4.6.19

La derrota de las Ciudades del cambio es el hecho político de mayor transcendencia que haya sufrido Podemos... es la constatación de su difícil relación con las realidades que emanan de las periferias urbanas, que de no superarse, puede relegar a la izquierda española a una situación de irrelevancia similar a la de otros países europeos como Italia...

"(...) La derrota de las Ciudades del cambio, es probablemente el hecho político de mayor transcendencia que haya sufrido el espacio articulado en torno a UP.  (...)

Con la excepción de Valencia (Compromis) y Cádiz (Adelante Andalucía), las que fueron las joyas de la corona del primer Podemos, se han perdido principalmente por la desmovilización de voto proveniente de los barrios obreros.

Los casos de Madrid y de Barcelona son paradigmáticos en este sentido, donde distritos emblemáticos como los de Puente Vallecas (Madrid) o Nou Barris (Barcelona) han protagonizado junto a otros barrios periféricos, un aumento de abstención y desafección electoral hacia la izquierda, que contrastan con las mejoras electorales experimentadas por Más Madrid y Barcelona en Común en barrios de clases medias.

Derrota que sitúa a la izquierda española ante la constatación de su difícil relación con las realidades que emanan de las periferias urbanas, que de no superarse, puede relegar a la izquierda española a una situación de irrelevancia similar a la de otros países europeos como Italia.

 El PSOE ha ganado con una estrategia muy sencilla: poralizarse con la derecha para neutralizar a la izquierda, no mucho más. En España, los problemas de fondo que nos llevaron a la crisis en 2007 siguen intactos, pero no se ven salidas, las cuales no son percibidas como posibles y cuya representación política no acaba de verse como real.

 En esa situación, el Secretario General del PSOE aparece como un mal menor en el que se desea confiar y al que, esperanzadamente, desean que acierte.  (...)

Y es que los temas y el discurso de UP, no son vistos por una mayoría social como sustancialmente diferentes a los del PSOE, siendo en estos momentos el programa de Zapatero el programa máximo de la izquierda, incluso para Unidas Podemos, programa que podría resumirse en cuatro ideas: frenar a la derecha, PSOE, Constitución y Europa; ideas que para UP son hoy asumibles. Algo que no deja de sorprender, si tenemos en cuenta que fue precisamente contra ese Gobierno, el de Zapatero, contra el que se levantó el movimiento 15-M.

El programa socialdemócrata de Estado de bienestar más derechos humanos, es asumido como propio por UP, que con el viraje –retórico- de la socialdemocracia europea hacia el ecologismo, el multiculturalismo y el feminismo, deja sin mucho espacio a una UP que aparece como un mero corrector moral o cuantitativo del original socialista. 

Esta “convergencia” en los temas a tratar olvida, lo que en expresión del periodista Esteban Hernández, serían “los nuevos problemas”, es decir, el conjunto de problemas ligados con la “desigualdad”, en el que se encuadran los llamados “perdedores de la globalización”.

Las consecuencias de la crisis y las mutaciones del capitalismo contemporáneo (digitalización y financiarización), están generando un cambio de valores en nuestras sociedades, que suponen una ruptura con la idea de futuro. 

Para Esteban Hernández, “la sensación de un futuro que traería progreso en todos los sentidos, ha sido sustituida por la conciencia de deterioro, de caída, de pérdida de control de nuestras vivas, de declive”, apareciendo fenómenos de conflicto social que desbordan a la izquierda como los chalecos amarillos en Francia, o la creciente conflictividad en la España vaciada, regiones donde UP ha sido barrida  (...)

La digitalización, la robotización, la irrupción de la inteligencia artificial, el enfrentamiento geopolítico entre China y EE UU por el control del 5G, son realidades cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana, protagonizando muchas de las conversaciones de cualquier bar, de las aulas de nuestras universidades, botellones o grupos de wasap familiares, todo, menos de la izquierda, cuyos ámbitos políticos y culturales vivimos en nuestra particular burbuja que el último ciclo electoral parece haber roto.  

El ex Senador de Podemos por Barcelona, Óscar Guardingo, señala como para importantes sectores populares UP le ha dado la espalda a España, al entender que “un proyecto de país es un proyecto para jóvenes y mayores, para zona rural y urbana, para estudiantes, trabajadores manuales o para profesionales”. Sin embargo, UP expresa un discurso de minorías y un programa que solo tiene posición en tres o cuatro temas.

Esta falta de proyecto de país se manifestó con toda su crudeza durante la campaña electoral de las europeas, en las cuáles UP desplegó un discurso europeísta, en el que no se trató algo que cada vez adquiere más atención: las consecuencias que para España tiene la reconfiguración del poder mundial y la transición geopolítica que estamos viviendo. (...)

