"(...) Una cosa quisiera subrayar: la ferocidad de la clase dirigente y de
los medios europeos contra una decisión democrática y legítima, no tiene
fácil explicación. Los insultos y desprecios han llegado a límites
difícilmente soportables, hasta el punto que se anima a la secesión de
Escocia en un momento en el que la cuestión territorial es un problema
grave en España.
En esto han participado tanto la derecha como la
izquierda. ¿A ningún dirigente significativo se le ha ocurrido pensar
por qué, desde 1992 (referéndum francés) ninguna consulta sobre Europa
ha resultado vencedora? Solo en España, lo que no es casualidad. La
falta de autocrítica de la élites europeas el alarmante. La paradoja de
todo este debate es que para los europeístas más federalistas la salida
de Gran Bretaña tendría que haber sido vivida como una oportunidad.
La
construcción neoliberal de Europa ha sido justificada, en gran medida,
por la presencia de Gran Bretaña; la involución social, el predominio de
las libertades comunitarias y la desregulación de los mercados han
tenido tradicionalmente como culpable la presencia de unas islas
percibidas, más como quinta columna que como constructores leales de un
proceso de integración unitario.
Solo se puede entender lo que
está pasando en EEUU y en Gran Bretaña partiendo de que el mundo está
cambiando de base geopolítica y que nos encontramos (en este mundo
cerrado) ante una gran transición que tiene en su centro una enorme
redistribución de poder. Para decirlo de otra forma, lo que hemos
llamado globalización ha iniciado su fin.
No será fácil comprender las mutaciones que estamos viviendo; no será
fácil entenderlas y, mucho menos, disponer de una plataforma
ideo-política capaz de guiarnos en un mundo que cambia aceleradamente.
Lo que está pasando lo tenemos delante de nuestros ojos: una potencia
(EEUU) que se niega a aceptar su decadencia, que no está dispuesta a
compartir, en nuevas condiciones, su hegemonía mundial y que se enfrenta
a una potencia emergente (China) que está obligada a cambiar el orden
mundial. Lo diré como ha expresado Kaplan: EEUU no va a aceptar el
predominio de una gran potencia en el hemisferio oriental. Lo combatirá
por todos los medios y llegará hasta el final. La “trampa de Tucídides”
sigue estando presente.
En este mundo que cambia, los grandes poderes económicos británicos
quieren caminar solos; ponen sus intereses estratégicos en el centro y,
desde su autonomía, buscarán alianzas con Europa; mejor dicho, con
algunos países europeos. Nadie cuestiona sus acuerdos de fondo con los
EEUU, y el Reino Unido seguirá en ellos con voz e intereses propios. El
otro lado de la cuestión debería suscitar alguna reflexión a los
europeístas de andar por casa que hoy nos abruman. El dato más relevante
para los hombres y mujeres que estamos en el marco de la UE es que a
más integración, menos capacidad de Europa para ser un sujeto autónomo y
diferenciado en unas relaciones internacionales donde las grandes
potencias están definiendo intereses y marcos de actuación.
Con
Mackinder retorna Rusia. Para EEUU el frente europeo es secundario,
ellos están ahora en otra cosa: disputarle la hegemonía a China en el
Pacífico. La OTAN sirve para este objetivo, subalternizar a una UE sin
alma y sin proyecto, dividirla e impedir una asociación duradera con
Rusia. La casa común europea fue un proyecto fracasado de unas élites
rusas que habían llegado a confiar en una alianza con las democracias
occidentales. Putin es hijo de ese fracaso. Tomó nota y sacó las
consecuencias estratégicas oportunas.
Los EEUU han intentado -y seguirán
intentándolo- convertir a Rusia en una gran potencia adversaria de los
pueblos europeos. Es la búsqueda de un enemigo que justifique la
existencia de la OTAN, la carrera de armamentos y la enemistad entre
Alemania y Rusia. La ampliación al Este de la OTAN, la rápida
integración de los países ex socialistas en la UE y el rígido
alineamiento de estos con el amigo americano es un mismo proceso
dirigido, hay que insistir, a impedir cualquier asociación económica y
política con Rusia; es decir, con el pivote geográfico mundial o el
Heartland continental. (...)
Europa y Alemania tienen unas geoeconomías complementarias y podrían
tener estrategias geopolíticas convergentes. Hay conflictos (como el de
Ucrania) pene ero serían solucionables en el marco de un acuerdo de
asociación económica, energética y política. La condición previa es que
Europa tenga un proyecto propio y autónomo en las relaciones
internacionales; es decir, que se desenganche de la OTAN, defina sus
intereses estratégicos y busque su lugar en un mundo que transita, bajo
enormes dificultades, a la multipolaridad. Mi viejo maestro Samir Amín
habló hasta el final de un eje París-Berlín-Moscú-Beijing." (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 11/02/20)
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