9.2.26

Esto es ser cristiano: "Señor arzobispo de Oviedo: deje de avergonzar a esta Iglesia... las manifestaciones públicas del Arzobispo de Oviedo sobre la regularización de inmigrantes, reiteradamente usan argumentos y expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se aproximan mucho más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como sospechoso, delincuente, invasor…" (Carta de cristianos asturianos a su arzobispo)... Esto es ser cristiano: hubo personas en el Gobierno de Trump a las que les molestó cuando el Papa utilizó la palabra “inhumano” para referirse a la forma en que se estaba aplicando la política migratoria aquí. Así que no tiene miedo de llamar a las cosas por su nombre, pero no lo personaliza. Porque, a largo plazo, considera que el tema es más importante que criticar a una persona en particular... hay políticos a los que les gusta envolver sus políticas en un lenguaje bíblico. Lo que hay que examinar no es un argumento basado en la Escritura, sino un argumento que nos ayude a comprender cuáles son las implicaciones morales de una política determinada. Debemos alzar la voz y abogar de manera no violenta. Mi principal preocupación no es criticar a una persona en particular dentro de la administración, sino que la gente necesita involucrarse como ciudadanía para que haya avances. Tenemos que ayudarles a comprender lo que está en juego... la población en general, siente que está siendo aterrorizada por la forma en que se están llevando a cabo estas redadas. Algunos de nuestros sacerdotes han sido detenidos por estos agentes de inmigración debido al color de su piel y se les ha exigido que muestren su ciudadanía y sus documentos. Esto es realmente inaudito (Cardenal Blase Cupich)

 "Señor arzobispo de Oviedo: deje de avergonzar a esta Iglesia" 

 “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Mt. 4, 16) se nos decía en la liturgia de la Navidad. La medida de regularización de inmigrantes, que el Arzobispo cuestiona, es una gran luz para las 500.000 personas que se beneficiarán del real decreto para una regularización extraordinaria; una medida que responde a una demanda ciudadana sostenida durante años con 700.000 firmas de apoyo. Es un hecho que nos debería llenar de alegría, porque se hace realidad que ese “pueblo” migrante ve una luz grande para sus vidas. Parroquias, comunidades cristianas, creyentes en general, viendo esta realidad desde la mirada de Jesús, apoyan y se alegran por este paso necesario, independientemente de circunstancias de oportunidad política u otras que se están mencionando con intención de confundir y amedrentar a la gente.

Pero las manifestaciones públicas del Arzobispo de Oviedo sobre esta materia, reiteradamente usan argumentos y expresiones que se alejan de los mandatos bíblicos y se aproximan mucho más a las voces extremistas que tratan de presentar al inmigrante como sospechoso, delincuente, invasor… En concreto, en su última “aportación” hasta ahora, insiste en que “todos no caben”, expresión absurda, entre otras cosas porque los que serán regularizados ya están aquí. Y siembra de nuevo la sospecha con la frase: “descartando a cuantos se nos cuelan”. 

En otras ocasiones ha sugerido la invasión demográfica musulmana planificada o que “algunos traen carnet de terrorista”. Sus palabras traslucen una visión del inmigrante alejada de los valores cristianos y de la doctrina católica, insistentemente reiterada desde antiguo por el magisterio de la Iglesia y actualizada con gran empeño por el papa Francisco y ahora por León XIV.

¿Todos no caben? Debe recordar el Arzobispo que el ministerio sagrado no le confiere competencia alguna para dilucidar la capacidad (y necesidad) que tiene un país, en este caso España, o una región, en este caso Asturias, para incorporar población inmigrante. Se trata de una valoración que corresponde a los técnicos en la materia y que, más allá del recurso de las regularizaciones (usado varias veces por gobiernos de diferente signo en las últimas décadas), debería ser establecida políticamente mediante leyes adecuadas. Por cierto, que en la Fundación FOESSA de Cáritas hay excelentes técnicos en estas materias que le podrán asesorar.