Uno de los problemas fundamentales es la progresiva reducción de UP a un espacio político de clases medias. La presencia de este sector en órganos de dirección y en las listas electorales es desproporcionada respecto al de su peso real en la sociedad.  (...)

Así, los problemas de Unidas Podemos serían de carácter estructural, expresión de las “limitaciones de hacer política ante el ocaso de las clases medias” y el ascenso del nuevo asalariado urbano.
Solo un ejemplo. Miles de familias en Villaverde (Madrid), viven de hacer cajas de cambios para los coches Peugeot que se fabrican allí. 

Pues bien, los coches eléctricos no llevan caja de cambio. Ahí tenemos una incertidumbre material sobre qué va a pasar con esas familias trabajadoras y los empleos relacionados con este modelo industrial.

 El mitin cierre de UP en Madrid fue en ese barrio, a poca distancia de la factoría de PSA, evento en el que no se hizo ni una mención a nada que tuviese que ver con la gente que vivía allí. Un dato, Villaverde fue el segundo distrito madrileño donde más se incrementó la abstención en las pasadas elecciones municipales.  (...)

La política española pivota en torno a lo que genéricamente llamamos “clase media”, sector de la sociedad en la que se concentra la “oferta” electoral. Curiosamente, mientras más se reduce su peso en la población, más se concentra en ella la ”oferta” electoral tanto de la derecha como de la izquierda como de los nacionalismos periféricos.

Esta especie de overbooking político “clasemediero”, tiene consecuencias para la izquierda. En un reciente informe, que sobre la izquierda española, acaba de editar la Fundación Rosa Luxemburgo, los sociólogos César Rendueles y Jorge Sola señalan como “La movilización social del 15-M y sus ramificaciones ha contado con la primacía de un determinado grupo social: los jóvenes de clase media con educación universitaria que habían visto frustradas sus expectativas de reproducción social y eran los que vivían con más intensidad el incumplimiento de la ideología meritocrática. 

Por el contrario, los jóvenes de clase trabajadora o la población migrante estuvieron notablemente infrarrepresentados tanto en la dinámica de las movilizaciones, como en los discursos e imágenes que proyectaron. 

La brecha social en que se basaba el bloque del cambio era la generacional, pero la voz cantante de la nueva generación tenía un marcado sesgo de clase. Ni las mareas, ni Podemos, ni el municipalismo ni el feminismo han conseguido romper esa dinámica y articular políticamente a los de (más) abajo, que sufren con mayor intensidad los efectos materiales de la crisis”.   (...)

Los análisis de las elecciones coinciden en señalar como el eje izquierda/derecha vuelve a ser el eje central de la política española. Sin embargo, tal realidad puede ser cuestionada en un futuro.

Como señalan Esteban Hernández y el investigador Guillermo Fernández, el sociólogo francés Christophe Guilly, autor del ensayo La Francia periférica, defiende que estamos ante una nueva división social abierta entre una “población urbana, globalista, interconectada, abierta al cambio y que ocupa trabajos simbólicamente relevantes”, y la de sus periferias, ya sean de la ciudad o en el mundo rural.

 Frente a las clases medias “cool” o “pijas” de derechas y de izquierdas, se sitúan “las clases medias en descenso, las que viven en la inestabilidad continua, los habitantes de las ciudades pequeñas, de los barrios periféricos en las grandes ciudades, el mundo rural, donde habitan jubilados, trabajadores manuales y funcionarios”.  (...)

Para el sociólogo Ignacio Urquizu a “la izquierda le fascinan los millenials, los periodistas y el Congreso, pero no se habla de la gente corriente». Así, el español medio es una mujer que ronda 45 años, gana entre 900 euros y 1.200 euros al mes, vive en pareja y tiene 1,6 hijos. Va camino de cambiarse de casa expulsada de la gran ciudad por los precios del alquiler, tiene miedo a perder el empleo y recela de las instituciones. 

Trabaja en una fábrica de coches y teme el final del diésel, o ha encontrado un empleo precario en un hotel o en una tienda de marca de ropa o franquicia y ve con suspicacia el auge del Airbnb. O peor, esta parada o desempleado. Es de centro izquierdas o de izquierdas. Vive donde Vox saca los peores resultados y cuando votó en 2015 y 2016 lo hizo mayoritariamente por UP.

Este retrato del español o española media, alcanza al 30% de la población total de nuestro país, y con los obreros descualificados supera el 50%. Éste es el sector que mayoritariamente se quedó en casa y no votó el 26 de mayo, el día que UP sufrió su mayor derrota. 

El impulso de cambio abierto por el 15-M se ha agotado, y sus restos políticos tienden a ser cooptados por el sistema, vía inserción en las instituciones de la mano del PSOE.  (...)"          (Eddy Sánchez, Público, 01/06/19)

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