"(...) La derrota de las Ciudades del cambio, es probablemente el hecho político de mayor transcendencia que haya sufrido el espacio articulado en torno a UP. (...)
Con la excepción de Valencia (Compromis) y Cádiz (Adelante Andalucía), las que fueron las joyas de la corona del primer Podemos, se han perdido principalmente por la desmovilización de voto proveniente de los barrios obreros.
Los casos de Madrid y de Barcelona son paradigmáticos
en este sentido, donde distritos emblemáticos como los de Puente
Vallecas (Madrid) o Nou Barris (Barcelona) han protagonizado junto a
otros barrios periféricos, un aumento de abstención y desafección
electoral hacia la izquierda, que contrastan con las mejoras electorales
experimentadas por Más Madrid y Barcelona en Común en barrios de clases
medias.
Derrota que sitúa a la izquierda española ante la
constatación de su difícil relación con las realidades que emanan de las
periferias urbanas, que de no superarse, puede relegar a la izquierda
española a una situación de irrelevancia similar a la de otros países
europeos como Italia.
El PSOE ha ganado con una estrategia muy sencilla: poralizarse con la
derecha para neutralizar a la izquierda, no mucho más. En España, los
problemas de fondo que nos llevaron a la crisis en 2007 siguen intactos,
pero no se ven salidas, las cuales no son percibidas como posibles y
cuya representación política no acaba de verse como real.
En esa
situación, el Secretario General del PSOE aparece como un mal menor en
el que se desea confiar y al que, esperanzadamente, desean que acierte. (...)
Y es que los temas y el discurso de UP, no son vistos
por una mayoría social como sustancialmente diferentes a los del PSOE,
siendo en estos momentos el programa de Zapatero
el programa máximo de la izquierda, incluso para Unidas Podemos,
programa que podría resumirse en cuatro ideas: frenar a la derecha,
PSOE, Constitución y Europa; ideas que para UP son hoy asumibles. Algo
que no deja de sorprender, si tenemos en cuenta que fue precisamente
contra ese Gobierno, el de Zapatero, contra el que se levantó el
movimiento 15-M.
El programa socialdemócrata de Estado de bienestar más derechos humanos,
es asumido como propio por UP, que con el viraje –retórico- de la
socialdemocracia europea hacia el ecologismo, el multiculturalismo y el
feminismo, deja sin mucho espacio a una UP que aparece como un mero corrector moral o cuantitativo del original socialista.
Esta “convergencia” en los temas a tratar olvida, lo
que en expresión del periodista Esteban Hernández, serían “los nuevos
problemas”, es decir, el conjunto de problemas ligados con la
“desigualdad”, en el que se encuadran los llamados “perdedores de la
globalización”.
Las consecuencias de la crisis y las mutaciones del
capitalismo contemporáneo (digitalización y financiarización), están
generando un cambio de valores en nuestras sociedades, que suponen una
ruptura con la idea de futuro.
Para Esteban Hernández, “la sensación de
un futuro que traería progreso en todos los sentidos, ha sido sustituida
por la conciencia de deterioro, de caída, de pérdida de control de
nuestras vivas, de declive”, apareciendo fenómenos de conflicto social
que desbordan a la izquierda como los chalecos amarillos en Francia, o la creciente conflictividad en la España vaciada, regiones donde UP ha sido barrida (...)
La digitalización, la robotización, la irrupción de la inteligencia
artificial, el enfrentamiento geopolítico entre China y EE UU por el
control del 5G, son realidades cada vez más presentes en nuestra vida
cotidiana, protagonizando muchas de las conversaciones de cualquier bar,
de las aulas de nuestras universidades, botellones o grupos de wasap
familiares, todo, menos de la izquierda, cuyos ámbitos políticos y
culturales vivimos en nuestra particular burbuja que el último ciclo electoral parece haber roto.
El ex Senador de Podemos por Barcelona, Óscar
Guardingo, señala como para importantes sectores populares UP le ha dado
la espalda a España, al entender que “un proyecto de país es un
proyecto para jóvenes y mayores, para zona rural y urbana, para
estudiantes, trabajadores manuales o para profesionales”. Sin embargo,
UP expresa un discurso de minorías y un programa que solo tiene posición
en tres o cuatro temas.
Esta falta de proyecto de país se manifestó con toda
su crudeza durante la campaña electoral de las europeas, en las cuáles
UP desplegó un discurso europeísta, en el que no se trató algo que cada
vez adquiere más atención: las consecuencias que para España tiene la
reconfiguración del poder mundial y la transición geopolítica que
estamos viviendo. (...)
Uno de los problemas fundamentales es la progresiva reducción de UP a un
espacio político de clases medias. La presencia de este sector en
órganos de dirección y en las listas electorales es desproporcionada
respecto al de su peso real en la sociedad. (...)
