"(...) Quizá la pobreza extrema y el hambre se están reduciendo en algunas
regiones del mundo; pero simultáneamente está emergiendo en muchos
lugares una nueva multitud de desheredados: jóvenes sin perspectivas,
parados para toda la vida, personas mayores desprovistas de redes de
protección social…, lo que supone un sufrimiento personal y un
despilfarro de talento que tienen su origen en una pésima asignación de
recursos y en unos mecanismos de redistribución fiscal cada vez más
regresivos. (...)
No es fácil resumir en pocas palabras qué está fallando. Parece que se
ha quebrado la base sobre la que se sustentaba el acuerdo social,
económico y político que hizo posible el estilo de desarrollo de los
países de mayores niveles de renta. Y parece que esa quiebra se ha hecho
más profunda con la crisis actual y con las políticas aplicadas para
afrontarla. (...)
Y esa quiebra se ha agravado con las políticas de “austeridad exagerada y
mal entendida” aplicadas desde que la crisis financiera infectó todos
los ámbitos de nuestra vida, condicionando las decisiones políticas, el
funcionamiento de las economías, las relaciones sociales, las
actividades culturales y, por supuesto, los debates sobre cómo entender y
afrontar la situación actual. (...)
Es decir, “la tijera asesina” de los recortes sociales y del aumento
de la presión fiscal real sobre la mayoría de la población. Una hoja de
la tijera contribuye a aumentar la desigualdad, porque incrementa las
disparidades sociales.
La otra hoja de la tijera también hace lo mismo,
porque grava fiscalmente con más ahínco las rentas del trabajo, mientras
deja más permisibilidad —o “más libertad”, como diría Esperanza
Aguirre— a los más ricos. Ellos sí son libres de elegir dónde y cómo
esconder sus ingresos, o llevárselos a paraísos no siempre tan lejanos
como podría parecer.
No está claro cómo podrán recomponerse los compromisos que han
permitido el funcionamiento actual de los sistemas económicos de los
países más desarrollados. (...)
Se puede pedir austeridad a la población, pero es ilegítimo hacerlo
si los recursos “ahorrados” solo ayudan a recomponer las cuentas de
resultados de las entidades financieras. Y es indigno esgrimir la doble
tijera de la austeridad para dejar más libertad a los ricos, y también
“más libertad” para que los pobres sean cada vez más pobres.
Si no lo remediamos, nos robarán incluso el lenguaje (...)" (José Antonio Nieto, Econonuestra, Público, 30/05/2015)
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