"A un paso de las generales, la izquierda se afana en mandarme a la
abstención mientras que la derecha me empuja a votar con la convicción
con que se encesta en un concurso de mates. El desprecio por unos se
equilibra por la repugnancia que me causan los otros.
Ahora mismo, cualquier movimiento político dirigido por gente
medianamente competente y honesta y con un programa coherente de base
socialdemócrata y que se atreviera a ir aunque fuera sólo un pasito más
allá, tendría mi voto asegurado. Vamos, es que sería su cheerleader, pompones incluidos.
Lo he estado avisando en algún comentario: nos estamos aprovechando
de que la derecha está ofreciendo como candidatos a tres impresentables.
El día que de la derecha surja una figura solvente, una Angela Merkel,
centrada y con buena capacidad de gestión… tenemos derecha para un par
de décadas por incomparecencia del adversario.
Y puede que ese día haya
llegado: el socioliberal Sánchez, más de derechas en lo económico que
buena parte del PP pero bien preparado, sin estridencias y con buena
imagen, puede convertirse en un presidente de larga duración, volviendo
al viejo mecanismo de pedir el voto por la izquierda para ejecutar
políticas de derechas, que es para lo que se resucitó esa empty shell
que era el PSOE anterior a Suresnes con financiación extranjera.
El
votante preferirá, y con razón, lo malo conocido a los chisgarabises que
se postulan desde la izquierda, y su política de ocurrencias.
Las consecuencias políticas y, por lo tanto, sociales de que la
izquierda (no sólo Unidas Podemos, el virus es perfectamente reconocible
en el BNG, ERC, Bildu…) abandone cualquier atisbo de dialéctica
marxista para sustituirla por la palabrería del identitarismo
postmoderno van a ser tremendas. Básicamente, no ser reconocidos por la
clase trabajadora como una herramienta útil para mejorar su situación,
ocupados en su universo paralelo de niñatos de clase media
comprometidos.
Es lamentable ver cómo va decayendo el impulso de Aufstehen,
que yo sepa hasta ahora el único intento de la izquierda europea para
superar el tsunami de identitarismo gringo que la atenaza.
En resumen: falta una alternativa seria que oponer a la derecha, y no
hay visos de que se vaya a reparar esta falta en el corto o medio
plazo. No es ya el sentimiento de orfandad política, las consecuencias
para el común de la población de una hegemonía socioliberal van a ser
terribles. Terribles.
Demasiado bien traído para las oligarquías como para que se trate de
una casualidad. Tengo que perfeccionar la idea de un voto-bomba…" (La mirada del mendigo, 10/04/19)
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