"(...) He
llegado a la conclusión de que la cuestión griega no concierne
exclusivamente a Grecia, sino que se encuentra en el centro de un
conflicto entre dos estrategias opuestas sobre el porvenir de la
integración europea.
La primera tiene como objetivo la profundización de la integración
europea en un contexto de igualdad y solidaridad entre sus pueblos y sus
ciudadanos y ciudadanas. Quienes apoyan esta estrategia parten del
hecho de que es inadmisible obligar al nuevo gobierno griego a aplicar
las mismas políticas que los gobiernos salientes y que, por otra parte,
fracasaron totalmente.
De lo contrario, estaríamos obligados a suprimir
las elecciones en todos los países sometidos a un programa de
austeridad. También estaríamos obligados a aceptar que los primeros
ministros y los gobiernos fueran impuestos por las instituciones
europeas e internacionales y los ciudadanos y ciudadanas fueran privados
de su derecho al voto hasta la conclusión del programa.
Soy consciente
de que esto sería el equivalente a la abolición de la democracia en
Europa y el inicio de una ruptura inadmisible en el seno de la UE. En
fin, todo ello conduciría al nacimiento de un monstruo tecnocrático y al
abandono de Europa de sus valores fundacionales.
La segunda estrategia conduce a la ruptura y a la división de la zona
euro y, con ello, de la UE. El primer paso en esta dirección sería la
formación de una zona euro a dos velocidades en la que el núcleo central
impondría las reglas duras de austeridad y ajuste. Este núcleo central
impondría, también, un superministro de finanzas para la zona euro que
gozaría de un poder inmenso con el derecho de rechazar los presupuestos
nacionales, incluso de los Estados soberanos, que no estuviera en línea
con la doctrina del neoliberalismo extremo.
Para todos los países que rechazasen ceder ante este nuevo poder, la
solución sería muy simple, el castigo severo: aplicación obligatoria de
la austeridad y, además, restricción a los movimientos de capital,
sanciones disciplinarias, multas e incluso la creación de una moneda
paralela al euro.
Es así como el nuevo poder europeo trata de construirse. Y Grecia es la
primera víctima. Ya se le presenta como el mal ejemplo que el resto de
Estados y pueblos europeos desobedientes no deberían seguir.
Pero el problema fundamental es que esta segunda estrategia comporta
grandes riesgos y quienes la apoyan no parecen tenerlos en cuenta. Esta
segunda estrategia corre el riesgo de ser el comienzo del fin, porque
transforma la zona euro de una unión monetaria en simple zona de tasa de
cambio. Pero además, inaugura un incierto proceso económico y político
que podría transformar de arriba abajo los equilibrios en el conjunto
del mundo occidental.
Hoy en día Europa se encuentra en una encrucijada. Tras las importantes
concesiones del gobierno griego, la decisión reside, no ya en las manos
de las instituciones que a excepción de la Comisión europea, no han sido
elegidas y no rinden cuentas a los pueblos, sino en las manos de los
líderes europeos.
¿Qué estrategia prevalecerá? ¿La de una Europa de la solidaridad, la
igualdad y la democracia o la de la ruptura y, finalmente, de la
división?
Si algunos piensan o quieren creer que la decisión que esperamos sólo
afectará a Grecia, se equivocan. Les remito a la obra maestra de Ernest
Hemingway Por quién doblan las campanas."
(Europa en la Encrucijada, de Alexis Tsipras, publicado originalmente en www.lemonde.fr , en Jaque al neoliberalismo, 03/06/2015)
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