"La herencia deudora de Mariano Rajoy, el discurso subalterno del PP respecto de Vox y las excentricidades tácticas de Ciudadanos actuaron como dosis letales para la derecha española —un suicidio político en toda regla— y permitieron que Pedro Sánchez culminase ayer su estrategia ganadora (de 84 a 123 escaños).
El candidato socialista saldrá investido sin grandes dificultades
(seguramente en segunda vuelta) y tratará de gobernar con geometría
parlamentaria variable. Con Unidas Podemos, que se vino abajo (pasó de
71 escaños a 42), pero, si puede, en un Ejecutivo solo socialista y
siempre constituido después de las municipales, autonómicas y europeas
del 26 de mayo. Sánchez va a tratar a Iglesias como a un perdedor (el
PSOE le supera por 81 diputados) e intentará no instalarlo en el
Gobierno.
Tendrá el comodín de un Ciudadanos que mejorando mucho sus
resultados (de 32 escaños a 57) no logra funcionalidad política por su
alineamiento sin matices con el PP y Vox y por su veto a
colaborar con el PSOE, incumpliendo así su rol histórico, que consistía
en evitar que los nacionalistas e independentistas ejercieran de
árbitros en el Congreso de los Diputados.
La práctica destrucción del PP se debe tanto a la torpeza de la absorción del discurso de Vox
—un artefacto que ha cumplido la misión de descalabrarlo— como al peso
de una herencia insoportable (corrupción, Cataluña, desigualdad y
desideologización). La dimensión del desplome de los populares (de 137
escaños a 66) no admite paliativos y exige una respuesta inmediata:
revisión total del discurso y nueva dirigencia, conformando lo antes
posible una comisión gestora.
No hay líder en el mundo
occidental democrático que pueda sobrevivir a una pérdida parlamentaria
de 71 escaños y a un práctico empate en porcentaje de voto con el
partido —Ciudadanos—
al que aventajaba en más de 10 puntos y 105 escaños en la anterior
legislatura.
Y sobre todo: un dirigente de la derecha bajo cuyo mandato su partido desaparece del País Vasco
—ni un escaño allí— y resulta testimonial en Cataluña con solo un
diputado no puede permitirse la banalidad frívola de continuar al frente
de la organización. (...)
Vox ha entrado en el Congreso con menos fuerza de lo que se suponía (24
escaños). Nada que ver con las expectativas desorbitadas que se
manejaban, pero con un grupo parlamentario que le dará juego.
Todas las
extremas derechas europeas han comenzado su trayectoria con discreción
representativa en las Cámaras legislativas, comenzando por la regionales
y creciendo poco a poco (Alemania, Francia, Italia, Finlandia). El partido de Abascal,
sin embargo, ha conseguido plenamente el propósito destructor de la
derecha liberal-conservadora que pretendía.
Del destrozo en el PP pueden
sus dirigentes estar plenamente satisfechos. También de que gracias a
su discurso enardecido (y vacío) hayan aumentado los efectivos parlamentarios de los nacionalismos vascos y del independentismo catalán.
El PSOE ha sabido introducir en la coctelera de su estrategia todos los errores suicidas de la derecha, todos los yerros tácticos de Ciudadanos
y todo el hartazgo que embalsaba Vox. Y Sánchez ha desarrollado una
campaña cauta, de perfil bajo, salvando por poco los debates en que tan
mal se ha desenvuelto, manejando un discurso que le ha permitido
llevarse cientos de miles de votos de Podemos,
sacar de la abstención otros tantos y, quizás, atraerse a electores
centroizquierdistas de Ciudadanos.
El socialismo español es ahora una
plataforma electoral (la transformación del PSOE ha sido sutil pero
profunda), dispone de un relato (la inclusión, la modernidad, 'La España
que quieres' y 'Haz que pase') y, por fin, de un líder filopopulista
que ha renovado la socialdemocracia con una heterodoxia que su
electorado ha entendido como la adecuada para no seguir los pasos de sus
hermanos franceses, italianos y, quizá, también alemanes. Su Gobierno
de 10 meses ha desregulado los protocolos ejecutivos que venían
desarrollándose en nuestro país por la izquierda y la derecha desde 1979. (...)
En el Senado, la mayoría absoluta del PSOE le da el
control del 155, del techo de gasto y de la Mesa. En el Congreso, las
'tres derechas' (¿habrá que seguir llamándolas así, persistiendo el PP y
Cs en el error?) van a quedar laminadas: sin presidencia y sin control
de la Mesa. (...)" (José Antonio Zarzalejos, El Confidencial, 24/04/19)
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