"Desde hace años, el declive relativo del poderío global de Estados
Unidos en el mundo viene acompañado por un claro incremento del
belicismo y de las aventuras militares, desde Oriente Medio a los
Balcanes, pasando por el norte de África y Afganistán.
A todo ello se
suma el conflicto que ha resultado del cambio de régimen inducido por la
OTAN en Ucrania y la creciente tensión en el Mar de China provocada por
el despliegue militar de Estados Unidos en la región, sus alianzas y
tomas de nuevas bases de apoyo en; Singapur, Filipinas, Australia y
Vietnam, que se suman a las tradicionales de Corea y las del
revigorizado militarismo japonés.
El resultado de todo esto es un
claro incremento del peligro de una “guerra total”, como ha alertado un
político tan timorato como el presidente francés, François Hollande. Una
guerra total contra las nuevas y viejas potencias emergentes -sobre
todo Rusia y China- cuyo riesgo, según el retrógrado ex primer ministro
sueco Carl Bildt, toma fuerza en la, “incertidumbre sobre las relaciones
de poder global”.
En otras palabras: el mundo bipolar se acabó
con el fin de la guerra fría, el intento de mundo unipolar que le
sucedió acabó en fiasco y lo que se viene afirmando desde entonces, una
invitación a cierto pluralismo y consenso en las relaciones
internacionales, es visto como algo “incierto” y “peligroso” con lo que
hay que acabar por la fuerza.
Reaccionando al cambio de régimen en
Ucrania, anexionándose Crimea y apoyando a los rebeldes de Novorrossia,
Rusia ha respondido por primera vez con medidas de fuerza al avance de
la OTAN en su entorno más inmediato, lanzando un mensaje a otras
potencias regionales. Ese desafío es lo que se está castigando con
sanciones y la nueva campaña informativa contra Rusia. (...)
Militarmente se asiste a un verdadero festival de maniobras,
despliegues y tanteos provocadores alrededor del territorio ruso, en
toda Europa Oriental, el báltico, el Mar Negro y el Ártico. En el último
incidente, cazas rusos salieron el sábado al encuentro de un destructor
americano, el USS Ross, en el límite de las aguas territoriales rusas
del Mar Negro.
En el Mar de China pasa algo parecido, algo que va en claro incremento desde que en 2009 Washington iniciara su “pivot to Asia”, es decir un incremento y reorganización de su presencia militar allá con el escenario de una guerra contra China. (...)
Como se hace con Rusia, la provocativa práctica de enviar aviones y
barcos de guerra a patrullar justo en los límites de las zonas del
adversario se ha convertido en recurso corriente y da lugar a tensiones
constantes que pueden degenerar con gran facilidad en conflictos,
deseados o no.
Para comprender la situación hay que observar quién
lleva la iniciativa y donde ocurre: todo esto no está ocurriendo en el
Golfo de México o frente a las costas de Estados Unidos, sino en su
equivalente ruso y chino.
Estados Unidos está determinado a
bloquear militarmente el ascenso de China o toda respuesta de Rusia a
las provocaciones en su más íntimo patio trasero. Naturalmente, medios
de comunicación y “expertos” de centros que orbitan alrededor de la
lógica imperial y sus dineros, han iniciado una intensa campaña sobre la
que no hace falta ni entrar. La realidad de que ni el Mar de China ni
Ucrania pueden ser considerados como patios traseros de Estados Unidos
es demasiado obvia para ser ignorada.
Washington quiere que Rusia y
China acepten el mismo estatuto de vasallaje aceptado en Europa, Asia y
Oceanía por países como el Reino Unidos, Francia, Alemania, Japón o
Australia, pero eso no va a suceder, explicaba el mes pasado en su blog
Paul Craig Roberts, que fue vicesecretario de Estado para política
económica con Ronald Reagan.
“A menos que el dólar, y todo el
poder americano con él, se desmorone o que Europa sea valiente y rompa
con Washington para desarrollar una política exterior independiente
diciéndole adiós a la OTAN, la guerra nuclear es nuestro probable
futuro”, escribe ese observador." (Rafael Poch , La Vanguardia, en Rebelión, 04/06/2015)
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