"(...) En el libro dices que estamos en un punto de
indeterminación, de interregno, en la historia del capitalismo. ¿Qué es
lo que define este punto?
La ausencia de previsibilidad. Hemos visto hechos que nadie hubiera pensado que fueran posibles en los últimos tres o cuatros años. El colapso del sistema de partidos en Francia, en Italia... Donald Trump siendo elegido. Comparo estos hechos a los fenómenos climáticos extremos respecto al calentamiento global.
¿Cuál es la explicación? Creo que en el interior
del capitalismo, antes de 2008, había un consenso básico de que lo que
se llama neoliberalismo podía revitalizar el capitalismo. Abriendo las
fronteras, mediante el ilimitado libre comercio, etcétera. En 2008, ese
consenso finalmente falló. Y todo el mundo fue consciente de que las
promesas del neoliberalismo no iban a traer lo que habían prometido.
Al
contrario, lo que se vio fue la deuda crecer, el aumento de la
desigualdad, el crecimiento estancado.
Visto eso, el sistema de partidos —de
centro-izquierda y centro-derecha— que había copado todas las esperanzas
durante las políticas económicas del neoliberalismo, se rompe. Porque
ahora se puede ver, emergiendo desde el fondo de las sociedades, una
oposición a la apertura de fronteras, contra la privatización.
Todos
estos problemas han sido percibidos por la sociedad como algo que ha
quedado demostrado. A estas alturas de la historia, no ha quedado una
izquierda a la que regresar, porque la izquierda ha quedado contaminada
por su cooperación con el capitalismo.
Así que, ¿qué hacen las sociedades? Vuelven a los
partidos nacionalistas porque quieren una restauración de las funciones
proteccionistas de los Estados-nación. Ahora hay una situación de
extrema inestabilidad, en una situación no conocida hasta ahora. Es un
periodo de incertidumbre, en el que no podemos hacer predicciones. Esto
no se ciñe solo al sistema político, se produce también en el mercado de
trabajo.
Hace 20 años tenías capacidad de saber que, si tenías un
puesto de trabajo determinado, podrías conservarlo el resto de tu vida.
Ahora se está diciendo en todo el mundo: “no, no, ya no funciona así”.
Ya no hay vidas estables. Piensa en Japón, por ejemplo. Nadie se casa ya
en Japón. Porque esa idea de estabilidad para toda la vida ha
desaparecido.
Tenemos que aprender —desde la sociología— que la
gente no responde necesariamente sobre las condiciones del presente, si
no que actúan en cuanto a sus expectativas. En este momento,
básicamente, sigue funcionando el sistema de salud, el sistema de
pensiones, pero la gente está pensando en el futuro y la confianza de
que el futuro se puede prever ha desaparecido repentinamente.
Si esto se
combina con el hecho de que la gente parece creer —cree firmemente—
que, para mantener lo que son, tienen que trabajar cada vez más duro,
esa competición —cada vez más intensa— en el trabajo, funciona como una
promesa de que tú y tu prole lo tendrá mucho mejor a diez años vista.
Sólo desde la promesa de que si trabajas duro y tienes suerte, te
mantendrás exactamente donde estás en este momento. Si no, te hundirás. (...)" (Entrevista a Wolfgang Streeck, Pablo Elorduy, El Salto, 22/03/19)
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