"La pobreza, el enemigo de Europa
Los datos muestran que la desigualdad, derivada de la pobreza, está en
la base del euroescepticismo. La evidencia empírica muestra una clara
correlación: los países en los que se ha deteriorado el sentimiento europeo son aquellos en los que más ha crecido la pobreza (medida como la participación en la renta del 25% con menos ingresos).
España, Italia y Grecia, cada uno con sus matices,
ejemplifican este problema. Los tres países se encuentran en el cuadro
inferior izquierda: la participación de los pobres en la renta es
inferior al 10% (el promedio de la UE es del 10,7%) y desde 2007 ha
caído el apoyo al proyecto europeo. En todos ellos, los ajustes
obligados por Europa han contribuido a disminuir la renta disponible de las clases populares después de transferencias.
Por el contrario, el europeísmo se ha asentado en Finlandia, Alemania o Irlanda,
donde los niveles de desigualdad se han reducido. Todos ellos se han
beneficiado de su pertenencia a la UE para salir de la crisis por dos
motivos: la apertura de los mercados con la libre circulación de bienes y
la disposición de una moneda barata para exportar, el euro.
No sorprende que Luxemburgo e Irlanda sean los países con mayor apoyo
social al proyecto comunitario, superando el 80%. Pertenecer a la UE les sale muy rentable.
Ambos se han convertido en dos paraísos de baja fiscalidad para las
multinacionales con presencia en Europa, algo que sería imposible si no
formasen parte de la UE. Para lograrlo, necesitan disponer de la libre
circulación de capitales y la exención de tributación para los
dividendos entre filiales y matriz.
La desafección hacia Europa entronca directamente con esta desigualdad
creciente entre vecinos. En los últimos años, los líderes de Bruselas
han asumido que la viabilidad de la Unión Europea ya no depende de
garantizar el pago de la deuda a los acreedores. Si no se logra extender el bienestar a todos los ciudadanos, no quedará proyecto que defender.
La paradoja de la desigualdad española
España se convirtió en la excepción del Sur de Europa al
resistir el auge del sentimiento antieuropeo pese a la crisis económica,
mostrando cómo las dinámicas internas pueden catalizar las
frustraciones que de otra forma se dirigen a Bruselas. El europeísmo se resintió levemente.
En parte, se debe a que el debate territorial se ha centrado en
cuestiones internas: es más rentable políticamente Cataluña, que
Bruselas, consideran los analistas.
Sin embargo, la transformación del
mercado de trabajo amenaza este equilibrio. Los niveles de pobreza se
han disparado con la crisis hasta el punto de que tener un empleo ya no
garantiza un buen nivel de vida. La proliferación de contratos precarios
-temporales o a tiempo parcial- ha generado una bolsa de más de dos
millones de trabajadores que no llegan al salario mínimo
interprofesional (SMI) al final de mes. (...)
Esta precarización del empleo ha dado pie al fenómeno de los trabajadores pobres.
El problema de los ‘empleos basura’ no es tanto la remuneración por
hora sino la intensidad de trabajo. Esta paradoja de la desigualdad
-tener un trabajo pero seguir en la pobreza- está generando nuevos
caladeros de indignación y frustración que recogen los movimientos
populistas.
Un ciudadano que sufra estas condiciones puede percibir que no tiene capacidad de influir en el sistema
y huir a los extremos del espectro político, según considera Pepe
Fernández-Albertos, investigador del CSIC y autor de ‘Antisistema:
desigualdad y precariado político’. Esto, en menor o mayor medida, ha
ocurrido con Donald Trump en Estados Unidos y con los movimientos
populistas en otras partes de Europa.
Durante la crisis, el 15M y Podemos
articularon esa frustración con su discurso ‘anti-establishment’. En sus
primeros compases en 2014, Podemos era euroescéptico, hablaba de
abandonar el euro y atacaba sin piedad a Bruselas. Cinco años más tarde
ha suavizado su discurso, consciente de que los votantes más afectados
por la crisis todavía mantienen su voto a los partidos tradicionales o
prefieren la abstención a los extremos. (...)
“La típica postura nacionalista en muchos países europeos se construye
en oposición a lo que viene de fuera. Por el contrario, el nacionalismo
en España se construye en oposición a los nacionalismos periféricos”,
explica Ignacio Jurado, doctor en Ciencias Políticas por la universidad
de Oxford. Esto da origen a otra singularidad española: la derecha nacional es más europeísta que la izquierda, al contrario de lo que suele suceder en el resto del continente.
Un movimiento euroescéptico que capitalice los efectos corrosivos de la
desigualdad en España tiene ahora más posibilidades de éxito entre la
izquierda, que es más crítica con la UE por la percepción “de que es
responsable de la austeridad”, según el investigador español. Pero
también hay opciones en la derecha, sobre todo si las circunstancias
políticas nacionales así lo dictan. Si Vox quisiera abrazar el discurso
euroescéptico debería romper el eje ideológico, ensanchar su base del
voto y “transversalizarse al estilo Le Pen” en Francia, comenta Jurado.
Lo que está claro es que, a pesar del sólido sentimiento europeísta de España, el apoyo a la UE se ha deteriorado
desde el estallido de la crisis. El respaldo al proyecto común ha caído
del 73% al 68%. Si no logra atajar este problema, España podría acabar
siguiendo a Italia en su tortuoso descenso a las profundidades del
euroescepticismo. (...)"
Para conseguir la soberanía financiera y como alternativa a
la salida del euro... europeseta electrónica:
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
-
Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir
europesetas (electrónicas).
Enlace:
http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
-
Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán
el crédito sin efectos colaterales perversos.
Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
- Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html
-
Hay
alternativas, incluso dentro del euro.
Enlace:
http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/
mmmm
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html
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