"En pleno proceso de transición energética vuelve a la
escena pública una de las “heridas empresariales” más importantes de la
historia reciente de España, aún no cicatrizada, como es la compra de
Endesa por parte de Enel, compañía pública con base italiana, cuya
gestión en la española sigue generando importantes tensiones.
Se cumplen
diez años de la toma de control total de Endesa y aprovechando esta
fecha, es un buen momento para hacer un análisis en profundidad de lo
que ha supuesto para España esta operación, los problemas de fondo que
plantea la gestión de Endesa para trabajadores, consumidores e
inversores y los retos que deja para el futuro.
En 2009, tras la adquisición de Enel del paquete de
acciones que tenía Acciona (su socio en la OPA de 2007), Endesa era
líder en su sector, con una posición estratégica tanto en el mercado
ibérico como en Latinoamérica (por cada euro que salía de la sede
corporativa de Endesa en España hacia otros países retornaban 3 euros
que se empleaban en el territorio nacional), una de las mayores empresas
por capitalización bursátil y con una estimación de crecimiento del
beneficio antes de impuestos por parte del consenso de analistas del
mercado del 23%, incluso prudentes en aquel momento en que la economía
estaba a las puertas de la recesión (Fernández y Campa, IESE Occasional
Paper Nº 06/9, 2006).
Sin embargo, desde los primeros dos años (el bienio
2009-2011) se vio cómo los planes del nuevo equipo gestor italiano se
desviaban considerablemente del consenso del mercado y de lo esperado
por los actores relevantes del sistema eléctrico.
En primer lugar, se
paró el crecimiento del tamaño de Endesa, y unos pocos años después, en
2014, se planteó la primera y más importante de las desinversiones a
favor de la matriz italiana. En este sentido, Enel había “dado la
vuelta” a los flujos financieros procedentes del negocio de Endesa y en
vez de revertirlos a la sede corporativa española y de ahí proceder a
nuevas inversiones, se empezaron a desviar hacia Italia.
La razón fundamental de fondo es la presión que el
Gobierno italiano ejerce sobre las empresas públicas para conseguir que
estén más capitalizadas y amorticen una buena parte de su abultada
deuda, lo cual redunda de forma positiva en los pasivos totales del
Estado.
Así, una empresa con una fuerte carga de deuda como Enel (en
torno a 40.000 millones de euros, frente a un EBITDA de 15.700 millones)
decidió amortizar deuda con un dividendo extraordinario procedente de
Endesa, 14.600 millones de euros que provenían de los 8.252 millones de
euros del capital embolsado por Endesa con la venta de Latinoamérica
Enel, más 6.400 millones de euros sobre deuda, lo cual supuso el
desmantelamiento de los principales activos de referencia de la compañía
y un incremento sustancial del apalancamiento financiero.
También Enel vendió el 22% de Endesa por un importe
de 3.133 millones de euros en Bolsa mediante una Oferta Pública de Venta
(OPV), quedándose con la participación actual que ronda el 70%. Gracias
a estas dos operaciones, Enel consiguió reducir de forma efectiva su
deuda financiera y, por tanto, mejoró las cuentas públicas del Estado
italiano y marcó la pauta para los años sucesivos en materia de política
de retribución de los accionistas.
De esta forma, el equipo gestor
descapitalizó Endesa por un importe de 14.604 millones de euros, un 76%
superior al importe obtenido por la venta del negocio en Latinoamérica.
La OPV y la venta de Latinoamérica supuso la transformación de Endesa en
una compañía enfocada exclusivamente en el negocio ibérico,
concentrando riesgos y yendo en el sentido opuesto a todas las compañías
energéticas a nivel europeo que estaban buscando disminuir el “riesgo
país” y diversificar geográficamente su negocio.
Por ello, a día de hoy,
Endesa es una compañía con un tamaño mucho más reducido, con un
horizonte condicionado por las decisiones de una compañía pública
extranjera y con unos resultados menguantes. (...)
De todos estos elementos, uno de los más importantes
para observar la transferencia de recursos desde el negocio español
hacia la matriz italiana es el reparto del 100% de su resultado neto en
dividendos de forma sostenida en los últimos años para seguir
financiando a Enel y, de esa forma, incrementar a la italiana su
capacidad inversora fuera (por ejemplo, para hacer operaciones
corporativas) y también para reducir su endeudamiento.
De forma
deliberada, los gestores buscan depredar la compañía e ingresar en el
accionista mayoritario (Enel) el mayor volumen de fondos posibles sin
provocar la quiebra de Endesa justificando su actuación en que tienen
como “objeto el re-apalancamiento de empresa y la optimización de la
estructura financiera”.
Repartir el 100% de los beneficios en dividendos
impide que Endesa tenga capacidad de autofinanciación y, por tanto,
capacidad para afrontar las inversiones necesarias en un marco de
transición energética. (...)
Se trata de un proceso de descapitalización
progresiva de la compañía provocada por la gestión de Enel que debería
preocupar a gobernantes y reguladores. Por tanto, en esta situación y
con una Endesa ya despojada de sus inversiones fuera de España, es
necesario reformar estructuras fundamentales del sistema eléctrico
nacional para evitar una fuga de capitales de España hacia Italia, la
cual incumple de forma sistemática las obligaciones de inversión y
renovación de instalaciones.
Esto constituye un freno permanente en los
planes de transición energética, ya que los activos más importantes
posicionados ante este plan de futuro fueron absorbidos por la filial de
renovables de Enel (Enel Green Power) y, por tanto, Endesa se ve
obligada a defender la actual posición en el mercado de generación con
tecnologías amortizadas y con una supervivencia compleja como la
nuclear, la hidráulica o las térmicas.
Los cierres se están produciendo
con recelos notables de Endesa y sin un plan de reconversión realista
que permita mantener y crecer la actividad de la compañía, lo cual lleva
necesariamente a un estancamiento o incluso reducción del valor de los
activos.
En suma, el futuro de Endesa está íntimamente ligado
al destino que sus dueños italianos quieran darle, más allá del perfil
del nuevo presidente (Juan Sánchez Calero) que sucede a Borja Prado en
la presidencia de la compañía tras la Junta General de Accionistas de
2019 celebrada hace unas semanas, a no ser que los poderes públicos
tomen cartas en el asunto para asegurar la viabilidad de la compañía a
largo plazo, conservando no sólo los puestos de trabajo actuales sino
también los empleos indirectos y la actividad económica generada por
Endesa. " (Manuel Jaramillo, CTXT, 01/05/19)
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