Y en vez de sembrar sospechas y reticencias, sería muy pertinente que hiciera una llamada a todos los políticos para buscar un acuerdo cuanto antes que proporcione un marco legal estable y generoso a las migraciones en España; sería mucho más constructivo y propio de su ministerio eclesial, en lugar de apuntarse al “bombardeo” tendencioso, usando argumentos extremistas que ofenden a la inteligencia, faltan a la misericordia e insultan a las personas extranjeras, en su inmensa mayoría gente honrada y trabajadora, que están entre nosotros buscando una vida mejor.

¿Ha visto el Arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses recogiendo las manzanas en las pumaraes de Asturias este pasado otoño? Pues ahí han estado, ganándose apenas la manutención del día. Con su humildísimo trabajo están aportando a esa “Cultura de la Sidra”, orgullo de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que ahora, ellos y otros muchos hombres y mujeres trabajadores vayan a tener una vida algo mejor, puedan trabajar legalmente y tener los derechos que corresponden a la dignidad de toda persona (repase por favor Dignitas Infinita, del Papa Francisco).

¿No todos caben? ¿Quiere decir que hay ya más de los que caben? ¿Se está apuntando a la política de las deportaciones? ¿Va a desautorizar a las organizaciones de Iglesia que apoyaron esta medida de regularización y a su propia Cáritas? Y en cuanto a su discrepancia con la posición acordada en la Conferencia Episcopal a favor de la ILP que reclamaba esta regularización excepcional, es todo lo contrario de una expresión de comunión y lealtad con sus iguales en el ministerio.

¿Cuántos caben? Lo que está claro y es de notorio sentido común, es que cada vez van a “caber” más, dada nuestra evolución demográfica y el contexto de nuestro mercado laboral. Por ello, en lugar de preocuparse por cuántos hay o cuántos vienen, al ministerio pastoral corresponde la tarea de enseñar e implementar la doctrina católica que manda “acoger, proteger, promover e integrar” al migrante (repase Fratelli Tutti de Francisco) y que recuerda, en palabras de León XIV (Dilexi Te), que la misión de la Iglesia es construir puentes, no muros, ver hijos donde otros ven amenazas y descubrir que cada migrante rechazado es Cristo llamando a la puerta de la comunidad.

Le rogamos encarecidamente a monseñor Sanz que deje de avergonzar reiteradamente, con sus manifestaciones impropias, a esta Iglesia de Asturias, que hace dieciséis años también le acogió a él para ejercer entre nosotros no otra cosa que la función de pastor, maestro de la fe y testigo del evangelio de la misericordia.

Firmantes:

