5.4.19

Detenido un hombre tras ayudar a morir a su mujer, en fase terminal




"Ángel Hernández y María José Carrasco lo tenían claro. El día que ella lo decidiera, él la ayudaría a quitarse la vida. Carrasco tenía desde hacía 30 años una esclerosis múltiple. En octubre pasado, cuando recibieron a EL PAÍS en su piso de Madrid, manifestó, con la voz gutural de quien está al borde de la asfixia, la única causa por la que no había dado el paso: "Él no tiene miedo, pero yo sí". 

Se refería a lo que le podía pasar a su marido si la ayudaba. Nadie sabe qué ha pasado en aquella casa estos seis últimos meses, pero el miércoles, Hernández le preparó la medicación definitiva. Ella la tomó. Él ha sido detenido.

"Quiero el final cuanto antes", decía en octubre Carrasco, de 61 años. Secretaria judicial, había sido una mujer activa, inquieta. Pero hacía ya años que el piano que tocaba había enmudecido, que los pinceles con los que pintaba se habían cegado. Con los años de enfermedad y deterioro, llegaron las barandillas en los pasillos, cayó un tabique para hacer más amplia la habitación. Se fueron las puertas que dificultaban el paso de la silla de ruedas. 

Todas, menos la del baño pequeño, el que usaba Hernández, de 69 años. El grande ya no tenía bañera, era un enorme plato de ducha. Prácticamente paralizada y con problemas de visión y audición, la tele del salón había crecido para que los dos pudieran ver películas antiguas, porque lo que dan por la tele no les gustaba.

La detención tuvo lugar este miércoles a las tres de la tarde, cuando los agentes se personaron en una casa ubicada en la calle Federico Carlos Sáinz de Robles, en el distrito de Moncloa Aravaca, tras ser avisados por los sanitarios del Summa, a los que Hernández contó que había suministrado una sustancia para provocar la muerte a su mujer. Está en el calabozo de una comisaría de Madrid a la espera de pasar este viernes a disposición judicial.

Como hiciera Ramón Sampedro hace 21 años, la pareja ha dejado grabado el proceso durante el que ella se toma la medicación letal. Pero esta vez no lo han hecho, como el famoso tetrapléjico, para exculpar a quien le ayudó a quitarse la vida. A Sampedro le funcionó. Cuando años después se inculpó a Ramona Maneiro, esta fue absuelta por prescripción el delito. Y es que la cooperación necesaria para el suicido está castigada en España, aunque si se hace con una persona en estado muy grave que lo pide se considera que hay una atenuante.

En cualquier caso, Hernández no tendría que ingresar en prisión si la pena es inferior a dos años y carece de antecedentes penales. "En España, aunque la eutanasia está prohibida, el Código Penal tiene en cuenta la compasión e introduce una atenuante muy privilegiada", explica Federico de Montalvo, jurista y presidente del Comité Español de Bioética.

 "No me gusta la idea de una eutanasia institucionalizada, pero en casos concretos, cuando se hace por amor y a petición de alguien, no sé si hay un reproche penal que justifique que esa persona entre en prisión", opina.

Según la asociación Derecho a Morir Dignamente, con la que Hernández se puso en contacto tras ayudar a Carrasco a acabar con su vida, es el primer caso conocido en España, tras el de Sampedro, en el que una persona asiste a otra para suicidarse ante la incapacidad física de la enferma para hacerlo por sí misma.

 Hernández sería, según la asociación, el primer detenido por esta causa. El hombre sabía los riesgos, pero estaba dispuesto a afrontarlos. Hace más de 20 años, cuando aún trabajaba como técnico de audiovisuales de la Asamblea madrileña y ella ya estaba enferma en casa, se la encontró agonizante tras intentar suicidarse. Llamó al servicio de emergencias y lo impidió. Después, hablando con ella, le prometió no hacerlo más.

En octubre, cuando hablaron con EL PAÍS, tenían sus esperanzas puestas en la ley de regulación de la eutanasia que promueve el PSOE. Inquietos pero bien informados, temían que la precariedad del Gobierno impidiera llevar a cabo la tramitación. Tenían razón: el proyecto de ley sigue empantanado en la Mesa del Congreso sometida a la práctica dilatoria del PP y Ciudadanos de prorrogar una y otra vez el plazo de enmiendas para evitar que llegue ni siquiera a debatirse. Ellos entran de lleno en los supuestos de esa norma: una enfermedad grave, irreversible, que produce enormes sufrimientos físicos y psíquicos.

Derecho a Morir Dignamente ha reaccionado este jueves exigiendo a los "futuros diputados y diputadas que regulen y despenalicen la eutanasia urgentemente". "Defender el derecho a la vida no justifica obligar a una persona a vivir una vida deteriorada, con un sufrimiento inadmisible y que ya no desea", añade. "El acto de Ángel Hernández de ayudar a morir a su mujer, a la que ha cuidado durante décadas, sólo puede entenderse como un acto de amor que no debería recibir ningún reproche penal", asegura en un comunicado.

"Más del 80% de la población está a favor de despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Sin embargo, el artículo 143 del Código Penal sigue castigándola con penas de prisión", recalca la asociación, que califica como "inaceptable" que "en una sociedad democrática, basada en el respeto a la libertad individual y la pluralidad", esté penado "ayudar a una persona a disponer de su vida libremente".

Hacía tiempo que la pareja lo tenía todo preparado. Sus únicos límites eran la voluntad de ella y que, llegado el momento, Carrasco, que comía con extrema dificultad, no consiguiera tragar. El miércoles lo hicieron. Hernández había previsto las consecuencias y únicamente temía una: al quedarse solo, no tenía forma de asegurar que, cuando llegara su momento, alguien le ayudara a irse con dignidad. Como le decía medio en broma medio en serio Carrasco, cuando no tienes asistencia, "hay que joderse".

