguales, no muy diferente de los cantones suizos,
pero al mismo tiempo una unión dotada de fuertes sindicatos y de una
sólida regulación de los mercados de trabajo, y no dividida entre el
centro y la periferia.
Una economía que funciona para la sociedad en la
que se desenvuelve, no un conjunto de sociedades forzadas a trabajar
para generar beneficios destinados a una diminuta minoría. Las
comunidades locales, regionales y nacionales invertirían intensamente en
infraestructuras colectivas, desde el transporte público a la educación
y la sanidad públicas y gratuitas, ayudadas por instituciones
financieras nacionales e internacionales de propiedad pública o de
carácter cooperativo, que se hallarían protegidas de la implacable
competencia internacional y no sujetas a los dictados de Berlín, París o
Bruselas.
Ivan Krastev, experto en caídas de imperios, dijo en CTXT
hace tres años que los imperios siempre caen por el centro y que Europa
también caería desde el centro.
Claro, es que Alemania se niega a pagar la cuenta. Un imperio es un
sistema de países formalmente soberanos gobernados desde el centro.
Aunque Francia, España, Italia le pidan ayuda, Berlín no podrá ya echar
una mano. Alemania tiene su Parlamento.
Hasta hace unos años, los
partidos parlamentarios ni siquiera preguntaban por eso. Ahora el 15%
del Parlamento está ocupado por la AFD, y estos sí hacen esas preguntas.
La política de transferencias será impugnada, habrá preguntas.
Especialmente ahora que el crecimiento se acabó. Somos virtuosos,
tenemos el equilibrio presupuestario grabado en la Constitución: pero no
se puede cambiar la Constitución. Será imposible dedicar el 2% del PIB
alemán a salvar a Italia.
De hecho, Alemania es cada vez más desigual, y
los que pagarían esa cuenta serían los que menos dinero tienen, porque
las empresas exigen pagar cada vez menos impuestos para poder competir
en el mercado global. Es interesante recordar un hecho. Jeremy Corbyn ha
sugerido subir el impuesto de sociedades, creo que al 32%; esa cifra es
más baja que cuando gobernaba Thatcher.
El sistema fiscal ya no depende
de los gobiernos, las corporaciones tienen la capacidad de exigir pagar
menos para poder competir en el mercado global. ¿Quién va a pagar
entonces la cuenta? ¿Los pobres? No, si les exiges eso, votarán a
partidos populistas. Utilizarán su lengua nacional para defender su
posición económica.
¿Eso significa que la extrema derecha seguirá creciendo?
Históricamente, los europeos han elegido entre la oposición del
centro izquierda al capitalismo sin reglas y la oposición de la derecha a
la redistribución. Pero la izquierda ha perdido la capacidad de
representar el descontento con el capitalismo. Eso deja un gran espacio a
la derecha. ¿En Francia qué pueden votar? El Partido Socialista ha
desaparecido, así que votan a Le Pen, o a Macron, que recorta el gasto
social porque hace lo que le pide Alemania. La izquierda ya no les dice
nada.
El PS les decía que Europa era importante, que deberíamos seguir en
Europa, pero la gente ve que la UE te obliga a recortar gasto social, a
subir los impuestos indirectos y a bajar los impuestos a los ricos. (...)" (Entrevista a Wolfgang Streeck. Sociólogo, Miguel Mora, CTXT, 13/03/19)
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