José Manuel Parrilla, profesor de Sociología (Universidad de Oviedo) y Doctrina Social de la Iglesia (Seminario de Oviedo), y con él Alegría García García, Alejandro Alas Suárez, Alfonso Mascuñana Bordas, Alicia González García, Alida Hevia Alonso, Amparito Valles Asenjo, Amparo Prieto Carvajales, Ana Álvarez Fernández, Ana M. Begoña Sariego Martínez, Asociación Pro Inmigrantes en Asturias (APIA), Asunción Beitia Ochoa, Beatriz Blanco García, Begoña María Cerra Lorenzo, Belén Negreira Barcia, Carmen Garrido González, Charo del Blanco de la Red, Colectivo “Revuelta de Mujeres en la Iglesia” de Asturias, Covadonga Carreño Morán, Cristina Aguilar Galindo-Bustio, Encarnación Suárez Sánchez, Estefanía García Pérez, Faustino Castaño Vallina, Faustino Villabrille Linares, Fernando Albuerne López, Flor González Muñiz, Francisco Barba Navas, Gloria Fernández Martínez, Gloria María Blanco González, Guillermo González Pire, Hosanna Fernández Negreira, Irene Flórez Blanco, Itziar Celigueta Pérez-Cuadrado, Itziar Munuera Fernández, Jesús Gallo Alonso, Jesús Manuel Álvarez Álvarez, Jesús Rodríguez Rubio, José Ángel González Arias, José Félix Botrán Gil, José Ignacio Alonso Gómez, José Luis Fonseca Orviz, José Luis Suárez Sánchez, José Manuel García Paz, José María Alvarez Rodriguez, José María Murias González, Juan Carlos Fernández Fernández, Juan Carlos Parada Yáñez, Julia López Ruiz, Julio Cesáreo Álvarez Baizán, Justo López García, Lourdes Prieto Carbajales, Lucía-Pía Fernández Gutiérrez, Luis Alonso Traviesas, Luis Laureano Castañón González, Luis Manuel Flórez García, Luis Manuel Lobera García, M. Josefa Sánchez Menéndez, Manolo Sánchez Murias, Manuel José Calzada Mier, Manuel Rodrigo Fernández García, Marco Antonio Luengo Castro, Mari Carmen Fernández González, María Angels Carabassa Rubio, María del Carmen Rosón Álvarez, María Dolores Patón Sabucedo, María Elena Galán Hevia, María Fernández Fernández, María Gallo Suárez, María Hortensia Fernández Vidal, María Jesús Álvarez García, María Jesús Cortina Argüelles, María Jesús Fanjul Mori (Comunidades cristianas), María Jesús Lavandero Ruiz, María Jesús Negreira Barcia, María José Capellín Corrada (Forum de Política Feminista de Asturias), María Luisa Intriago Pastor, María Paz Suárez Suárez, María Pilar Suárez Castaño, María Pilar Vázquez Antuña, María Rosa de la Concha García-Mauriño, Marisa Martínez González, Matilde Díaz González de Lena, Mina Blanco Juárez, Pablo Toral Gutiérrez, Pedro Álvarez Martínez, Raquel Palacio Villazón, Remedios Vázquez Diz, Rosa A. Gómez Fenández, Rosa Fernández García, Rosario Gonzalez Carreño, Rubén Orihuela Sancho, Teresa Celigueta Crespo, Toñi Quirós Muñiz, Verónica del Fueyo Alvarez, Victor García Ordás, Victoria Mejuto Vila, Cristina Menéndez Vega, Fernando Díaz Malanda, Nieves Vallina Palacio, María Luisa Asprón García y Jesús Ángel Fernández Fernández."                                       (Religión Difgital, 02/02/06) 

 

 "Cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago: “Nuestros sacerdotes han sido detenidos por agentes de inmigración debido al color de su piel”.

 El cardenal Blase Cupich (Omaha, Nebraska, 76 años) es una de las voces más destacadas del sector progresista de la Iglesia católica estadounidense en un momento en que el ala ultraconservadora, envalentonada por la Administración de Donald Trump, gana terreno rápidamente en un país fuertemente politizado. Salvo que él no se ve a sí mismo de ese modo, ni tampoco a la Iglesia. “Siempre trato de ser fiel a lo que dice la doctrina de la Iglesia sobre las cuestiones sociales, y esa es mi guía. No quiero jugar al juego de suma cero de quién va a ganar, los conservadores o los progresistas”, afirma. En una entrevista con EL PAÍS, omite mencionar al presidente por su nombre y, en su lugar, advierte sobre las “implicaciones morales” de las políticas del republicano. “Es la doctrina social de la Iglesia la que puede ayudarnos en este momento”, asegura por videollamada.

El mes pasado, el arzobispo de Chicago —donde nació el papa León XIV, el primer pontífice estadounidense— se unió a los cardenales Robert McElroy y Joseph Tobin, arzobispos de Washington y de Newark, respectivamente, para firmar una declaración en la que se critica la política exterior de Trump. En ella, los tres máximos responsables de archidiócesis católicas romanas en Estados Unidos citan los casos de Venezuela y Groenlandia, al considerar que las acciones de Washington “han planteado cuestiones básicas sobre el uso de la fuerza militar” y han amenazado los “derechos soberanos de las naciones”. Aunque no entran en detalles, la declaración del 19 de enero se publicó después de que EE UU capturara a Nicolás Maduro y de que Trump presionara para hacerse con el control de Groenlandia.

