"(...) Hoy la extrema derecha francesa ha dejado de ser una excepción local. Es
ya una opción política globalizada: forma parte de los oficialismos en
países como Italia, Austria, Bulgaria, República Checa, Polonia, o es
una alternativa que nadie puede obviar, tal y como ocurre en Hungría,
Suecia, Holanda o Bélgica.
Catalogadas bajo la definición de derechas
duras, derechas patrióticas o soberanistas, no todas las corrientes son
convergentes. (...)
Sin embargo, es preciso distinguirlas entre sí. En primer lugar, hay seis grupos distintos que conforman la galaxia ultra:
- una extrema derecha tradicional, cuyo perfil se fue trazando a partir de la xenofobia;
- una derecha nacionalista, patriótica y obsesionada
con la identidad nacional, que se afianzó en las dos últimas décadas con
la defensa del terruño, la nacionalidad y la identidad blanca-cristiana
en oposición al islam considerado como tóxico e invasor;
- una derecha soberanista que impugna con violencia el
federalismo de Europa y suele proponer, aunque con variantes
condicionadas por el oportunismo electoral, la salida del euro y de la
Unión Europea;
- derechas autonomistas o independentistas, ambas
volcadas completamente a la acción en beneficio de la independencia
dentro de un determinado país;
- derechas autoritarias «iliberales», como la
encarnada por el dirigente húngaro Viktor Orbán. Esta derecha dura se
propone una reforma o reformulación de las instituciones democráticas
con el único fin de achicar sus poderes;
- por último, la derecha neofascista y radicalmente
xenófoba. Esta extrema derecha no rehúye la violencia ni tampoco el
exhibicionismo de los signos fascistas o nazis.
Podría haber otras subcategorías, e incluso algunas se
mezclan con otras, pero según las historias propias de cada país y el
funcionamiento de las instituciones, este retrato de seis perfiles las
identifica con claridad.
Unir a todas en una gran marea electoral fue el
proyecto que se fijó a partir de 2018 el ex-consejero del presidente
Donald Trump, Steve Bannon. Con esa idea se instaló en Bruselas y creó
«El Movimiento», hasta que se dio cuenta de la complejidad de la tarea.
Había demasiados actores peleados entre sí como para montar una buena
pieza de teatro. Funciona en las cámaras, no entre los telones.
En todos los casos, el crecimiento de las extremas
derechas tiene dos denominadores comunes: la crisis económica y la
migración. Esta última no tiene por qué ser únicamente exterior a la
Unión Europea. En 2004, el desplazamiento de migrantes procedentes de
Polonia o Rumania dio lugar a una ola de racismo fuera de lo común.
Luego, en 2015, con la crisis de los migrantes en el Mediterráneo, el
atentado contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo
(en enero de ese año), los atentados del 13 de noviembre en París, del
14 de julio de 2016 en Niza y luego en diciembre Alemania, la extrema
derecha se alimentó de la realidad.
Su otro enemigo mortal, el que las motiva y las
propulsa por encima de sus diferencias, es el desprecio común hacia el
europeísmo y la Comisión Europea. (...)
El historiador Nicolas Lebourg, especialista en la extrema derecha, resalta a este respecto:
«fuera de sus desavenencias y más allá de sus ideologías respectivas,
en Occidente, la extrema derecha funciona según una idea fija: hoy, la
globalización equivale a la ocupación de Occidente por Oriente.
Ocupación cultural mediante la islamización de las sociedades o la
ocupación industrial con las exportaciones que vienen de China».
Este es, sin lugar a dudas, el cuerpo ideológico que atraviesa y empapa
todas las extremas derechas presentes en el Viejo Continente. En cambio,
las cuestiones económicas las fracturan.(...)
No existe entonces una extrema derecha uniforme. sino una corriente
anudada en torno del tema de la migración y confundida o divorciada con
respecto a muchos otros. (...)
Las ultraderechas del Viejo Continente han más bien demostrado que
pueden odiar juntas a los extranjeros, pero no trabajar unidas. Al menos
por ahora, son una orquesta desafinada cuya música el público
interpreta como una sinfonía salvadora." (
Eduardo Febbro
, Nueva Sociedad, Mayo 2019)
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