27.5.19

El conflicto entre Huawei y Google enseña más sobre el comercio internacional, el de verdad, el real, que los todos los tediosos manuales sobre relaciones económicas internacionales. Por lo pronto, la globalización salta por los aires... Vivimos en una etapa de excepción y crisis que durará mucho tiempo... ¿Qué papel juega la Unión Europea? Poco o nada

"(...) Se puede decir que, de una u otra forma, existe un equilibrio, un cierto orden de poder que identificamos con el término sistema mundo capitalista. Su característica: estar organizado jerárquicamente, donde sus específicas relaciones y su modo de distribución del poder concretan cada etapa histórica.

 Los actores, en un sentido amplio, se sitúan ante cada momento en función de si se está en fase de equilibrio u orden –más o menos estable- o de desorden y caos. La clave es siempre conocer y actuar cuando el sistema se transforma, cuando vive una transición como la actual en la que se rompe con viejas hegemonías y se busca un nuevo orden basado en reglas de juego distintas y una nueva distribución del poder. En estas estamos ahora.

 Las crisis desvelan lo que la normalidad oculta. El conflicto entre Huawei y Google enseña más sobre el comercio internacional, el de verdad, el real, que los tediosos manuales sobre relaciones económicas internacionales, costes comparativos incluidos. 

Por lo pronto, nos dice que las grandes empresas multinacionales tienen siempre un Estado-nación detrás y que se someten a él cuando se les necesita. 

En segundo lugar, nos dice que estamos ante una guerra económica de grandes proporciones. Por lo pronto, la globalización salta por los aires y se queda en lo que fue, un mundo a imagen y semejanza de EEUU.

 Y, en tercer lugar, que en el trasfondo de esta disputa está la lucha por la hegemonía, es decir, organizar una nueva redistribución del poder en el sistema mundo capitalista. La transición hace tiempo que comenzó. 

Vivimos en una etapa de excepción y crisis que durará mucho tiempo y que, de una u otra forma, marcará el presente y el futuro de la economía, de las relaciones internacionales y de los Estados individualmente considerados.  (...)

El mundo socialista implosionó y EEUU se convirtió en lo que alguien llamó la hiper potencia; el mundo bipolar terminó y parecía que la tendencia era hacia un mundo unipolar hegemonizado por la gran potencia norteamericana. La globalización fue, una vez más, el proyecto político y la ideología legitimadora de este dominio. 

Hay una parábola que explica bien el fin de todo esto que es que Hillary Clinton, la compañera del hombre que “decretó” la globalización, fue vencida por Donald Trump que venía a constatar, no solo su agotamiento, sino la necesidad de un cambio radical en la política interna y externa de los EEUU. 

¿Cómo interpretar la política de este personaje que parece actuar como un matón en unas relaciones internacionales cada vez más complejas y diferenciadas?

 Lo primero, tomárselo en serio y pensar que es bastante probable que gane las próximas elecciones norteamericanas. 

En segundo lugar, más allá de cómo gestiona los conflictos, su estrategia representa un núcleo de poder fuerte y que tiene un consenso popular notable. 

En tercer lugar, que con él o sin él, la política exterior norteamericana no variará sustancialmente en el futuro.

 ¿Cómo definir la actual estrategia norteamericana? 

Lo diré así, un realismo ofensivo, tomando prestado un concepto que ha desplegado convincentemente John Mearsheimer. EEUU se siente desafiado, tiene una clara hegemonía en el hemisferio occidental y, de nuevo, aparece una gran potencia con vocación de hegemonía en el hemisferio oriental. 

Ese desafío EEUU no lo puede permitir y sabe que, tarde o temprano, se va a enfrentar a él. Su escenario básico está en Asia y, de lo que se trata ahora es de organizar una coalición de Estados con el objetivo de frenar a China e impedir que se acabe convirtiendo en la primera potencia económica, tecnológica, diplomática y político militar de un mundo en transición.

 Lo que hace EEUU es adelantarse e intentar cuartear un poder al que fundadamente se le teme. La política exterior norteamericana es integral, ya no distingue entre comercio internacional, innovación tecnológica y la llamada “revolución” en los asuntos militares. (...)

¿Qué papel juega la Unión Europea en este mundo que cambia aceleradamente? Poco o nada. (...)

Lo primero que falta es una decisión política. ¿Está de acuerdo con ser parte y actor de un mundo multipolar en gestación o va a seguir presa de unos viejos supuestos como los de la OTAN que han perdido su razón de ser y ya no definen el mundo que viene? Lo que sabemos no dice mucho de la dignidad de la UE como actor internacional. (...)

El tipo de Europa (los norteamericanos siempre estuvieron por la ampliación al Este) que se está construyendo les beneficia, la hacen girar más a la derecha, promueven política económicas fuertemente neoliberales y hacen de su pertenencia a la OTAN la razón de ser que impide un acuerdo en serio con Rusia. 

Paradójicamente, esto se tiende a olvidar, son los más interesados a un entendimiento con China y formar parte de la nueva Ruta de la Seda defendida por el viejo imperio del centro. (...)"       (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 21/05/19)

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