"(...) Las opciones de Moscú
EEUU aún no ha conseguido descifrar la gran enemiga:
¿hasta dónde llegará el apoyo de Kremlin al gobierno de Maduro? En la
última conversación telefónica de 90 minutos entre Trump y Putin, los
dos mandatarios hablaron entre otros temas, sobre Venezuela: “el presidente de Rusia enfatizó que sólo al pueblo venezolano le corresponde decidir el futuro de su país”, afirma la prensa rusa y señala que la conversación tuvo “un carácter constructivo”, a pesar de las declaraciones provocativas de Bolton-Pompeo respecto a la posición rusa.
Por el momento, lo que se pueden destacar, son:
1 - Un contundente apoyo político al gobierno de Maduro: (...) Ha formado parte de este respaldo, el envío de 300
toneladas de medicamentos y equipos médicos a Venezuela, a través de la
Organización Mundial de la Salud, mientras EEUU utilizaba la cuestión
humanitaria como instrumento de una intervención política.
El reducido apoyo de Moscú a Maduro no es comparable con la ayuda que
recibe la oposición de EEUU, y ni está en proporción a la presión que
sufre el gobierno de Caracas.
2 - Meditar una ayuda militar.
En 2018, Rusia y Venezuela realizaron unas maniobras militares, y dos
bombarderos Tupolev Tu-160 (con capacidad nuclear) sobrevolaron el
Caribe. Pero, no hay indicios de que Moscú este
planeando una intervención militar al estilo de Siria en Venezuela en
apoyo a Maduro, ni la ha pedido Caracas, afirma el portavoz de Kremlin,
Dmitry Peskov (...)
Moscú, que también sufre las sanciones de EEUU y la bajada de los
precios de petróleo, no podrá soportar la carga financiera de una
intervención militar. Aun así, podrá dar una mortal sorpresa al gobierno
de Trump: Venezuela para EEUU es (casi) como Ucrania para Rusia, y la
crisis en Venezuela podría ser otra oportunidad para el país eslavo,
como la fue Siria, para presentarse no sólo como una potencia
internacional, una fuerza a tener en cuenta, sino donde puede devolverle el golpe recibido en 2014
en Ucrania cuando Washington patrocinó a las fuerzas fascistas en este
país, contra Moscú.
Una contundente presencia militar rusa en el país
bolivariano le otorgaría la posibilidad de hacer trueque con Trump: “usted saque a la OTAN de mis fronteras para que yo abandone Venezuela”. Es justo lo que hizo Moscú en 1962: retiró sus misiles de Cuba sólo cuando Washington desmanteló los suyos de Turquía. (...)
Lo cual no significa que Kremlin deje el camino libre a EEUU. Respondiendo a la exigencia Pompeo de que “Rusia tiene que salir de Venezuela“, el canciller ruso Serguéi Lavrov le contestó: “antes EEUU debería salir de Siria”, poniendo, además en evidencia la prepotencia de una potencia que vive de su “excepcionalísimo”.
Volviendo al pragmatismo, Vladimir Putin se ha
ofrecido para mediar entre el gobierno y el sector “responsable” de
oposición, en aplicación de la fórmula empelada
en la crisis de Siria y basada en la “estrategia de equilibrio”:
convocar nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias, antes de que
se estalle una guerra civil de desgaste.
El objetivo final de Kremlin, que no dará prioridad a
los intereses del gobierno de Maduro (o de Venezuela) por encima de los
suyos, es forzar a Washington a respetar las reglas, no actuar fuera de
las normas de la ONU, impedir que obtenga el control sobre el petróleo venezolano y le robe a Caracas su clientela.
Kremlin diseña su plan B, abriendo la posibilidad del
triunfo de la oposición: están en juego miles de millones de dólares
que tiene Rusia en activos y contratos, principalmente en armas,
petróleo y minería. Por lo que, siendo realista, el Kremlin podrá pedir a
la Casa Blanca: 1) conservar el derecho a operar en Venezuela, 2)
recibir el pago completo de las deudas, y 3) no instalar bases militares
en el país.
¿Volverá a fiarse Moscú de Washington, después de que
Gorbachov afirmara haber sido “engañado” (un hombre adulto y conocedor
de la naturaleza del imperialismo) por EEUU en 1990 sobre la expansión
de la OTAN en las fronteras de la URSS?
¿Una invasión de EEUU?
Hay dos factores principales que impiden un envío de tropas a Venezuela:
1) Una fuerte oposición tanto por sus socios en la región como por los aliados europeos, además de China y Rusia.
2) La reticencia del propio Trump, que ya prepara su
reelección, y no quiere romper su promesa electoral de no meter a las
tropas de EEUU en un nuevo pantano. (...)
El Pentágono está ampliando el diseño actual, que combina la guerra económica,
con una intervención indirecta, el uso de los llamados “insiders” (la
Quinta Columna) en las operaciones encubiertos de sabotaje y terrorismo,
la ciberguerra (posiblemente causante del apagón eléctrico del 7 de
marzo del 2019), con una invasión de miles de hombres armados desde las
fronteras convertidos en carne de cañón, que harán de “La Contra”, bajo
el mando del criminal de guerra Elliott Abrams.
La novedad podrá ser los
“ataques quirúrgicos”. De hecho, EEUU acaba de prohibir a sus
operadores aéreos volar a menos de 26.000 pies sobre el espacio aéreo de
Venezuela. El fiasco de la “Operación Libertad” de Guaidó y la de “ayuda humanitaria”
como métodos para desbancar a Maduro, refuerzan esta posibilidad, que
podrá ir acompañada por la formación de un “gobierno en exilio”.
Aun así, teniendo en cuenta que estamos ante unos
mentirosos patológicos, no descarten una invasión terrestre de EEUU. Un
“incidente”, como un daño físico a los líderes opositores o al personal
diplomático de EEUU en Venezuela, podrían justificar esta opción ante la
opinión pública, y así darle al madman de la Casa Blanca “su guerra”.
Rusia no puede permitirse un fracaso en Venezuela. A
diferencia de Bashar al Asad al que Obama, sobre la marcha de la guerra
contra Siria, se negó a derrocar,
el gobierno de Trump está decidido acabar con Maduro. Y, Washington,
por su parte, no puede ignorar a Kremlin en el diseño del futuro de
Venezuela, (al igual que en Libia), y puede que, fuera de los focos, estén estudiando una solución política a la crisis venezolana.(...)" (Nazaním Armanian, Público, 06/05/19)
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