"(...),La verdadera función de las “asociaciones o tratados” es aumentar la
inmunidad de las empresas privadas frente a las leyes de los países
soberanos sobre la base de que dichas leyes tienen un impacto negativo
sobre los beneficios corporativos y constituyen una “restricción al
comercio”.
Por ejemplo, bajo el Tratado Trasatlántico, las
leyes francesas contra los transgénicos podrían ser anuladas al
considerarse “restricciones al comercio” merced a las demandas
judiciales iniciadas por Monsanto.
Las compañías tabacaleras
pueden demandar a los estados por incluir advertencias sobre la salud en
los paquetes de cigarrillos, ya que estos textos pueden disuadir de
fumar y por tanto constituyen una “restricción al comercio”.
Las iniciativas destinadas a controlar las emisiones perjudiciales para
el medio ambiente también podrían ser objeto de demandas judiciales por
parte de las grandes empresas. Bajo el Tratado Trasatlántico (TTIP) las
corporaciones serían compensadas por los “ingresos reguladores”, que es
como las corporaciones denominan a la protección medioambiental. Esto
significa, evidentemente, que los contribuyentes tendrían que pagar
daños a las empresas contaminantes.
Los países que exigen que
se realicen pruebas a los alimentos importados, como la de la
triquinosis a los productos de origen porcino o aquellas a las que se
somete a las verduras para detectar residuos de fumigación también
podrían ser llevados a los tribunales por las empresas, porque esta
regulación incrementa el coste de las importaciones.
Los países
que no ofrecen protección a las marcas farmacéuticas y productos
químicos y permiten la utilización de genéricos en su lugar pueden ser
demandados por daños a las empresas.
Bajo el TTIP, las únicas
que pueden demandar son las empresas. Los sindicatos no pueden hacerlo
si sus miembros se ven perjudicados por la deslocalización de empleos y
los ciudadanos no pueden interponer demandas cuando su salud o sus
suministros de agua se vean perjudicados por las emisiones contaminantes
de las corporaciones.
Ni siquiera el propio Obama puede participar en el proceso. (...)
“Es de vital importancia que la gente conozca los contenidos y las
motivaciones del TTIP para poder luchar contra dicho tratado. Porque
nuestros compatriotas deben poder elegir su futuro, porque deben imponer
un modelo de sociedad que se ajuste a sus necesidades y no uno impuesto
por las empresas multinacionales ávidas de beneficios, los tecnócratas
de Bruselas comprados por los lobbies y los políticos del UMP [de Sarkozy] al servicio de esos tecnócratas”.
También resulta de vital importancia que el público estadounidense
conozca el alcance de este tratado, pero ni siquiera el Congreso está
autorizado a recibir dicha información. (...)" (Paul Craig Roberts , Counterpunch, en Rebelión, 03/06/2015)
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