2.5.19

Íñigo Errejón: El resultado de las elecciones se explica como una masiva reacción de defensa democrática. Podemos nunca debió abandonar la trasversalidad y conformarse con ser una esquina a la izquierda... En algún momento se apostó más por mirar hacia adentro, para satisfacer la identidad tradicional de la izquierda de los militantes, que por hablarle al conjunto del país...

"Íñigo Errejón (Madrid, 1983) ha presenciado estas elecciones desde la grada.  (...)

¿Cómo explica el resultado electoral de este domingo?

Creo que las derechas se han equivocado. En estas elecciones se ha activado una especie de voto progresista defensivo. Ha habido muchísima más gente que ha acudido a votar para que no gobernasen las tres derechas. Vox es el que menos votos ha sacado, pero es el que ha marcado los temas y la agenda a las otras dos derechas. Y eso ha movilizado el voto progresista.

Fueron las derechas, en una suerte de nueva CEDA [Confederación Española de Derechas Autónoma, la coalición de la derecha en 1933], quienes marcaron de qué se discutía y en qué clima se daba la campaña.

 Apostaron por un tono híper agresivo y por una redefinición de lo que era ser español para retroceder en algunos aspectos ya consagrados en la Constitución, en el Estado las autonomías, en recorte de derechos y libertades y en un programa despiadado en lo económico y social. Se han pasado tanto que la 'anti España' es más grande.

 Ha ganado las elecciones el conjunto de la gente que es española, pero que es española de un país moderno, plural, diverso, y que quiere seguir siéndolo.

El resultado se explica como una masiva reacción de defensa democrática.

 España tiene más hambre de futuro que de pasado. El debate político estaba dominado por quien más gritaba, por quien más insultaba y elevaba más el tono. Ha parecido incluso que llevaban la delantera. 

Y había una mayoría silenciosa progresista que no gritaba tanto, que no insultaba a nadie, que no agredía y que sin embargo ha dicho que no quiere ir para atrás. Para las derechas ha sido un muy mal negocio 'voxizarse', si se me permite la expresión.  (...)

Vox ha tenido muchísima influencia en el discurso de la derecha y en el tono de la campaña, pero a pesar de su entrada en el Congreso se ha quedado muy por debajo de lo que logran la mayoría de los partidos de extrema derecha en Europa, ¿A qué achaca esta anomalía española?

Hemos discutido muchas veces que el 15 de mayo de 2011 fue una suerte de vacuna contra la extrema derecha, contra la idea de que nuestra sociedad se va a recomponer echándole la culpa al más débil. 

España no ha querido mirarse en el espejo de países que han elegido la senda de que el penúltimo mire con desconfianza o con rencor al último, y ha decidido que lo que nos hace ser españoles no es el odio contra nadie: es que hemos pactado cuidarnos, construir una comunidad que te asegura que en las buenas pensamos en el futuro y en las malas cuidamos de todos los nuestros, seas como seas, hables la lengua que hables o votes lo que votes. (...)

¿La irrupción de Vox puede ser buena para la izquierda a corto plazo y mala a largo plazo para España?

A mí la irrupción de Vox no me parece una buena noticia, en ningún sentido. Puede dar réditos electorales en el corto plazo, pero los réditos electorales en el corto se desvanecen. Lo peligroso de Vox es que ha empezado a normalizar discusiones que hace mucho tiempo ya teníamos superadas. 

No habíamos tenido hasta ahora gente que influyera en un gobierno que, cuando en España se asesina a mujeres todas las semanas, decida que el problema no es que las asesinen, sino el feminismo. Hay que intentar que Vox no nos haga perder mucho tiempo. Si la mayoría de este país quiere avanzar en ser un país más libre, más justo, más igualitario, intentemos no perder mucho tiempo con el lastre que supone.  (...)

Unidas Podemos y sus confluencias pierden 1,3 millones de votos, 29 escaños, todos sus senadores electos… ¿A qué cree que se debe este resultado?

Podemos tendrá que hacer una reflexión y decir a qué conclusiones llega, y eso no me corresponde a mí. Pero no les va a sorprender mi respuesta, porque yo siempre he dicho lo mismo. Creo que Podemos nunca debió renunciar a la transversalidad y conformarse con ser una esquina a la izquierda. Ese comportamiento es legítimo, pero conduce a resultados como los que hemos visto, que son muy meritorios.

