7.5.19

Las principales facciones políticas de Venezuela están estancadas y han agotado las tácticas y estrategias que anteponen el uso de la fuerza por encima de una negociación política

 "La mayoría de comentarios y análisis en torno a la última intentona golpista contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, destacan su fracaso y mediocridad. Se habla de sainete mal montado, etcétera y algunos señalan que es el fin de un plan concebido hace determinado tiempo ¿Es el fin de un plan… nos preguntamos, o el comienzo del verdadero plan?

También se subraya que Juan Guaidó y Leopoldo López prácticamente quemaron sus naves, su futuro político queda en duda y los gringos los lanzaron al vacío. ¿En verdad es así? Si eso fuera así, ¿Sacrificaron esas fichas a cambio de qué? ¿De qué secuencia de movidas? ¿Qué ‘evento dinámico’ está en curso? a decir de Erik Prince, fundador de la empresa militar privada Blackwater.

El aparecimiento de este actor, entre paréntesis, nos indica que los gringos al parecer han renunciado definitivamente a la intervención militar directa-convencional, para recrear una nueva modalidad de intervención indirecta-no convencional, pero siempre con la fuerza militar gringa ‘liderando desde atrás’ y brindando el necesario apoyo logístico y de inteligencia.  (...)

Lo que se nombra, pero no se analiza en profundidad, y es de extrema gravedad, es la participación, en ese ‘evento dinámico’, del General de División Manuel Ricardo Cristopher Figuera, nada más y nada menos, director del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) al momento del golpe, quien se dice facilitó la fuga de Leopoldo López.

Pero no es este escape lo que preocupa, sino que demuestra el grado cooptación que han logrado los gringos y toda la información de inteligencia que ese funcionario seguramente trasladó a los servicios de inteligencia gringos. Para quienes conocen cómo funciona un servicio de inteligencia, una infiltración de ese nivel, es prácticamente un golpe mortal para cualquier servicio, que obliga a una reestructuración que puede tomar mucho tiempo, con la consiguiente vulnerabilidad para la seguridad del proceso bolivariano.

La pregunta es ¿Quién más ha sido cooptado? Es razonable imaginar que si los gringos quemaron una ficha de ese nivel, es porque tienen otras fichas de similar importancia. Y justamente el comunicado1 que deja Cristopher Figuera tiene una clara intencionalidad, sembrar mucha desconfianza y paranoia en las filas bolivarianas, entre otras cosas dice que: “descubrí que muchas personas de su confianza [refiriéndose al presidente Maduro], estaban negociando a sus espaldas, al menos eso creo; pero no negociaban por el bien mayor del país. Lo hacían por sus propios y mezquinos intereses”.

Está claro que los pocos efectivos militares involucrados en la intentona no podían lograr derrocar un gobierno, tampoco prender una chispa que encendiera la pradera de manera violenta y rápida, entonces ¿Cuáles fueron los verdaderos objetivos de ese golpe? Algunos expresan que lo realizado fue para encubrir la fuga de López, este argumento es muy débil y hasta ridículo, ese no fue el objetivo del golpe, aunque obviamente fue uno de sus resultados secundarios.

Para describir nuestra hipótesis sobre el objetivo del golpe vamos a usar una metáfora, el objetivo pudo ser generar una grieta en la represa, para seguir aumentando las grietas a través de un enjambre de acciones que en un ‘evento dinámico’ (Prince) puedan llegar a romper la represa, hasta generar condiciones e implantar un ejército mercenario (con elementos latinoamericanos ya que reconocen que lo contrario sería políticamente inviable) o romper la unidad de las FANB y GNB.

En ese marco, hacer creer al gobierno bolivariano que ha ganado, cuando el mensaje del golpe está dirigido a la mente, a generar desconfianza, de ahí la gravedad simbólica de la traición de Cristopher Figuera. Los mejores cercos son psicológicos, se busca envolver a través de muchas acciones, aparentemente ineficaces (la supuesta última acción final para cambiar de régimen), como la última intentona, pero que buscan agotar psicológicamente. (...)

¿Se logró meter una cuña psicológica de desconfianza e inseguridad en el gobierno bolivariano a través de ese golpe? Es algo que tienen que evaluar sus autoridades.  (...)"            ( Mario Ramos, sociólogo ecuatoriano, director Centro Andino de Estudios Estratégicos. Krítica, 02/05/19)


 "Los sucesos del 30 de abril agregaron un turbulento párrafo a la historia política moderna de Venezuela. 

Muchos despertamos muy temprano con las cornetas de los carros, con gritos que clamaban libertad y fuertes cacerolazos.

