"La idea de bajar los impuestos no es nueva, ni brillante, ni
inteligente, sin embargo se repite machacona con la persistencia de un
mantra por aquellos que aspiran a gobernar o a mantenerse gobernando. (...)
Suelen adornarla con un argumentario maniqueo en
el que elevan a la categoría de principios frases como “donde mejor
está el dinero es en el bolsillo de la gente”, una simpleza muy útil como reclamo a la caza de votos que debería avergonzar a cualquier servidor público solo por pensarlo. (...)
Como añadido, la propuesta de rebajar los impuestos suele referirse a los directos, más progresivos y que gravan la mayor riqueza del contribuyente.
Una reducción que se combina en ocasiones con una elevación o
mantenimiento de los indirectos, que castigan sobre todo a la población
con menos recursos, y con la subida desbocada de la deuda pública,
poniendo el futuro de toda la sociedad en manos de unos pocos acreedores
privados. (...)
Estas acciones tienen su correlato nacional y están
planificadas para un fin concreto: disminuir el Estado, restarle
capacidad de constituir un referente significativo y relevante para las
vidas de la personas, y que sea la iniciativa
privada la que cubra sus carencias, después de haber deteriorado el
Estado del bienestar por la vía de ir retirando los recursos que
precisa.
Esta “reducción” del Estado tendría menos importancia si no fuera porque nos afecta de manera absolutamente desigual. (...)
Así, tenemos derecho a la Salud porque existe la Sanidad Pública; a la Educación porque disponemos de un Sistema Educativo Público;
a la Justicia porque hay Tribunales; a la vivienda; a una vida digna
cuando perdemos el trabajo (protección por desempleo); o cuando
finalizamos nuestra vida laboral (pensiones). Tenemos derechos aunque no
están plenamente cubiertos.
En este contexto, las rebajas de impuestos no hacen
otra cosa que despojar a los poderes públicos, a las administraciones,
de la principal herramienta para asegurar los derechos, además de
impedirles establecer un sistema de protección y solidaridad entre
quienes más y menos oportunidades tienen.
Si no hay recursos económicos no hay gasto público,
si no hay gasto no hay servicios públicos, y si no hay servicios no hay
derechos, en resumen, si no hay ingresos no hay derechos. La reclamación
continuada, sin contención, de la reducción sostenida de impuestos
conlleva la rebaja de derechos. (...)
Difícil resistirse a la tentación de este discurso cuando desde la
izquierda política se ha combatido poco. Ahora ya es tarde para
enfrentarlo con la fuerza que se debiera para quienes tienen que
presentarse al examen electoral y se juegan obtener buenas notas. (...)" (CC.OO, Madrid, 16/05/19)
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