"'Un paso al frente', el acto celebrado la mañana del sábado en el madrileño Círculo de Bellas Artes, y en el que Sumar, IU, Comuns y Más Madrid presentaron su alianza, dejó muchas preguntas en el aire. Nada se dio a conocer sobre la organización, la hoja de ruta o los liderazgos. Tampoco ofreció ninguna respuesta convincente acerca de si el acto era necesario más allá de frenar el debate sobre la opción Rufián. Si ese era el objetivo, tampoco era preciso. Era una propuesta que quedó desactivada en el momento en que ERC, Bildu y BNG dijeron que no contaran con ellos. El portavoz parlamentario de Esquerra, sin embargo, sí puede obtener rédito personal de esa propuesta, ya que le ayuda a ganar el pulso dentro de su partido para encabezar la lista por Barcelona de las generales. A Emilio Delgado, aspirante a candidato de Más Madrid, también le convenía. Conversaron el miércoles, generaron debate, trabajo realizado.
Con ese escenario de fondo, lo que los partidos convocantes trasladaron en el acto ya era conocido. Hay un 10 % de voto de la izquierda nacional que no irá a parar al PSOE, y ese porcentaje puede alcanzar, en las circunstancias correctas, al 15%. La coalición está ahí para recogerlo y eso requiere de unidad. El camino para atraer a los votantes es señalar el peligro de la llegada de la extrema derecha al poder. El partido más mencionado en el Círculo fue Vox. Vienen tiempos complicados, la regresión en derechos y la privatización de los servicios públicos esperan al final del camino, y es una tendencia que debe frenarse. El mejor instrumento es mantener el actual gobierno. La izquierda se ha convertido en una fuerza conservadora, en el sentido de conservar lo existente, cuya potencia reside en actuar como dique frente a las fuerzas revolucionarias, que encarnan las derechas trumpistas. Ese fue, en esencia, el mensaje.
Hubo sonrisas, mucha energía positiva, frases de refuerzo, optimismo: "Somos el carril central de la sociedad española"
Los mecanismos para trasladar ese mensaje, sin embargo, han resistido mal el paso del tiempo. Las izquierdas que convocaron el acto provienen del 15 M, incluida una IU que giró ideológicamente hace tiempo. Prestan, por tanto, especial atención a las emociones. Creen en lo performativo. Entienden que es fundamental generar ilusión. Emiten mensajes sobre lo que son y sobre lo que representan que no son reales, pero que aspiran a serlo a través de la repetición. Rita Maestre saltó al escenario con Bad Bunny sonando de fondo. Hubo sonrisas, mucha energía positiva, muchas frases de refuerzo, mucho optimismo. “Somos el carril central de la sociedad española”; “Vamos a ganar las próximas elecciones ilusionando, cooperando y avanzando”; “Sacudámonos el pesimismo, basta de lecturas derrotistas”; “Nos comprometemos a construir la esperanza”.
La izquierda se está replegando sobre sus nichos de voto para conservar su espacio, pero la forma en que lo está haciendo solo puede entenderse desde la preeminencia de la que hoy goza el eje territorial sobre el ideológico. La pieza que impedía que encajase la coalición de todas las izquierdas propuesta por Rufián era la territorial: los partidos nacionalistas e independentistas no quieren ir en su comunidad con la izquierda española porque los puede llevar a perder voto. Bildu o ERC ponen la lengua y la bandera por encima de su condición de partidos de izquierdas. Del mismo modo, es complicado defender en Jaén, Valladolid, Málaga o Asturias que, como propuso Rufián, uno de los tres puntos del ideario de la coalición fuese el derecho a la autodeterminación.