 Creo que el último giro de Pablo [Iglesias] en campaña fue un buen giro y funcionó. Y sin ese giro el resultado es posible que hubiera sido peor. Pero el problema en mi opinión venía de antes, cuando se tomó una decisión para convertirse en una fuerza que no se hizo suficientemente cargo de la entrega de confianza que le hicieron los españoles.

Cuando el 20 de diciembre de 2015 los españoles conceden cinco millones de apoyos, cinco millones de voluntades, no son monolíticas, son de procedencias muy diversas, y había que tomarse en serio que era gente con preferencias muy diversas pero que estaba de acuerdo en cosas más o menos de sentido común.

En un momento dado, Podemos decide elegir otro camino y renunciar a la transversalidad, a la vocación de mayorías y de gobierno. Eso le dificulta ser un actor fundamental en el cambio político, la modernización y la consecución de la justicia social en nuestro país. Yo no sé si esto que digo se le llama izquierda amable, pero si por eso se entiende tener una capacidad transversal amplia de hablar a mucha gente, ese es el proyecto histórico de transformación de las izquierdas. 

No es reunir a las izquierdas: es mejorarle la vida a la gente de abajo, vote lo que vote. Y una fuerza política útil, transformadora, es la que tiene la capacidad de juntar a los que son muy diferentes. En mi opinión, no se ha ido en ese sentido y no es nada nuevo que yo lo diga, es una cosa que he dicho muchas veces y que ha estado siempre presente en mi forma de hacer política.

Por lo que dice considera que la campaña, por lo menos la última semana, ha sido buena para Podemos. ¿Cree que se ajustaba más a lo que defendía usted en 2015?

Tengo que partir de la confesión de que yo no podría haber dirigido esta campaña electoral. Porque partía de unas condiciones que eran el resultado de decisiones políticas, que eran legítimas, pero que habían ido escorando a Podemos a ser una oposición como de pata izquierda...

¿Me puede dar un ejemplo concreto de esas decisiones?

En algún momento se apostó más por mirar hacia adentro, para satisfacer la identidad tradicional de la izquierda de los militantes, que por hablarle al conjunto del país. En algún momento España buscaba en nosotros una fuerza que fuera capaz de reconstruir, más que una fuerza que regañara o que pusiera otra vez etiquetas a los españoles. 

De esas sobraban y se eligió claramente una posición más parecida a la de la izquierda tradicional en España, que lleva aparejados en mi opinión los resultados de la izquierda tradicional. La gran virtud de los grandes años del cambio político en España desde el 15M, y seguramente hasta el 20 de diciembre de 2015, era la capacidad de poner de acuerdo a la gente. 

Lo que a mí más me ilusionaba era esa capacidad de que ibas por la calle y te paraba gente que te decía "mira yo ideológicamente no vengo en absoluto de dónde vienes tú y sin embargo me parece que es evidente que el dinero está mejor financiando laboratorios para ser punteros que rescatando autopistas que son deficitarias de empresas privadas". Esa capacidad de reunir a gente muy diferente, alguna que no venía de la izquierda.

Yo no hago política de izquierdas por reivindicar a la izquierda, sino para cambiar la vida a la gente, también a la que no comparte mi ideología y mi trayectoria. Esa capacidad de eliminar sectarismos, y hablarle y reunir a gente diferente, es la que nos ha impulsado en los sitios donde el cambio político ha ido más lejos. Por ejemplo, en el gobierno del Ayuntamiento de Madrid, porque tiene la capacidad de reunir y dar tranquilidad y garantías a gente muy diferente. Es legítima cualquier posición que se adopte pero luego, en fin, tiene consecuencias.

Lo más importante no es cómo les ha ido a los partidos, es que nos ubiquemos bien en España. Mucha gente ha ido a votar para que las derechas no pasen. Para que estas derechas tan hormonadas no sean capaces de formar gobierno. La primera cosa está conseguida. Ahora queda la segunda vuelta, que se libra en las ciudades y las comunidades autónomas. 

Ya hemos conseguido que mucha gente vaya a votar en contra para frenar a las derechas. Ahora se trata de que esa gran movilización electoral se produzca en positivo. Por ilusión, ir a votar para reconstruir una comunidad deshecha por la desigualdad y la corrupción.

