2.4.19

Salvini se ha caracterizado por mantener una postura de mano dura con la emigración y ha logrado identificar a la izquierda como “buenista” y olvidadiza de los intereses de los italianos, y ha acusado en paralelo a los demás países europeos de dejar sola a Italia en el manejo de la migración.

"(...) Salvini, que hasta hace algunos años estaba plenamente imbuido en esta retórica política, ha cambiado de rumbo, moldeando el partido según el formato del Frente Nacional de Marine Le Pen y cambiándole incluso el nombre, ya que ahora se llama simplemente Liga, sin la palabra “Norte”. 

 Se trata de un partido nacional, con una retórica centrada principalmente en la inmigración. La intensificación y la mediatización del fenómeno migratorio en los últimos años, con un aumento dramático de los desembarcos de seres humanos desesperados en las costas del sur del país, han ofrecido un material explosivo para la Liga.

 En este marco, Salvini se ha caracterizado por mantener una postura de mano dura y ha logrado identificar a la izquierda como “buenista” y olvidadiza de los intereses de los italianos, y ha acusado en paralelo a los demás países europeos de dejar sola a Italia en el manejo de la migración. Según Salvini, la dinámica migratoria pone en aprietos el mercado laboral, obliga al Estado a gastar dinero en los migrantes y amenaza el orden público. 

Ha sido una estrategia que, en una coyuntura de descalabro social y económico, ha canalizado de la forma más burda el descontento social. El cumplimiento de estas promesas electorales desde que ocupa el cargo de ministro del Interior ha logrado aumentar de manera exponencial su cotización política en los últimos meses. 

Además, Salvini ha sido hábil al incorporar otros temas que en el escenario político ningún otro sujeto había logrado capturar, como la oposición a la reforma de las pensiones y a los tecnócratas europeos. Con respecto a este último punto, coqueteó con una desconfianza galopante hacia la Unión Europea que va desplegándose por el país y llegó a poner en entredicho incluso el euro, pero diciendo lo contrario cuando eso ya no lo convenía.

 Si tuviera que trazar un perfil de Salvini, ¿qué rasgos resaltaría?

Hay que reconocer que Salvini tiene un grandísimo olfato político. Creo que su mayor habilidad radica en hacer pasar consignas de la derecha radical como planteos de “sentido común”. Sus tonos son encendidos, pero siempre logra presentar sus propuestas como perfectamente legítimas, como fruto de un razonamiento. 

El suyo no es un mero griterío: a través un lenguaje simple, muy lineal, de “hombre del pueblo”, es capaz de empaquetar políticas extremas como obvias y evidentes, colocando por afuera del campo de la razonabilidad a los demás actores políticos. Otra capacidad, esta sí más subterránea, es la de mantener su popularidad en sectores que están en sus antípodas políticas. Salvini no le gusta exclusivamente a quienes hoy en día incuban un fuerte resentimiento social. 

Mantiene, al mismo tiempo, un apoyo muy alto entre los sectores empresariales. No todos en este sector toleran su ímpetu xenófobo, pero ante la incógnita del Movimiento 5 Estrellas, prefieren un partido con una vocación mucho más neta en defensa de los negocios, como evidencia la promesa de instituir el flat tax.

 Esto explica que durante varios meses Salvini haya tenido “buena prensa” en algunos periódicos de orientación liberal. Es un político muy sagaz, ya que al exhibir una mezcla de radicalismo de derecha y pragmatismo proempresarial llega a fusionar ámbitos sociales muy heterogéneos.

¿Qué similitudes y diferencias hay entre Salvini y otras corrientes de la extrema derecha –o los populismos de derecha”– europeos?

Es una galaxia compleja, se trata de formaciones que tienen genealogías distintas. Más allá de que en esta coyuntura histórica sean categorizadas heurísticamente como populismos de derecha, es importante mantener un acercamiento lo más analítico posible, incluso para no caer en la trampa de acusarlos, sin más, de fascismo.

 Lo que tienen en común es una abierta hostilidad hacia la migración. Reclaman sus países exclusivamente para los nativos (nativos a menudo entendidos en términos estrictamente de consanguinidad étnica), exhibiendo intolerancia hacia los migrantes africanos y asiáticos, pero también hacia los de Europa del Este. Algunos de ellos expresan más preocupación que otros hacia la supuesta “islamización” de nuestras sociedades.

