"A principios de este año, el ministro de economía alemán Peter Altmaier reveló su “Estrategia Industrial Nacional 2030”,
que busca proteger a las empresas alemanas contra competidoras chinas
que reciben subsidios estatales. La estrategia identifica sectores
industriales clave que recibirán apoyo especial del gobierno, pide
establecer en Europa la producción de baterías para autos eléctricos y
defiende la fusión de empresas como forma de obtener economías de
escala.
Es un plan controvertido. Lars Feld, del Consejo
Alemán de Expertos Económicos, dijo que esta estrategia es una
aberración y acusó a Altmaier de pretender instituir la planificación central.
Pero este no es un debate ideológico (como insinúa Feld); la pregunta,
más bien, es si esa política industrial puede funcionar.
Y aunque el
plan de Altmaier contiene aspectos poco convincentes, hay buenos motivos
para que el Estado dé apoyo a sectores (como la industria automotriz)
que se basarán cada vez más en la inteligencia artificial (IA). (...)
Los argumentos para una intervención estatal son mucho
más fuertes en sectores que tienen economías de escala, y donde el
“aprender haciendo” crea conocimiento que subsistirá incluso después de
cancelado el subsidio estatal. Esto vale especialmente en los muchos
sectores que pronto se basarán en la IA: cuantos más datos produce una
empresa o un sector, más aprende y más mejoran los algoritmos.
Debido a su gran tamaño, China tiene una ventaja
comparativa en estos sectores. Las autoridades chinas lo saben, y han
usado los subsidios estatales hábilmente para promover la IA y dar apoyo
a las empresas locales. Para contrarrestar este desafío, Alemania y
Europa deben responder con subsidios propios a los sectores basados en
el conocimiento.
La industria automotriz europea es un candidato obvio a
recibir esa clase de apoyo. Por eso el plan de Altmaier para
desarrollar la producción europea de baterías para autos eléctricos
tiene sentido, e incluso puede acelerar un renacimiento industrial en
todo el continente.
Producir baterías para autos eléctricos en Europa
atraería a más empresas automotrices y abarataría los autos, porque
reduciría enormemente la necesidad de los productores de importar
baterías de Asia.
A su vez, ese crecimiento puede crear un efecto de
aglomeración en cascada, conforme más automotrices trasladen la
producción a Europa para estar cerca de otras fabricantes de autos y de
sus proveedores. Paul Krugman y Anthony J. Venables describieron hace
más de dos décadas estos vínculos entre empresas en un artículo muy conocido.
Una industria automotriz europea importante generaría
un aumento de la demanda de mano de obra y del ingreso per cápita real. Y
cuanto más incidan las celdas de baterías en el valor total de los
autos eléctricos, más fuerte será el efecto de aglomeración.
Esto supondría un cambio trascendental. En la
actualidad China controla toda la cadena de valor de los autos
eléctricos, incluido el suministro de cobalto, una materia prima
esencial para la fabricación de baterías. El resultado es que China
posee el 69% de la producción mundial de celdas de baterías para autos eléctricos,
Estados Unidos el 15% (en la “Gigafábrica” de Tesla en Nevada) y Europa
sólo el 4%.
Pero Europa todavía puede desarrollar la producción de
baterías, apelando al reciclado de dispositivos electrónicos usados, al
desarrollo de nuevos procesos que permitan ahorrar cobalto y al
descubrimiento de depósitos de minerales alternativos.
Algunos dirán que si China puede fabricar autos por
menos costo, Europa debe permitir la migración gradual de su industria
automotriz a ese país. Al fin y al cabo, los consumidores quieren autos
de calidad razonable al menor precio posible. Según este argumento, si
los chinos son más eficientes produciendo autos, deben hacerlo ellos.
Pero aun sin tener en cuenta la tremenda reacción política y económica
que esa decisión generaría en Europa, es una idea muy simplista. La IA
será esencial en el futuro de la industria automotriz, y cualquier
avance en este campo tendrá efectos derrame positivos en muchos otros
sectores.
Si Europa renuncia a su industria automotriz, perderá
conocimiento y futuro crecimiento. Por eso, el gobierno alemán no se
equivoca al apoyar a sus automotrices. Más que reliquia de la
planificación central socialista, a veces la política industrial puede
ser la opción inteligente."
(Dalia Marin is Professor of Economics at the University of Munich and a research fellow at the Centre for Economic Policy Research, Project syndicate, 09/05/19)
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