"(...) Salvini, que hasta hace algunos años estaba plenamente imbuido en esta
retórica política, ha cambiado de rumbo, moldeando el partido según el
formato del Frente Nacional de Marine Le Pen y cambiándole incluso el
nombre, ya que ahora se llama simplemente Liga, sin la palabra “Norte”.
Se trata de un partido nacional, con una retórica centrada
principalmente en la inmigración. La intensificación y la mediatización
del fenómeno migratorio en los últimos años, con un aumento dramático de
los desembarcos de seres humanos desesperados en las costas del sur del
país, han ofrecido un material explosivo para la Liga.
En este marco,
Salvini se ha caracterizado por mantener una postura de mano dura y ha
logrado identificar a la izquierda como “buenista” y olvidadiza de los
intereses de los italianos, y ha acusado en paralelo a los demás países
europeos de dejar sola a Italia en el manejo de la migración. Según
Salvini, la dinámica migratoria pone en aprietos el mercado laboral,
obliga al Estado a gastar dinero en los migrantes y amenaza el orden
público.
Ha sido una estrategia que, en una coyuntura de descalabro
social y económico, ha canalizado de la forma más burda el descontento
social. El cumplimiento de estas promesas electorales desde que ocupa el
cargo de ministro del Interior ha logrado aumentar de manera
exponencial su cotización política en los últimos meses.
Además, Salvini
ha sido hábil al incorporar otros temas que en el escenario político
ningún otro sujeto había logrado capturar, como la oposición a la
reforma de las pensiones y a los tecnócratas europeos. Con respecto a
este último punto, coqueteó con una desconfianza galopante hacia la
Unión Europea que va desplegándose por el país y llegó a poner en
entredicho incluso el euro, pero diciendo lo contrario cuando eso ya no
lo convenía.
Si tuviera que trazar un perfil de Salvini, ¿qué rasgos resaltaría?
Hay que reconocer que Salvini tiene un grandísimo olfato político.
Creo que su mayor habilidad radica en hacer pasar consignas de la
derecha radical como planteos de “sentido común”. Sus tonos son
encendidos, pero siempre logra presentar sus propuestas como
perfectamente legítimas, como fruto de un razonamiento.
El suyo no es un
mero griterío: a través un lenguaje simple, muy lineal, de “hombre del
pueblo”, es capaz de empaquetar políticas extremas como obvias y
evidentes, colocando por afuera del campo de la razonabilidad a los
demás actores políticos. Otra capacidad, esta sí más subterránea, es la
de mantener su popularidad en sectores que están en sus antípodas
políticas. Salvini no le gusta exclusivamente a quienes hoy en día
incuban un fuerte resentimiento social.
Mantiene, al mismo tiempo, un
apoyo muy alto entre los sectores empresariales. No todos en este sector
toleran su ímpetu xenófobo, pero ante la incógnita del Movimiento 5
Estrellas, prefieren un partido con una vocación mucho más neta en
defensa de los negocios, como evidencia la promesa de instituir el flat tax.
Esto explica que durante varios meses Salvini haya tenido “buena
prensa” en algunos periódicos de orientación liberal. Es un político muy
sagaz, ya que al exhibir una mezcla de radicalismo de derecha y
pragmatismo proempresarial llega a fusionar ámbitos sociales muy
heterogéneos.
¿Qué similitudes y diferencias hay entre Salvini y otras corrientes de la extrema derecha –o los ”populismos de derecha”– europeos?
Es una galaxia compleja, se trata de formaciones que tienen
genealogías distintas. Más allá de que en esta coyuntura histórica sean
categorizadas heurísticamente como populismos de derecha, es importante
mantener un acercamiento lo más analítico posible, incluso para no caer
en la trampa de acusarlos, sin más, de fascismo.
Lo que tienen en común
es una abierta hostilidad hacia la migración. Reclaman sus países
exclusivamente para los nativos (nativos a menudo entendidos en términos
estrictamente de consanguinidad étnica), exhibiendo intolerancia hacia
los migrantes africanos y asiáticos, pero también hacia los de Europa
del Este. Algunos de ellos expresan más preocupación que otros hacia la
supuesta “islamización” de nuestras sociedades.
