"Íñigo Errejón (Madrid, 1983) ha presenciado estas elecciones desde la grada. (...)
¿Cómo explica el resultado electoral de este domingo?
Creo
que las derechas se han equivocado. En estas elecciones se ha activado
una especie de voto progresista defensivo. Ha habido muchísima más gente
que ha acudido a votar para que no gobernasen las tres derechas. Vox es
el que menos votos ha sacado, pero es el que ha marcado los temas y la
agenda a las otras dos derechas. Y eso ha movilizado el voto
progresista.
Fueron las derechas, en una suerte de
nueva CEDA [Confederación Española de Derechas Autónoma, la coalición de
la derecha en 1933], quienes marcaron de qué se discutía y en qué clima
se daba la campaña.
Apostaron por un tono híper agresivo y por una
redefinición de lo que era ser español para retroceder en algunos
aspectos ya consagrados en la Constitución, en el Estado las autonomías,
en recorte de derechos y libertades y en un programa despiadado en lo
económico y social. Se han pasado tanto que la 'anti España' es más
grande.
Ha ganado las elecciones el conjunto de la gente que es
española, pero que es española de un país moderno, plural, diverso, y
que quiere seguir siéndolo.
El resultado se explica
como una masiva reacción de defensa democrática.
España tiene más hambre
de futuro que de pasado. El debate político estaba dominado por quien
más gritaba, por quien más insultaba y elevaba más el tono. Ha parecido
incluso que llevaban la delantera.
Y había una mayoría silenciosa
progresista que no gritaba tanto, que no insultaba a nadie, que no
agredía y que sin embargo ha dicho que no quiere ir para atrás. Para las
derechas ha sido un muy mal negocio 'voxizarse', si se me permite la
expresión. (...)
Vox ha tenido muchísima influencia en
el discurso de la derecha y en el tono de la campaña, pero a pesar de
su entrada en el Congreso se ha quedado muy por debajo de lo que logran
la mayoría de los partidos de extrema derecha en Europa, ¿A qué achaca
esta anomalía española?
Hemos discutido
muchas veces que el 15 de mayo de 2011 fue una suerte de vacuna contra
la extrema derecha, contra la idea de que nuestra sociedad se va a
recomponer echándole la culpa al más débil.
España no ha querido mirarse
en el espejo de países que han elegido la senda de que el penúltimo
mire con desconfianza o con rencor al último, y ha decidido que lo que
nos hace ser españoles no es el odio contra nadie: es que hemos pactado
cuidarnos, construir una comunidad que te asegura que en las buenas
pensamos en el futuro y en las malas cuidamos de todos los nuestros,
seas como seas, hables la lengua que hables o votes lo que votes. (...)
¿La irrupción de Vox puede ser buena para la izquierda a corto plazo y mala a largo plazo para España?
A
mí la irrupción de Vox no me parece una buena noticia, en ningún
sentido. Puede dar réditos electorales en el corto plazo, pero los
réditos electorales en el corto se desvanecen. Lo peligroso de Vox es
que ha empezado a normalizar discusiones que hace mucho tiempo ya
teníamos superadas.
No habíamos tenido hasta ahora gente que influyera
en un gobierno que, cuando en España se asesina a mujeres todas las
semanas, decida que el problema no es que las asesinen, sino el
feminismo. Hay que intentar que Vox no nos haga perder mucho tiempo. Si
la mayoría de este país quiere avanzar en ser un país más libre, más
justo, más igualitario, intentemos no perder mucho tiempo con el lastre
que supone. (...)
Unidas Podemos y sus confluencias
pierden 1,3 millones de votos, 29 escaños, todos sus senadores electos…
¿A qué cree que se debe este resultado?
Podemos
tendrá que hacer una reflexión y decir a qué conclusiones llega, y eso
no me corresponde a mí. Pero no les va a sorprender mi respuesta, porque
yo siempre he dicho lo mismo. Creo que Podemos nunca debió renunciar a
la transversalidad y conformarse con ser una esquina a la izquierda. Ese
comportamiento es legítimo, pero conduce a resultados como los que
hemos visto, que son muy meritorios.
Creo que el último giro de Pablo
[Iglesias] en campaña fue un buen giro y funcionó. Y sin ese giro el
resultado es posible que hubiera sido peor. Pero el problema en mi
opinión venía de antes, cuando se tomó una decisión para convertirse en
una fuerza que no se hizo suficientemente cargo de la entrega de
confianza que le hicieron los españoles.
