"Blanquean su imagen corporativa con amplios programas de responsabilidad
social corporativa. O con proyectos innovadores en energías renovables
inmersos en sus fundaciones. Aunque, en realidad, despliegan millones de
dólares a la pervivencia de los combustibles fósiles. Es decir, a
mantener o expandir el calentamiento global. (...)
Las cinco grandes firmas petroleras que
gobiernan el tortuoso mercado energético (de crudo y gas, esencialmente)
destinaron a lo largo de 2018 casi 200 millones de dólares -el estudio
habla de 153 millones de libras- a retrasar, controlar o bloquear cualquier iniciativa diseñada a combatir el cambio climático.
ExxonMobil, Shell, Chevron, British Petroleum (BP) y
Total no dan puntada sin hilo. Hacen suyo el proverbio castellano de “ni
un mal gesto, ni una buena acción”. Pura imagen. El informe asegura que
estas petroleras se han gastado desde los Acuerdos de París de 2015 más
de 1.000 millones de dólares en estrategias de lobby, que han hecho coincidir con campañas de lavado de imagen a favor de las energías limpias. Entre otras, Climate Action 100+, un programa de medidas contra el cambio climático que incorporó a las mayores firmas privadas del mundo.
Por ejemplo, emplearon 2 millones de dólares en
campañas en Facebook e Instagram para promover los supuestos beneficios
de que los combustibles fósiles ocupen un lugar aún más destacado en el mix
energético global -en detrimento de las renovables- durante las
elecciones de mitad de mandato (Midterm) de noviembre pasado en EEUU.
Su misión es de una innegable nitidez. Ganarse el favor del nuevo poder legislativo.
Al fin y al cabo, cada cuatro años, en estos comicios, se renuevan los
435 escaños de la Cámara de Representantes, una tercera parte de los
cien senadores y 36 de los 50 gobernadores de la Unión. Y conviene tener
en perfecto estado de revista los servicios de lobby en el
paraíso del poder soterrado y en el mercado más importante del
mundo.
Dentro de una acción global orquestada para debilitar las agendas
de reformas favorecedoras de las energías renovables de los gobiernos
que avanzan hacia la consecución de los Acuerdos de París.
Entre las que ocupan un lugar destacado las críticas a
lo que consideran, sin complejos, un exceso regulatorio en su
industria, que -aducen- les resta dinamismo, les reduce los beneficios y
les ocasiona multimillonarios gastos anuales por requerimientos
legales.
Los botones de muestra que ofrece el informe son más
que relevantes. BP donó 13 millones a una campana, a la que también se
sumó Chevron, que logró frenar la imposición de una tasa al carbón en el
Estado de Washington. Un millón de los cuales se destinó a publicidad
en medios. Edward Collins, uno de los autores de la investigación de
esta ONG, hace hincapié en la banalidad de la estrategia de las big five.
“Sus marcas corporativas revelan claros apoyos públicos hacia el combate del cambio climático, pero sus acciones de lobby
van en la dirección contraria. Abogan por soluciones de bajas emisiones
de CO2 mientras aumentan sus inversiones y gastos hacia la expansión
del negocio de los combustibles fósiles”.
Después de los Acuerdos de
París de 2015, de los que se salió EEUU por designación expresa de
Donald Trump, las compañías de petróleo y gas dieron su apoyo a la
paulatina supresión del carbón como fuente de energía y formalizaron la
Iniciativa Climática del Petróleo y del Gas para impulsar medidas
voluntarias que redujeran la polución por emisiones fósiles.
En 2019, los desembolsos presupuestados en planes de inversión para la extracción de gas y petróleo
de estas cinco grandes petroleras se incrementarán hasta los 115.000
millones de dólares, de los que sólo el 3% irán a proyectos de bajas
emisiones. Shell y Chevron se apresuraron a criticar el contenido de
InfluenceMap. (...)" (Diego Herranz, Público, 28/03/19)
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