"(...) La recesión asoma, según los mercados, en una economía que navegaba, el año pasado a un ritmo del 3%. El más alto del último decenio.
Sin embargo, el sónar de Wall Street empezó a emitir señales de peligro
en el último trimestre. Con pérdidas desconocidas, en diciembre, desde
1931, el año que concentró la mayor parte de los daños colaterales de la
Gran Depresión. (...)
Alarma en el mercado de bonos
Ahora, tres meses después, la alarma surge del mercado de bonos.
La curva de rentabilidad (el diferencial en las tasas de retorno de los
bonos a tres meses y a diez años) se invirtió por primera vez desde
diciembre de 2007. Es, a juicio del consenso económico, el más
inequívoco de los augurios de recesión. (...)
Dudas sobre la marcha del PIB
Los directivos empresariales son de esta opinión. Han
perdido optimismo sobre el transcurso de la economía en el futuro a
medio plazo, pero confían en que el viraje en la política monetaria de
la Reserva Federal, que ha frenado en seco su rally alcista, genere
margen de maniobra para que el sector privado recupere el dinamismo de
sus beneficios y la generación de empleo, que aún evoluciona a un ritmo
sólido.
Dan por hecho que el precio del dinero se abaratará este año en medio punto
lo que, unido a la rebaja fiscal a las empresas, contrarrestará la
debilidad del sector exterior por la fortaleza del dólar, que ha
reducido la demanda de productos made in US y los efectos de las guerras
arancelarias. Es el espacio a la esperanza que reflejan las encuestas
sobre confianza empresarial.
El mercado concede entre un 37% y un 45% de opciones de que el PIB americano caiga en recesión a lo largo de este añoSin embargo, son más bien especulaciones. Porque la propensión al consumo, según el indicador de The Conference Board,
ha vuelto a caer. Y van cuatro descensos en los últimos cinco meses.
A
pesar de la mayor disponibilidad monetaria del recorte impositivo a las
rentas de trabajo. Con caídas de las ventas minoristas y el retorno de
la incertidumbre compradora en los mercados de vivienda de los estados
con un tráfico inmobiliario más intenso. (...)
El problema de este deterioro coyuntural es que Trump no dispone de un arsenal monetario para afrontar una época de vacas flacas
y que su responsabilidad en este tramo final del ciclo de negocios
americano es mayúscula. A juzgar por la contribución de su gestión
económica al doble déficit -presupuestario y comercial-, al que ha
precipitado a EEUU. Ambos desbocados y, en los dos supuestos, por un efecto directo de sus políticas.
El déficit crece un 77%
El primero ya tiene reflejo en las estadísticas. En
los cuatro primeros meses del año fiscal 2019 -desde octubre a enero- se
han añadido 310.000 millones de dólares al déficit fiscal, un 77% más
que en el mismo periodo del año precedente. Fruto, inexorablemente, de
la doble y agresiva -a los ojos de no pocos expertos tributarios y
economistas-, rebaja fiscal,
a las rentas personales y a los beneficios empresariales, que entró en
vigor a finales de 2017, valorada en 1,5 billones de dólares (...)
Porque Trump no está dispuesto a renunciar a la
construcción del muro con México ni a paralizar los gastos militares,
que superan los 1,2 billones de dólares. Unos compromisos que
catapultarán la deuda, desorbitada, que ya rebasa los 22 billones de
dólares, por encima del tamaño de su PIB. La mayor de su historia.
Aunque instituciones como USDebtClock.org la elevan hasta 122 billones de dólares, seis veces más que su economía. (...)
La recaudación ha descendido en 1,3 billones de
dólares en los cinco meses que van desde octubre hasta febrero mientras
los desembolsos crecían en un 9%, hasta los 1,8 billones.
Tampoco le ha funcionado su predicción de que sus
ventajas impositivas atraerían de vuelta las obligaciones tributarias de
los grandes consorcios empresariales americanos que declaran sus
actividades en centros off-shore. De los 4 billones que Trump prometió
repatriar a EEUU sólo han retornado 664.900 millones de dólares. Y,
además, con una tendencia a la baja. (...)
Las guerras comerciales se vuelven en contra
Pero tanto o más grave como las finanzas federales es
el segundo de esos desequilibrios, el de un sector exterior que resta
dinamismo al PIB, curiosamente, desde octubre. Es decir, desde que
comenzara el año fiscal 2019. Y del que deja constancia la estadística
comercial del pasado 2018, ejercicio en el que el saldo entre
exportaciones e importaciones americanas ahondó aún más su tendencia
negativa.
Hasta llegar a abrir una brecha de 621.036 millones de
dólares. Un boquete sin parangón desde 2008, al
inicio de la crisis financiera. En términos porcentuales, el bache ha
sido un 12,5% más profundo que el de 2017 y un 23% superior al que
heredó de Barack Obama. (...)
El resultado de las hostilidades arancelarias decretadas por Washington,
más allá de que surjan buenas sensaciones del diálogo entre EEUU y
China para enterrar las hostilidades comerciales entre las dos mayores
potencias del mundo, es que el comercio global se ha frenado de manera drástica.
Tal y como lo refleja el World Trade Monitor de la oficina estadística
holandesa que se ha labrado una merecida fama de buen predictor de la
salud de las transacciones de mercancías, bienes y servicios, el
descenso de estos flujos es el más grave desde 2009. Contabilizando
enero, la caída es del 1,8% en términos inter-trimestrales. La primera
en un periodo de tres meses en los últimos nueve años. El efecto
contagio al resto del planeta se está, pues, consumando.
¿Se puede eludir la contracción americana?
Marko Kolanovic, analista de bonos en JP Morgan,
sintetiza esta triple señal de deterioro de la coyuntura de EEUU
-agotamiento del ciclo de negocios en el mercado de deuda y doble
déficit, fiscal y comercial- de términos más que elocuentes. Los tambores de recesión se escuchan, pero la dinámica bursátil y económica en EEUU
pueden tomar aún un rumbo contrario.
Por ejemplo, si la exculpación
inicial de Trump de la conexión rusa por parte del fiscal Mueller
impulsa a la Casa Blanca a reactivar políticas de estímulo como la
reactivación del gasto en infraestructuras, una vieja reivindicación
presidencial, que pretende destinar más de un billón de dólares a un
fondo específico para modernizar las redes viarias, ferroviarias y
aeroportuarias y energéticas del país.
O mediante una política monetaria
agresiva desde la Fed, con caída de tipos de mayor calado e intensidad,
con pérdida de valor del billete verde en los mercados internacionales.
E, incluso, si los vientos exteriores le son favorables, si los
programas de inversión de China para espolear otra vez su economía hacia
los dobles dígitos en unos años catapulta la actividad de las empresas
estadounidenses en un escenario de baja o nula conflictividad comercial." (Diego Herranz, Público, 01/04/19)
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