"(...) Se puede decir que, de una u otra forma, existe un equilibrio, un cierto
orden de poder que identificamos con el término sistema mundo
capitalista. Su característica: estar organizado jerárquicamente, donde
sus específicas relaciones y su modo de distribución del poder concretan
cada etapa histórica.
Los actores, en un sentido amplio, se sitúan ante
cada momento en función de si se está en fase de equilibrio u orden
–más o menos estable- o de desorden y caos. La clave es siempre conocer y
actuar cuando el sistema se transforma, cuando vive una transición como
la actual en la que se rompe con viejas hegemonías y se busca un nuevo
orden basado en reglas de juego distintas y una nueva distribución del
poder. En estas estamos ahora.
Las crisis desvelan lo que la normalidad oculta. El conflicto entre
Huawei y Google enseña más sobre el comercio internacional, el de
verdad, el real, que los tediosos manuales sobre relaciones económicas
internacionales, costes comparativos incluidos.
Por lo pronto, nos dice
que las grandes empresas multinacionales tienen siempre un Estado-nación
detrás y que se someten a él cuando se les necesita.
En segundo lugar,
nos dice que estamos ante una guerra económica de grandes proporciones.
Por lo pronto, la globalización salta por los aires y se queda en lo que
fue, un mundo a imagen y semejanza de EEUU.
Y, en tercer lugar, que en
el trasfondo de esta disputa está la lucha por la hegemonía, es decir,
organizar una nueva redistribución del poder en el sistema mundo
capitalista. La transición hace tiempo que comenzó.
Vivimos en una etapa
de excepción y crisis que durará mucho tiempo y que, de una u otra
forma, marcará el presente y el futuro de la economía, de las relaciones
internacionales y de los Estados individualmente considerados. (...)
El mundo socialista implosionó y EEUU se convirtió en lo que alguien
llamó la hiper potencia; el mundo bipolar terminó y parecía que la
tendencia era hacia un mundo unipolar hegemonizado por la gran potencia
norteamericana. La globalización fue, una vez más, el proyecto político y
la ideología legitimadora de este dominio.
Hay una parábola que explica
bien el fin de todo esto que es que Hillary Clinton, la compañera del
hombre que “decretó” la globalización, fue vencida por Donald Trump que
venía a constatar, no solo su agotamiento, sino la necesidad de un
cambio radical en la política interna y externa de los EEUU.
¿Cómo
interpretar la política de este personaje que parece actuar como un
matón en unas relaciones internacionales cada vez más complejas y
diferenciadas?
Lo primero, tomárselo en serio y pensar que es bastante
probable que gane las próximas elecciones norteamericanas.
En segundo
lugar, más allá de cómo gestiona los conflictos, su estrategia
representa un núcleo de poder fuerte y que tiene un consenso popular
notable.
En tercer lugar, que con él o sin él, la política exterior
norteamericana no variará sustancialmente en el futuro.
¿Cómo definir la actual estrategia norteamericana?
Lo diré así, un
realismo ofensivo, tomando prestado un concepto que ha desplegado
convincentemente John Mearsheimer. EEUU se siente desafiado, tiene una
clara hegemonía en el hemisferio occidental y, de nuevo, aparece una
gran potencia con vocación de hegemonía en el hemisferio oriental.
Ese
desafío EEUU no lo puede permitir y sabe que, tarde o temprano, se va a
enfrentar a él. Su escenario básico está en Asia y, de lo que se trata
ahora es de organizar una coalición de Estados con el objetivo de frenar
a China e impedir que se acabe convirtiendo en la primera potencia
económica, tecnológica, diplomática y político militar de un mundo en
transición.
Lo que hace EEUU es adelantarse e intentar cuartear un poder
al que fundadamente se le teme. La política exterior norteamericana es
integral, ya no distingue entre comercio internacional, innovación
tecnológica y la llamada “revolución” en los asuntos militares. (...)
¿Qué papel juega la Unión Europea en este mundo que cambia aceleradamente? Poco o nada. (...)
Lo primero que falta es una decisión política. ¿Está de acuerdo con ser
parte y actor de un mundo multipolar en gestación o va a seguir presa de
unos viejos supuestos como los de la OTAN que han perdido su razón de
ser y ya no definen el mundo que viene? Lo que sabemos no dice mucho de
la dignidad de la UE como actor internacional. (...)
El tipo de Europa (los norteamericanos siempre estuvieron por la
ampliación al Este) que se está construyendo les beneficia, la hacen
girar más a la derecha, promueven política económicas fuertemente
neoliberales y hacen de su pertenencia a la OTAN la razón de ser que
impide un acuerdo en serio con Rusia.
Paradójicamente, esto se tiende a
olvidar, son los más interesados a un entendimiento con China y formar
parte de la nueva Ruta de la Seda defendida por el viejo imperio del
centro. (...)" (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 21/05/19)
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