"(...) ¿debe dimitir Pablo Iglesias?
Las filias y fobias que provoca el secretario morado son muy fuertes,
y van desde cultos semejantes al Cristo de los gitanos a rechazos
comparables al que se siente por la mismísima Parca, pasando por toda
una escala de alabanzas e insultos, adhesiones y abominaciones.
Sin embargo, estimamos que los resultados de las últimas elecciones
hacen inevitable la pregunta sobre la continuidad en su cargo de Pablo
Iglesias.
Ahora bien, la pregunta no solo es complicada por la
carga emocional que le rodea, sino también -y en lo que a nosotros
incumbe sobre todo- por la dificultad de su respuesta. Veamos:
En nuestra opinión, para Podemos –y en consecuencia para Unidas Podemos–
Pablo Iglesias es un nudo en el que se enlazan tensiones contrarias.
Por un lado creemos que –al menos en el corto plazo– Pablo Iglesias es
el activo más importante de Podemos. De hecho si en las pasadas
legislativas no se dio un resultado semejante sino mejor al que un mes
después se produciría en las elecciones europeas, autonómicas y
municipales fue sin duda gracias a la presencia de Pablo Iglesias en las
primeras y a su buen hacer en la campaña y en los debates televisados.
Este papel esencial de Pablo Iglesias dentro de la organización hace
pensar que si dimitiera, Podemos no solo bajaría en el terreno electoral
y se vería mermado políticamente, sino que lisa y llanamente
implosionaría, al permitir la ausencia de Iglesias la salida completa
del armario de cabecillas, camarillas, capillas y demás tribus que
pululan en Podemos y que, parece, solo mantiene unidas el "carisma" del
líder.
Por otro lado, Pablo Iglesias se puede constituir –en el
medio plazo– como el principal obstáculo para una renovación/refundación
de Podemos. No podemos olvidar que, de la mano de Errejón, Pablo
Iglesias es el principal responsable de haber construido una
organización que de partido movimiento que pretendía representar la
“nueva política” pasó a ser un partido muy centralizado y jerarquizado,
con resortes de legitimación interna plebiscitarios y bastante semejante
en su funcionamiento a los demás partidos.
El “bonapartismo” de
Iglesias, el culto a la personalidad y al líder que su presencia
fomenta son rémoras para un proyecto emancipador que a la corta o a la
larga acabarán mostrando -si no lo han mostrado ya- su importancia
negativa.
Nos encontramos, pues, ante una situación paradójica:
la dimisión de Pablo Iglesias puede significar la implosión de Podemos,
pero su continuidad puede suponer que no se produzca su imprescindible
renovación/refundación.
Lamentablemente carecemos de la espada de Alejandro para resolver de
un tajo el nudo gordiano que se nos presenta, por lo que habrá que
buscar soluciones menos “cortantes”.
Cierto es que Pablo
Iglesias ya ha dicho que no va a dimitir, decisión que en buena medida
menoscaba la utilidad de la pregunta que nos ocupa. Pero también es
cierto que de la respuesta que demos –al menos hipotéticamente- a la
cuestión derivarán diferentes posiciones y futuras actitudes dentro y
fuera de Podemos.
En nuestra opinión, y buscando un precario
equilibrio entre la ética de la convicción y la ética de la
responsabilidad, entre los principios y el pragmatismo, entre lo posible
y lo necesario, solo cabría un camino: apoyar la continuidad de Pablo
Iglesias a la vez que exigir la apertura de un proceso de reflexión que
lleve a la refundación de Podemos en un sentido que le acerque de nuevo a
sus orígenes.
Alguien podrá decir que estamos proponiendo la cuadratura del círculo. Puede ser, pero esto nos llevaría a la tercera pregunta:
¿Es reformable Podemos?
(...) Por ejemplo:
1ª.- Podemos es aún un instrumento útil para los de abajo.
2ª.- Podemos necesita ser reformado.
3ª.- Este es un buen momento para su reforma.
4ª.- Se tiene una idea del sentido en que debe ser reformado.
Observemos que no todo el mundo aceptará estos presupuestos y así habrá
gente que dará a Podemos por perdido y amortizado, otros negarán la
mayor y no creerán que necesite ningún tipo de reforma, unos terceros
podrán pensar que la actual coyuntura política no es la adecuada para
embarcarse en transformaciones político-organizativas y unos cuartos
argüirán que todo depende de la naturaleza y el para qué de esa supuesta
reforma.
Pero aún habría otra creencia implícita en nuestra
pregunta: la sospecha de que existirían serias resistencias dentro de la
organización a cualquier cambio de su status quo o, dicho sin ambages,
de su actual modelo organizativo, línea política, correlación de fuerzas
interna y cúpula en el poder.
Las declaraciones de la gran
mayoría de la actual dirección de Podemos sobre las causas y
repercusiones de la debacle electoral de las pasadas elecciones parecen
ir en la dirección acabada de reseñar. Todo indica que la cúpula de
Podemos no quiere para nada propiciar un debate interno sobre la
situación de Podemos que vaya o pueda derivar en un camino hacia un
Vistalegre 3.
