"Y de otras muchas que los grandes medios de comunicación y los
economistas del establishment utilizan sin escrúpulos para vapulear a la
ciudadanía. Son sistemáticamente empleadas para disfrazar y desvirtuar
la realidad, para mantener la falacia de que estamos bien informados.
(...) Disponemos de más y mejores datos sobre la concentración de la renta y
la riqueza, es cierto.
Pero esos datos tan sólo reflejan de manera
imprecisa la realidad de la desigualdad; de hecho, claramente la
infravaloran.
Dar por buenas las estimaciones realizadas a partir de las
declaraciones fiscales de las grandes fortunas y patrimonios y de las
cuentas de resultados de las grandes empresas es, simplemente, ir
demasiado lejos en el mundo de las falacias donde tan confortablemente
se mueve la economía convencional y una parte de la economía crítica.
Los precios de transferencia aplicados por las empresas transnacionales,
la ingeniería contable, los paraísos fiscales, la opacidad de los
mercados… ese es el mundo real que permanece en gran medida fuera del
radio de acción de las estadísticas.
¿Qué crédito tienen los datos estadísticos sobre salarios y costes
laborales? Escaso, en mi opinión. Es de sobra conocido que numerosas
empresas -también las muy modernas y competitivas que son a menudo
presentadas como el modelo a seguir- obligan a sus trabajadores, ¡quién
se puede negar, tal y como están las cosas!, a realizar horas
extraordinarias sin remuneración alguna, trabajo gratis con el que las
empresas, no sólo las grandes, hacen caja.
Resulta imposible conocer con
precisión la magnitud del fenómeno, pero se estima, también de manera
aproximada, que son millones de horas a la semana, con las que se
podrían crear un buen número de empleos.
¿Y qué decir de la
intensificación de los ritmos de trabajo? Encuestas cualitativas apuntan
en esa dirección; el río suena, pero es difícil conocer su caudal. Todo
esto representa una reducción real del salario, aunque se mantenga
invariable el nominal, que, por cierto, muchas empresas también han
bajado.
¿Hay suficiente información sobre la entidad de las
retribuciones, en dinero y en especie, percibidas por las elites
empresariales? Pues no, también en este caso hay una evidente laguna,
que los gobiernos no tienen demasiado interés en cubrir. En este
contexto, ¿qué información relevante aporta conocer las estadísticas
oficiales sobre la evolución de los salarios promedio? El lector puede
juzgar.
¿Y sobre el desempleo? Más enredo político. ¿Qué dicen los datos
interanuales? ¿y el promedio de los últimos meses? ¿y el resultado de
comparar el primer trimestre del año con cualquier otro que interese al
político de turno? ¿o acaso poner el foco en la tendencia? La letanía de
siempre.
La tasa oficial de desempleo, y todo el debate que gira
alrededor de su evolución, contribuye a mantener un manto de opacidad,
que tanto conviene al relato dominante y donde asimismo está atrapada
una parte de la economía crítica.
El desempleo real es muy superior al
reflejado estadísticamente: trabajadores a tiempo parcial involuntario
(que desearían trabajar más horas, infra empleo y personas en edad de
trabajar y en disposición de hacerlo que no figuran en las estadísticas.
El resultado de aplicar estos criterios son tasas de desempleo muy
superiores a las oficiales. Por lo demás, como antes mencionaba,
cualquier estadística que no recoja información sistemática y fiable
sobre el número de horas y de personas que trabajan en la esfera de la
reproducción social invalida cualquier estadística laboral.
No podemos aceptar, sin más, el debate encorsetado sostenido en las
estadísticas oficiales. No vale. Oculta y falsea. Es un instrumento al
servicio del poder y del mantenimiento del estatus quo." (Fernando Luengo, blog, 26/04/19)
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