"En política, los errores se conjuran dimitiendo y no
parece sensato que lleven los partidos (¿hacia dónde?) quienes los han
hundido. A no ser que sus partidos no les interesen y sean solamente
herramientas personales o de pequeñas familias con el mandato de
resistir a toda costa”.
Esto es lo que decía Juan Carlos Monedero
respecto a las elecciones andaluzas de 2018, cuando Adelante Andalucía
perdió 300.000 votos, obteniendo tan sólo un 16 % de los sufragios.
El gran error de Teresa Rodríguez había sido, nos dijo, enmascarar las siglas de Podemos. Y pidió que se asumieran responsabilidades y que hubiera dimisiones.
Ahora podemos medir si tenía razón. En estas elecciones, Podemos ha
obtenido en Andalucía un 14,25%, un porcentaje sensiblemente menor (y
eso con una participación electoral muchísimo más movilizada).
Así,
pues, Teresa Rodríguez acertó. Sin ella y sin Adelante Andalucía, el desastre habría sido mucho mayor.
Monedero se equivocó en su diagnóstico. Pero sus duras palabras
respecto a “los que llevan los partidos al desastre” ¿siguen siendo
vigentes? En ese caso, la actual dirección de Podemos debería dimitir en
bloque, porque el desastre ha sido mucho mayor. O, por lo menos, Juan
Carlos Monedero debería exigirlo ahora con la misma vehemencia.
Podemos ha perdido 1,3 millones de votos respecto a
2016 y 2,3 millones de votos respecto a 2015. Haya sido cual haya sido
la estrategia, el resultado es que ha obtenido 14,3% de los votos a
nivel estatal, algo que ya recuerda demasiado a los viejos techos de IU.
Ahora somos -sigo siendo votante de Podemos- cuarta fuerza política.
Hace tres años íbamos a sorpasar al PSOE y ahora nos encontramos con un
PSOE más fuerte que nunca.
Todo ha vuelto, por tanto, a la normalidad: los
estrategas de la dirección podemita han refundado IU y recuperan su
viejo papel frente al PSOE. ¿Están muy orgullosos del resultado? Y sobre
todo, ¿alguien puede pensar que con esa estrategia lograríamos
imponernos en las municipales y las autonómicas? (...)
En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, la derecha ha
obtenido el 53,58% de los votos frente al 45,23% de la izquierda. La
situación es, por lo tanto, gravísima: la
izquierda puede perder el Ayuntamiento y volver a perder la Comunidad,
que quedaría, además, en manos de una derecha radicalizada, lo
que sería la puntilla tras estas dos décadas de neoliberalismo salvaje.
¿Se entiende así por qué ha sido necesario crear Más Madrid? ¿Alguien
puede pensar que, para revertir esos porcentajes, podíamos limitarnos a
aspirar al 16,24% que ha obtenido Podemos en la Comunidad de Madrid? El
propio Pablo Iglesias explicaba mejor que nadie por qué Podemos no se había creado pensando en semejantes porcentajes.
Es hora de reconocer de una vez por todas que la
línea política que se impuso en Podemos desde su ejecutiva ha sido
catastrófica.
Y, en especial, desde Vistalegre II ya no vale echar
la culpa a las disputas internas porque no ha habido disputas internas.
Toda la oposición interna fue expulsada o marginada taxativamente. O más
bien: todo el que alguna vez se había atrevido a
disentir con la dirección fue borrado del mapa, por muy diversas que
fueran sus posturas, que iban desde Carolina Bescansa a Luis Alegre,
pasando por un larguísimo etc.
A Errejón, en concreto, se le silenció
hasta en las tertulias de la radio, no sólo en tanto que portavoz de
Podemos. Y fuimos muchos más los que, a partir de ese momento, nos
quedamos en la cuneta con la boca cerrada. La ejecutiva tuvo desde
entonces el completo monopolio para decidir la línea política a seguir.
Nadie ha podido hacer la más mínima sombra a la dirección. Y Podemos ha
perdido más de un millón de votos. Ese es el resultado y no tiene vuelta
de hoja.
Podría haber sido peor, sin duda. Las encuestas
anunciaban un mayor descalabro. Sin duda, el cambio de estrategia
(bastante “errejonista”, por cierto) en la campaña de Pablo Iglesias ha
contrarrestado la tendencia a la baja. Ahora bien, seamos serios, la
novedad de esta campaña ha sido VOX y la participación que ha estimulado
en clave defensiva: Es VOX quien ha hecho la campaña de Unidas Podemos y
PSOE.
Mucha gente no ha ido a votarles entusiasmada por su propuestas y
convencida por sus argumentos, sino porque eran las únicas dos
papeletas que servían para frenar el fascismo. Así es que tampoco es
cuestión de que la dirección de Podemos se felicite por haber evitado el
desastre, porque más bien se ha salvado por la campana. Eso sin contar
con que a Pablo Iglesias, muchos, le han votado con voto prestado.
Es decir, no para que sea presidente, sino para que Sánchez sea de
izquierdas. Nadie imaginaba que Sánchez no ganara, nadie imaginaba que
Pablo fuera presidente. Esto no es discutible, porque básicamente fue el
argumento de Iglesias en los debates para pedir el voto. Más o menos,
vino a decir: “de todo esto que ven, lo menos malo es Sánchez, ¿verdad?
Pues si le quieren a él, vótenme a mí, porque si no, se irá con Rivera y
ya no será el Sánchez que a ustedes les gusta”.
Así pues, no vale escudarse en el asunto de las
“disputas internas”. Lo que más bien demuestran los resultados
electorales es que si hubo críticas internas a la dirección de Podemos
es porque se estaban haciendo mal las cosas y el descalabro electoral se
anunciaba inminente. En absoluto es que las cosas hayan salido mal a
causa de esas disputas internas (que ya no podía haberlas, a partir de
Vistalegre II).
La pelota está en el tejado de la ejecutiva de Podemos.
Alguien tiene que asumir ahí, cuando menos, la pérdida del último millón
de votos. Y como decía Monedero, eso se asume dimitiendo.
Aunque cabe, todavía, otra posibilidad.
Que
reconociendo su gravísima equivocación, Podemos asuma la responsabilidad
de pedir el voto para Más Madrid (al fin y al cabo, seguimos
perteneciendo a Podemos), con la misma lealtad y sinceridad como desde
Más Madrid hemos pedido el voto y hemos votado por Podemos en estas
elecciones generales."
(Carlos Fernández Liria, integrante de la lista Más Madrid a la Comunidad. Cuarto Poder, 02/05/19)
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