 Es un tema que Salvini ha desplegado, aunque no diría que es tan central como en el caso de Marine Le Pen en Francia y Geert Wilders en Holanda. De manera apenas menos visible, una parte de ellos tiene posturas homófobas, pero hay excepciones. Alcanza con pensar en la líder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, que es abiertamente homosexual, o el neerlandés Pym Fortuyn, que también lo era.

Me parece, de todos modos, que existen diferencias importantes. Algunos de ellos no logran quitarse por completo una cierta estética fascista, aunque el discurso (en muchos casos) ya no lo sea. Es el caso del Frente Nacional de Le Pen, cuya asociación con el régimen de Vichy sigue siendo bastante inmediata. Lo mismo sucede con AfD en Alemania y Jobbit en Hungría, que proceden de movimientos sociales de extrema derecha. 

Como sabemos, la procedencia ideológica de la Liga es muy distinta, aunque claramente Salvini se haya convertido en una opción electoral muy atractiva para el electorado posfascista. Sin embargo, yo diría que la diferencia fundamental es otra. Si bien casi todos estos sujetos son hostiles hacia la Unión Europea y postulan la recuperación de la soberanía nacional (desde una perspectiva de derecha, obviamente), el elemento “antiausteridad” es más marcado en el caso de la Liga y, en parte, en el de Marine Le Pen. 

No es casualidad que los populistas de derecha del norte de Europa recurran, como muchos liberales de sus países, a la parábola de la cigarra y la hormiga: los pueblos del sur de Europa son cigarras dedicadas a la buena vida y pretenden que sus cuentas sean pagadas por las hormigas trabajadoras, que serían los pueblos del norte. Vale la pena subrayar que es un discurso que carece de cualquier tipo de sustento.

 Finalmente, hay una ulterior fuente de tensión entre ellos –más allá de que hayan tenido muchas cumbres juntos– en vistas a una suerte de internacional de los populistas derechistas. Salvini ha reclamado una y otra vez que haya un reparto equitativo entre países europeos de los migrantes que llegan a Italia. El más recalcitrante ha sido justamente su amigo Viktor Orbán en Hungría.

Luca Morisi, el gurú de las redes que desarrolla la campaña política de Salvini, ha logrado convertir a quien fuera un demagogo que solo tenía poder de convencimiento para sectores racistas y xenófobos minoritarios en un verdadero líder popular. ¿Cuáles han sido las claves de la estrategia de propaganda que han permitido hacer que Salvini parezca cercano al pueblo”?

Este es otro aspecto fundamental. Hay una hiperexposición mediática de Salvini. Prendes la radio y habla Salvini, pasas a la tele y está Salvini, por tu ciudad tarde o temprano te toparás con Salvini lanzándose en una de sus arengas, te conectas a las redes sociales y te aparece algún post o alguna foto de Salvini.

 En este último campo parece que Luca Morisi ha afinado un sistema particular, denominado comúnmente “la bestia”. No soy un experto en tecnologías digitales, pero tengo entendido que es un sistema que maneja conjuntamente las redes sociales y la listas de mail, analizando constantemente los contenidos de mayor éxito, el tipo de usuarios que han interactuado y de qué manera lo han hecho.

 Eso les permite ir afinando la propaganda, calibrando los mensajes según los vaivenes y los cambios del humor político. Pocas semanas antes de las elecciones del año pasado, lanzaron un juego online en Facebook llamado “Gánate a Salvini”, que invitaba a los usuarios a interactuar con los posteos del “Capitán” [el apodo del líder de la Liga].

 A quien ganaba, se le publicaba una foto desde el canal de Salvini, recibía una llamada de este y finalmente lo podía conocer en un encuentro “reservado”. Era una manera de aumentar el volumen de tráfico del canal, pero también de captar los datos de una cantidad enorme de usuarios. Ahora sabemos muy bien que el manejo de los big data es importante a la hora de intentar influir en la opinión pública. (...)"                    

 (Entrevista a SAMUELE MAZZOLINI, Mariano Schuster, Pablo Stefanoni,  Nueva Sociedad. , en CTXT, 27/03/19)

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