Así, los problemas de Unidas Podemos serían de carácter estructural, expresión de las “limitaciones de hacer política ante el ocaso de las clases medias” y el ascenso del nuevo asalariado urbano.
Solo un ejemplo. Miles de familias en Villaverde
(Madrid), viven de hacer cajas de cambios para los coches Peugeot que se
fabrican allí.
Pues bien, los coches eléctricos no llevan caja de
cambio. Ahí tenemos una incertidumbre material sobre qué va a pasar con
esas familias trabajadoras y los empleos relacionados con este modelo
industrial.
El mitin cierre de UP en Madrid fue en ese barrio, a poca
distancia de la factoría de PSA, evento en el que no se hizo ni una
mención a nada que tuviese que ver con la gente que vivía allí. Un dato,
Villaverde fue el segundo distrito madrileño donde más se incrementó la
abstención en las pasadas elecciones municipales. (...)
La política española pivota en torno a lo que
genéricamente llamamos “clase media”, sector de la sociedad en la que se
concentra la “oferta” electoral. Curiosamente, mientras más se reduce
su peso en la población, más se concentra en ella la ”oferta” electoral
tanto de la derecha como de la izquierda como de los nacionalismos
periféricos.
Esta especie de overbooking
político “clasemediero”, tiene consecuencias para la izquierda. En un
reciente informe, que sobre la izquierda española, acaba de editar la
Fundación Rosa Luxemburgo, los sociólogos César Rendueles y Jorge Sola
señalan como “La movilización social del 15-M y sus ramificaciones ha
contado con la primacía de un determinado grupo social: los jóvenes de
clase media con educación universitaria que habían visto frustradas sus
expectativas de reproducción social y eran los que vivían con más
intensidad el incumplimiento de la ideología meritocrática.
Por el
contrario, los jóvenes de clase trabajadora o la población migrante
estuvieron notablemente infrarrepresentados tanto en la dinámica de las
movilizaciones, como en los discursos e imágenes que proyectaron.
La
brecha social en que se basaba el bloque del cambio era la generacional,
pero la voz cantante de la nueva generación tenía un marcado sesgo de
clase. Ni las mareas, ni Podemos, ni el municipalismo ni el feminismo han conseguido romper esa dinámica y articular políticamente a los de (más) abajo, que sufren con mayor intensidad los efectos materiales de la crisis”. (...)
Los análisis de las elecciones coinciden en señalar
como el eje izquierda/derecha vuelve a ser el eje central de la política
española. Sin embargo, tal realidad puede ser cuestionada en un futuro.
Como señalan Esteban Hernández y el investigador Guillermo Fernández, el sociólogo francés Christophe Guilly, autor del ensayo La Francia periférica,
defiende que estamos ante una nueva división social abierta entre una
“población urbana, globalista, interconectada, abierta al cambio y que
ocupa trabajos simbólicamente relevantes”, y la de sus periferias, ya
sean de la ciudad o en el mundo rural.
Frente a las clases medias “cool”
o “pijas” de derechas y de izquierdas, se sitúan “las clases medias en
descenso, las que viven en la inestabilidad continua, los habitantes de
las ciudades pequeñas, de los barrios periféricos en las grandes
ciudades, el mundo rural, donde habitan jubilados, trabajadores manuales
y funcionarios”. (...)
Para el sociólogo Ignacio Urquizu a “la izquierda le
fascinan los millenials, los periodistas y el Congreso, pero no se habla
de la gente corriente». Así, el español medio es una mujer que ronda 45
años, gana entre 900 euros y 1.200 euros al mes, vive en pareja y tiene
1,6 hijos. Va camino de cambiarse de casa expulsada de la gran ciudad
por los precios del alquiler, tiene miedo a perder el empleo y recela de
las instituciones.
Trabaja en una fábrica de coches y teme el final del
diésel, o ha encontrado un empleo precario en un hotel o en una tienda
de marca de ropa o franquicia y ve con suspicacia el auge del Airbnb. O
peor, esta parada o desempleado. Es de centro izquierdas o de
izquierdas. Vive donde Vox saca los peores resultados y cuando votó en
2015 y 2016 lo hizo mayoritariamente por UP.
Este retrato del español o española media, alcanza al
30% de la población total de nuestro país, y con los obreros
descualificados supera el 50%. Éste es el sector que mayoritariamente se
quedó en casa y no votó el 26 de mayo, el día que UP sufrió su mayor
derrota.
El impulso de cambio abierto por el 15-M se ha agotado, y sus restos
políticos tienden a ser cooptados por el sistema, vía inserción en las
instituciones de la mano del PSOE. (...)" (Eddy Sánchez, Público, 01/06/19)
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