"Las propuestas de reforma del Estado del bienestar son casi tan antiguas como la existencia del propio Estado del bienestar. (...)
Ahora bien, si bien el Estado del bienestar no se ha desmantelado -como
proponía, desde finales de los años setenta, el pensamiento neoliberal y
la Economía de la Oferta-, ni ha llegado a una crisis fiscal
irresoluble como vaticinaban los autores marxistas, sí que, en los
últimos años, está sufriendo una permanente reestructuración. (...)
¿La supervivencia en el tiempo del Estado del bienestar significa que no
son necesarias reformas? Evidentemente, la respuesta debería ser
negativa. (...) ¿Y por qué creemos que hacen falta reformas? (...)
Creemos
que hay que hacer un esfuerzo de innovación social creativa que nos
permita adaptar institucionalmente el Estado del bienestar a esta nueva
realidad del siglo XXI. Pero esa revisión no debe pasar por su
disminución, sino por todo lo contrario: por su universalización y
profundización con fórmulas innovadoras, creativas y eficientes.
¿En qué puede estar basada esta nueva arquitectura del Estado del bienestar en el siglo XXI? (...)
En este contexto de permanente reconfiguración del Estado del bienestar,
algunos autores y analistas han repensado las líneas estratégicas de
este “nuevo Estado del bienestar”. Su estructura institucional ha
recibido diferentes denominaciones: “Estado de inversión social”, “Estado social activo”, “Estado social inversor”, “Tercera Vía” o, a veces y de manera simplificada, “Sociedad del bienestar”. Otros autores hablan de “Estado Dinamizador” con un nuevo “pilar de emancipación”
(Mulas-Granados, C., 2010 : 60). En él se incluirían las respuestas a
estas nuevas situaciones de vulnerabilidad y riesgos que el nuevo Estado
del bienestar debería atender: familias monoparentales, la emancipación
de los jóvenes, los problemas de integración laboral en la madurez (55 a
64 años), los parados de larga duración y en riesgo de exclusión, etc.
En esta misma línea Aigenger y Leoni (2010 : 82) señalan tres piedras
angulares de una estrategia de éxito:
1) flexibilidad gestionada y
equilibrada;
2) prudencia fiscal más calidad del presupuesto y
3)
inversión a futuro (investigación, educación, formación continua,
tecnologías en TIC, biotecnología, etc.).
¿Y
cualés podrían ser esas nuevas acciones estratégicas del Estado del
bienestar en el futuro? Siguiendo a autores como Esping-Andersen y
Palier (2010), Esping-Andersen, Gallie, Hamerijck y Myles (2002) y
Liddle y Latham (2010), algunas líneas estratégicas podrían ser las
siguientes:
- mayor inversión social en la infancia para romper la herencia social y la transmisión intergeneracional de la pobreza;
- fomento de la inversión en capital humano en todo el ciclo vital (educación continua para la economía del conocimiento e incremento de la formación y el reciclaje profesional);
- mercados laborales flexiseguros para todos;
- flexibilización del ciclo de vida (la jubilación retrasada y flexible, nuevas combinaciones entre ocio y trabajo, etc.) y
- aceptación de la inmigración y fomento de su integración a través de la participación.
(...) La
mayoría de estos autores olvidan un nuevo riesgo social al que hay que
hacer frente de manera urgente: el cambio climático. Este riesgo
transciende el ámbito del Estado del bienestar y sería transversal al
resto de las políticas económicas y sociales. Incluso transciende el
ámbito tradicional de los Estados-nación. (...)
Los efectos del mismo, que son globales, han sido ampliamente descritos:
aumento de la temperatura, disminución de recursos hídricos, pérdida de
biodiversidad, deshielo, inundaciones, desertización, aumento de
plagas, pérdida de cosechas…,etc. Las consecuencias sobre la economía,
la producción de alimentos y salud de las personas son importantes y
graves. (...)
Las
medidas necesarias para hacer frente a estos desafíos requieren un
cambio en el modelo productivo y de consumo que implique una reducción
de los recursos utilizados para producir bienes de consumo y una
disminución de los residuos generados, así como un sistema de cultivo
basado en técnicas tradicionales que disminuya los impactos y facilitar
el acceso a la tierra de las comunidades como medida imprescindible
para luchar contra la pobreza extrema.
Luchar contra el cambio climático
es también una lucha contra la desigualdad, la pobreza y por la
soberanía alimentaria. En la misma lucha por el cambio climático se
encuentra la oportunidad de un cambio de modelo productivo y de consumo
mucho más sostenible y humano que el actual.
Desde la economía la respuesta que se da es armar un Green New Deal
que aporte una fuerte inversión pública en nuevas infraestructuras que
faciliten la necesaria transición energética hacia un modelo productivo
más sostenible y eficiente energéticamente (Scott, 2013; Pollin,
Chakraborty y Garrett-Peltier, 2015; The Green New Deal Group, 2018;
Cömert, 2019; Rifkin, 2019). Empieza a ser urgente esta solución si
queremos salvar la supervivencia de la especie humana en el planeta. (...)"
(Carlos Ochando Claramunt. Departamento de Economía Aplicada (Universidad de Valencia). La paradoja de Kaldor, 03/12/19)
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