"La desobediencia civil queda justificada"

Mikel Ormazabal

La familia de Maribel Tellaetxe, que murió el 6 de marzo en el País Vasco afectada de alzhéimer sin haber conseguido la eutanasia solicitada, reaccionó en la mañana de este jueves ante la muerte de María José Carrasco: “A este hombre [el marido] la ley le ha puesto entre la espada y la pared. Esta persona se ha visto en la disyuntiva de delinquir o ver cómo sufre su mujer. Lo que ha hecho es un acto de amor y de valentía y cuenta con todo nuestro respeto, apoyo y admiración”, ha dicho David Lorente, uno de los hijos de Tellaetxe.

Lorente opina que la detención de Ángel Hernández se produce porque “ha delinquido a efectos de la ley, y las leyes hay que respetarlas mientras intentamos mejorarlas”. Pero se pregunta: "¿Qué pasa cuando una ley atenta contra las libertades individuales, contra los derechos humanos, y supone un crimen contra la humanidad? Ocurre que la desobediencia civil queda justificada”.

En el caso de Maribel, no lo hicieron. “Mi padre nos dijo que la voluntad de nuestra madre era seguir sufriendo antes de que nosotros nos arriesgásemos a ir a la cárcel”, admite Lorente. “Por eso no somos mejores personas que él. Pero tan legítima es la vía que ha tomado este señor como la nuestra. Éticamente estamos a su mismo nivel”, afirma.


Lo que dice el Código Penal


El artículo 143 del Código Penal, aprobado en 1995, regula la inducción y la cooperación al suicidio. Su apartado 4 es el que, según los juristas, sería aplicable en el caso de Ángel Hernández y María José Carrasco: "El que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar, será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a las señaladas en los números 2 y 3 de este artículo".

El número 2 impone una pena de prisión de dos a cinco años "al que coopere con actos necesarios al suicidio de una persona". Según explica el jurista José Antonio Martín Pallín, la pena aplicable, de rebajarse un grado, quedaría en una horquilla entre uno y dos años, pero en este caso "es clarísimo que habría que bajar la pena en dos grados", opina, con lo que quedaría entre seis meses y un año."     (Emilia de Benito, Cecilia Jan, El País, 04/04/19)


"María José Carrasco confirma en este vídeo que pidió a su marido que la ayudara a morir.
(...)  Este es el diálogo que mantuvieron:

Ángel. Bueno, María José, vamos a grabar este testimonio, porque es muy importante para que quede constancia del deseo que llevas queriendo que se lleve a cabo, que es el suicidio.

Ella asiente.

Ángel. ¿Sigues con la idea de que quieres suicidarte?
María José. Sí.
Ángel. ¿Quieres esperar a algo?
María José. No.
Ángel. ¿Quieres que se lleve a cabo ya?
María José. Sí.
Ángel. ¿Sabes que te tengo que ayudar yo? Que no hay nadie que te pueda ayudar, y además no estaría bien que…
María José. Sí, lo sé.
Ángel. Lo sabes. Me lo has pedido muchas veces, muchas veces. Más de las necesarias. Pero claro, yo confiaba en que se iba a aprobar lo de la eutanasia, pero claro, visto lo visto... Hoy es 2 de abril de 2019. ¿Entonces quieres e insistes en que quieres suicidarte?
 María José. Sí.
Ángel. Vamos a ver, ¿quieres que lo prepare y lo hagamos mañana?
María José. Sí.
Ángel. Bueno, pues no hay nada más que hablar. Yo creo que…
María José. Cuanto antes, mejor.
Ángel. Lo único que me preocupa es que no puedas ingerir el líquido porque tienes problemas de deglución. Y ya no es solamente el atragantamiento que tienes, sino que te cuesta mucho trabajo, te entra fatiga cada vez que ingieres algo. Esa es la única preocupación que tengo. Pero quieres seguir adelante, ¿no?
María José. Sí.
Ángel. Pues lo preparo todo. Te voy a dar lo que con mucho esfuerzo, cuando todavía podías un poco manejar tus manos, conseguiste a través de Internet. El pentobarbital sódico, que lo tenemos ahí guardado. Y eso es lo que te voy a aplicar. Esperemos que no sea un fraude, porque como lo tuviste que pedir por Internet… Bueno, lo veremos enseguida. Entonces ¿lo dejamos aquí?

María José asiente con la cabeza.

Ángel. Mañana.

Ella vuelve a asentir. Esta vez, también verbalmente: Sí.

Ángel. Vale, pues nada más que esto.

El marido de Carrasco apaga la cámara. Un día después, vuelve a encenderla. Vuelve a preguntarle a su mujer si está convencida y quiere seguir adelante.

Ángel. Bueno, María José, ha llegado el momento, el que tanto deseabas.
Ella asiente con una media sonrisa.
Ángel. Yo te voy a prestar mis manos, eso que tú no puedes. Yo te voy a prestar mis manos. Primero vamos a probar con un poquito de agua porque no sé si puedes tragar. Si vemos que no puedes tragar, lo abortamos, porque…

Ella bebe agua con una pajita.

Ángel. ¿Qué crees?
María José. Que sí.
Ángel. Te lo doy entonces. No es mucho, pero puede que sepa mal, o sea, que tienes que soportarlo. ¿Estás decidida?
María José. Sí.
Ángel. Pues adelante.

EL PAÍS ha decidido no emitir las imágenes en las que María José Carrasco ingiere el líquido.
"A ver, dame la mano que quiero notar la ausencia definitiva de tu sufrimiento. Tranquila, ahora te dormirás enseguida", le dice Ángel Hernández a su esposa."                 (El País, 04/03/19)

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