"(...) los economistas convencionales y las autoridades que
se basan en sus opiniones intuyen que se aproxima una crisis importante
pero están apuntando, otra vez, al lado equivocado. Creen que vendrá por
la desaceleración de la actividad que se viene produciendo en los
últimos meses o como resultado de otro zarpazo de volatilidad
financiera, como el que provocó la de 2007-2008. Pero se equivocan.
Es cierto que la tendencia a la baja de la masa
salarial y la extraordinaria concentración de la riqueza tiende a
producir un deterioro progresivo de los mercados: ante una demanda
debilitada se responde con reducción en la oferta y se genera así un
círculo vicioso que antes o después estalla en forma de crisis.
Y es
cierto también que las grietas que provocaron la anterior crisis
financiera no se han cerrado convenientemente, de modo que es seguro el
sistema bancario mundial volverá a saltar antes o después. Pero yo creo
que ninguno de estos peligros es inminente.
Y otras crisis, como la
ambiental o incluso la de la deuda, tampoco es probable que produzcan un
efecto de colapso generalizado próximamente.
A mi juicio, donde se están concentrando todos los
riesgos para producir una crisis global de grandes dimensiones a muy
corto plazo es en las bolsas de valores y, por tanto, en el entramado
empresarial que se extiende por todo el planeta.
Las bolsas se están convirtiendo en nuestro tiempo en
una bomba de relojería por tres razones que expongo a continuación muy
resumidamente.
La primera es de carácter más general. Las bolsas son
mercados cuya función es la de proporcionar financiación a los
operadores económicos. Cuando estos necesitan capital emiten títulos y
los ahorradores o inversores los adquieren para obtener la rentabilidad
que está asociada a ellos, bien como renta variable (cuando se trata de
dividendos que reparten el beneficio de las empresas) o fija (cuando se
trata de títulos que se emiten con un interés determinado a lo largo del
tiempo).
Esa función de capitalización es fundamental y hay que
reconocer que es uno de los grandes logros del capitalismo pues permite
acumular sumas de capital que generalmente sería imposible que pudieran
obtener por sí mismos los propietarios originales o mayoritarios de las
grandes empresas. Algo fundamental, por tanto, para acometer grandes
negocios y la acumulación que necesita un sistema planetario como el
nuestro.
Sin embargo, las bolsas han perdido desde hace años
esa función y en lugar de servir para financiar a las empresas responden
cada vez más a una lógica puramente especulativa que simplemente busca
aprovecharse de los cambios de precios de los títulos y no de su
rentabilidad intrínseca. En las bolsas actuales se compran o se venden
títulos para volver a venderlos o comprarlos rápidamente, es decir, para
especular con ellos con un criterio de cortísimo plazo muy distinto al
que requiere la financiación empresarial y productiva.
Esto significa que la bolsas se han desnaturalizado,
que funcionan para lo que no deben funcionar y eso es lo que explica que
se produzcan crisis de reajuste tan a menudo.
Y yo creo que tenemos ante las puertas una nueva crisis de este tipo, pero de gran amplitud, porque este proceso de desnaturalización se ha agudizado extraordinaria e incluso excesivamente en los últimos tiempos.
La segunda razón que ha provocado que la
desnaturalización de las bolsas se hayan exagerado hasta el punto de que
están a paso de estallar es que las grandes empresas vienen
utilizándolas para comprar sus propias acciones, unas veces utilizando
sus grandes beneficios para ello y generalmente endeudándose gracias a
los tipos de interés muy bajos.
En los últimos cinco años, las 500
mayores empresas de Estados Unidos realizaron ese tipo de compras por
valor de 2,9 billones de dólares, y en 2018 por 1 billón. Esas compras
(técnicamente denominadas buy back) han sido
las responsables de que las cotizaciones de esas acciones estén
exageradamente elevadas y que el índice S&P500 (el de las 500 más
grandes empresas que cotizan en bolsa) haya registrado una impresionante
subida del 300% desde 2009 a finales de 2018.
Más bien antes que
después, más pronto que tarde, quizá ya mismo, esas compras dejarán de
realizarse y las bolsas caerán estrepitosamente, arrastrando tras de sí a
docenas de las más grandes empresas del globo.
La tercera razón que ha producido la exagerada
desnaturalización de las bolsas es la generalización de las llamadas
operaciones de alta frecuencia. Estas son las compras y ventas de
títulos de todo tipo que no realizan los seres humanos sino algoritmos
en ordenadores muy potentes que operan a velocidades que resulta muy
difícil de asimilar.
Este tipo de operaciones representan ya entre el
60% y el 80% de todas las que se realizan en las principales bolsas y
mercados financieros del mundo. Y para que los lectores se hagan una
idea de qué significa operar a la velocidad en que se compra y se vende
hoy día baste un simple cálculo: imagine que se compra una acción por
1.000 euros y que se vende a 1.001 euros pero que eso se hace 10.000
veces por cada segundo, que es la velocidad a la que pueden realizarse
esas operaciones (hay quien dice que no son 10.000 veces sino incluso
millones de veces…).
Y para entender lo que esto lleva consigo y lo que
puede suponer el actuar más rápido cada vez, téngase en cuenta que una
conexión a la red que sea solo un milisegundo más rápida que la de la
competencia podría aumentar las ganancias de una firma de alta velocidad
en unos 100 millones de dólares al año.
Las consecuencias del predominio de este tipo de
operaciones son muy variadas pero señalaré sólo dos. Una, que se
alimentan burbujas continuadamente (préstamos estudiantiles, pensiones,
la inmobiliaria que no cesa, o la más letal de la deuda…). Y otra que,
aunque todos los algoritmos están preparados para ganar, es
materialmente imposible que siempre ganen todos o que todos los mercados
estén en alza permanentemente.
Y ambas circunstancias nos llevan a lo
mismo que dije antes: más bien antes que después… se producirá una caída
generalizada en las bolsas. Dicen que los reguladores necesitarían
entre diez y quince minutos para detener una instantánea pero yo no creo
que eso esté siempre asegurado. Y, en todo caso, piensen en lo que
sucedería si la caída se produce justo antes del cierre, o si se produce
una detrás de otra.
¿Cuándo puede suceder algo así? ¿Cuándo se producirá
el reajuste de unas bolsas mundiales desnaturalizadas? ¿Cuándo
estallarán las burbujas? ¿cuándo provocará un caos la lógica
insostenible de los algoritmos sin control?… No lo sabemos pero lo que
sí es seguro es que el fuego se extiende cuando salta una chispa y que
en los últimos meses se están encendiendo varias cada dos por tres.
La
última, el ataque de Trump a Huawei. Es un paso más en la guerra
comercial y tecnológica y ya así tiene importancia. Pero yo lo contemplo
ahora como un posible factor de desestabilización en bolsas que están
ya de por sí muy altamente desestabilizadas, tal y como acabo de
explicar.
Si es así, si provoca que empiecen a caer las
cotizaciones, si se frena el buy back, si hace que estalle alguna
burbuja… estaremos a las puertas de la próxima crisis, de naturaleza y
efectos diferentes a la anterior. Su modo de difusión y sus
consecuencias las comentaré en un próximo artículo.
Pero, de momento y
para que este artículo termine con una imprescindible visión
esperanzadora, no se olvide que, como escribí hace unos días, también
detrás de las crisis hay Una gran oportunidad." (Juan Torres López, Ganas de escribir, 21/05/19)
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