"El desembarco de más de 95.000 asistentes en el Mobile World Congress
(MWC) en Barcelona revoluciona el comercio en Barcelona. Lejos de los
problemas del transporte público, los clientes importantes viajan en
coche privado, con chófer y servicio personalizado 24 horas.
Al menos 500 furgonetas con cristales tintados y de matrícula alemana circulan estos días por las calles de la ciudad condal. Las empresa BDRIVEN
contrata a jóvenes conductores para que acompañen a sus clientes del
hotel a la feria, de la feria al ocio y del ocio al hotel. (...)
Para ofrecer un servicio más completo las compañías de alquiler de coches dotan a los conductores de un listado de lugares donde ir si el cliente exige comida, fiesta ... o sexo.
El chófer elige el sito, y ahí es donde entran en juego las comisiones.
Los restaurantes, por ejemplo, “acostumbran a compensar con un 10% o un
15% de lo que se gaste el cliente, si el importe supera los 150 euros”,
afirma un conductor que lleva dos años trabajando para el MWC y que
prefiere mantener el anonimato.
Descuelga el teléfono: “Sí, soy yo, la Madame de Paseo de Gracia”.
Sin tapujos explica que la demanda de sexo pagado aumenta durante la
celebración del Mobile World Congress y, que para cubrirla, vienen
chicas de toda España.
Reconoce que se abonan comisiones a los conductores que traen
clientes, pero insiste que ella no entra en esa práctica. Los chóferes
que la han tratado no ofrecen la misma versión. Pueden llegar a
llevarse, según explican, “entre 500 y 600 euros por un cliente que
pagará 4.500 por una noche”.
Son casos excepcionales. Lo habitual, cuentan los chóferes, es
recibir 50 euros por cliente, tarifa que manejan locales como la sala
Bacarrá. En total hay casi 30 establecimientos, entre clubs y salas de
masajes. Todos se concentran en la zona alta de Barcelona: en l’Esquerra
de l’Eixample, Sant Gervasi y Les Corts.
La empresa Apricots, propietaria de tres locales en Barcelona explica que no mantienen ninguna relación de control sobre las chicas y que “entran y salen libremente del local”. Velocci, sin embargo, asegura que en este tipo de pisos las condiciones de las mujeres siempre son más vulnerables.
Aunque no existen datos oficiales, los negocios listados “representan una parte muy pequeña del total”; existen modelos más autónomos de gestión, donde se pueden autoorganizar.
El problema es que, “por norma general, las prostitutas que trabajan para terceros pierden un elevado porcentaje de cada servicio”, explica Paula Vip, representante de la Asociación de Profesionales del Sexo (Aprosex). (...)
El sexo se compra como un complemento más al ir a tomar la copa.
Incluso, explica Paula Vip (Aprosex), muchos pisos habilitan salas para
responder a este tipo de demanda.
Más allá de la estacionalidad del evento, la empresa Apricot subraya
que “hay clientes de todos los bolsillos y trabajos” e incluso, aunque
de forma menor, las mujeres también compran sexo pagado. En este
sentido, Paula Vip explica que “acostumbran a ser mujeres ejecutivas y
que por norma general piden servicios femeninos, en vez de masculinos”.
Durante la celebración de convenciones de este tipo, el consumo de sexo pagado es “básicamente un ritual social
”. (Laura Aragó, La Vanguardia, 22/02/16)
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