“Nuestro papel moral como país al enfrentar el mal en el mundo, sostener el derecho a la vida y la dignidad humana, y apoyar la libertad religiosa está siendo examinado. Y la construcción de una paz justa y sostenible, tan crucial para el bienestar de la humanidad ahora y en el futuro, se está reduciendo a categorías partidistas que fomentan la polarización y políticas destructivas”, escribieron.

Pregunta. ¿Qué los llevó a pronunciarse de manera tan contundente?

Respuesta. Viajamos [en enero] a Roma para reunirnos con cardenales de todo el mundo, quienes expresaron su alarma por la forma en que se estaban tomando decisiones, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo, que parecían, en muchos sentidos, apartarse del consenso que existe desde la Segunda Guerra Mundial sobre cómo gestionar los conflictos. Al día siguiente del consistorio, el papa León dio su discurso al cuerpo diplomático, y eso nos dio el lenguaje necesario para poder abordar las preocupaciones que teníamos.

P. ¿Por qué decidieron no nombrar a nadie en la declaración? No se menciona a Trump.

R. Queríamos ofrecer a la gente, a todos los ciudadanos del mundo y especialmente de nuestro país, el lenguaje para abordar estas cuestiones, porque el componente moral de lo que se estaba haciendo parecía ser ignorado, y queríamos subrayar que hay otros asuntos en juego, más allá de simplemente satisfacer el afán de dominio y dominación de un país sobre otro, que parecía imponerse en ese momento e ignorar el Estado de derecho.

P. Parte de la declaración dice: “Renunciamos a la guerra como instrumento de intereses nacionales estrechos y proclamamos que la acción militar debe considerarse solo como último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento habitual de la política nacional”. En el caso de Venezuela, muchos venezolanos, en particular los exiliados en EE UU, celebraron la captura de Maduro.

R. Lo que ocurre es que, si se dice que el fin justifica los medios, entonces se empieza a abrir un camino sobre cómo las naciones pueden actuar legítimamente en distintas situaciones. Eso debe considerarse con mucho cuidado, porque entonces uno podría decir que hay personas que podrían estar contentas de que Rusia haya invadido Ucrania. No se puede medir con ese criterio. La soberanía de las naciones es importante.

P. La mayoría de los católicos estadounidenses votó por Trump en 2024. ¿Tiene la sensación de que están de acuerdo con la forma en que gobierna?

R. No tengo estadísticas que me den una idea clara sobre eso, salvo el hecho de que existen encuestas en las que un amplio grupo de estadounidenses que votaron por el presidente Trump cuestionan los medios mediante los cuales está avanzando con su política migratoria. Eso es importante tenerlo en cuenta. Pero en la Iglesia nunca podemos jugar al juego de preguntarnos si algo será popular o no. Tenemos que decir lo que es verdad y tenemos que hablar desde los principios.

P. La Administración Trump suele citar versículos bíblicos para promover o justificar sus políticas, incluido su programa de deportaciones masivas.

R. Voy a dejar que digan lo que quieran. Eso siempre ha sido así; hay políticos a los que les gusta envolver sus políticas en un lenguaje bíblico. Eso siempre entraña un peligro, simplemente porque un mismo pasaje de las Escrituras puede citarse de distintas maneras. Lo que hay que examinar no es un argumento basado en la Escritura, sino un argumento que nos ayude a comprender cuáles son las implicaciones morales de una política determinada.

P. En noviembre, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos emitió un Mensaje Especial sobre inmigración. Fue la primera vez que la conferencia lo hizo en más de 10 años. ¿Por qué era importante que se emitiera ese pronunciamiento?