Cuando el 20
de diciembre de 2015 los españoles conceden cinco millones de apoyos,
cinco millones de voluntades, no son monolíticas, son de procedencias
muy diversas, y había que tomarse en serio que era gente con
preferencias muy diversas pero que estaba de acuerdo en cosas más o
menos de sentido común.
En un momento dado, Podemos
decide elegir otro camino y renunciar a la transversalidad, a la
vocación de mayorías y de gobierno. Eso le dificulta ser un actor
fundamental en el cambio político, la modernización y la consecución de
la justicia social en nuestro país. Yo no sé si esto que digo se le
llama izquierda amable, pero si por eso se entiende tener una capacidad
transversal amplia de hablar a mucha gente, ese es el proyecto histórico
de transformación de las izquierdas.
No es reunir a las izquierdas: es
mejorarle la vida a la gente de abajo, vote lo que vote. Y una fuerza
política útil, transformadora, es la que tiene la capacidad de juntar a
los que son muy diferentes. En mi opinión, no se ha ido en ese sentido y
no es nada nuevo que yo lo diga, es una cosa que he dicho muchas veces y
que ha estado siempre presente en mi forma de hacer política.
Por
lo que dice considera que la campaña, por lo menos la última semana, ha
sido buena para Podemos. ¿Cree que se ajustaba más a lo que defendía
usted en 2015?
Tengo que partir de la
confesión de que yo no podría haber dirigido esta campaña electoral.
Porque partía de unas condiciones que eran el resultado de decisiones
políticas, que eran legítimas, pero que habían ido escorando a Podemos a
ser una oposición como de pata izquierda...
¿Me puede dar un ejemplo concreto de esas decisiones?
En algún momento se apostó más por mirar hacia adentro,
para satisfacer la identidad tradicional de la izquierda de los
militantes, que por hablarle al conjunto del país. En algún momento
España buscaba en nosotros una fuerza que fuera capaz de reconstruir,
más que una fuerza que regañara o que pusiera otra vez etiquetas a los
españoles.
De esas sobraban y se eligió claramente una posición más
parecida a la de la izquierda tradicional en España, que lleva
aparejados en mi opinión los resultados de la izquierda tradicional. La
gran virtud de los grandes años del cambio político en España desde el
15M, y seguramente hasta el 20 de diciembre de 2015, era la capacidad de
poner de acuerdo a la gente.
Lo que a mí más me ilusionaba era esa
capacidad de que ibas por la calle y te paraba gente que te decía "mira
yo ideológicamente no vengo en absoluto de dónde vienes tú y sin embargo
me parece que es evidente que el dinero está mejor financiando
laboratorios para ser punteros que rescatando autopistas que son
deficitarias de empresas privadas". Esa capacidad de reunir a gente muy
diferente, alguna que no venía de la izquierda.
Yo no
hago política de izquierdas por reivindicar a la izquierda, sino para
cambiar la vida a la gente, también a la que no comparte mi ideología y
mi trayectoria. Esa capacidad de eliminar sectarismos, y hablarle y
reunir a gente diferente, es la que nos ha impulsado en los sitios donde
el cambio político ha ido más lejos. Por ejemplo, en el gobierno del
Ayuntamiento de Madrid, porque tiene la capacidad de reunir y dar
tranquilidad y garantías a gente muy diferente. Es legítima cualquier
posición que se adopte pero luego, en fin, tiene consecuencias.
Lo
más importante no es cómo les ha ido a los partidos, es que nos
ubiquemos bien en España. Mucha gente ha ido a votar para que las
derechas no pasen. Para que estas derechas tan hormonadas no sean
capaces de formar gobierno. La primera cosa está conseguida. Ahora queda
la segunda vuelta, que se libra en las ciudades y las comunidades
autónomas.
Ya hemos conseguido que mucha gente vaya a votar en contra
para frenar a las derechas. Ahora se trata de que esa gran movilización
electoral se produzca en positivo. Por ilusión, ir a votar para
reconstruir una comunidad deshecha por la desigualdad y la corrupción.
El
domingo por la noche Pablo Iglesias señaló la situación interna de
Podemos como la principal causa del mal resultado electoral del partido.
¿Se siente en parte responsable de esta caída?