Las razones las podemos dividir entre decibles e indecibles.
Entre las primeras estarían la necesidad de dejarse de mirar el ombligo
y la convicción de que la batalla realmente importante y en la que hay
que entrar con todas las energías es la de qué gobierno se va a formar
en las próximas e inmediatas fechas. (...)
Tres son sus principales males:
1º.- En lo organizativo. De
partido movimiento protagonista y abanderado de la "nueva política”,
Podemos ha devenido en un partido centralista, jerarquizado y con una
dirección con una clara tendencia bonapartista. Una de las más graves
rémoras de esta situación es la práctica desaparición de los círculos y
las interminables luchas cainitas de facciones.
2º.- En lo
político. Con inopinados cambios estratégicos y bandazos tácticos sin
justificación crítica. Por ejemplo, se ha pasado de una concepción
lauclaniana de conquista de la hegemonía a una vía que podíamos llamar
neo eurocomunista pasando por un escarceo socialdemócrata clásico sin
una reflexión seria que avalara la necesidad de dichos cambios.
3º.- En la praxis. La práctica totalidad de las energías de la
organización – cuando las peleas internas dejaban tiempo y espacio – se
ha volcado en la vía institucional y se ha abandonado en buena parte la
política cotidiana, de calle y trabajo, en los movimientos sociales.
Esto es mortal de necesidad para una organización que necesita de la
savia del contacto con los de abajo para existir y tener fuerza.
Individualizados a vuelapluma los principales problemas de Podemos –y,
antes de contestar a nuestra pregunta: ¿es posible revertir esta
situación?– quizás fuese conveniente destacar los obstáculos a dicha
reforma:
1º.- La estructura organizativa interna de Podemos ya
consolidada que no verá con buenos ojos ningún movimiento que pueda
suponer su puesta en cuestión.
2º.- La ristra de “cadáveres”,
heridos, resentidos, damnificados y escépticos que las sucesivas luchas
internas de Podemos ha ido dejando por el camino en su no muy dilatada
pero convulsa historia.
3º.- La presión de la coyuntura política que “aconseja” centrarse en ella y no “perderse” en debates internos.
4º.- La pocas “ganas” mostradas por la cúpula de iniciar una verdadera
reflexión sobre el irresistible descenso electoral y de presencia
institucional y en la calle de Podemos.
5º.- El reflujo de la
contestación social que sume en la melancolía a los militantes y deja
sin motor interno a las aspiraciones de cambio y mejora.
La respuesta positiva o negativa a la cuestión de si es reformable
Podemos muestra su importancia si valoramos las consecuencias. En caso
negativo habría que dejar languidecer a la formación morada e iniciar un
proceso de construcción de una nueva organización; en caso afirmativo
se debería fijar con claridad el qué cambiar y el cómo hacerlo.
(...) ¿qué hay?: el famoso análisis concreto de la situación concreta. (...)
2º.- El cambio de ciclo político en España se ha producido. La crisis de
legitimidad que sufrió la democracia demediada realmente existente en
nuestro país se está cerrando de forma favorable a los de arriba. (...)
3º.- Las fuerzas progresistas se han desfondado y la masa crítica
emancipadora reducido substancialmente. En la actualidad el bloque de
cambio no tiene la capacidad suficiente para forzar, impulsar o imponer
medidas reformistas que afecten realmente al poder económico (...)
4º.- La hegemonía política y económica de los de arriba también es
ideológica. Las ideas neo liberales y conformistas han triunfado en
nuestra sociedad: se cree más en las salidas individuales que en los
proyectos colectivos (...)
7º.- Las demandas de entrar en el gobierno por parte de Unidas Podemos no dejan de ser un brindis al sol (...)
8º.- La estrategia del poder sigue siendo la destrucción de Unidas Podemos. (...)
Por todo lo anterior es necesaria:
1ª.- Una revisión de la
estrategia política de Unidas Podemos que todavía está pensada para el
ciclo anterior, caracterizado por una situación ascendente del bloque de
cambio. En el actual ciclo, claramente de reflujo, nos vemos abocados
sin embargo a una estrategia defensiva y más de recuperación que de
acumulación de fuerzas.
2ª.- Esta nueva situación y esta nueva
estrategia exigen cambios profundos en la estructura organizativa de
Podemos. Será imprescindible hacer de la necesidad virtud, y aprovechar
la drástica reducción de la presencia institucional para volver a la
calle (...) Revitalizar los círculos, el contacto molecular con los de abajo,
recuperar a la gente válida que se perdió en tanta lucha cainita, en una
palabra, refundar Podemos
Concluyamos con una quinta e hipotética pregunta kantiana:
¿Es posible refundar la estructura realmente existen de Podemos -y por
extensión de Unidas Podemos- para crear un nuevo movimiento/organización
que sepa hacer política desde la gente, por la gente y con la gente?
Si contestamos con el pesimismo de la inteligencia probablemente no.
Si respondemos con el optimismo de la voluntad: hay que intentarlo... o empezar a pensar en otra cosa.
De nuevo Sísifo subiendo la roca a la montaña."
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