R. En el centro de esa cuestión estaba la falta de respeto a la dignidad humana, y por eso hubo unanimidad por parte de los obispos. Siempre hemos hablado con mucha firmeza sobre ese tema, ya sea el niño en el vientre materno, la persona en el corredor de la muerte o el inmigrante. Por ejemplo, la Conferencia Episcopal también emitió un comunicado cuando hubo un recorte de la ayuda exterior, y nuevamente fue por la vulneración de la dignidad humana.

P. Chicago fue una de las ciudades atacadas recientemente por Trump. Miles de agentes federales descendieron sobre la ciudad para llevar a cabo redadas migratorias. Sabemos que estas operaciones han afectado a parroquias en todo el país.

R. La gente tiene miedo de salir. Esto siembra el terror en una ciudad en la que no solo los inmigrantes, sino la población en general, siente que está siendo aterrorizada por la forma en que se están llevando a cabo estas redadas. Algunos de nuestros sacerdotes han sido detenidos por estos agentes de inmigración debido al color de su piel y se les ha exigido que muestren su ciudadanía y sus documentos. Esto es realmente inaudito. Ese tipo de tácticas está alimentando la indignación de la gente, no solo por los asesinatos que tuvimos en Minneapolis, sino también por lo que estamos viviendo aquí.

P. En Minneapolis, varios miembros del clero fueron arrestados por protestar contra el ICE (Servicio de Inmigración) y las políticas de Trump. ¿Cuál cree que es el papel de la Iglesia en este momento?

R. Ofrecer atención pastoral a las personas marginadas y vulnerables. Tenemos que seguir haciendo de eso una prioridad. También debemos alzar la voz y abogar de manera no violenta. Mi principal preocupación no es criticar a una persona en particular dentro de la administración, sino que la gente necesita involucrarse como ciudadanía para que haya avances. Tenemos que ayudarles a comprender lo que está en juego.

P. Usted ha hablado antes del sistema migratorio “roto” de Estados Unidos y de la importancia de atribuirle la responsabilidad al Congreso. ¿Qué cambios le gustaría ver ahora que los legisladores negocian nuevas reformas?

R. La gran pregunta es cómo vamos a permitir, de manera ordenada, que la gente entre a este país, pero también cómo darles una visa de trabajo, como se hace en muchas partes de Europa, donde hay una frontera porosa que permite a las personas ir y venir y atender las necesidades de sus familias. Justo esta semana, un juez anuló la orden de la secretaria de Seguridad Nacional, [Kristi] Noem, con respecto al Estatus de Protección Temporal (TPS) de los haitianos. Se trata de personas trabajadoras: por ejemplo, el 20% de quienes trabajan en centros de salud y residencias de ancianos en Florida son haitianos. Necesitamos esa fuerza laboral.

P. Usted es cercano al papa León, que nació en Chicago. ¿Cuál es su opinión sobre sus primeros ocho meses como pontífice? Algunos dicen que ha avanzado lentamente.

R. Yo diría que arrancó con fuerza desde el primer día. Dejó claro que iba a gobernar de una manera colaborativa. No le teme a tomar decisiones difíciles y elige con mucho cuidado lo que dice. Este año va a demostrar lo que vale y se convertirá en una figura de peso a nivel mundial.

P. Cuando fue elegido, muchos creían que sería una voz firme contra Trump. Pero hasta ahora, ha preferido evitar la confrontación directa, algo que Francisco no rehuía. ¿Por qué?

R. Es una cuestión de precisión. Quiere usar las palabras de una manera que realmente haga avanzar el debate en la sociedad. Sé que, por ejemplo, hubo personas en el Gobierno a las que les molestó cuando utilizó la palabra “inhumano” para referirse a la forma en que se estaba aplicando la política migratoria aquí. Así que no tiene miedo de llamar a las cosas por su nombre, pero no lo personaliza. Porque, a largo plazo, considera que el tema es más importante que criticar a una persona en particular."   

      (Paola Nagovitch , El País, 7/02/26)  

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