Creo
que hay que aclararse, porque a veces el problema era que estuviera yo
dentro y, otras veces, el problema era que estuviera yo fuera. Si uno
revisa las encuestas, vienen dando malas perspectivas desde hace meses.
De hecho, peores que el resultado que consigue Podemos, porque el último
giro de Pablo en la última semana salva un poco el resultado.
¿Por qué cree que salva el resultado?
Lo
salva porque me parece que ofrece un perfil más integrador. Se pone en
una posición con la que yo estoy más cómodo, que me gusta más, desde la
que tiene capacidad de hablar a muchos españoles, algunos que han votado
Podemos y a otros que a lo mejor no, o que lo han votado pero venían de
procedencias diversas. Creo que tiene la capacidad de volver a ser una
izquierda un poquito más amable.
Y haciendo eso me parece que amplía y
se salva un poco. Pero si uno se fija en las encuestas venían
aventurando que los resultados eran claramente de descenso desde el 26J,
que ya fue un descenso respecto al 20 de diciembre del 2015. Por lo
tanto, me parece que es una cosa que viene de antes, de haber preferido
hablarle más a la izquierda que al conjunto de España. (...)
¿Cuál es la tarea que tenemos ahora? Somos capaces desde diferentes
fuerzas progresistas de levantar una esperanza tangible al alcance de la
mano que diga: ya hemos conseguido que en España las tres fuerzas de la
derecha no nos hagan retroceder, ahora vamos a avanzar en las ciudades,
en la capital de España y en la Comunidad de Madrid.
Creo que eso se
puede y que para eso tenemos que entender bien cuál ha sido el espíritu
que ha hecho que los colegios electorales se llenarán este pasado
domingo y es claramente un espíritu mestizo, plural, inequívocamente
progresista y demócrata, que ha dicho que para atrás, no. Vale. Primera
vuelta conseguida, vamos a la segunda vuelta.
Y ahora podemos hacerlo,
revalidando los ayuntamientos que ya gobierna el cambio y conquistando
comunidades autónomas básicamente para hacer cosas sensatas, para que no
nos sigamos dejando dinero en los sobrecostes o en las tramas de la
Púnica o de la Gürtel y nos lo gastemos en lo que merece la pena, como
las residencias de mayores o las escuelas infantiles. (...)
Se sigue considerando de Podemos pero
va a competir contra una lista de Podemos en la Comunidad de Madrid.
¿En qué se diferencia su candidatura de la de Isa Serra?
He
vivido con desagrado y con tristeza los resultados del domingo y la
resaca electoral. Porque Podemos es una cosa levantada por millones de
personas con mucho esfuerzo, con muchas ganas, con muy pocos recursos y
mucha voluntad de transformar nuestro país. Y desde hace un tiempo las
decisiones no son las más idóneas para dar la vuelta a la tortilla en
nuestro país, para equilibrar la balanza.
¿Por qué apuesto? Por una cosa
que al principio creí que era compatible y que de repente parece que no
lo es. Hoy me siento más cómodo con el tipo de izquierda que representa
Manuela Carmena. Porque tiene capacidad efectiva de gobernar, de ser la
alcaldesa de todos los madrileños y de representar un proyecto de
futuro que empezó el día que los madrileños se la imaginaron de
alcaldesa.
Para que uno gobierne, alguien tiene antes que imaginarte
gobernando, haciéndote cargo de sus asuntos, también de quienes no
piensan como tú. Cuando haces eso, empiezas a tener la fuerza política e
institucional para transformar las cosas.
Siempre me
he sentido, y siempre lo he dicho, más cerca de esa orientación. Creí
que se podían aunar, pero si no se pueden aunar, lo que a mí me
representa y lo que representa las ideas con las que nació el primer
impulso del cambio político en España en el 2014 es esa forma de hacer
política. Esa izquierda, si se quiere más amable, si se quiere más
transversal y en mi opinión con capacidad de llegar a mucha más gente y
por tanto de hacer justicia y transformar las cosas.
Pero
más allá de las personas y de su capacidad para parecer más amables,
¿hay alguna diferencia programática profunda entre lo que ustedes
proponen y lo que propone Unidas Podemos en Madrid?
Hay
dos, yo creo muy importantes. Una: nosotros ya estamos gobernando en la
capital de España, en la capital de la Comunidad y queremos trasladar
ese ejemplo a la Comunidad de Madrid. No estamos diciendo que lo
haríamos, estamos diciendo que ya lo hacemos y que lo queremos trasladar
a la Comunidad.