Es un tema que Salvini
ha desplegado, aunque no diría que es tan central como en el caso de
Marine Le Pen en Francia y Geert Wilders en Holanda. De manera apenas
menos visible, una parte de ellos tiene posturas homófobas, pero hay
excepciones. Alcanza con pensar en la líder de Alternativa para Alemania
(AfD), Alice Weidel, que es abiertamente homosexual, o el neerlandés
Pym Fortuyn, que también lo era.
Me parece, de todos modos, que existen diferencias importantes.
Algunos de ellos no logran quitarse por completo una cierta estética
fascista, aunque el discurso (en muchos casos) ya no lo sea. Es el caso
del Frente Nacional de Le Pen, cuya asociación con el régimen de Vichy
sigue siendo bastante inmediata. Lo mismo sucede con AfD en Alemania y
Jobbit en Hungría, que proceden de movimientos sociales de extrema
derecha.
Como sabemos, la procedencia ideológica de la Liga es muy
distinta, aunque claramente Salvini se haya convertido en una opción
electoral muy atractiva para el electorado posfascista. Sin embargo, yo
diría que la diferencia fundamental es otra. Si bien casi todos estos
sujetos son hostiles hacia la Unión Europea y postulan la recuperación
de la soberanía nacional (desde una perspectiva de derecha, obviamente),
el elemento “antiausteridad” es más marcado en el caso de la Liga y, en
parte, en el de Marine Le Pen.
No es casualidad que los populistas de
derecha del norte de Europa recurran, como muchos liberales de sus
países, a la parábola de la cigarra y la hormiga: los pueblos del sur de
Europa son cigarras dedicadas a la buena vida y pretenden que sus
cuentas sean pagadas por las hormigas trabajadoras, que serían los
pueblos del norte. Vale la pena subrayar que es un discurso que carece
de cualquier tipo de sustento.
Finalmente, hay una ulterior fuente de
tensión entre ellos –más allá de que hayan tenido muchas cumbres juntos–
en vistas a una suerte de internacional de los populistas derechistas.
Salvini ha reclamado una y otra vez que haya un reparto equitativo entre
países europeos de los migrantes que llegan a Italia. El más
recalcitrante ha sido justamente su amigo Viktor Orbán en Hungría.
Luca Morisi, el gurú de las redes que desarrolla la campaña
política de Salvini, ha logrado convertir a quien fuera un demagogo que
solo tenía poder de convencimiento para sectores racistas y xenófobos
minoritarios en un verdadero líder popular. ¿Cuáles han sido las claves
de la estrategia de propaganda que han permitido hacer que Salvini
parezca ”cercano al pueblo”?
Este es otro aspecto fundamental. Hay una hiperexposición mediática
de Salvini. Prendes la radio y habla Salvini, pasas a la tele y está
Salvini, por tu ciudad tarde o temprano te toparás con Salvini
lanzándose en una de sus arengas, te conectas a las redes sociales y te
aparece algún post o alguna foto de Salvini.
En este último campo parece
que Luca Morisi ha afinado un sistema particular, denominado comúnmente
“la bestia”. No soy un experto en tecnologías digitales, pero tengo
entendido que es un sistema que maneja conjuntamente las redes sociales y
la listas de mail, analizando constantemente los contenidos de mayor
éxito, el tipo de usuarios que han interactuado y de qué manera lo han
hecho.
Eso les permite ir afinando la propaganda, calibrando los
mensajes según los vaivenes y los cambios del humor político. Pocas
semanas antes de las elecciones del año pasado, lanzaron un juego online en
Facebook llamado “Gánate a Salvini”, que invitaba a los usuarios a
interactuar con los posteos del “Capitán” [el apodo del líder de la
Liga].
A quien ganaba, se le publicaba una foto desde el canal de
Salvini, recibía una llamada de este y finalmente lo podía conocer en un
encuentro “reservado”. Era una manera de aumentar el volumen de tráfico
del canal, pero también de captar los datos de una cantidad enorme de
usuarios. Ahora sabemos muy bien que el manejo de los big data es importante a la hora de intentar influir en la opinión pública. (...)"
(Entrevista a SAMUELE MAZZOLINI, Mariano Schuster, Pablo Stefanoni, Nueva Sociedad. , en CTXT, 27/03/19)
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