El domingo por la noche Pablo Iglesias señaló la situación interna de Podemos como la principal causa del mal resultado electoral del partido. ¿Se siente en parte responsable de esta caída?

Creo que hay que aclararse, porque a veces el problema era que estuviera yo dentro y, otras veces, el problema era que estuviera yo fuera. Si uno revisa las encuestas, vienen dando malas perspectivas desde hace meses. De hecho, peores que el resultado que consigue Podemos, porque el último giro de Pablo en la última semana salva un poco el resultado.

¿Por qué cree que salva el resultado?

Lo salva porque me parece que ofrece un perfil más integrador. Se pone en una posición con la que yo estoy más cómodo, que me gusta más, desde la que tiene capacidad de hablar a muchos españoles, algunos que han votado Podemos y a otros que a lo mejor no, o que lo han votado pero venían de procedencias diversas. Creo que tiene la capacidad de volver a ser una izquierda un poquito más amable. 

Y haciendo eso me parece que amplía y se salva un poco. Pero si uno se fija en las encuestas venían aventurando que los resultados eran claramente de descenso desde el 26J, que ya fue un descenso respecto al 20 de diciembre del 2015. Por lo tanto, me parece que es una cosa que viene de antes, de haber preferido hablarle más a la izquierda que al conjunto de España.  (...)

¿Cuál es la tarea que tenemos ahora? Somos capaces desde diferentes fuerzas progresistas de levantar una esperanza tangible al alcance de la mano que diga: ya hemos conseguido que en España las tres fuerzas de la derecha no nos hagan retroceder, ahora vamos a avanzar en las ciudades, en la capital de España y en la Comunidad de Madrid.

 Creo que eso se puede y que para eso tenemos que entender bien cuál ha sido el espíritu que ha hecho que los colegios electorales se llenarán este pasado domingo y es claramente un espíritu mestizo, plural, inequívocamente progresista y demócrata, que ha dicho que para atrás, no. Vale. Primera vuelta conseguida, vamos a la segunda vuelta.

 Y ahora podemos hacerlo, revalidando los ayuntamientos que ya gobierna el cambio y conquistando comunidades autónomas básicamente para hacer cosas sensatas, para que no nos sigamos dejando dinero en los sobrecostes o en las tramas de la Púnica o de la Gürtel y nos lo gastemos en lo que merece la pena, como las residencias de mayores o las escuelas infantiles.  (...)

Se sigue considerando de Podemos pero va a competir contra una lista de Podemos en la Comunidad de Madrid. ¿En qué se diferencia su candidatura de la de Isa Serra?

He vivido con desagrado y con tristeza los resultados del domingo y la resaca electoral. Porque Podemos es una cosa levantada por millones de personas con mucho esfuerzo, con muchas ganas, con muy pocos recursos y mucha voluntad de transformar nuestro país. Y desde hace un tiempo las decisiones no son las más idóneas para dar la vuelta a la tortilla en nuestro país, para equilibrar la balanza.

 ¿Por qué apuesto? Por una cosa que al principio creí que era compatible y que de repente parece que no lo es. Hoy me siento más cómodo con el tipo de izquierda que representa Manuela Carmena. Porque tiene capacidad efectiva de gobernar, de ser la alcaldesa de todos los madrileños y de representar un proyecto de futuro que empezó el día que los madrileños se la imaginaron de alcaldesa. 

Para que uno gobierne, alguien tiene antes que imaginarte gobernando, haciéndote cargo de sus asuntos, también de quienes no piensan como tú. Cuando haces eso, empiezas a tener la fuerza política e institucional para transformar las cosas.

Siempre me he sentido, y siempre lo he dicho, más cerca de esa orientación. Creí que se podían aunar, pero si no se pueden aunar, lo que a mí me representa y lo que representa las ideas con las que nació el primer impulso del cambio político en España en el 2014 es esa forma de hacer política. Esa izquierda, si se quiere más amable, si se quiere más transversal y en mi opinión con capacidad de llegar a mucha más gente y por tanto de hacer justicia y transformar las cosas.

Pero más allá de las personas y de su capacidad para parecer más amables, ¿hay alguna diferencia programática profunda entre lo que ustedes proponen y lo que propone Unidas Podemos en Madrid?