Dos: en ese decir que lo queremos trasladar, lo que le
ofrecemos al conjunto de los madrileños es la seguridad de que
equilibrar la balanza no va solo para los que piensan como nosotros,
sino que va fundamentalmente de la posibilidad de ganar el futuro con
igualdad de oportunidades para todos.
Yo aspiro a que todos los
madrileños se imaginen que yo mañana, si soy presidente de la Comunidad
de Madrid, me voy a preocupar de sus asuntos por razones de justicia
social, no de lo que piensen las preferencias o el carné. Me parece que
esa izquierda que quiere hacerle mejor la vida a toda la sociedad y en
particular a los de abajo, a quienes más lo necesitan, es la que cambia
las cosas.
¿Pero eso no lo puede llevar a una candidatura como la de Isa Serra?
Los
resultados del domingo en mi opinión son elocuentes y yo he votado y he
pedido el voto para Podemos, pero me parece que en los últimos años ha
habido una evolución que ha alejado a Podemos de los espacios de las
mayorías y eso es una mala noticia para el cambio político que obliga a
que se reaccione.
Ojo, reaccionar no siempre es más cómodo, se pagan
costes personales. Pero si uno no reacciona y elige la posición que sea
la más cómoda individualmente, ese es el proceso que hace que los
partidos a veces se oxiden un poco. Había que reaccionar. Por desgracia,
ojalá no hubiera hecho falta, pero es que no se fundó Podemos para
arrastrar a nadie a la izquierda.
Se fundó Podemos para hacer justicia
social en nuestro país, para conseguir una democracia más fuerte, más
sólida, que cuidara más de la gente de nuestro país. Ese es el fin con
el que uno tiene que estar comprometido. Lo otro son instrumentos y, en
mi opinión, se han tomado decisiones que no siempre han sido las
mejores. (...)
¿Pero a quién le robarían esos votos?
A
mí lo que más me ha importado de las últimas elecciones generales en
Madrid es que una muy buena parte de los barrios del sur de la ciudad y
de las ciudades del sur de la comunidad, es decir, de los hogares donde
la crisis ha golpeado más a la gente, que más se ha esforzado y que sin
embargo lo ha pagado más duro, ha tenido que soportar sobre sus hombros
más peso de la crisis y de las políticas injustas, en esos barrios y
pueblos del sur de Madrid, la gente se ha movilizado mucho, de forma
histórica.
Eso ha contribuido de forma decisiva a que en España el
bloque progresista haya ganado. Si esa movilización se mantiene, podría
haber un gobierno de cambio. Nos hemos quedado cerca, y eso que nosotros
todavía no concurríamos. (...)
¿Qué papel juega usted ahora en Podemos?
Soy
votante... Y ahora que se ha puesto de moda hablar de fundadores, pues
supongo que soy eso que se llama fundador. Y me siento emocionalmente
vinculado, incluso si no estoy de acuerdo con algunas de las decisiones
que se han tomado.
Pero mi proyecto político para Madrid es otro, es Más
Madrid, que creo que es el que puede ayudar a que gente muy diferente
se reúna en torno un objetivo de futuro, en lugar de un objetivo
exclusivamente de confrontación, un objetivo de gobernar para poner
orden y ofrecer seguridad en la vida cotidiana. (...)
Antes ha dicho que es un militante de
base, pero sigue formando parte de la dirección de Podemos. No se le ha
echado ni se ha ido usted.
Formalmente. Ahí
Podemos tiene una contradicción, porque dijo que yo me había situado
fuera, pero luego no decidió echarme, a lo mejor porque estaban en
campaña. No sé, tendrán que tomar una decisión.
¿Y usted por qué no da el paso de dejarlo?
Es que la militancia en Podemos no es una militancia clásica, no es que uno tenga un carné que vaya a devolverlo.
Le digo de la dirección, no de la militancia.
Es
una formalidad, en realidad. Confieso que le he dedicado muy poco
tiempo. La dirección de Podemos dice que estoy fuera de Podemos. Si el
proyecto de Madrid de trabajar codo a codo con Manuela Carmena para
presentar una alternativa a los madrileños supone haberme colocado
fuera, pues es una decisión de Podemos. No sé, ellos verán. Hay que
dedicarle tiempo a las cosas importantes. (...)"
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