"(...) Manuela Carmena ha sido aupada como candidata y se ha construido su
perfil político en prácticamente un mes. Un hito si consideramos los
recursos de los que han dispuesto y los resultados obtenidos. (...)
Las experiencias de Ahora Madrid y Barcelona en Comú,
obviamente, tienen muchas diferencias. El contexto marca escenarios
distintos. Pero ambas comparten ser, de algún modo, descendientes del
15M. La disolución identitaria y la elaboración de un programa común son
cuestiones que ya estaban en las plazas.
Participar de estas
candidaturas ha requerido, por parte de los actores ya establecidos, una
cierta dosis de generosidad, pero también inteligencia para leer que el
momento político ha cambiado, que hay una desconfianza muy grande hacia
los partidos políticos en general y que la regeneración no puede ser
simplemente un “ portal de la transparencia”, tiene que ser estructuras y estrategias acordes con los tiempos que vivimos. (...)
Si analizamos otra de las cuestiones comunes entre Ahora Madrid y
Barcelona en Común, nos encontramos una similar estrategia comunicativa.
Conscientes de las limitaciones económicas, la opción más inteligente
ha sido apostar por una campaña abierta a la ciudadanía, para que fueran
personas comunes y corrientes las que hicieran la labor de esos equipos
profesionales de creativos y asesores que suelen contratar los
partidos.(...)
Es evidente que resulta más sencillo seducir con una
marca nueva que con una ya creada. Pero está claro que la estrategia de
abrir el código de la comunicación al común no significa sólo ahorrar
dinero, también dejarse afectar por la creatividad y la imaginación
ajena, perdiendo en muchos momentos el control absoluto de dicha
comunicación. Esa pérdida de control es algo impensable en una
estructura tradicional de partido.
El partido se caracteriza por la
permanente dirección del relato. La cuestión es que, por más artículos
que se escriban sobre lo guay y lo cool que ha sido la campaña en torno a
Manuela Carmena, lo más sexy está en encontrarnos con toda una
estructura que aspira a gobernar una gran ciudad y que, al mismo tiempo,
se deja desbordar.
Dejarse invadir y confiar en una construcción
colectiva y descontrolada -incluso moviéndonos en la lógica de la
representación-. Podríamos hablar del diseño colectivo del perfil de una
candidata como metáfora de las ansias de diseñar conjuntamente una
ciudad. “La Manuela que queremos, el Madrid que queremos”.
Si bien es cierto que la política electoral es, en gran medida,
comunicación, no hay que olvidar la dimensión organizativa y
estructural. En ese sentido, ambas candidaturas también han ensayado
recetas organizativas distintas de las tradicionales.
En Barcelona, por
ejemplo, se han llegado a generar un gran número de comisiones
especializadas, desde contenidos a comunicación en red, pasando por los
grupos de traducción castellano-catalán. El método de trabajo en una red
de grupos abiertos y federados ha supuesto un reto en términos de
intercomunicación y de confianza, yendo ambos factores de la mano.
Pero
también en cuanto a autogestión y autonomía. Algo que, de nuevo, los
partidos tradicionales no son capaces de abordar apropiadamente por su
obsesión por fiscalizar y controlar la toma de decisiones. Y lo
interesante es que no estamos describiendo una estructura que se
encuadre en los tradicionales esquemas de lo “horizontal”.
Estas
experiencias están construyendo, sobre la marcha, prototipos abiertos
para generar nuevas formas de organización política, caracterizada por
la distribución de competencias más allá de los tradicionales gabinetes y
secretarías de los partidos, por la producción de narrativas de forma
abierta y colaborativa, por la creación de identidades mutantes y con
vocación inclusiva, no excluyente. Son organizaciones que asumen e
integran la des-organización, buscan -y se dejan- desbordar, más que
compartirmentar la política en bloques (identitarios, lingüísticos,
organizativos, demográficos, etc.).
Esta crisis del
modelo-partido no es única y exclusivamente algo que naciera con el 15M.
Tiene que ver con la crisis de la noción de experto (y aquí podemos
situar la figura “político profesional” frente a “sociedad civil
amateur”). La cultura digital devino en una crisis sobre los
compartimentos estancos (crisis de la noción de departamento, de la
noción de sector, incluso de los perfiles profesionales, ya no es tan
sencillo demostrar ni representar una especialidad).
Lo que demuestra
esta lógica del desbordamiento es que no sitúa en el centro a los
protagonistas que mandan, a los especialistas, sino que sitúa en el
centro la colectivización en la gestión del conocimiento. No es casual
que la palabra “común” sea tan importante, es un proceso de
colectivización de la política (o de politización colectiva) donde la
suma de saberes es la potencia y no las personas en sí mismas.
Por
tanto, una de las claves de esta “nueva política” es que lo que sirve de
crítica para una parte de la política tradicional (“esta gente no tiene
experiencia”) es en realidad un valor. El amateurismo es un fenómeno
que trasciende la cuestión política y es una revolución que tiene que
ver con personas que se autoforman y que aman lo que hacen. Es ese amor y
esa pasión lo que mueve que sean capaces de innovar a niveles que no
son planteables para los “profesionales”, aunque éstos vean con recelo
que haya cada vez más gente que puede dedicarse a lo que les gusta. Hay
una cuestión vocacional. (...)
A pesar de que aún queda mucho por avanzar, dado que "estar presente" y
la noción de vanguardia siguen estando muy presentes en la política
profesional, lo cierto es que cabría reflexionar sobre qué ha implicado
que la figura que tanto gusta al mainstream político
mediático (el líder, la líder, el jefe, la jefa) y que tanto funciona
narrativamente para simplificar el relato, haya estado ocupada por
mujeres cuya forma de abordar la política es a través del diálogo, de la
escucha activa y de la palabra. (...)
Estos prototipos no son infalibles pero, aún así, necesitan ser
documentados y explicados para poder entender mejor su éxito (para
descubrir si es algo puntual y si es realmente factible su
replicabilidad de cara a las Elecciones Generales). (...)" (Felipe G. Gil
/
Francisco Jurado Gilabert
, eldiario.es, 30/05/2015)
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