El votante de las izquierdas solo se encuentra en la proporción suficiente para conformar proyectos sólidos en las grandes urbes
El segundo sentido en el que pesa el territorio es en el anclaje electoral que eligió la izquierda del 15 M. La base social de la izquierda ha sido y es “una suerte de clase media ilustrada ('profesionales socioculturales' los llamaba el CIS): gente con cualificación alta y valores y principios muy inclinados a la izquierda, y con crecientes preocupaciones no-salariales: ecologismo, feminismo, paz-geopolítica, etc”. Ese tipo de votante solo se encuentra en la proporción suficiente para conformar proyectos sólidos en las grandes urbes. No es extraño, pues, que fueran Madrid y Barcelona donde mayor éxito obtuvieron.
El problema vino en el momento de la caída electoral. Había menos puestos para repartir y las dificultades generales se mezclaron con las rencillas personales, lo que provocó que las izquierdas se bifurcaran. Eso ha dado lugar a dos partidos, uno más cercano a los verdes, el actual Sumar, y otro más cercano a La Francia Insumisa, Podemos. Algo similar se había dado ya en Barcelona con la división en Comuns y las CUP. Los trotskistas, ahora anticapis, rompen todo lo que tocan, pero nunca mueren. Ambas izquierdas, no obstante, son opciones para las grandes urbes.
La pregunta que falta por contestarEste elemento territorial complica mucho la situación, a pesar de que apenas haya diferencias en el ideario. Rita Maestre afirmó que “ni los migrantes ni las personas LGTBI ni las mujeres ni las grandes mayorías trabajadoras viven mejor con la derecha”. Nada que no pueda suscribir Podemos. Tienen distintas visiones en el terreno de la geopolítica, pero tampoco es un asunto al que le presten mucha atención. Las dificultades para la reunión están en otro lugar.
Es difícil que el líder sea aceptado, salvo que aparezca alguien que no pertenezca a ninguno de los partidos y que genere consensos
Rufián aportó un camino de salida. Una opción liderada por él y en la que se juntaran el resto de partidos de izquierdas forzaría a Podemos a integrarse, bajo pena de enorme penalización electoral. No ocurrirá, pero dio una idea. Iglesias, que tiene olfato, lanzó una sugerencia, la de que las fuerzas de izquierda madrileñas, PSOE incluido, se unieran en una coalición encabezada por Sarah Santaolalla, para competir con Ayuso. Más allá de la excentricidad de Iglesias (para quien el problema central es Ferreras, la solución no puede ser otra que Santaolalla) y de su concepción espectacularizada de la política, late en su propuesta una pregunta que todavía no ha sido respondida, la de quién será el líder del espacio.
Tampoco puede haber malentendidos, y se percibió ayer en las intervenciones en el Círculo de Bellas Artes: las concepciones y tradiciones políticas de cada partido de la coalición son diferentes. Cada uno de ellos tiene sus preferencias sobre quién debería liderar el nuevo espacio y es difícil que la elección final se acepte sin fricciones, salvo que aparezca alguien que no pertenezca a ninguno de los partidos y que genere consensos. Hay algún nombre que suena con fuerza, pero aún es pronto para que los optantes reales asomen. Pero es evidente que una candidatura con un líder reconocido y no perteneciente a ninguno de los partidos, (y mujer mejor que hombre, afirman), dejaría poco espacio a Podemos para concurrir en solitario sin penalización. Parece que, de todas las preguntas que quedaron en el aire ayer, esa es la única que tiene cierta relevancia, porque, fijado el ideario y señalado el enemigo, la otra cuestión pendiente sería el reparto de listas, y esa será importante para las formaciones, pero mucho menos para los votantes.
Un apunte de color. Ayer, Rita Maestre afirmó que “solo los privilegiados viven mejor contra la derecha”. Maíllo quiso hablar del “proyecto”, pero dijo “producto”. Son errores a los que no hay que dar más importancia. Salvo que se consideren actos fallidos en el sentido freudiano, en cuyo caso, se trataría de actos en los que el inconsciente se manifiesta. Pero ya se sabe que Freud no es muy apreciado en estos tiempos."
(Esteban Hernández , El Confidencial, 22/02/26)
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