Hay dos, yo creo muy importantes. Una: nosotros ya estamos gobernando en la capital de España, en la capital de la Comunidad y queremos trasladar ese ejemplo a la Comunidad de Madrid. No estamos diciendo que lo haríamos, estamos diciendo que ya lo hacemos y que lo queremos trasladar a la Comunidad. 

Dos: en ese decir que lo queremos trasladar, lo que le ofrecemos al conjunto de los madrileños es la seguridad de que equilibrar la balanza no va solo para los que piensan como nosotros, sino que va fundamentalmente de la posibilidad de ganar el futuro con igualdad de oportunidades para todos. 

Yo aspiro a que todos los madrileños se imaginen que yo mañana, si soy presidente de la Comunidad de Madrid, me voy a preocupar de sus asuntos por razones de justicia social, no de lo que piensen las preferencias o el carné. Me parece que esa izquierda que quiere hacerle mejor la vida a toda la sociedad y en particular a los de abajo, a quienes más lo necesitan, es la que cambia las cosas.

¿Pero eso no lo puede llevar a una candidatura como la de Isa Serra?

Los resultados del domingo en mi opinión son elocuentes y yo he votado y he pedido el voto para Podemos, pero me parece que en los últimos años ha habido una evolución que ha alejado a Podemos de los espacios de las mayorías y eso es una mala noticia para el cambio político que obliga a que se reaccione. 

Ojo, reaccionar no siempre es más cómodo, se pagan costes personales. Pero si uno no reacciona y elige la posición que sea la más cómoda individualmente, ese es el proceso que hace que los partidos a veces se oxiden un poco. Había que reaccionar. Por desgracia, ojalá no hubiera hecho falta, pero es que no se fundó Podemos para arrastrar a nadie a la izquierda. 

Se fundó Podemos para hacer justicia social en nuestro país, para conseguir una democracia más fuerte, más sólida, que cuidara más de la gente de nuestro país. Ese es el fin con el que uno tiene que estar comprometido. Lo otro son instrumentos y, en mi opinión, se han tomado decisiones que no siempre han sido las mejores.  (...)

¿Pero a quién le robarían esos votos?

A mí lo que más me ha importado de las últimas elecciones generales en Madrid es que una muy buena parte de los barrios del sur de la ciudad y de las ciudades del sur de la comunidad, es decir, de los hogares donde la crisis ha golpeado más a la gente, que más se ha esforzado y que sin embargo lo ha pagado más duro, ha tenido que soportar sobre sus hombros más peso de la crisis y de las políticas injustas, en esos barrios y pueblos del sur de Madrid, la gente se ha movilizado mucho, de forma histórica.

 Eso ha contribuido de forma decisiva a que en España el bloque progresista haya ganado. Si esa movilización se mantiene, podría haber un gobierno de cambio. Nos hemos quedado cerca, y eso que nosotros todavía no concurríamos.  (...)

¿Qué papel juega usted ahora en Podemos?

Soy votante... Y ahora que se ha puesto de moda hablar de fundadores, pues supongo que soy eso que se llama fundador. Y me siento emocionalmente vinculado, incluso si no estoy de acuerdo con algunas de las decisiones que se han tomado.

 Pero mi proyecto político para Madrid es otro, es Más Madrid, que creo que es el que puede ayudar a que gente muy diferente se reúna en torno un objetivo de futuro, en lugar de un objetivo exclusivamente de confrontación, un objetivo de gobernar para poner orden y ofrecer seguridad en la vida cotidiana.  (...)

Antes ha dicho que es un militante de base, pero sigue formando parte de la dirección de Podemos. No se le ha echado ni se ha ido usted.

Formalmente. Ahí Podemos tiene una contradicción, porque dijo que yo me había situado fuera, pero luego no decidió echarme, a lo mejor porque estaban en campaña. No sé, tendrán que tomar una decisión.

¿Y usted por qué no da el paso de dejarlo?

Es que la militancia en Podemos no es una militancia clásica, no es que uno tenga un carné que vaya a devolverlo.

Le digo de la dirección, no de la militancia.

Es una formalidad, en realidad. Confieso que le he dedicado muy poco tiempo. La dirección de Podemos dice que estoy fuera de Podemos. Si el proyecto de Madrid de trabajar codo a codo con Manuela Carmena para presentar una alternativa a los madrileños supone haberme colocado fuera, pues es una decisión de Podemos. No sé, ellos verán. Hay que dedicarle tiempo a las cosas importantes.   (...)"                     

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