 En las redes sociales circulaba un video del presidente encargado, Juan Guaidó, quien, junto con su mentor político Leopoldo López —hasta ese momento en arresto domiciliario con una pena de casi catorce años de prisión— y con varios militares desertores de las Fuerzas Armadas, llamaba al ejército a abandonar al presidente Nicolás Maduro y a la población a salir a las calles para poner fin a la “usurpación del poder” en el país.

Lo que hemos vivido desde entonces demuestra que las principales facciones políticas del país están estancadas y han agotado las tácticas y estrategias que anteponen el uso de la fuerza por encima de una negociación política. Este empate catastrófico impide la gobernabilidad y causa que cualquier mínima fluctuación entre las fuerzas en conflicto genere caos e inestabilidad y empeore todavía más la situación trágica de los venezolanos. 

El gobierno, la oposición y el estamento militar, así como sus aliados internacionales, deben reconocer este estancamiento y empezar unas negociaciones de paz que resuelvan el conflicto que tanto ha dañado al país.

En Venezuela ya reinaban la censura y las noticias falsas, pero el 30 de abril la confusión y desinformación de la jornada fueron totales. Durante las cruciales primeras horas del levantamiento opositor se hizo evidente que ni Guaidó ni sus aliados habían preparado un plan para movilizar a los ciudadanos que iban a respaldar la última fase de la llamada Operación Libertad

Aun así, miles de personas, incluyéndome, nos dirigimos hacia la base aérea La Carlota, cercana al bastión opositor de la plaza Altamira.

La descoordinación fue acompañada por la improvisación en las decisiones de la dirigencia en las próximas horas. Los crecientes rumores causaban angustia, incertidumbre y finalmente inmovilizaron a los seguidores de Guaidó.  (...)

Es probable que en los próximos días o semanas se produzcan otros intentos para derrocar a Nicolás Maduro a través de alzamientos o golpes. Cuando en el pasado Venezuela ha entrado en una dinámica de conflicto entre fuerzas políticas y el estamento militar, la dinámica de enfrentamiento violento ha continuado por un tiempo. 

 Además, las voces que más se escuchan dentro y afuera del país son las de los radicales de cada bando que piden un cambio de régimen lo mas pronto posible, sin ningún tipo de negociación o acuerdo entre las partes. De momento, la respuesta de Maduro ha sido un aumento de la represión: desde el 30 de abril ha habido al menos ochenta heridos y cuatro muertos en distintas protestas en el país.

Lo que queda claro, sin embargo, es que los conglomerados de fuerzas dentro y fuera de país han creado una situación en la que el chavismo y la oposición están técnicamente empatadas, sin que una pueda imponerse sobre la otra.

Para salir de este empate catastrófico, los actores políticos enfrentados tienen que pensar en diferentes tipos de soluciones que excluyan la aniquilación del otro. (...)" 



Durante las primeras horas del 30 de abril, el líder de la oposición venezolana y presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, emprendió su tercer intento este año para sacar del poder al dictador Nicolás Maduro. (...)

Conforme miles de venezolanos salían a las calles a raudales para apoyar la revuelta, parecía que el régimen de Maduro al fin podría terminar. Sin embargo, al atardecer era claro que Guaidó no había logrado persuadir a las fuerzas armadas de levantarse en contra de Maduro. Los militares siendo el más grande obstáculo para el cambio de régimen.  (...)

El estamento militar es el jugador más poderoso en Venezuela. Es una institución sumamente hermética y, aunque ha habido numerosos rumores sobre conspiraciones, divisiones entre los cuadros de oficiales y rebeliones inminentes, pocos de ellos se han vuelto realidad. En general, el levantamiento fallido demostró que las fuerzas armadas mantienen su disciplina y que, al parecer, los generales siguen ejerciendo dominio sobre sus tropas.

 También administran la mayor parte de las agencias gubernamentales y sacan ventaja de lo poco que queda de la devastada economía de Venezuela, incluyendo la industria petrolera, el intercambio de divisas, el contrabando y el narcotráfico.

Guaidó y Maduro parecen estar trabados en una batalla épica por el apoyo de las fuerzas armadas, pero la situación es más complicada que eso. Ciertamente, las fuerzas armadas tendrán que decidir si ya es tiempo de que Maduro se vaya y, si es así, deberán negociar los términos de su salida. No obstante, un régimen sin Maduro no equivale necesariamente a una aceptación de Guaidó o a un cambio hacia un gobierno democrático.

Venezuela podría enfrentarse ya sea a una transición relativamente larga bajo un régimen militar, que se extendería hasta que las fuerzas armadas estén convencidas de que el regreso a la democracia no pondría en peligro su poder y sus privilegios, o a un gobierno híbrido de militares y civiles en el que Guaidó y otros líderes de la oposición compartirían el poder con dirigentes militares acusados de crímenes graves.                                    ( y

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